martes, 27 de enero de 2015

"Nos falta nuestra Syriza", por Manel García Biel



Manel García Biel. 25/01/2015 

Después del éxito de Syriza en Grecia, las miradas se centran en saber si algo similar es posible en España. Las situaciones son diferentes, pero también los parecidos. 

A pesar de no sufrir un ajuste tan fuerte como Grecia, también aquí hemos sufrido las políticas austericidas dictadas por la Troika y el "diktat" de Merkel. Las desigualdades sociales han crecido hasta cotas inadmisibles; los recortes han reducido nuestro estado del bienestar en sanidad, educación y en el conjunto del gasto social; los salarios y las pensiones se han reducido; el paro ha crecido hasta un 25%, afectando especialmente a la juventud; la pobreza se ha disparado etc. 

Mientras salvaban entidades financieras hundían a la ciudadanía. La credibilidad de los partidos de la derecha y de los que han hecho políticas de derechas está bajo mínimos. La derecha, PP y CiU, están infestados de corrupción hasta la médula de los huesos. El PSOE, también está afectado, en menor medida, y a la vez se encuentra en una situación de desconcierto ideológico fruto de su deriva social-liberal y de las políticas de derechas de sus gobiernos que le han llevado a una fuerte y sostenida caída en sus perspectivas electorales. 

El régimen del bipartidismo imperfecto parece tocado de muerte, como en Grecia. Y aparece con fuerza la alternativa populista de Podemos en detrimento de las fuerzas de la izquierda alternativa. Pero Podemos no es Syriza. Syriza es una fuerza política con un programa ideológico nítidamente definido de izquierda alternativa. 

Syriza no es un producto de laboratorio intelectual ni basado en el marketing comunicacional, es algo más. Syriza tiene una larga historia política, es el resultado de la confluencia de fuerzas de la izquierda alternativa, eurocomunistas ecologistas, ecosocialistas, grupos de izquierda radical que hn, hecho mucho el camino político juntos. Syriza ha pasado por muchos momentos de aprendizaje político, desde la oposición minoritaria a la alternativa política. Madurando su programa. Practicándolo en los municipios y regiones, en la oposición y en el poder. 

Así hasta hoy en que, por fin, se consolida como la fuerza que ha de tratar de gobernar Grecia desde una nueva óptica. En nuestro país no existe una Syriza, y Podemos no lo es ni por trayectoria, ni por madurez ni por práctica política. Su mensaje no es de confluencia ni de unidad de las fuerzas alternativas al bipartidismo. Es exclusiva, es el "nosotros solos". Verbaliza prepotencia, sectarismo y carencia de "finezza" política. 

Eso sí, tiene un muy buen dominio del lenguaje comunicacional, es como un nuevo producto que se ofrece al consumidor electoral. Pablo Iglesias ha repetido muchas veces que ellos sólo están para ganar. Incluso ha manifestado que él no se plantea estar cuatro años en la oposición. Esta posición, poco política, es la que lo diferencia de Alexis Tsipras, un político hecho paso a paso, aprendiendo de las derrotas y de las dificultades de la política cotidiana. 

Lamentablemente, Podemos no ha optado hasta ahora por la unidad. En las últimas elecciones europeas la suma de las fuerzas alternativas Izquierda Plural, Podemos, y Equo obtuvieron tantos votos como el PSOE. La confluencia podía posibilitar una alternativa plural, alentadora y completa ya que unos tenían experiencia, mientras que otros el dominio de nuevas formas comunicativas. 

Lamentablemente, la unidad no parece ser posible de momento. Es posible que se pierda una oportunidad política única de cambio. Es posible que los personalismos y la prepotencia de algunos rompan una oportunidad histórica. Es posible que la carencia de voluntad pueda llevar a un fraccionamiento de fuerzas que posibilite que la derecha vuelva a ganar y se rompa una esperanza.

Necesitamos nuestra Syriza y la necesitamos ahora. Ha habido intentos y embriones de construirla. La existencia de la Izquierda Plural (IU, ICV, CHA, Anova, etc.), la constitución de AGE en Galicia, la coalición continuada de ICV-EUiA en Cataluña son pasos en esta dirección. La política de confluencia política de estas fuerzas es un camino difícil, pero positivo. 

Avanzar en la unidad de las fuerzas alternativas sumando gente como Equo o Espacio Plural, Compromís y si fuera posible Podemos tendría que ser el objetivo necesario. En Barcelona de cara a las elecciones municipales se ha acordado la constitución de una coalición electoral que sería como un pequeño embrión de la nuestra Syriza. 

La coalición de Guanyem, ICV, EuiA, Podemos, Procés Constituyent y Equo, es la constatación de que la unidad es posible, y que se tiene que hacer a partir de renuncias de todos, de generosidad política, como se ha dado en este caso, y voluntad política por encima de todo para hacer otra forma de política que ponga a la ciudadanía como prioridad ante todo, incluso de los propios intereses de partido. 

No tenemos nuestra Syriza y la necesitamos. Hace falta responsabilidad, generosidad y lealtad, mientras sobran personalismos y sectarismos. Todos pueden aportar su bagaje más positivo y eliminar sus aspectos de todo tipo, organizativos, políticos y personales, más negativos. Sólo así, se conseguirá una unidad de la alternativa. 

El resto son juegos de palabras. No se puede confrontar la unidad popular con la unidad de la izquierda, porque la izquierda significa la expresión política de la mayoría de los trabajadores y las clases populares, es decir, de la mayoría del pueblo, de la ciudadanía. El resto sólo son ganas de diferenciarse y de frustrar las esperanzas ciudadanas. Es la hora de Syriza y de Alexis Tsipras en Grecia. Es la hora de construir una alternativa como la que representa Syriza aquí y ahora. Es la hora de eliminar protagonismos y sectarismos estériles, de no resignarse a continuar perdiendo.

http://www.economiadigital.es/es/notices/2015/01/nos-falta-nuestra-syriza-65284.php

martes, 13 de enero de 2015

"Humillar a las víctimas", por Ignacio Escolar

Quienes de verdad humillan a las víctimas del terrorismo son aquellos que instrumentalizan su dolor por intereses políticos


El Diario, 12/01/2015

El chiste de Facu Díaz sobre el PP disolviéndose y entregando las armas al estilo de ETA puede parecer gracioso, aburrido, pertinente, impertinente, inteligente o estúpido. Pero por más que repaso el vídeo, por más que miro, no encuentro cómo argumentar que en él se “humilla a las víctimas de ETA” de forma “claramente ofensiva y vejatoria”, como dice la denuncia de la asociación Dignidad y Justicia.

Si bromear sobre ETA es un delito y una humillación a las víctimas, si no se pueden hacer chistes sobre estas cosas, también serían igualmente delictivas y ofensivas la mitad de los programas de 'Vaya semanita' o la película más taquillera de la historia del cine español, Ocho apellidos vascos. Que procesen también a los más de nueve millones de espectadores que se rieron con esta comedia; ya puestos en el disparate, son sin duda colaboradores necesarios. 

Es evidente: si Pablo Iglesias no presentase 'La Tuerka', este chiste de Facu Díaz no habría llegado hasta la Audiencia Nacional. Sin embargo, dudo de que el caso vaya a tener mucho recorrido penal. Como explicó ayer el Teniente Kaffee en este interesantísimo artículo, las posibilidades de que este proceso penal prospere más allá de la declaración de Facu Díaz como imputado no parece que sean muchas. La decisión del juez Javier Gómez Bermúdez de llamarle a declarar más bien parece un mero trámite. Salvo que Facu Díaz confiese ante el juez que su intención –cosa importante en estos casos– era ofender a las víctimas, no creo que este chiste llegue mucho mas lejos.

Quienes de verdad humillan a las víctimas del terrorismo son aquellos que instrumentalizan su dolor por intereses políticos; los mismos que hace unos años acusaban a Zapatero de estar “de rodillas ante ETA” y ahora no saben cómo explicar a las víctimas que España es un Estado de derecho donde son los jueces, y no el Gobierno, quienes deciden cuándo sale de la cárcel un preso.

Visto el vídeo, se entendería mejor una denuncia por parte del PP que por una asociación de víctimas, a las que ni siquiera se menciona en el chiste. Pero quien acusa a una parte importante del PP de participar en organizaciones delictivas que se han lucrado con delitos no es Facu Díaz. Es la propia Audiencia Nacional en el caso Gürtel y en la trama Púnica.

http://www.eldiario.es/escolar/Humillar-victimas_6_345125522.html

"¿Votamos a Podemos como si fuera un melón?", por Rafael Reig

El Diario, 06/01/2015

Una cosa es predicar y otra dar trigo, ya lo sabemos. A mí, francamente, que Podemos sea un partido político (o movimiento nacional) machista me parece mal, pero no tan grave como la constatación de que prometen lo que sea y hacen luego lo que les da la gana. ¿Paridad? ¿Igualdad de sexos? ¿Listas cremallera? En las 25 localidades más pobladas, tan sólo hay cuatro mujeres elegidas para dirigir Podemos a escala municipal. Esto supone un porcentaje del 16%.

Están sólo un poco por encima de cualquier consejo de administración de una empresa.

“No sólo aspiramos a la igualdad de género, sino que la garantizamos”, dijo el viernes Sergio Pascual, secretario de Organización de Podemos. Lo que pasa, añadió el señor Pascual, es que: ”Es la gente la que ha votado a los candidatos que estimaba oportunos, lógicamente respecto a eso no podemos hacer nada”.

¿Qué podemos hacer, si los chicos son más listos o si la santa gente prefiere chicos? Un argumento nunca antes jamás usado por los machistas, ¿verdad?

Así que ahora no pueden hacer nada.

¿Podemos hacer algo o no podemos?

Si no pueden, para este viaje, ¿qué falta hacían las alforjas de Podemos?

Porque lo que en realidad pasó, como sabe de sobra el señor Pascual, es que “la gente” votó a los cabezas de lista que había propuesto Podemos. Antes eso se llamaba “ votación a la búlgara”. O sea, lo que diga el Duce o Conducator o Caudillo o como rayos le llamen ustedes.

No le voy a hacer ninguna pregunta, señor Pascual. Ni a usted, señor Errejón, becario de lujo y miembro “de la casta” (de la académica, de momento, pero con aspiraciones y tantas great expectations como Pip). Ni a usted, caudillo providencial Pablo Iglesias. Qué más da. Será un “ataque orquestado”, ¿verdad?, como dice el señor Monedero. Porque cualquier ataque o simple discrepancia con ustedes será, no puede ser más que el amargo fruto de una conspiración (¿judeomasónica, tal vez?). Será que ustedes dan mucho, pero que mucho miedo a los que estamos en el poder (porque sin duda yo ocupo el poder o incluso lo detento). Será que hay que darle una oportunidad a “algo distinto”. Será que hay que atacar al PP y no a ustedes, a quienes hay que dejar en paz para que puedan instalarse en sus “lugares al sol”.

Cada vez que expreso la más mínima duda sobre algo que hace Podemos, los comentaristas de este diario se me echan encima, llegando hasta el insulto. No voy a decir que es que les doy miedo (ni que se orquestan conspirando o algo así), porque, como decía Marco Aurelio, la mejor forma de defenderse es no parecerse a ellos.

Salta a la vista que no me parezco a ustedes. No soy funcionario, ni gano al mes ni la mitad de lo que Errejón gana con su beca, ni he presumido nunca de feminista, ni hago brindis al sol, y además, y en eso sí nos diferenciamos mucho, yo escribo en castellano.

Por eso no les pregunto nada.

Se lo pregunto a ustedes, lectores, en forma de Catilinaria: ¿hasta cuándo, Podemos, abusarás de nuestra paciencia? ¿Hasta cuándo tendremos que comprar Podemos como un melón, a carga cerrada? ¿No les llama ya un poco la atención tanto apetito de poder a cualquier precio?

No crean que nadie me quiere: hay amigos que me dicen que no hable de Podemos. Lo que pasa es que a mí me suena al archiconocido y vomitivo: tú no te signifiques. Pero creo que uno sólo tiene derecho a levantar la voz si se significa, si está dispuesto a no tener razón. Esto, ya si eso, otro día se lo explico, como dice mi hermano

http://www.eldiario.es/cartaconpregunta/lectores_6_343025698.html

miércoles, 7 de enero de 2015

"La puerta giratoria de Zarzuela", por Isaac Rosa



¿A qué se dedica hoy el ex rey Juan Carlos? A vivir como un rey, pero sin las molestias del cargo

Isaac Rosa. El Diario, 05/01/2015

En el país de las puertas giratorias, cómo no iba a haber una en la primera casa de España, domicilio del primer ciudadano del reino: el palacio de la Zarzuela, donde aún duerme el rey emérito Juan Carlos las noches que anda por Madrid.

¿Y por qué digo que en Zarzuela hay una puerta giratoria? ¿Es que el viejo rey ha sido fichado por una eléctrica? ¿Es consejero de un banco de inversiones? ¿O lo acogió la siempre acogedora Telefónica?

Nada de eso. La puerta giratoria de Zarzuela no es como las demás: tiene giro de 360 grados. Juan Carlos entró por esa puerta el 2 de junio, y volvió a salir por el mismo sitio, en un movimiento rápido, visto y no visto. Es decir, que se quedó donde estaba.

¿Entonces? ¿Cuál es la gracia de esa puerta giratoria? Pues que le permite conservar los privilegios de monarca, pero sin las molestias del cargo. Es decir, vivir como un rey, en el sentido más popular de la expresión. Vivir como un rey pero sin el coñazo de ser rey, sin viajes protocolarios, recepciones, inauguraciones y despachos con Rajoy. Vivir como un rey, pero sin disimulo, y sin tener que pedirnos disculpas si mete la pata.

A eso se ha dedicado el ex rey desde que se jubiló: a vivir como un rey. Y si no, vean. Mantiene residencia, pues ni siquiera se mudó, dejando a su hijo y nuera en la casa que ya tenían. También conserva su asignación presupuestaria, ya que sigue siendo miembro de la familia real, y ahora además tocan a más en el reparto, al ser menos miembros en la familia, sin las ex infantas.

Aparte de casa y sueldo, disfruta de protección jurídica. Dejó de ser inviolable, pero el Congreso lo hizo aforado por la vía urgente, lo que en la práctica, con la cortesana ayuda de fiscales y jueces, equivale a ser inviolable. Aforamiento que además se extiende a todas las actuaciones de su vida privada. No sea que le salga por ahí un hijo no reconocido, o quieran pedirle cuentas por los negocios de su hija, o las comisiones que gestionaba su “amiga íntima”.

¿He dicho “vida privada”? Ahí está la gracia de la puerta giratoria de Zarzuela: que desde que abdicó, ya todo es su vida privada, sus asuntos. Lo que antes era blindaje institucional y mediático, ahora es vida privada. No sabemos dónde ni cómo celebró ayer su 77 cumpleaños, ni nos importa, pues es su vida privada; como lo es su gira gastronómica por los mejores restaurantes de España, su fin de año en Hollywood, su patrimonio nunca aclarado, o sus tratos con Corinna (lean este artículo de Jesús Cacho, yo sigo boquiabierto).

Aunque algunos nos preguntamos, a lo Pla, quién paga todo esto, habrá también quien piense que el ex rey se tiene bien merecida su jubilación dorada: que tras cuarenta años cuidándonos, después de habernos traído la democracia, derrotado un golpe de Estado y otras hazañas bien sabidas, qué menos que disfrutar de la vida algo más que las tediosas regatas de velero, las cacerías de elefantes o aquellas entrañables y sencillas navidades esquiando con la familia.

Y tienen razón. Lo de Juan Carlos tiene mérito, mucho. Su última gesta en este Reino de España ha sido convertir una rancia monarquía, de la que uno solo podía salir muerto (pues de lo contrario perdería sentido el invento dinástico), en una profesión con jubilación y puerta giratoria. Y con pedorreta de propina para los republicanos: “¿No queríais rey? Pues ahora tenéis dos”. Viva el rey.

http://www.eldiario.es/zonacritica/puerta_giratoria_rey_juan_carlos_6_342675748.html

"Sin izquierdas se trepa mejor", por Shangay Lily

Shangay Lily.
Público, 29 de Diciembre de 2014


Me desespera estos últimos tiempos el entusiasmo con el que los más jóvenes  —principales víctimas de estos recortes— abrazan la disolución de fronteras ideológicas que la derecha está ejecutando con aplastante prepotencia. “Todos son iguales, la corrupción es cosa del poder, de izquierdas y derechas”, te repite como un hipnótico mantra aprendido quien se presenta como antisistema.

Me lo decía con resuelta miopía un amigo bastante culto hace unos días: “no pierdas el tiempo defendiendo la izquierda, son todos iguales”. Y no se daba cuenta de que sólo se está fijando en los beneficios económicos (que tampoco son precisamente espectaculares con la terrible gestión de la derecha) y no en la calidad de vida. De hecho me lo decía desde su expatriación forzosa para poder encontrar trabajo.

Pero no hay nada más sistémico que ese cómplice discurso que sólo afecta a la izquierda. Porque es un discurso de derechas, un discurso que nace en la “anti-política” y acaba en el peligroso “esto no es cuestión de ideologías, es cuestión de gestionar empresas”. La tan cacareada “liberización” de los mercados para gestionar la vida pública como la privada (esto es: sin mecanismos de control democráticos).

Me ha costado mucho entender que la razón de la popularidad de ese mantra no es otra que la intención de subir en la escala capitalista lo más rápido posible. Y para ascender en el capitalismo el primer requisito es no tener ideología, no cuestionar el corrupto sistema, colaborar.

En el fondo la explicación es muy sencilla: en este sistema se trepa mucho mejor sin ideología. Y cuando digo ideología, por supuesto, me refiero a la de izquierdas. La de derechas nunca ha sido una ideología, es simple complicidad y obediencia ciega a los jerarcas. Ese entusiasmo con el que muchos cachorros del capitalismo abrazan el tercerposicionismo de grupos como UPyD, en realidad enmascara una cobarde y cómoda complicidad con el sistema al que dicen estar cuestionando. En grupos del 15M se ha visto este ramalazo capitalista que se preocupa más por conseguir trabajos, mejores condiciones en las hipotecas o un acceso más rápido a sus ebooks o videojuegos favoritos que ninguna alternativa a un sistema con el que han crecido.

Muchos y muchas sólo quieren que las cosas sigan siendo como en los años dorados de Zapatero en los que nadie se preguntaba a qué precio vivíamos los privilegiados de Europa, encerrados en nuestras murallas de primer mundo.

Sé que este mensaje no gustará a los más jóvenes que viven en la ezquizofrénica dualidad de quejarse hasta el victimismo por un sistema corrupto que, por otro lado, refuerzan con entusiasmo, repitiendo sus estrategias más capitalistas, apoyando la destrucción de sindicatos o negando la lucha de clases como algo del pasado, o estigmatizando a las voces disidentes e idealismos periféricos, presentados por la derecha como culpables de que la maquinaria no funcione tan bien.

Y si hay una estrategia capitalista, de derechas, esa es la que el PP está explotando hasta lo surrealista vía su monstruosa plataforma  mediática: “La izquierda es tan corrupta o más que la derecha, así que deshagámonos de esta inútil ideología de izquierdas y derechas y limitémonos a considerar todo como una empresa privada, un cortijo en el que no caben protestas, ni estructuras de izquierdas, ni sindicatos que dificultan los beneficios, ni rebeldías… resignémonos de una vez a que el sistema sólo funciona cuando unos pocos elegidos viven y el resto debe dejarse pisotear, explotar, humillar”.

En el fondo de toda esta estrategia, subyace el anticomunismo del bloque capitalista-imperialista que inventó la terrible Operación Gladio para impedir a cualquier precio que la izquierda real gobernase o tuviese poder en Europa. Y una de las estrategias principales que desató la Operación Gladio –aparte de los atentados de falsa bandera y asesinatos atribuidos a grupos comunistas creados y financiados por ellos— fue patrocinar, financiar e implantar la socialdemocracia a cualquier precio para cortar el paso de la izquierda real. Fue lo que se llama “el capitalismo de cara amable” (que no existe, es una falsedad). De eso sabe mucho el PSOE y Felipe Gonzalez. Y ahora parece que es la dirección que está tomando Podemos y Pablo Iglesias.

Triste forma de acabar el año y aliciente para luchar el nuevo por impedir esta disidencia controlada y el espejismo del capitalismo amable o el discurso reformista que tanto le sigue costando a IU, convertida en el monstruo a aplacar sea como sea.

http://blogs.publico.es/shangaylily/2014/12/29/sin-izquierdas-se-trepa-mejor/

lunes, 5 de enero de 2015

martes, 23 de diciembre de 2014

"¿Ya no existen derechas ni izquierdas?", por José Félix Tezanos


José Félix Tezanos | Sistema Digital
nuevatribuna.es | 19 Diciembre 2014 


Cuando escuchamos que alguien dice que él no es “ni de izquierdas ni de derechas”, lo menos que debemos hacer es llevarnos las manos a la cabeza y, sobre todo, desconfiar. Desconfiar de líderes que nos están mintiendo. ¿Es posible que alguien que está implicado en actividades públicas no sea ni de derechas ni de izquierdas?

En cierto modo, mantener una actividad política y sostener que no se es ni de izquierdas ni de derechas es una contradicción terminológica, en la medida que actuar en la esfera política implica adoptar posturas y tomar decisiones que no pueden sustraerse a los alineamientos ideológicos y programáticos. Por eso, se cuenta como algo especialmente chusco la anécdota de aquel dictador que al despedir a uno de sus Ministros le dijo con total desparpajo y aparente seriedad: “Haga usted como yo y no se meta en política!”. ¡La cantidad de personas que se han reído –por no llorar– al recordar esta anécdota verídica.

Ante una autodefinición ¿política? de este tenor –que de nuevo se ha escuchado recientemente en España– lo más sorprendente es que algunos bobalicones se hayan apuntado de inmediato a la presentación, sosteniendo que eso de “izquierdas y derechas” es algo antiguo y desfasado. No han faltado incluso los que han intentado sustentar el aserto de marras con argumentaciones supuestamente politológicas y con datos pretendidamente sociológicos.

La interpretación “moderna” sería que ahora los ciudadanos ya no son, ni se sienten, de izquierdas o de derechas, sino de “arriba” y “abajo”. Es decir, en su mayoría se sienten como pertenecientes a aquellos que no detentan el poder ni disfrutan de los privilegios. O lo que es lo mismo, se ven como parte de los que se encuentran situados abajo en la sociedad. Lo cual no es incierto, aunque la realidad es que tal conciencia de auto-ubicación social no implica que no se puedan sentir de izquierdas. Precisamente por ello.

Tal tipo de interpretaciones confusas, y confundidoras, en definitiva lo que hacen es no diferenciar tres planos de análisis: el de la estratificación social; el de la conciencia social; y el de la política. Confusión elemental que no puede sino reputarse como algo intencionado si el que la sostiene cuenta con un mínimo de formación en ciencias políticas y sociales. O, al menos, una cierta información empírica sobre los datos de la realidad concreta. Por no aventurar otras explicaciones más sorprendentes.

Lo de “arriba y abajo” no es ni mucho menos algo nuevo en el análisis social. Una conocida serie de televisión de hace años se titula precisamente así: “Arriba y abajo”, y en ella se mostraba la rígida estructura de clases de la vieja Inglaterra, llevada incluso al plano de la distribución física de los hogares. Así, en las habitaciones confortables, amplias, espaciosas y luminosas de arribavivían los señores (pocos) y en las habitaciones más lúgubres de abajo, incluso en los sótanos, vivían los sirvientes (bastantes). Algunos de ellos incluso tenían un cierto estatus y conciencia intermedia, de “clase media”, por decirlo en términos más sociológicos: el mayordomo, el ama de llaves, hasta cierto punto la cocinera…

Desde las viejas sociedades agrarias hasta los países industriales más avanzados, tal tipo de estratificación “arriba-abajo” ha sido una constante evidente, modulada en los últimos tiempos por la presencia de unas nutridas clases medias que ahora están entrando en un proceso de declive. Por lo tanto, el descubrimiento de este Mediterráneo que algunos están proclamando con júbilo, es algo que desde hace mucho tiempo estaba perfectamente descubierto.

¿Dónde está, pues, el engaño? Sencillamente en el intento de llevar dicho descubrimiento al plano de la realidad política, convirtiéndolo en la disolución de la dinámica izquierdas-derechas, o progresismo-conservadurismo, que explica buena parte de la historia política reciente de Europa. Algo que desde el asentamiento de la democracia, da cuenta también de la vida parlamentaria y de la dinámica electoral y de gobierno.

Desde la fundación de la Internacional y el desarrollo de los partidos de raíz obrera (socialistas, socialdemócratas y comunistas en sus diversas orientaciones), una parte de la dinámica estratificacional “arriba-abajo” se convirtió en un proceso político penetrado de aspiraciones emancipadoras. Es decir, una buena parte de los de abajo se agruparon en organizaciones sindicales y políticas que defendían ideas y programas que, en su conjunto, se consideraban de izquierdas, frente a los que postulaban las orientaciones e intereses de los de arriba desde posiciones de derechas.

Por lo tanto, los que ahora niegan –como táctica mimetizadora o como convicción simplona– la dinámica izquierdas-derechas, en realidad están negando, o intentando soslayar, una parte de la realidad política, así como unas estructuras organizativas y unas formas de competencia política constitucional que tienen una larga trayectoria histórica y una razón de ser arraigada, que no es prescindible para todos los que creemos de verdad en el pluralismo político y en la democracia. Algo que se parece mucho, por cierto, a la falacia del “fin de las ideologías”.

Negar esa parte de la realidad política en un país vivo, complejo y avanzado –aún con sus defectos–, como es actualmente España, tiene unas implicaciones de mayor alcance práctico de lo que algunos consideran. En realidad, supone negar a priori el pluralismo político y las mismas posibilidades de las posiciones y actitudes intermedias propias de “clases medias”. Se trata de una actitud mental propia de quienes intentan reducir todo a blanco o negro, a un ser y un estar total, o nulo. Algo muy propio de las culturas autoritarias, que en sociedades complejas y plurales solo son capaces de afirmarse mediante la trampa, la mimetización y la sorpresa. Y sobre la base de las crisis, los malestares y las confusiones, como ocurrió con las dictaduras que surgieron con posterioridad a la Gran Depresión. Por eso, los que empiezan diciendo que no son ni de izquierdas ni de derechas –con todo el repiquetear laudatorio del coro de los bobalicones de turno– bien pronto suelen dar el paso a decir que ellos no son “políticos” (aunque a veces utilicen expresiones más confusas y engañosas para calificar sus posiciones). Y de ahí a impugnar en la práctica la democracia y las libertades solo hay un paso. Otros lanzaron las mismas afirmaciones en el pasado y dieron luego los mismos pasos. Ahora estamos a tiempo de atajar tales derivas catastróficas.


http://www.nuevatribuna.es/opinion/jose-felix-tezanos/no-existen-derechas-ni-izquierdas/20141219111759110538.html