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sábado, 31 de marzo de 2012

Palabrería, por Juan José Millás. Publicado en El País, el 30 de marzo

Lo que nos acerca a Grecia no es la huelga, son las prácticas financieras llevadas a cabo por los chiringuitos que dirige el presidente de la patronal bancaria

JUAN JOSÉ MILLÁS 30 MAR 2012

Cuando las palabras, tan sonoras, se alejan demasiado de la realidad, tan muda, resulta más elocuente la realidad que las palabras. Ese vídeo del ministerio de Trabajo, por ejemplo, en el que se asegura que la reforma laboral protege al trabajador, se ha vuelto contra el PP en Andalucía. Si van a seguir protegiéndonos de este modo, pensaron los votantes, mejor desobedecer a las encuestas.

Entonces llega Miguel Martín, que es el presidente de la patronal bancaria, y proclama que la huelga general nos acerca más a Grecia que a Alemania.

Pues no, lo que nos acerca a Grecia, o a lo que usted ha pretendido metaforizar al citarla, son las prácticas financieras llevadas a cabo por los chiringuitos que usted preside. Antes de abrir la boca, debería usted haber considerado que el ciudadano es consciente del dinero público que les estamos inyectando para salvar su salario de usted, su culo de usted, su sillón de usted, sus retribuciones especiales de usted, su automóvil con chófer de usted y su jubilación multimillonaria de usted, entre otras bagatelas de usted.

Debería haber sido más prudente sabiendo, como sabe, que les estamos prestando dinero público al 1% para que lo inviertan en deuda pública al 5%, una práctica parecida al tráfico ilegal de órganos. Debería incluso callarse si tenemos en cuenta que ahora mismo, cuando el banco llama a un cliente, lo primero que éste hace es esconder la cartera.

Y es que usted, como asegura Felipe González, un hombre del sistema donde los haya, no dirige una organización bancaria sino un casino sin reglas. Eso es lo que nos retrotrae a la noche de los tiempos, eso y el pensamiento de Gallardón sobre la mujer y el de Guindos sobre los derechos de los trabajadores… De ahí el éxito de la huelga, que es el éxito de la realidad muda frente al despliegue verbal y policial del Gobierno.

viernes, 31 de diciembre de 2010

domingo, 8 de agosto de 2010

La clave es saber quién manda, por Pascual Serrano

Reseña: “La trastienda de la crisis. Lo que el poder económico quiere ocultar”, de Juan Francisco Martín Seco

08/08/2010. Pascual Serrano/Le Monde Diplomatique

Han aparecido numerosos libros que dicen explicar la crisis económicas y hasta plantean propuestas para salir de ella. Para elegir los más idóneos habría que plantear las siguientes condiciones:

Que estén elaborados por autores que advirtieron de la crisis y cuyas propuestas no fueran las aplicadas hasta ahora. No debemos ser tan estúpidos como para pensar que algún experto económico que nunca habló de crisis nos quiera contar ahora cuál es la solución.

Que se comprenda. Parece una obviedad, pero todavía tenemos el complejo de pensar que si no entendemos un libro de economía es porque no estamos suficientemente cualificados en la materia y la realidad es que el autor no tiene suficiente capacidad pedagógica, o lo que es peor, posee como objetivo contar las cosas de manera que su discurso aparente poseer la virtud de la infalibilidad técnica a costa de abrumarnos con su vocabulario y circunloquios.

Que el autor deje claro en todo momento que por encima de la economía está el ser humano.

Pues bien, Juan Francisco Martín Seco cumple esas condiciones en el libro que nos ocupa.

Este ex Interventor General de la Administración del Estado y Secretario General de Hacienda, no obvia los elementos internacionales de la crisis, pero aporta las características propiamente españolas que ayuda a identificar a los culpables. Algunas aportaciones son de sobra conocidas: avaricia de los banqueros, burbuja inmobiliaria, pero otras resultan doblemente interesantes porque desmonta tópicos, Uno de ellos, el de considerar la devaluación de la moneda como un mal en sí misma, cuando, en realidad, según sus palabras, el mal se encuentra en las condiciones económicas que la hacen necesaria. Es decir, son la medicina, no la enfermedad. Y aquí entra su demoledora crítica a la unión monetaria que ha imposiblitado la devaluación de la moneda nacional con lo que la catástrofe sólo se ha aplazado para terminar siendo peor.

Nuestro autor incluye también una reflexión mitad económica, mitad filosófica en torno al concepto de libertad, la paradoja de la libertad. Esa libertad que nadie discutía la necesidad de limitarla en el ámbito político y social (al fin y al cabo la propiedad privada consiste en limitar la libertad de todos para apropiarnos de lo que se considera de uno), los neocons la consideraron ilimitada en la economía. De modo que el neoliberalismo impuesto a partir de los ochenta nos llevó al siglo XIX. Con el agravante de que la globalización económica nos ha abocado a unos mercados globalizados con un poder político recluido en el ámbito del Estado y, por tanto, sin capacidad de actuación. Esta desproporcion de poder requiere, “o bien un gobierno mundial, lo cual no parece demasiado factible, o bien devolver a los Estados nacionales el poder y la capacidad para limitar la libre circulación de capitales”. Para el autor -y para cualquiera que aplique un mínimo sentido común-, “resulta insostenible un sistema económico en el que las empresas pretendan producir en los países con salarios bajos y y protección social y laboral inexistentes, y vender después sus productos en otros en los que el nivel de vida sea elevado”.

Otro tópico neoliberal que desmonta es la obcecación por el déficit público, sobretodo en quienes nunca mostraron preocupación por el endeudamiento privado, sin duda porque les permitía continuar con su enriquecimiento mediante el préstamo y la hipoteca bancaria y mediante un consumo privado -en el caso español, inmobiliario- que sólo estaba retrasando la explosión de una burbuja.


Todos los parámetros sagrados son desmontados brillantemente por Martin Seco. El aumento del PIB español fue una falacia porque la población también aumentó (en cinco millones) y la renta per capita no indica lo ricos que somos porque depende de cómo la va a cada uno la fiesta, y menos todavía si la mayor parte del sueldo se debe destinar a conseguir una vivienda.

En conclusión, la reivindicación de Martín Seco, no por reiterada desde la izquierda menos necesaria, es la de insistir en que el poder político -democrático- debe estar por encima del político. De que si un estado de Derecho es el que proporciona seguridad jurídica, un Estado social debe garantizar la seguridad económica y social. Y para ello no se puede dejar al poder económico en total libertad. Las recientes medidas económicas planteadas por Rodríguez Zapatero sólo ha mostrado que eso es lo que ha sucedido, que hace mucho que los políticos dejaron de gobernar. El dilema es si querrán recuperar ese poder que en democracia debería ser de todos y ahora está en los dueños del dinero, o querrán parecer decentes bajándose el sueldo un 5 % mientras dejan que los banqueros se lo tripliquen.

Juan Francisco Martín Seco. “La trastienda de la crisis. Lo que el poder económico quiere ocultar”. Península. Madrid, 2010

http://www.pascualserrano.net/libros/la-clave-es-saber-quien-manda

miércoles, 21 de octubre de 2009

"España: El banquero y el presidente". Por Pascual Serrano

El 16 de octubre se hizo público el patrimonio de los miembros del gobierno español. Su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, posee, incluidos los bienes inmuebles, 209.206 euros. A ellos hay que restarle una deuda de 80.847 euros. Apenas dos semanas antes, el 29 de septiembre, se supo lo que iba a cobrar como jubilación anticipada el consejero delegado del BBVA, José Ignacio Goirigolzarri, de 55 años: tres millones de euros anuales. Cifra que hasta ahora todavía era mayor, en 2008 percibió 4,6 millones de euros entre cantidades fijas y variables.


Es decir, el banquero, sin trabajar, ganará cada mes una cantidad igual al patrimonio que ha acumulado durante toda su vida (incluidos cinco años de presidente) la persona que han elegido los españoles para gobernar el país. A mi me parece una gran metáfora de nuestro sistema.

Podemos elegir representantes, se supone que deben tener capacidad e inteligencia, y que con su trabajo deben ganarse nuestro reconocimiento. Además están obligados a dar la cara cuando se les requiera, explicar sus decisiones, responder a las criticas y las acusaciones. Pero este modelo económico a los que cubre de dinero es a otros que no los ha elegido nadie, no dan explicaciones, no sabemos si son inteligentes y capaces -astutos seguro que sí-. Es evidente que no tienen vocación de trabajo ni servicio público y que no son muy necesarios porque se jubilan a los cincuenta y cinco años.

Lo curioso es que el presidente que posee como todo patrimonio menos dinero de lo que cobrará de jubilación mensual el banquero, no le parezca una desvergüenza y no tenga ningún interés en cambiar este sistema. Los miembros de su gobierno tampoco consideran que esa situación merezca ninguna indignación. La vicepresidenta económica, Elena Salgado, y el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, afirmaron que que se trata de una decisión empresarial que atañe a los accionistas del BBVA. Aunque algún otro ministro ha expresado alguna molestia, ninguno ha planteado cambiar la situación mediante legislaciones que intenten corregir que en plena crisis económica, originada desde la banca, un banquero se retire cobrando cada año un sueldo similar al total del de dos mil trabajadores no cualificados de ese mismo banco. Es evidente al servicio de quién están estos gobernantes.

¿Y el resto de los ciudadanos? La mayoría expresan su rebeldía con algo tan estúpido como ir diciendo que todos los políticos son iguales, que sólo buscan ganar dinero en sus cargos, por lo que no vale la pena cambiarlos. Y mientras tanto, el banquero gana cada mes tanto dinero como patrimonio tiene el presidente.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=93633

http://www.pascualserrano.net/noticias/espana-el-banquero-y-el-presidente