miércoles, 7 de enero de 2015

"La puerta giratoria de Zarzuela", por Isaac Rosa



¿A qué se dedica hoy el ex rey Juan Carlos? A vivir como un rey, pero sin las molestias del cargo

Isaac Rosa. El Diario, 05/01/2015

En el país de las puertas giratorias, cómo no iba a haber una en la primera casa de España, domicilio del primer ciudadano del reino: el palacio de la Zarzuela, donde aún duerme el rey emérito Juan Carlos las noches que anda por Madrid.

¿Y por qué digo que en Zarzuela hay una puerta giratoria? ¿Es que el viejo rey ha sido fichado por una eléctrica? ¿Es consejero de un banco de inversiones? ¿O lo acogió la siempre acogedora Telefónica?

Nada de eso. La puerta giratoria de Zarzuela no es como las demás: tiene giro de 360 grados. Juan Carlos entró por esa puerta el 2 de junio, y volvió a salir por el mismo sitio, en un movimiento rápido, visto y no visto. Es decir, que se quedó donde estaba.

¿Entonces? ¿Cuál es la gracia de esa puerta giratoria? Pues que le permite conservar los privilegios de monarca, pero sin las molestias del cargo. Es decir, vivir como un rey, en el sentido más popular de la expresión. Vivir como un rey pero sin el coñazo de ser rey, sin viajes protocolarios, recepciones, inauguraciones y despachos con Rajoy. Vivir como un rey, pero sin disimulo, y sin tener que pedirnos disculpas si mete la pata.

A eso se ha dedicado el ex rey desde que se jubiló: a vivir como un rey. Y si no, vean. Mantiene residencia, pues ni siquiera se mudó, dejando a su hijo y nuera en la casa que ya tenían. También conserva su asignación presupuestaria, ya que sigue siendo miembro de la familia real, y ahora además tocan a más en el reparto, al ser menos miembros en la familia, sin las ex infantas.

Aparte de casa y sueldo, disfruta de protección jurídica. Dejó de ser inviolable, pero el Congreso lo hizo aforado por la vía urgente, lo que en la práctica, con la cortesana ayuda de fiscales y jueces, equivale a ser inviolable. Aforamiento que además se extiende a todas las actuaciones de su vida privada. No sea que le salga por ahí un hijo no reconocido, o quieran pedirle cuentas por los negocios de su hija, o las comisiones que gestionaba su “amiga íntima”.

¿He dicho “vida privada”? Ahí está la gracia de la puerta giratoria de Zarzuela: que desde que abdicó, ya todo es su vida privada, sus asuntos. Lo que antes era blindaje institucional y mediático, ahora es vida privada. No sabemos dónde ni cómo celebró ayer su 77 cumpleaños, ni nos importa, pues es su vida privada; como lo es su gira gastronómica por los mejores restaurantes de España, su fin de año en Hollywood, su patrimonio nunca aclarado, o sus tratos con Corinna (lean este artículo de Jesús Cacho, yo sigo boquiabierto).

Aunque algunos nos preguntamos, a lo Pla, quién paga todo esto, habrá también quien piense que el ex rey se tiene bien merecida su jubilación dorada: que tras cuarenta años cuidándonos, después de habernos traído la democracia, derrotado un golpe de Estado y otras hazañas bien sabidas, qué menos que disfrutar de la vida algo más que las tediosas regatas de velero, las cacerías de elefantes o aquellas entrañables y sencillas navidades esquiando con la familia.

Y tienen razón. Lo de Juan Carlos tiene mérito, mucho. Su última gesta en este Reino de España ha sido convertir una rancia monarquía, de la que uno solo podía salir muerto (pues de lo contrario perdería sentido el invento dinástico), en una profesión con jubilación y puerta giratoria. Y con pedorreta de propina para los republicanos: “¿No queríais rey? Pues ahora tenéis dos”. Viva el rey.

http://www.eldiario.es/zonacritica/puerta_giratoria_rey_juan_carlos_6_342675748.html

"Sin izquierdas se trepa mejor", por Shangay Lily

Shangay Lily.
Público, 29 de Diciembre de 2014


Me desespera estos últimos tiempos el entusiasmo con el que los más jóvenes  —principales víctimas de estos recortes— abrazan la disolución de fronteras ideológicas que la derecha está ejecutando con aplastante prepotencia. “Todos son iguales, la corrupción es cosa del poder, de izquierdas y derechas”, te repite como un hipnótico mantra aprendido quien se presenta como antisistema.

Me lo decía con resuelta miopía un amigo bastante culto hace unos días: “no pierdas el tiempo defendiendo la izquierda, son todos iguales”. Y no se daba cuenta de que sólo se está fijando en los beneficios económicos (que tampoco son precisamente espectaculares con la terrible gestión de la derecha) y no en la calidad de vida. De hecho me lo decía desde su expatriación forzosa para poder encontrar trabajo.

Pero no hay nada más sistémico que ese cómplice discurso que sólo afecta a la izquierda. Porque es un discurso de derechas, un discurso que nace en la “anti-política” y acaba en el peligroso “esto no es cuestión de ideologías, es cuestión de gestionar empresas”. La tan cacareada “liberización” de los mercados para gestionar la vida pública como la privada (esto es: sin mecanismos de control democráticos).

Me ha costado mucho entender que la razón de la popularidad de ese mantra no es otra que la intención de subir en la escala capitalista lo más rápido posible. Y para ascender en el capitalismo el primer requisito es no tener ideología, no cuestionar el corrupto sistema, colaborar.

En el fondo la explicación es muy sencilla: en este sistema se trepa mucho mejor sin ideología. Y cuando digo ideología, por supuesto, me refiero a la de izquierdas. La de derechas nunca ha sido una ideología, es simple complicidad y obediencia ciega a los jerarcas. Ese entusiasmo con el que muchos cachorros del capitalismo abrazan el tercerposicionismo de grupos como UPyD, en realidad enmascara una cobarde y cómoda complicidad con el sistema al que dicen estar cuestionando. En grupos del 15M se ha visto este ramalazo capitalista que se preocupa más por conseguir trabajos, mejores condiciones en las hipotecas o un acceso más rápido a sus ebooks o videojuegos favoritos que ninguna alternativa a un sistema con el que han crecido.

Muchos y muchas sólo quieren que las cosas sigan siendo como en los años dorados de Zapatero en los que nadie se preguntaba a qué precio vivíamos los privilegiados de Europa, encerrados en nuestras murallas de primer mundo.

Sé que este mensaje no gustará a los más jóvenes que viven en la ezquizofrénica dualidad de quejarse hasta el victimismo por un sistema corrupto que, por otro lado, refuerzan con entusiasmo, repitiendo sus estrategias más capitalistas, apoyando la destrucción de sindicatos o negando la lucha de clases como algo del pasado, o estigmatizando a las voces disidentes e idealismos periféricos, presentados por la derecha como culpables de que la maquinaria no funcione tan bien.

Y si hay una estrategia capitalista, de derechas, esa es la que el PP está explotando hasta lo surrealista vía su monstruosa plataforma  mediática: “La izquierda es tan corrupta o más que la derecha, así que deshagámonos de esta inútil ideología de izquierdas y derechas y limitémonos a considerar todo como una empresa privada, un cortijo en el que no caben protestas, ni estructuras de izquierdas, ni sindicatos que dificultan los beneficios, ni rebeldías… resignémonos de una vez a que el sistema sólo funciona cuando unos pocos elegidos viven y el resto debe dejarse pisotear, explotar, humillar”.

En el fondo de toda esta estrategia, subyace el anticomunismo del bloque capitalista-imperialista que inventó la terrible Operación Gladio para impedir a cualquier precio que la izquierda real gobernase o tuviese poder en Europa. Y una de las estrategias principales que desató la Operación Gladio –aparte de los atentados de falsa bandera y asesinatos atribuidos a grupos comunistas creados y financiados por ellos— fue patrocinar, financiar e implantar la socialdemocracia a cualquier precio para cortar el paso de la izquierda real. Fue lo que se llama “el capitalismo de cara amable” (que no existe, es una falsedad). De eso sabe mucho el PSOE y Felipe Gonzalez. Y ahora parece que es la dirección que está tomando Podemos y Pablo Iglesias.

Triste forma de acabar el año y aliciente para luchar el nuevo por impedir esta disidencia controlada y el espejismo del capitalismo amable o el discurso reformista que tanto le sigue costando a IU, convertida en el monstruo a aplacar sea como sea.

http://blogs.publico.es/shangaylily/2014/12/29/sin-izquierdas-se-trepa-mejor/

lunes, 5 de enero de 2015

martes, 23 de diciembre de 2014

"¿Ya no existen derechas ni izquierdas?", por José Félix Tezanos


José Félix Tezanos | Sistema Digital
nuevatribuna.es | 19 Diciembre 2014 


Cuando escuchamos que alguien dice que él no es “ni de izquierdas ni de derechas”, lo menos que debemos hacer es llevarnos las manos a la cabeza y, sobre todo, desconfiar. Desconfiar de líderes que nos están mintiendo. ¿Es posible que alguien que está implicado en actividades públicas no sea ni de derechas ni de izquierdas?

En cierto modo, mantener una actividad política y sostener que no se es ni de izquierdas ni de derechas es una contradicción terminológica, en la medida que actuar en la esfera política implica adoptar posturas y tomar decisiones que no pueden sustraerse a los alineamientos ideológicos y programáticos. Por eso, se cuenta como algo especialmente chusco la anécdota de aquel dictador que al despedir a uno de sus Ministros le dijo con total desparpajo y aparente seriedad: “Haga usted como yo y no se meta en política!”. ¡La cantidad de personas que se han reído –por no llorar– al recordar esta anécdota verídica.

Ante una autodefinición ¿política? de este tenor –que de nuevo se ha escuchado recientemente en España– lo más sorprendente es que algunos bobalicones se hayan apuntado de inmediato a la presentación, sosteniendo que eso de “izquierdas y derechas” es algo antiguo y desfasado. No han faltado incluso los que han intentado sustentar el aserto de marras con argumentaciones supuestamente politológicas y con datos pretendidamente sociológicos.

La interpretación “moderna” sería que ahora los ciudadanos ya no son, ni se sienten, de izquierdas o de derechas, sino de “arriba” y “abajo”. Es decir, en su mayoría se sienten como pertenecientes a aquellos que no detentan el poder ni disfrutan de los privilegios. O lo que es lo mismo, se ven como parte de los que se encuentran situados abajo en la sociedad. Lo cual no es incierto, aunque la realidad es que tal conciencia de auto-ubicación social no implica que no se puedan sentir de izquierdas. Precisamente por ello.

Tal tipo de interpretaciones confusas, y confundidoras, en definitiva lo que hacen es no diferenciar tres planos de análisis: el de la estratificación social; el de la conciencia social; y el de la política. Confusión elemental que no puede sino reputarse como algo intencionado si el que la sostiene cuenta con un mínimo de formación en ciencias políticas y sociales. O, al menos, una cierta información empírica sobre los datos de la realidad concreta. Por no aventurar otras explicaciones más sorprendentes.

Lo de “arriba y abajo” no es ni mucho menos algo nuevo en el análisis social. Una conocida serie de televisión de hace años se titula precisamente así: “Arriba y abajo”, y en ella se mostraba la rígida estructura de clases de la vieja Inglaterra, llevada incluso al plano de la distribución física de los hogares. Así, en las habitaciones confortables, amplias, espaciosas y luminosas de arribavivían los señores (pocos) y en las habitaciones más lúgubres de abajo, incluso en los sótanos, vivían los sirvientes (bastantes). Algunos de ellos incluso tenían un cierto estatus y conciencia intermedia, de “clase media”, por decirlo en términos más sociológicos: el mayordomo, el ama de llaves, hasta cierto punto la cocinera…

Desde las viejas sociedades agrarias hasta los países industriales más avanzados, tal tipo de estratificación “arriba-abajo” ha sido una constante evidente, modulada en los últimos tiempos por la presencia de unas nutridas clases medias que ahora están entrando en un proceso de declive. Por lo tanto, el descubrimiento de este Mediterráneo que algunos están proclamando con júbilo, es algo que desde hace mucho tiempo estaba perfectamente descubierto.

¿Dónde está, pues, el engaño? Sencillamente en el intento de llevar dicho descubrimiento al plano de la realidad política, convirtiéndolo en la disolución de la dinámica izquierdas-derechas, o progresismo-conservadurismo, que explica buena parte de la historia política reciente de Europa. Algo que desde el asentamiento de la democracia, da cuenta también de la vida parlamentaria y de la dinámica electoral y de gobierno.

Desde la fundación de la Internacional y el desarrollo de los partidos de raíz obrera (socialistas, socialdemócratas y comunistas en sus diversas orientaciones), una parte de la dinámica estratificacional “arriba-abajo” se convirtió en un proceso político penetrado de aspiraciones emancipadoras. Es decir, una buena parte de los de abajo se agruparon en organizaciones sindicales y políticas que defendían ideas y programas que, en su conjunto, se consideraban de izquierdas, frente a los que postulaban las orientaciones e intereses de los de arriba desde posiciones de derechas.

Por lo tanto, los que ahora niegan –como táctica mimetizadora o como convicción simplona– la dinámica izquierdas-derechas, en realidad están negando, o intentando soslayar, una parte de la realidad política, así como unas estructuras organizativas y unas formas de competencia política constitucional que tienen una larga trayectoria histórica y una razón de ser arraigada, que no es prescindible para todos los que creemos de verdad en el pluralismo político y en la democracia. Algo que se parece mucho, por cierto, a la falacia del “fin de las ideologías”.

Negar esa parte de la realidad política en un país vivo, complejo y avanzado –aún con sus defectos–, como es actualmente España, tiene unas implicaciones de mayor alcance práctico de lo que algunos consideran. En realidad, supone negar a priori el pluralismo político y las mismas posibilidades de las posiciones y actitudes intermedias propias de “clases medias”. Se trata de una actitud mental propia de quienes intentan reducir todo a blanco o negro, a un ser y un estar total, o nulo. Algo muy propio de las culturas autoritarias, que en sociedades complejas y plurales solo son capaces de afirmarse mediante la trampa, la mimetización y la sorpresa. Y sobre la base de las crisis, los malestares y las confusiones, como ocurrió con las dictaduras que surgieron con posterioridad a la Gran Depresión. Por eso, los que empiezan diciendo que no son ni de izquierdas ni de derechas –con todo el repiquetear laudatorio del coro de los bobalicones de turno– bien pronto suelen dar el paso a decir que ellos no son “políticos” (aunque a veces utilicen expresiones más confusas y engañosas para calificar sus posiciones). Y de ahí a impugnar en la práctica la democracia y las libertades solo hay un paso. Otros lanzaron las mismas afirmaciones en el pasado y dieron luego los mismos pasos. Ahora estamos a tiempo de atajar tales derivas catastróficas.


http://www.nuevatribuna.es/opinion/jose-felix-tezanos/no-existen-derechas-ni-izquierdas/20141219111759110538.html

miércoles, 26 de noviembre de 2014

'Las raíces del pantano de corrupción y de “la casta" ', por Manel García Biel



Manel García Biel

Al hablar “de casta”, de corrupción y de los privilegiados, del bipartidismo como causa de la situación actual que hace surgir fenómenos como Podemos, no deben eludirse algunas cuestiones que están en la base y a las que normalmente nadie se refiere.

La raíz está en nuestro sistema de capitalismo especulativo, financiero-inmobiliario y concesional. La casta política gobernante, hacia la que se dirigen todas las críticas de forma justa, no es más que la expresión política de la clase capitalista gobernante. 

Por tanto, más que hablar de la casta o élite privilegiada frente al pueblo explotado, deberíamos hablar, con una terminología marxista, de izquierda clásica, como hacen Tsipras y Syriza en Grecia, de una clase explotadora, con su representación política que en nuestro caso son fundamentalmente el PP, CiU y PSOE, y unas clases populares y trabajadoras explotadas.

La corrupción nace sin duda de dos fenómenos característicos de nuestro país, el tipo de capitalismo hegemónico, como hemos dicho especulativo y concesional, y un sistema político basado en un bipartidismo imperfecto que controla el poder del Estado, a través de una ley electoral que lo alimenta.

Ya a partir de los años 80 se producen los primeros casos de corrupción política con origen y resultados diferentes. Son los casos de Banca Catalana que afectó a Jordi Pujol, el caso Naseiro en 1989 que afectó al PP y el caso Filesa por el que fueron condenados cargos del PSOE, estos dos últimos de financión ilegal y el primero antecedente de la actual situación del caso Pujol y familia.

A la vez, en la segunda década de los 80, asistimos a los procesos de privatizaciones de grandes empresas, muchas de ellas públicas llevados a cabo, de forma parcial, por los gobiernos de Felipe González (PSOE), como Endesa, Repsol, Argentaria o Telefónica, y completados totalmente por Aznar (PP), a través de los cuales se crearon estrechos vínculos entre estos partidos y los poderes empresariales, algunos de ellos creados por ellos mismos a raíz de las privatizaciones.

Es evidente, sin embargo, que la generalización de la corrupción en ámbitos de poder autonómicos y locales, que afecta también a amplios sectores de la sociedad, se produce a finales de los 90 con la llegada al Gobierno de Aznar y algunas de las políticas priorizadas en su mandato.

El principal elemento que estimula la especulación, la creación de la burbuja inmobiliaria y la corrupción es la denominada Ley del Suelo del 1997, complementada con la del año 1998, por las cuales elimina la distinción entre suelo urbanizable programado y no programado, siendo ahora todo él urbanizable. 

En definitiva, se pone en manos de las autoridades autonómicas y especialmente locales la posibilidad de la fácil recalificación del suelo. A partir de ese momento es necesario justificar la decisión de clasificar un suelo como no urbanizable, en contraposición con la tradición anterior en la que se estudiaba cual debía ser urbanizable.

Cabe destacar que la potestad de recalificación que recae en los ayuntamientos se suma a un hecho básico como era la mala financiación de los entes municipales a partir de los tributos municipales. Eso les lleva a financiarse en los años del boom a través de los impuestos que gravan las licencias de obras. Asimismo, las CCAA se aprovechan también a través del impuesto de trasmisiones patrimoniales, que primero les son cedidos sin capacidad normativa, pero que posteriormente también les es cedida, para mejorar su financiación.

Las autonomías y las administraciones locales reciben como un filón de oro esta situación, a la vez que se intensifica su relación con las empresas inmobiliarias, y a través de su desarrollo se vive una auténtica “edad de oro” para las finanzas municipales y, evidentemente, la cercanía a los suculentos recursos que se manejan da lugar en muchos casos a creación y extensión de fenómenos de corrupción. 

Esta situación es especialmente visible a lo largo de la costa mediterránea, podemos decir que ante la indiferencia o incluso de la connivencia de gran parte de la población que se beneficiaba de los procesos de recalificación y de la súper-urbanización del territorio. En este sentido, cabe considerar que los fenómenos especulativos e incluso corruptos gozaron de una cierta complicidad social. Sólo así se entienden, por ejemplo, las sucesivas mayorías absolutas alcanzadas por Gil y Gil en Marbella. Es decir que la corrupción se generalizó y alcanzó a sectores de la población más allá de las élites.

A este capitalismo especulativo, financiero-inmobiliario, fruto de la burbuja inmobiliaria, cabe añadírsele que, fruto del superávit en las arcas del Estado en todos sus niveles, estatal, autonómico y municipal, se dio lugar a un incremento en la construcción de infraestructuras de todo tipo, en muchos casos infraestructuras superfluas y excesivas, que dieron paso en muchas ocasiones a nuevas relaciones y vinculaciones corruptas, en beneficio particular de cargos públicos o de los partidos que les daban amparo, o ambas cosas a la vez. 

A nivel municipal, especialmente en localidades costeras del Mediterráneo, emergieron como setas candidaturas independientes cuyo único fin era el enriquecimiento del equipo municipal, equipo que muchas veces desaparecía o reconvertía en una nueva candidatura independiente en las siguientes elecciones. En otros casos, se efectuaban relevos de equipos municipales en candidaturas de un mismo partido político por los mismos motivos. Y como hemos referido anteriormente, con el apoyo de una parte importante de la población de dichas localidades.

Asimismo, es evidente que la corrupción ha tenido una gran peso e influencia en las concesiones, tanto urbanísticas como de servicios públicos en muchas autonomías y municipios. En demasiadas ocasiones hemos podido comprobar cómo se daba una concesión a la oferta más favorable y posteriormente se incrementaba con costes sobreañadidos de forma que el coste final nada tenía que ver con el inicial. 

Evidentemente, esta situación de “cierre de los ojos” o de “mirar hacia otro lado” por una parte importante de la población, hacia los negocios especulativos y hacia la corrupción que encubría, cambia fundamentalmente con el “estallido de la burbuja” y la llegada de la crisis. Como consecuencia de ello, de las graves situaciones socioeconómicas que recaen sobre la mayoría de la población, cambia radicalmente la visión social sobre el enriquecimiento y la corrupción. Y se avanza rápidamente hacia una mayor falta de tolerancia frente a los fenómenos de corrupción que van apareciendo.

A ello no es ajena la ruptura del espejo de la falsa riqueza en que la sociedad había vivido. Ante la realidad del coste social de lo que se vendió como aparente estado general de riqueza y bienestar, como fue la generalizada compra de viviendas a crédito, y que ahora se reconvierte en una realidad de pobreza y desahucios, y lógicamente el desencanto crece. Lo que antes no se veía o se negaba a ser visto, ahora aparece en toda su crudeza. Los excesos, las corrupciones son ahora visto como algo deleznables.

Cabe decir que siempre hubo voces, entonces acalladas por los grandes medios, que clamaron sobre los excesos y contra el falso modelo de desarrollo económico en que vivíamos. Desde el sindicalismo de clase, desde las fuerzas de la izquierda alternativa se clamó en el desierto comunicativo a favor de un cambio hacia otro modelo de desarrollo más justo y sostenible. Pero entonces fue un clamor injustamente desoído.

Sin embargo, ahora, surgen casi de la nada voces que son recogidas por amplios altavoces mediáticos que recogen las criticas antes desoídas y piden acabar con una situación injusta y contra una “casta” política que la ha hecho posible. Como dice de forma acertada Luis García Montero las voces de “los consumidores indignados”.

Más vale ahora que nunca, pero deberíamos reflexionar a fondo y ver que no es sólo “una casta” la responsable de la situación. El responsable es el sistema económico dominante en nuestro caso, el capitalismo especulativo y concesional que está en la raíz de la situación. Hay una clase económica que se aprovecha, incluso en los momentos de crisis, en su beneficio y unas clases trabajadoras y populares, explotadas y utilizadas en los momentos de auge y desechadas en los momentos de crisis. Hay por tanto algo más que casta. Hay clases explotadoras y explotadas. Y hay políticas de derechas, las que sirven a las clases dominantes, y de izquierdas que sólo se reconocen, no por su nombre, sino por estar al servicio de las clases explotadas.

Cabe decir que el pantano del que surge la corrupción es fruto de un sistema económico basado en la especulación y con la corrupción como subproducto. No es ni tan sólo un sistema capitalista industrial que, como mínimo, crea producción y riqueza aunque se reparta de forma desigual. Aquí hay especulación, y un poder económico solapado al poder político de unos partidos dominantes que produce espectáculos como ver a ex-políticos retirándose de sillones de los consejos de administración de grandes empresas, algunas de las cuales ellos mismos privatizaron cuando gobernaban.

Y frente a ello no caben artimañas, sino unidad de todas las fuerzas nuevas o viejas que quieran un cambio real en el país. Y no hay duda de que la falta de unidad puede impedir un momento histórico del que será responsable el que, por protagonismos egoístas, impida la unidad necesaria que padecerá la sociedad entera.


http://www.economiadigital.es/es/notices/2014/11/las_raices_del_pantano_de_corrupcion_y_de_la_casta_62394.php

"Resistir en la izquierda del tablero", por María Eugenia R. Palop


En tanto sea este el sistema democrático al que podamos aspirar, el centro no es ni será nunca un espacio adecuado para garantizar el bien común, ni, mucho menos, para proteger a los más vulnerables de los desmanes del mercado

María Eugenia R. Palop  
25/11/2014

Se cuentan por miles las personas que han perdido una vida a la izquierda del tablero. Que han perdido todas las batallas, las elecciones y las apuestas, luchando, desde sus barricadas, por cuatro buenas ideas. Estigmatizados por no haber aprendido (ni aprehendido), con los años, las tristes reglas del juego, en la izquierda del tablero vociferan esos dignos perdedores a los que les duelen menos las pérdidas que la falta de identidad y de coraje. Sus siglas pueden ser muchas como podría no ser ninguna, pero tienen un proyecto de izquierda, un programa de izquierda y hasta una misión de izquierda. Se saben de izquierda y pueden acreditar que la izquierda existe, porque ellos están ahí, contra todo pronóstico, desde tiempo inmemorial, en los sindicatos, en los centros de trabajo, entre el precariado y entre los parados, en las movilizaciones, en las calles, en las plazas, en las Universidades…intentando desvelar, con escaso éxito, seguramente, las 1.001 caras de la política neoliberal. Sus vidas son el testimonio de un fracaso tan incómodo que algunos querrían borrarlas de un plumazo con un fulgurante viaje a esa gran meta colosal que siempre representó la "centralidad del tablero". Por lo que parece, allí corren los ríos de abundancia, y uno puede relajarse, por fin, en un inmenso sofá, viendo la tele y criando malvas. Para quien lleva una vida luchando para perder, este viaje sin retorno puede resultar tan tentador que sorprende que un obstinado pelotón de perdedores cultive todavía la cultura de la sospecha, la crítica y la protesta, y resista ferozmente a estos repetidos reclamos publicitarios de la política tradicional. Deje usted de ser de izquierda o disimule que lo es, porque la izquierda ni ha vendido nunca, ni venderá jamás.

Es verdad que uno puede pensar que la "centralidad del tablero" no es un lugar ideológico, sino solo ese codiciado espacio en el que se reúnen más cómodamente las mayorías sociales, pero esto último no cambia nada, si es que concitar esas amplias mayorías sociales exige, como sospecho, renunciar a según qué presupuestos.

En una democracia business como la nuestra, en la que los partidos son empresas que buscan los triunfos numéricos, el centro no representa, ni mucho menos, la virtud, sino un lugar en el que se enfrentan egos irreconciliables, y en el que se estimula el ejercicio de una política caciquil para caudillos; un lugar en el que los partidos atrapalotodo, los partidos compromisos, los deradicalizados, los partidos "de Gobierno", amontonados por aluvión, pelean por su mínimo espacio vital, asfixiante y contaminado. En tanto sea este el sistema democrático al que podamos aspirar, el centro no es ni será nunca un espacio adecuado para garantizar el bien común, ni, mucho menos, para proteger a los más vulnerables de los desmanes del mercado.

De hecho, ha sido el centro el que ha mantenido esos arreglos keynesianos con los que ha sobrevivido por décadas un sistema capitalista productivista y depredador, en el que se han confundido a consciencia las políticas sociales, orientadas a la satisfacción de necesidades básicas, con viles políticas de consumo orientadas a un crecimiento infatigable. La apuesta de la izquierda que viajó al centro fue la del "turbocapitalismo", la desmesura, la insatisfacción consumista, la especulación, y la obtención de beneficios a corto plazo sin internalizar costes sociales ni ecológicos, sin pagar la deuda del trabajo, ni el deterioro ambiental que ocasionaba su despelote. Y esa apuesta por el pelotazo y el nuevoriquismo nos arrastró finalmente a la ortodoxia de la austeridad, a la fragmentación social, a la desigualdad y a la pobreza, eso sí, por fuego amigo. En este momento, ese fantasmagórico centro-izquierda solo puede aspirar a volver, una vez más, al fracasado y acaso imposible ensueño keynesiano, porque del diagnóstico y la utopía socialista ya no recuerda ni el nombre.

La izquierda ha liderado siempre la crítica al sistema capitalista en cualquiera de sus formas, a la desposesión, la explotación, y la distribución desigual de los recursos; se ha comprometido con la defensa y la protección del bien común y de los lazos sociales; ha creído más en la sociabilidad humana y en la cooperación desde abajo y hacia abajo, que en el egoísmo como motivación y en la supuesta distribución desde arriba, gracias al buen criterio de las élites clarividentes (que según la ideología de la mano invisible, merecen, además, todo lo que tienen). La izquierda tiene un anclaje sociocomunitario que funciona gracias al protagonismo social, a la empatía, y a la lógica inclusiva. Y por estas razones, entre otras, sólo la izquierda puede garantizar hoy una democracia radical, participativa y deliberativa, donde todos tengamos un lugar como ciudadanos activos, y no como ese precariado consumidor de migajas en el que quieren convertirnos las aves de rapiña. No es extraño que sea la izquierda la única que apueste por un municipalismo democrático en el que se cultiven los vínculos de proximidad y la cohesión social que requiere la gestión del patrimonio común. Y solo la izquierda puede frenar esa mundialización financiera que nos devora para sustituirla finalmente por una economía solidaria, sostenible y feminista.

En fin, es verdad que en la izquierda del tablero ha habido y hay un montón de perdedores pero esos perdedores han forjado una larga historia de digna resistencia antisistema, y gracias a su populosa y valiente vulnerabilidad es posible imaginar todavía un mundo mucho mejor del que tenemos. Desde luego, no seré yo quien les anime a ocupar la “centralidad del tablero”. Por supuesto, faltaría más, allí puede viajar usted siempre que quiera, pero asegúrese de que le vaya bien porque dicen las malas lenguas que eso que llaman el centro es un cómodo agujero negro del que no se vuelve nunca.

http://www.eldiario.es/zonacritica/Resistir-izquierda-tablero_6_328327200.html

"Errejón, Podemos y la ética política" por Eberhard Grosske


ERREJON, PODEMOS Y LA ETICA POLITICA
Grosske. Bloc per opinar


Eberhard Grosske |
25 Novembre, 2014


A la gente progresista, nos es muy fácil pedir la dimisión de Monago por algo técnicamente legal pero que consideramos, con razón, moralmente reprobable. Y también nos es muy fácil criticar hasta la extenuación la actitud prepotente de Esperanza Aguirre ante los policías madrileños que intentaron sancionarla. Pero esto no tiene ningún mérito particular. Lo meritorio y lo respetable es que tengamos el rigor ético necesario como para aplicar la misma vara de medir a los que queremos y a los que detestamos, a nuestros aliados políticos y a nuestros adversarios. Si no somos capaces de hacerlo, si nuestras apelaciones a la ética son siempre interesadas, si tememos hacerle el juego a la derecha cuando criticamos a uno de los nuestros o si intentamos levantar barreras defensivas invocando ataques conspirativos,  nuestra postura no sólo carecerá  de todo valor sino que contribuirá, objetivamente, a degradar aún más el clima ético de nuestro país.

Viene esto a cuenta de la resistencia y el rechazo que encuentra entre mucha gente progresista algo que es por demás obvio: que el contrato de Errejón con la Universidad de Málaga es una corruptela incuestionable y un uso indebido de recursos públicos.

Para inflar el globo de un caso de corrupción menor y para nada comparable con saqueos sistemáticos a los que hemos sido sometidos, algunos medios han dirigido su atención hacia cuestiones discutibles y de poca importancia que, a la postre, han sembrado más confusión que claridad.

En el marco de una investigación, el horario en que se desarrolle el trabajo (¡digo horario, no dedicación!) o el lugar en que éste se realice son cuestiones muy menores. El perfil de la plaza puede despertar sospechas en la medida que la primera vez que ésta fue publicada sólo se presentó el propio Errejón y la segunda, a raíz de la renuncia de éste, nadie se ha presentado. Sin embargo, es difícil transformar esta sospecha en una conclusión sólida. Por último, la vulneración de la cláusula de incompatibilidad en la que ha incurrido Errejón, y que es incuestionable, tampoco sería, en sí misma, algo de particular gravedad si el contexto hubiera sido  una actividad menor y puntual que no le hubiera impedido cumplir con su contrato.

Sin embargo, lo que es intolerable y lo que obliga a Errejón a devolver el dinero y pedir disculpas es que la vulneración de la cláusula de incompatibilidad se haya producido por realizar una actividad política de intensísima dedicación e incompatible de hecho (y no sólo de derecho) con el contrato suscrito con la Universidad. Dicho en palabras llanas: por cobrar dinero público a cambio de algo que nunca realizó en los términos contractuales previstos y que, cuando firmó el contrato, ya sabía que no iba a realizar.

En todos los contratos de servicios tiene que haber una relación coherente entre lo que cobra el prestatario del servicio y la dedicación que el servicio precisa. En algunos casos, esta dedicación es simplemente presumida o calculada y la administración lo único que exige para pagar es que el servicio se haya prestado en un plazo predeterminado y con unos estándares de calidad igualmente predeterminados. No es el caso del contrato que nos ocupa: aquí se exige dedicación plena, 40 horas semanales, y se incluyen, por si hubiera dudas, cláusulas de incompatibilidad y de disponibilidad. Es decir, lo que contrata la Universidad es una dedicación plena y cotidiana de un investigador a la tarea encomendada

 Cuando el contrato entra en vigor faltaban sólo dos meses para la celebración de las elecciones europeas y Errejón sabía que una tarea en la que se iba a "dejar la piel", según sus propias palabras, y por la que cobró de su propia organización política, era incompatible con el cumplimiento pleno de las condiciones del contrato. Lo sabía él y lo sabe cualquiera que sepa lo que es una campaña electoral de circunscripción única y ámbito estatal. Lo sabía él y lo sabe cualquiera que se asome a su twitter, a su Facebook o que quiera rastrar a través de internet su frenética actividad.

Hace poco,  Errejón ha renunciado a su plaza reconociendo, de forma imprudente,  que su inclusión en la dirección de Podemos no le permite cumplir con sus obligaciones contractuales. Es cierto, sin duda, pero todos sabemos también que, desde mucho antes de la celebración del congreso de Podemos y desde antes de firmar el contrato con la Universidad, Errejón no sólo formaba parte de la dirección de Podemos: formaba parte del pequeño núcleo dirigente que, con un trabajo ímprobo y extenuante, levantó su organización de la nada

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