miércoles, 14 de marzo de 2012

De la huelga política y otras cosas, por Rodolfo Serrano

Hay que recordar a Don Antonio Machado que tuvo siempre en sus reflexiones una capacidad de análisis sorprendente. Como sorprendente es que todavía sus palabras sean tan necesarias. Lo he escrito muchas veces y hoy hay que volver a repetirlo ante los ataques, terribles y muchas veces interesados, sobre el sentido político que anima a los sindicatos.

Desde la izquierda y desde la progresía está de moda, como decíamos en el artículo anterior, atacar a los sindicatos. Sale gratis y siempre podemos decir que no representan a nadie y menos a los parados. No tenemos dato alguno que lo avales, pero ahí queda eso. También podemos decir que sus decisiones son políticas, con esa percepción de considerar que lo político es algo que no corresponde a según a qué gente.

Así que las movilizaciones de los jóvenes, si hay que desacreditarlas, son políticas, y las huelgas, lo mismo, y las víctimas del 11-M también. Todo se aprovecha para el convento. Y dejamos la política para uso exclusivo ed los políticos y de los periodistas, parece que los únicos facultados para decidir qué es o no es político y quien puede utilizarlo.

A Machado, pues, que decía en los años 30: “La política, señores (...) es una actividad importantísima… Yo no os aconsejaré nunca el apoliticismo, sino, en último término, el desdeño de la política mala que hacen trepadores y cucañistas, sin otro propósito que el de obtener ganancia y colocar parientes. Vosotros debéis hacer política, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros, y, naturalmente, contra vosotros”.

Todo es política. Porque la política es parte del hombre. Porque el hombre, en su sentido más digno, es un animal político. Y política viene del griego: ciudadano. Todos somos ciudadanos y todos tenemos derecho a la política. Y a hacer una huelga política.

María Dolores de Cospedal en una larga entrevista y cortas respuestas, decía que los sindicatos no representan a todos los trabajadores. Cierto, aunque representen el interés de todos los trabajadores, como dice, por cierto, la Constitución. Pero es que, visto así, tampoco los partidos políticos representan a todos los ciudadanos. Y a nadie se le ocurre deslegitimar a un Gobierno porque “sólo” haya obtenido una mínima representación si la comparamos con el número total de ciudadanos.

De Cospedal hace una finta peligrosa que puede terminar por darle en su propia cara. Los mecanismos democráticos están ahí para garantizar la gobernabilidad y establecer unas reglas mínimas que permitan, entre otras cosas, legitimar la representación. Si los sindicatos, sometidos a elecciones igual que los partidos, no representan a nadie, habrá que ver a quién representan los partidos políticos con esos mismos baremos.

Otra de las acusaciones es la de que los sindicatos no representan a los parados. Pues, bueno. Pues, muy bien. Supongo que es producto de la ignorancia decir algo así, cuando en todos los acuerdos, la situación de los parados, sus prestaciones, su cobertura sanitaria, ocupa buena parte de la negociación.

Recuerdo que una vez, hace tiempo, Juan Barranco, de orígenes sindicales, respondió en un debate a alguien que, muy ufano, se preguntaba para qué sirven los sindicatos. Mire usted, vino a decir Barranco, para que los niños hayan desaparecido de las fábricas, para que las jornadas de trabajo no sean propias de la esclavitud, para que se tenga un salario digno, para que los parados estén amparados, para que la mujer no sea discriminada...

Que los sindicatos cometen errores. Claro que sí, como cualquier otra organización. Como cualquier ser humano. ¿Y...?

Pero ya digo. Atacar a los sindicatos sale gratis. Lo triste es que muchas veces estos ataques vengan desde la voz de gente que son, nada más y nada menos, que simples trabajadores que han obtenido sus salario y sus derechos gracias a los sindicatos.

En fin. Refugiémonos en la poesía. Hablando de política, ahí va este epigrama de Ventura Rodríguez de Aguilera (siglo XIX), escrito para hoy:

Aceptando una cartera
el político don Luis
jura que hace un sacrificio.
Y es verdad: el del país.

Discurso de Friedrich Engels ante la tumba de Karl Marx

“El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre.

Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o de una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas o incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse; y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo.

Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él. El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas.

Dos descubrimientos como éstos debían bastar para una vida. Quien tenga la suerte de hacer tan sólo un descubrimiento así, ya puede considerarse feliz. Pero no hubo un solo campo que Marx no sometiese a investigación -y estos campos fueron muchos, y no se limitó a tocar de pasada ni uno solo-, incluyendo las matemáticas, en que no hiciese descubrimientos originales.

Tal era el hombre de ciencia. Pero esto no era, ni con mucho, la mitad del hombre. Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria. Por puro que fuese el goce que pudiera depararle un nuevo descubrimiento hecho en cualquier ciencia teórica y cuya aplicación práctica tal vez no podía preverse aún en modo alguno, era muy otro el goce que experimentaba cuando se trataba de un descubrimiento que ejercía inmediatamente una influencia revolucionaria en la industria y en el desarrollo histórico en general. Por eso seguía al detalle la marcha de los descubrimientos realizados en el campo de la electricidad, hasta los de Marcel Deprez en los últimos tiempos.

Pues Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de éste o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quien él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos. Primera “Gaceta del Rin”, 1842; “Vorwarts” de París, 1844; “Gaceta Alemana de Bruselas”, 1847; “Nueva Gaceta del Rin”, 1848-1849; “New York Tribune”, 1852 a 1861, a todo lo cual hay que añadir un montón de folletos de lucha, y el trabajo en las organizaciones de París, Bruselas y Londres, hasta que, por último, nació, como remate de todo, la gran Asociación Internacional de los Trabajadores, que era, en verdad, una obra de la que su autor podía estar orgulloso, aunque no hubiera creado ninguna otra cosa.

Por eso, Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultra-demócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde las minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal.

Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra”

domingo, 11 de marzo de 2012

El miedo a la protesta. Por Julián Casanova, en El País del 10 de marzo

¿Estamos ante el final del “viejo” paradigma de consenso entre capital y trabajo que surgió después de la Segunda Guerra Mundial?

JULIÁN CASANOVA 10 MAR 2012

Durante las últimas décadas, los nuevos movimientos sociales que sustituyeron a los sueños revolucionarios anteriores a 1945, y a las protestas que los alimentaban o derivaban de ellos, ya no surgían como respuestas a las crisis económicas o a la quiebra de los sistemas políticos.

El capitalismo occidental, europeo y norteamericano, había encontrado una estabilidad y un ritmo de crecimiento sin precedentes en la historia y el Estado de bienestar y la transformación de la sociedad civil habían traído nuevos actores políticos. Clases medias, estudiantes, mujeres y profesionales, en vez de jornaleros del campo y trabajadores industriales. La identidad colectiva, la conciencia de grupo y la solidaridad se diluían ante el triunfo del individualismo y de la sociedad de consumo.

En ese largo período de tiempo, el capitalismo como máquina de crecimiento fue sustentado por los partidos socialistas y los sindicatos obreros, a cambio de beneficios sociales, distribución de la renta y democracia política. Era un reparto de esferas de influencia donde el crecimiento, la prosperidad y la seguridad social convertían al conflicto en algo casi marginal y limitado a escenarios muy extraordinarios, resuelto a través de convenios colectivos y de las luchas electorales entre partidos democráticos.

El consumo y el Estado de bienestar hicieron milagros. Millones de ciudadanos europeos occidentales que habían conocido las guerras, las revoluciones y los fascismos se sintieron, por fin, seguros bajo el amplio paraguas de un sistema que les proporcionaba protección en caso de enfermedad, paro o jubilación. Y sus hijos crecieron aprendiendo una nueva cultura cívica, que oponía la movilidad y el control social a la lucha de clases y a la búsqueda de paraísos terrenales.

Aparecieron también en esos años nuevos movimientos sociales que abandonaban en la mayoría de los casos el sueño revolucionario de un cambio estructural, para defender una sociedad civil democrática. Normalmente asumían formas de organización menos jerárquicas y centralizadas que los partidos y sindicatos tradicionales y se nutrían de jóvenes, estudiantes y empleados del sector público; es decir, de ciudadanos que ya no representaban a un clase determinada, por lo general a la obrera, y que, por lo tanto, ya no recogían sólo los intereses y reivindicaciones de esa clase.

Los españoles nos incorporamos con retraso a ese escenario, algo sólo posible tras el fin de la dictadura de Franco, pero el Estado de bienestar y la mejora sustancial del nivel de vida, con acceso general a la educación y a la sanidad, dejó una impronta notable en una sociedad acostumbrada al mal funcionamiento de la administración y a la ineficacia de los servicios públicos.

Los tiempos están cambiando y la historia, ahora que el presente viene cargado de noticias sin futuro, puede arrojar alguna luz. Con esta crisis tan profunda, con millones de parados y con las políticas agresivas de recortes sociales, ¿estamos ante el final del “viejo” paradigma de consenso entre capital y trabajo que surgió después de la Segunda Guerra Mundial y que en España contribuyó a consolidar la democracia?

Hay claros indicios que así lo sugieren. Con un Gobierno tan convencido de su fuerza, de la bondad patriótica de sus políticas, y tan poco dispuesto a hacer concesiones, los sindicatos y movimientos sociales no podrán negociar, porque nada recibirían a cambio, y las protestas no podrán canalizarse a través de las instituciones y organizaciones ya establecidas. Frente a las políticas de desorden que surjan de ese escenario, el Estado, el Gobierno y los medios que los sustentan pedirán mano dura y acciones represivas de control social. Muchos ciudadanos se convertirán en súbditos y los trabajadores en clientes del capital, mientras que los sectores sociales más marginados y empobrecidos por la crisis económica achacarán a la democracia y a la política establecida el fracaso de un sistema que ya no les proporciona prosperidad material.

Esos pueden ser los efectos perversos de querer eliminar todos los temas, prácticas y reivindicaciones que se articulen al margen de la política oficial del Gobierno y de su partido. Esa definición restrictiva de la política abre las puertas de forma casi irreparable al triunfo del capitalismo financiero y especulativo y trata a los conflictos sociales como meros desafíos a la autoridad pública. Lo que hay detrás de ese proyecto ultraconservador, que se ha comido a la socialdemocracia, incapaz de ofrecer una alternativa, es salvaguardar la propiedad y el mercado y restaurar las relaciones laborales a favor del capital.

Al romper el amplio acuerdo en torno al crecimiento económico, los beneficios sociales y la distribución de riqueza, el nuevo orden acabará excluyendo y echando del sistema a muchos ciudadanos que ya lo habían asimilado. Pese a las lógicas ganancias que eso proporcione a las élites políticas y financieras, auténticas beneficiarias de ese nuevo orden, el resultado puede ser un nuevo período de confrontación, con altos niveles de conflicto violento extrainstitucional. Una vuelta, por otros medios, a la cultura de enfrentamiento que dejó arruinada a Europa no hace mucho tiempo.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza


viernes, 9 de marzo de 2012

29 de Marzo: Huelga General


CCOO acuerda convocar junto a UGT huelga general para el 29-M (marzo).

Votación unánime en el Consejo Confederal

(foto: Francisco Naranjo)

jueves, 8 de marzo de 2012

11 de marzo. No a la reforma laboral


"Terrorismo Informativo", por Attac Madrid

TERRORISMO INFORMATIVO

“Sabemos dónde vives y dónde trabaja tu mujer”. Amenaza verbal terrorista miles de veces denunciada por el diario El Mundo. Y ahora la practica.

Porque el artículo sobre Ladislao Martínez publicado el domingo 4 de marzo, en la página 65, firmado por Vicente Ruiz, es puro terrorismo informativo. Sabe dónde viven Ladislao y su pareja, y lo publica. Sabe el nombre y apellidos de Carmen, y los publica. Sabe el lugar de trabajo de su mujer, y lo publica. Pero ignora otras muchas cosas, cómo su ocupación laboral en la empresa, dónde empieza la numeración de la C/ Lérida, dónde trabaja Ladislao, qué medio de transporte usa para trasladarse desde su domicilio al de su trabajo, cual es su profesión, la procedencia del dinero con el que Carmen y Ladislao pagaron su actual piso, el precio, la procedencia de las fincas de cereal de las que es copropietario, y el rendimiento que obtiene de ellas. Y muchas más cosas. Pero no importa. No hay que permitir que la verdad estropee un buen libelo.

También ignora Vicente Ruiz que Ladislao Martínez es socio –militante- de Attac, vicepresidente de la Junta Rectora de la organización territorial de Madrid. Y parece ignorar que como ciudadano español tiene derecho a militar dónde le de la gana, y a defender las causas que considere justas. Y también como “terrateniente”.

Y lo ignoran los consejeros de la Comunidad de Madrid Salvador Victoria y Percival Manglano, que entretuvieron el domingo lanzando insidias contra Ladislao Martínez desde sus twiter.
Los datos parciales e insidiosos publicados por El Mundo en su edición impresa del día 4 fueron luego matizados y corregidos en las sucesivas ediciones digitales. Y ayer, en la información sobre el resultado de la consulta sobre la privatización del 49% del Canal de Isabel II, firmada por Carmelo Pérez.

Pero el efecto estaba conseguido. Y el efecto que se buscaba era desprestigiar la consulta, unificando las críticas, como aconseja Goebbels, en un solo enemigo. Uno entre los cientos, si no miles, de personas participantes en la Plataforma contra la Privatización del Canal de Isabel II, que se han esforzado, gratis, para que esta consulta se llevara a cabo. Ni en el artículo impreso del día 4, ni en las ediciones digitales, ni en los twits de los Consejeros, se decía una palabra sobre la privatización del Canal, sobre los supuestos beneficios para la Comunidad, para la ciudadanía, de esta privatización. Tan solo deslegitimaban la consulta, por falta de representatividad. ¿Por qué no plantean un referendum oficial? Porque temen que, como ocurrió el día 4, los madrileños, incluidos los lectores de El Mundo y los votantes del PP, conozcan sus planes de entregar la gestión del agua a la iniciativa privada.

Un millonario contra la privatización del agua. ¡Qué cosas! Es más sencillo atacar al millonario que desprestigiar un movimiento social en el que participan centenares de miles de vecinos y vecinas de la Comunidad, y millones de personas en toda España.

Es más sencillo afirmar que las manifestaciones de estudiantes, profesores, padres, madres, abuelos y abuelas de Valencia están provocadas por violentos agitadores ajenos, que se enfrentan a la policía, que responder con razones a las protestas pacíficas. Es más sencillo señalar a unos cuantos manipuladores que responder a la contestación de los millones de personas que se niegan a pagar una crisis que no provocaron. Y se niegan, nos negamos, pacíficamente, ejerciendo una democracia de base que el poder de los beneficiarios del vota y calla.

El ataque a nuestro compañero Ladislao Martínez es solo un síntoma de la respuesta que va a dar el PP y sus muchos medios informativos afines a la contestación popular. Pero Attac, como parte de los miles de movimientos sociales y asambleas vecinales y sectoriales, no se va a amedrentar.

Junta Rectora de Attac Madrid

miércoles, 7 de marzo de 2012

Señores de Endesa: ni un céntimo

Hoy me han informado por correo que desde el día 1 mi consumo de electricidad lo gestiona Endesa.

Les he mandado el siguiente mensaje, aunque supongo que no me harán el menor caso:

"Estimados señores: parece ser que a partir de ahora van a ser ustedes quienes van a gestionar mis recibos de electricidad. Quisiera saber si puedo acogerme a algún sistema para que ni un céntimo de mi dinero acabe en manos del Sr. José Mª Aznar o de la Sra.Elena Salgado, directivos de su empresa"

Espero su amable respuesta. Atentamente,

fdo: A. Peinado"