miércoles, 8 de octubre de 2014

Viñetas



Las tarjetas "opacas" y los sindicalistas, por Héctor Maravall

3 de octubre de 2014

LAS TARJETAS "OPACAS" DE BANKIA Y LOS SINDICALISTAS

Pensaba escribir sobre el proceso de elecciones sindicales, que en estas mismas semanas esta cogiendo impulso o algunas reflexiones sobre el modelo productivo que se esta configurando en la salida de la crisis económica. Pero muchos de los lectores habrían pensado que vaya manera de esconder el bulto y tendrían toda la razón.

El asunto de las tarjetas opacas en Bankia es un tremendo mazazo para la credibilidad de la izquierda política y de los sindicatos de clase. No sirve la excusa de que la derecha y dirigentes empresariales también están implicados. A mi lo que me interesa es intentar salir de la telaraña de “la casta”, donde nos quieren meter algunos y por el momento con evidente éxito.

Es verdad que la información es aun muy confusa en determinados aspectos y sobre todo en la concreción de cómo se utilizaron las tarjetas. Seguramente no todos las habrán usado con la misma finalidad. Por ello hay que ser cuidadosos en los juicios de valor y no caer en tajantes descalificaciones sin tener todos los datos encima de la mesa. Pero eso mismo hubiera exigido información detallada de cada uno de los afectados de en qué y por que se han hecho esos gastos.

He pertenecido durante casi 5 años a un importante Consejo de Administración de una empresa pública, RTVE. Y se por experiencia lo facilísimo que puede resultar deslizarse por la pendiente de la irregularidad. No había tarjetas ni opacas ni de ningún tipo, pero sí la posibilidad de gastos de representación. Durante esos años los consejeros de la izquierda luchamos denodadamente para que hubiera transparencia en la aplicación de esos gastos de representación, que se regularan y se conocieran. Éramos minoría y no lo logramos a pesar de plantearlo reiteradas veces. Como tampoco conseguimos aprobar una norma sobre la utilización de los coches oficiales. En todo caso sí había que justificar uno por uno cada gasto realizado.

Así que me sorprende que en Bankia al menos los Consejeros de la izquierda no hubieran planteado como mínimo una regulación de esas tarjetas opacas. Por lo que sabemos cada uno cogió la suya y la utilizó a su propio criterio y sin requisito alguno de justificación y eso se mire como se mire no es admisible y no sirve el que en otras entidades financieras o grandes empresa sucedan cosas parecidas.

Así las cosas me congratula que el Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, haya sido tajante y haya anunciado la expulsión de quienes se hayan aprovechado de manera injustificada de esas tarjetas opacas y haya pedido perdón por los socialistas implicados. No todas las reacciones han sido tan contundentes, seguramente por temor a precipitarse o a caer en una especie de caza de brujas. Sí es un dato a tener muy en cuenta las dimisiones de responsables tanto sindicales como del PSOE, en claro contraste con la actitud, hasta el momento, de implicados de la derecha y la patronal, lo que refleja que no todos son iguales ni mucho menos.

Pero más allá del escándalo de las tarjetas de Bankia, sería conveniente profundizar el debate sobre la participacion, por lo menos de los sindicatos en los Consejos de Administración. Ignacio Fernández-Toxo hace más de año y medio en el Congreso Confederal de CCOO se pronunció de forma muy crítica al respecto y dio a entender que esa vía o se iba a cerrar o se iba a regular con absoluta transparencia y rigor.

No es un tema fácil. En algunos de los Estados mas avanzados del mundo los Sindicatos están en Consejos de Administración, resultado de una justa reivindicación para conocer, controlar e incidir, en la medida de lo posible, en la toma de las decisiones estratégicas de las grandes empresas. Desconozco como lo tienen establecido  y que garantías existen para evitar practicas irregulares. Porque me figuro que intentos de comprar y corromper a dirigentes sindicales haberlos  haylos en muchos sitios. Por tanto habrá que amarrar muy férreamente esas garantías o buscar vías alternativas para conseguir ese control e influencia en el funcionamiento de las empresas.

Sea cual sea la decisión que tomen CCOO y UGT sobre la participación en los Consejos de Administración, el mal ya esta hecho y me temo que tardaremos años en levantar esa losa que nos ha caído encima y que se viene a  sumar a otros hechos injustificables y desde luego a una intensa, sostenida y eficaz campaña antisindical que estamos padeciendo en los últimos años.

Sin duda van a arreciar las críticas, justo en medio del proceso de elecciones sindicales, y nos va a costar mucho desprendernos de la acusación de formar parte de “la casta”.

Por tanto, sin precipitarnos, pensando bien las cosas y contando de la forma más amplia posible con la opinión del conjunto de la afiliación, los sindicatos tenemos que mover ficha. Estamos en una situación de emergencia y hay mucho en juego, por lo que las respuestas deben ser meditadas, con visión de futuro, pero inequívocas, para que nos ayuden a recuperar la confianza de millones de trabajadores.

Los sindicatos tenemos que asumir nuestros errores y limitaciones y obrar en consecuencia y con contundencia. Pero el conjunto de la ciudadanía y de la clase trabajadora debe ser muy consciente que hay que defender y proteger a los sindicatos de clase, porque de lo contrario nuestro país sufrirá un retroceso formidable en sus condiciones de trabajo, de vida, de protección social. Una sociedad con sindicatos débiles, marginados o devaluados, estará mas cerca del siglo XIX que de los retos que tiene que afrontar en el siglo XXI, como he resumido en otras ocasiones, estaremos mucho mas cerca de Singapur que de Suecia.

Dos ultimas consideraciones. Este escándalo no debería ocultar la realidad de que en muchas, muchísimas,  grandes empresas hay diversas y eficaces formulas para sobrepagos a sus equipos directivos, con cuantías o privilegios desorbitados, ¿hemos olvidado las millonarias stock options de Telefónica? que convierten en calderilla los pagos de las tarjetas opacas de Bankia. No puede ser una excusa ni un atenuante, pero a ver si ahora quienes abusan en nuestro país van a ser los de un puñado de sindicalistas y de militantes de partidos de la izquierda.

Por último, me figuro la desolación, la rabia y el acoso al que estarán sometidos en estas horas decenas de miles de activistas sindicales, aquellos que día a día dan la cara en sus centros de trabajo defendiendo las justas reivindicaciones de sus compañer@s. Lo están pasando mal y peor que lo pasaran en los próximos días. Pero que tengan la seguridad de que el sindicalismo de clase, que no tiene por detrás precisamente un camino de rosas, saldrá adelante, gracias a ellos y a los millones de trabajadores que siguen confiando en su ingente y desinteresado trabajo.


http://hectormaravall.blogspot.com.es/2014/10/las-tarjetas-opacas-de-bankia-y-los.html

Opacos en CCOO, por Miguel Coque Durán

Opacos en CCOO

DOMINGO, 5 DE OCTUBRE DE 2014

En estos días de vergüenza ajena, cuando arrecia nuestra ira por escándalos ajenos, se nos viene contra el estómago y contra múltiples y anónimos  esfuerzos sindicales una coz con el escándalo propio, en CCOO, con las tarjetas opacas de Bankia. Y éste, sí que hay que digerirlo para evitar, que en la simplificación, la parte termine definiendo al todo, y para eso ni se puede ser pusilánime, ni participar de comprensiones porque en esto como en tantas cosas hay que ser “radical” e ir a la raíz de lo que puede aparecer como síntoma. Afortunadamente, la mierda siempre termina saliendo a flote.

No entrando en la falta de ética de estas actuaciones porque el sentido común es sabio y se encarga de explicarlo con el discurso de los hechos, hay una estética cutre que ratifica la podredumbre de estas acciones que no pueden disponer del menor recoveco para la más mínima justificación.  Lo peor o lo mejor, cuando ocurren estos sucesos, es que no pueden explicarse porque no tienen explicación posible. Por eso, tampoco espero mucho de una comisión de investigación; solo pedir que no se dilate en el tiempo, y sobre todo que aclare dónde han ido a parar y en concepto de qué los ochocientos mil euros defraudados, qué papel tuvieron estas personas en la aprobación de la medida relacionada con las preferentes y si están ya fuera del sindicato.

Sinceramente, nuestra organización, aunque ha sido rápida, me ha parecido algo blandita planteando la dimisión de Rodolfo Benito y aunque reconozco el posible impacto de una noticia como esta, hay momentos en los que hay cosas que solo pueden tener comprensión en la contundencia de las respuestas. No hablo de linchamiento, porque para ello ya hay actores con intereses espurios encargados de azuzarlos, mucho menos de avivar la búsqueda compulsiva de chivos expiatorios. Se trata de ser tajante con un axioma que no solo forma parte del acervo de nuestro sindicato, sino que es básico para seguir siendo creíbles en cualquier espacio del mundo laboral: “el mejor  predicador es fray ejemplo”.

Somos una organización muy grande; tan grande como para ser la referencia de más de un millón de trabajadores y trabajadoras que pagan su cuota y dan el paso para tener un carné con nuestras siglas y todos aquellos que nos ratifican a través de las elecciones sindicales con su voto y aunque, por ser quienes somos el caso Bankia no nos perdone, debemos tener claro que eso de arrugarse tampoco forma parte de nuestro acervo.

CCOO ha sido, es y será una organización transparente pero seríamos unos ilusos si pensáramos que se pueda encontrar exenta de listos, golfillos y paracaidistas que al final puede terminar pasando por “históricos” como en cualquier tipo de organización. ¿Por ello debemos ser escrupulosamente intolerantes y vigilantes con los amigos de las moquetas, porque no nos engañemos, es mucho más duró estar al frente de un conflicto colectivo que merodeando permanentemente en las cercanías de palacio.

En estos últimos días, cuando algunos pueden plantear su cansancio porque este tipo de hechos genera la incredulidad, me ratifico en que son momentos para decir lo que somos. Somos Katia, la compañera de Baleares para la que piden cuatro años de cárcel por defender el derecho de huelga y más de doscientos militantes en su misma situación, somos los 8 de Airbus, somos los compañeros y compañeras de Panrico o Coca-Cola, somos los que dan la cara en el Corte Inglés, somos Laura consiguiendo representación sindical en Carrefour, somos Carlos en la Diter, somos Alberto en la marcha de la dignidad, somos Helena cuando atiende y ofrece soluciones a un compañero despedido, somos los que llegamos cuando el incendio ha comenzado y hay que gestionarlo, somos cientos y cientos de microrelatos sindicales muy ligeros de equipaje, anónimos en la mayoría de los casos, que se juegan su promoción profesional, que se juegan su estabilidad laboral, que escuchan, informan, acuden y dan el paso por otros que están de observadores o tienen miedo. Si, ya sé que esto no vende, ni es mediático pero esa es la realidad contraria a los opacos de las tarjetas.

Porque somos cientos, miles de nombres, mi sindicato y el tuyo es un patrimonio colectivo a defender con contundencia y se pongan como se pongan los piratas del estado de desecho, y sobre todo porque nunca nos terminará de gustar nuestras Comisiones Obreras, permanecemos en ella, porque, definitivamente, todos no somos iguales  y porque somos más necesarios que nunca.

http://canchales.blogspot.com.es/2014/10/opacos-en-ccoo.html

jueves, 2 de octubre de 2014

El capitalismo salvaje está alcanzando sus últimos objetivos, por Pedro Luis Angosto


Nuevatribuna.es | 01 Octubre 2014

A poco que nos detengamos a analizar la realidad que nos ha tocado vivir en los últimos años, convendremos que el capitalismo está en uno de los mejores momentos de su ya larga historia. Después de la cruel noche del siglo XX en que tras organizar dos guerras mundiales y otras muchas regionales, tuvo que ceder en Europa Occidental y algún otro lugar del planeta a la presión de los trabajadores y asumir que había que pagar impuestos directos proporcionales y progresivos, cotizar a la seguridad social, limitar la jornada laboral, respetar la vacaciones y la maternidad, y poner límite por arriba al trabajo, el capitalismo respiró por fin cuando supo de la caída de la URSS, del aburguesamiento individualista y suicida de los trabajadores y sus organizaciones y, sobre todo, de la nueva política económica decidida por los mandarines del Partido Comunista Chino, que suponía la entrada en el mercado laboral mundial de cientos de millones de trabajadores muy disciplinados y desposeídos del más mínimo derecho, tanto económico, como político y social. La apertura al capitalismo de la China llamada comunista fue, sin duda, el mayor salvavidas que ha recibido el sistema en toda su historia, más si se tiene en cuenta que los dueños del negocio ya tenían asumido –muy a su pesar- que la democracia social y laboral eran conquistas irreversibles con las que había que convivir.

El problema que plantea para el mundo la economía esclavista china ha sido planteado en multitud de artículos, foros y conferencias, pero nunca como una cuestión verdaderamente importante. Por un lado estaban los intereses de los capitalistas interesados en deslocalizar sus empresas hacia lugares en los que los costes laborales y sociales fuesen mínimos; por otro, el falso pudor de la izquierda que no se ha atrevido a enfatizarlo como se merece por el temor a ser acusada de no querer extender la “riqueza” a otros lugares del planeta. Los capitalistas al defender la deslocalización cumplían a la perfección –como siempre- con su ideario, por el contrario, las izquierdas –una vez más- hacían dejación del mismo al no ser capaces de denunciar y de impedir la globalización de la pobreza y la ausencia de derechos: En un mundo global, se podrían haber marcado unas nuevas reglas del juego comunes que obligasen en todo el orbe a respetar los derechos políticos, sociales, económicos y culturales de todos los trabajadores, de todas las personas. No se hizo y hoy, por mucho que nos empeñemos en seguir ciegos, la producción industrial mundial se ha trasladado a aquellos lugares donde la palabra derecho es delictiva, y si se ha trasladado no ha sido por iniciativa de los países de Oriente, sino por voluntad clara de los capitalistas de Occidente. Claro, decían quienes manejaban los pucheros, no pasa nada, ellos que produzcan que nosotros nos quedaremos con los servicios y las finanzas. La falacia, como todas, tenía los pies de barro, porque como hace ya varios siglos demostraron los fisiócratas franceses, no hay desarrollo ni bienestar económico sin una producción industrial fuerte, salvo que seas Suiza, o cualquier otro país al que el capitalismo haya otorgado el papel de parásito guardián y blanqueador del dinero.

Pero la deslocalización industrial no es un fenómeno nuevo, en cualquier época pasada, el capitalismo siempre anduvo a la búsqueda de lugares dónde las materias primas y la producción fuesen más baratas: África todavía sangra a raudales por ello. Lo que sí es novedoso es la deslocalización industrial casi total a la que asistimos hoy en día en buena parte de Europa sin que hayan existido protestas feroces de los trabajadores. Desde la primera revolución industrial hasta la Segunda Guerra Mundial, cualquier intento masivo de despidos por traslado de industrias o innovaciones tecnológicas fue seguido por respuestas contundentes de los trabajadores que obligaron a los capitalistas a reducir la jornada laboral y ampliar derechos. Ahora no. ¿Por qué ocurre esto? Es decir, ¿por qué ahora no sucede nada? También podemos recurrir a la historia, antes de la Primera Guerra Mundial –o guerra del colonialismo-, Jaurés, Rosa Luxemburgo y otros líderes de la izquierda mundial avisaron de que la guerra que venía nada tenía que ver con los intereses de los trabajadores. Las prédicas patrióticas difundidas por los medios de comunicación de entonces hicieron que los currantes antepusieran los intereses de sus enemigos a los de su propia clase y fueron a formar parte de los ejércitos del capital. Obreros alemanes, franceses, ingleses, rusos e italianos se mataron a mansalva en los campos de batalla a mayor gloria del sistema, dejando en la cuneta las ideas liberadoras que tanto habían aportado a su progreso y al del mundo. Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Víctor Basch y Jean Jaurés fueron asesinados y su nombre borrado de la historia. Hoy, la capacidad manipuladora de los medios de comunicación es infinitamente superior a la que tenían en aquellos años en que consiguieron que los trabajadores se mataran entre sí por intereses contrarios a los suyos. Raro es el país que no tiene 200 canales de televisión-basura, raro el país en el que existe una verdadera libertad de prensa, extraño el país que escapa al pensamiento único difundido por los oligopolios mediáticos idiotizadores. No existe la prensa de izquierda salvo en páginas de internet que tienen mucha menos influencia social de la que creemos, el individualismo capitalista se ha antepuesto –años luz- a los intereses comunes que nos protegían, la escuela ha sido privatizada y el pensamiento libre convertido en doctrina mercantil indiscutida. Si a eso añadimos que la mayor parte de la población europea ha caído en el fatalismo y piensa –o asume sin más- que no hay alternativa a lo que está ocurriendo, que nunca los Estados contaron con un aparato represor como del que hoy disponen, que jamás la indolencia social llegó a extremos tan absurdos, el círculo queda perfectamente cerrado.

Diezmados los partidos y sindicatos de izquierda por su incapacidad para enfrentarse a un sistema perverso y nocivo, desaparecida la prensa libre, mermada hasta lo ínfimo la empatía personal y social, arruinada la Educación crítica, diluida la conciencia de pertenencia a una misma clase –la de los explotados y excluidos-, aceptado el fatalismo como motor de la historia y la salida individual como única forma de emancipación y triunfo, el mundo camina, por dejación de funciones, hacia épocas que por vividas no dejan de ser oscuras, tenebrosas y en extremo peligrosas. El capitalismo, sólo tiene un interés, maximizar beneficios sin importarle hombres ni territorios, han de ser los hombres quienes, de nuevo, tomen conciencia de que el objetivo son ellos y sus derechos. En otro caso, el último que salga que cierre la puerta: Veremos cosas que jamás habríamos soñado, ni en nuestras peores pesadillas. Europa se diluye dirigida por un buque fantasma llamado Alemania pero pilotado por Estados Unidos y su delegado en el paraíso fiscal de la City londinense. El pasaje espera el momento para saltar por la borda. Todavía estamos a tiempo de no volver a repetir la historia si somos capaces de aprender, mínimamente, de ella: Ni el individualismo extremo, ni el divide y vencerás fueron nunca armas útiles a los de abajo.

http://www.nuevatribuna.es/opinion/pedro-luis-angosto/capitalismo-salvaje-alcanzando-ultimos-objetivos/20141001170035107735.html

miércoles, 1 de octubre de 2014

Fundamentalismo constitucional vs. legitimidad democrática, por Jaime Pastor

Jaime Pastor 
Autor de ‘Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda’ y ‘Cataluña quiere decidir’
Público, 30 de septiembre de 2014

Con una rapidez sin precedentes, el Tribunal Constitucional ha admitido a trámite los recursos presentados por el gobierno contra la ley de consultas del Parlament catalán y el decreto, firmado por el President de la Generalitat, de convocatoria de una consulta no vinculante el próximo 9 de noviembre. Pretende, además, paralizar no sólo la consulta sino también “las restantes actuaciones de preparación para la convocatoria de dicha consulta o vinculadas a ella”. De esta forma, una suspensión cautelar “exprés” sitúa en la ilegalidad a una mayoría social y política en Cataluña.

Los recursos del gobierno, resumidos en el discurso de Rajoy, siguen siendo los de siempre: que “la consulta que se pretende llevar a cabo, ni por su objeto, ni por el procedimiento seguido, es compatible con la Constitución española” (¿seguro?: ¿por qué no aceptaron aplicar, por ejemplo, el artículo 150.2 que habría permitido transferir la competencia de convocar referéndum no vinculante a la Generalitat?); que “la soberanía reside en el pueblo español en su conjunto y una parte de él no puede tomar decisiones sobre lo que afecta a todos” (¿por qué, entonces, en Escocia sí han podido votar únicamente los y las escoceses si se separaban o no del Reino Unido y no el conjunto de la ciudadanía de ese Estado?); que, en fin, ya en plan catastrofista, “esta consulta de autodeterminación (…) va en contra de la Ley, desborda la democracia, divide a los catalanes, los aleja de Europa y del resto de España, y perjudica gravemente a su bienestar” (¿no será, más bien, el Estado español el que se aleja de esa “Europa” que no ha dicho nada en contra del referéndum escocés y, en cambio, asiste preocupada a la inestabilidad política que puede provocar al “choque de trenes” que se anuncia?) .

Lo peor de todo en el ya previsible discurso de Rajoy es su afirmación rotunda de que “desde un punto de vista estrictamente político, tampoco cabe obrar de otra manera”. Porque ahí está el quid de la cuestión: si hay una demanda ampliamente mayoritaria en Cataluña a favor de ejercer su derecho al voto el próximo 9 de noviembre, como está archicomprobado por distintas vías (ahora, con el 92,9 % de ayuntamientos dispuestos a organizar la consulta), lo lógico habría sido buscar alguna fórmula legal de ejercicio de ese derecho; con mayor razón cuando se trata de una consulta no vinculante y, por tanto, no se desprendería de la misma, en la hipótesis de que hubiera una mayoría a favor de la independencia, que se proclamara inmediatamente ésta.

Contrasta ese autismo político, no nos cansaremos de recordarlo, con lo que hicieron tanto PP como PSOE a propósito de la reforma exprés del artículo 135 de la Constitución, en pleno agosto de 2011, para así contentar a esos “mercados financieros” que continúan actuando como los verdaderos gobernantes de la eurozona. ¿Por qué no haberlo hecho en este caso? Obviamente, porque las cesiones de soberanía “por arriba” son ya norma corriente en unos gobiernos que están al servicio de un despotismo antidemocrático a escala europea, mientras aumenta su miedo a la democracia ejercida desde abajo y, en esta ocasión, por un pueblo que reclama ser reconocido como tal.

Ha sido esa falta de voluntad política de Rajoy y su gobierno de buscar un terreno de encuentro que encaje la legalidad con la realidad, y no al contrario, la que ha conducido a la confrontación actual. Sin duda, en ello ha influido un fundamentalismo constitucional muy arraigado en sus filas, pero también los consabidos cálculos electoralistas, dirigidos a compensar el desgaste que está sufriendo tanto en el plano político (corrupción) como social (“austericidio”) mediante el recurso a un nacionalismo español beligerante en una parte significativa de su base social. Con todo, el precio que va a pagar por ello será muy alto no sólo en Cataluña sino también en otras partes del Estado, en donde, como estamos viendo ahora mismo en Canarias, la reclamación del derecho a decidir sobre asuntos de especial trascendencia para la ciudadanía se va extendiendo frente a un gobierno y a un régimen en profunda crisis de legitimidad.

La respuesta de las organizaciones sociales y políticas catalanas favorables a  la consulta no se ha hecho esperar. Muy probablemente comprobaremos esta misma tarde la potencia de un movimiento plural y transversal, dentro del cual una parte creciente no se reconoce tampoco en ese “pujolismo” que ha sido también uno de los pilares del “régimen del 78”, ha practicado también duros recortes sociales y hoy se encuentra en profunda crisis. Proclamando su derecho a desobedecer a la suspensión del Tribunal Constitucional, pueden contar con toda la legitimidad democrática para ello y, además, con la propia legalidad de lo acordado por sus instituciones representativas.
No sabemos hasta dónde podrá llegar este movimiento ni qué va a ocurrir el 9-N. Algo es, sin embargo, seguro: con este portazo a la consulta, la desafección ciudadana y el independentismo en Catalunya no dejarán de fortalecerse en el futuro.

Mientras tanto, vemos que fuera de Cataluña, y pese a que es perceptible un progresivo cambio en segmentos significativos de la opinión pública española a favor de permitir a los catalanes celebrar la consulta, pocas siguen siendo las voces que se levantan exigiendo al gobierno –y al PSOE- que reconozcan ese derecho, se resignen de una vez a reconocer la realidad plurinacional de este Estado y, por tanto, acepten la existencia de un demos catalán diferenciado con derecho a decidir su futuro. ¿Habrá que insistir una vez más en que el desafío democrático catalán supone una impugnación en toda regla de ese “régimen del 78” contra el que también está luchando una creciente mayoría social en todo el Estado español? ¿No deberíamos tomar nota de que, aunque los sentimientos nacionales sean muy diferentes, tenemos un mismo interés común en que en esta contienda política no salga victorioso un régimen que está, además, en profunda auto-reforma reaccionaria?

http://blogs.publico.es/dominiopublico/11186/fundamentalismo-constitucional-vs-legitimidad-democratica/

España me agota, me rindo, por Antón Losada



Todo es meter miedo, asustar, manipular y engañar para que la gente vote lo que le conviene a quienes tienen mucho que perder si el poder o la riqueza se reparten un poco

Antón Losada 

30/09/2014 

Ustedes no sé, pero servidor no puede más. España me agota. He intentado seguir su ritmo, se lo juro. He tratado de no desfallecer, repetir día tras día los mismos argumentos a ver si alguien los escucha y seguir con paciencia miles de polémicas sobre asuntos banales como si fueran importantes, mientras las cuestiones realmente relevantes quedan sepultadas bajo el ruido y la furia. Es inútil. No se puede hacer nada.

Estoy agotado de vivir en un país donde el hecho de que la gente quiera votar se convierte en un problema dramático y la ley es utilizada para prohibir y proscribir derechos, no para garantizarlos. Igual que la policía es utilizada para escoltar a los que mandan y no para proteger a los ciudadanos de ellos. No puedo con esta discusión absurda entre legitimidad y legalidad repetida una y otra vez como si todos fuéramos Thomas Hobbes o Hans Kelsen.

Estoy agotado de vivir en un país donde ya no se habla de la crisis porque el Gobierno ha decidido darla por terminada. Si después de las elecciones descubrimos que no había acabado y sigue habiendo paro, pobreza, desigualdad y los más débiles continuan pagando las facturas de los más poderosos, será por culpa de Europa.

Cáritas ha dado las ultimas cifras, apenas escuchadas entre tanto alboroto. Más de dos millones y medio de personas atendidas en 2013, un 30% más que el año anterior. Apenas 73 millones de euros recibidos desde unas administraciones que cierran servicios sociales, recorta programas y desvían a la gente a Caritas. Es la aportación más baja de los últimos cinco años. Ni derechos, ni caridad. En España se sufre y punto.

Estoy agotado de vivir en un país donde se habla de política y de partidos políticos como Podemos igual que si hubiéramos vuelto a la Guerra Fría o a los días de la muerte de Franco. Todo es meter miedo, asustar, manipular y engañar para que la gente vote lo que le conviene a quienes tienen mucho que perder si el poder o la riqueza se reparten un poco.

Me recuerda a cuando de niño, en A Mariña de Lugo, durante las primeras elecciones democráticas, las fuerzas vivas iban por las cocinas de las casas avisando a la gente que si ganaba la izquierda les iban a quitar las vacas y el tractor. Alguno incluso se subió al monte con las suyas hasta que se supo quién había ganado. No puedo creerme que malgaste la mitad de mi tiempo escuchando y rebatiendo las mismas patrañas de hace cuarenta años.

Vivir en un país así de gris no merece ni la pena, ni el esfuerzo. Parece mentira que lo hayamos olvidado.

http://www.eldiario.es/zonacritica/Espana-agota-rindo_6_308729152.html

Viñetas de Vergara y Fontdevila