viernes, 20 de septiembre de 2019

El Auto del Supremo, Junio de 2019



El Auto del Supremo
Artículo publicado en la Revista de la Plataforma Contra la Impunidad del franquismo. Septiembre de 2019

Arturo Peinado Cano    @apces
Presidente de la Federación Estatal de Foros por la Memoria
Madrid, Junio de 2019.

Cada día que Franco pasa en Cuelgamuros es un insulto a la sociedad española y a la democracia, y un menosprecio a sus cientos de miles de víctimas. Una verdadera democracia no puede permitir que se siga honrando a un dictador, como han expresado reiteradamente los organismos internaciones de derechos humanos.

El pasado 4 de Junio el Tribunal Supremo decidió, por unanimidad, a favor de adoptar la medida cautelar solicitada por la familia Franco, paralizando la exhumación del dictador del Valle de Cuelgamuros y el traslado de sus restos, acción programada por el Gobierno para el 10 de Junio. Los intentos de la familia Franco de entorpecer y sabotear la salida de los restos de Cuelgamuros con la inestimable colaboración de jueces que muestran sin rubor su connivencia con el franquismo, suponen vejar y humillar a las miles de víctimas del franquismo, a sus familias y al conjunto de la sociedad.

Creemos que el Supremo hubiera debido rechazar la cautelar, puesto que la exhumación y el traslado de los restos desde Cuelgamuros al panteón de El Pardo no suponen un daño real para la familia. Además el proceso hubiera sido fácilmente reversible, en caso de que el alto Tribunal estime finalmente el recurso de los abogados de la familia Franco contra el Decreto-Ley convalidado por el Congreso de los Diputados. Pero el Tribunal ha ido más lejos argumentando en el Auto, que se aprueba la medida cautelar porque la exhumación sería perjudicial para la familia y para el interés público, y que incluso hay coincidencia entre estos intereses, lo que resulta de un cinismo insultante.

También ha levantado polvareda la frase del Auto donde se cataloga a Franco como “Jefe de Estado desde el 1 de octubre de 1936 hasta su fallecimiento”, al tiempo que se evita calificarlo como dictador.

Pero no se puede acusar al Supremo de incoherencia porque el Estado español jamás ha condenado ni ilegalizado al franquismo, como tampoco la democracia española se reconoce heredera de la legitimidad republicana. El número 1 de nuestro actual BOE fue emitido por los golpistas el 2 de Octubre de 1936; la legislación (vigente o derogada a día de hoy) que se promulgó desde el 18 de Julio del 36 y entró a formar parte del ordenamiento jurídico español, no fue la republicana sino la del Estado franquista.

También se equivocan periodistas e historiadores que han afirmado que Franco fue Jefe de Estado legítimo sólo desde que acabó la guerra: la legitimidad la tuvo siempre el Gobierno de la República en el exilio, disuelto por el Presidente Maldonado tras las elecciones democráticas de 1977. Recordemos también la contundente condena del franquismo por la ONU en 1946, asimilándolo a los regímenes de Hitler y de Mussolini.

La Justicia española es siempre garantista con los derechos de los victimarios, pero mira hacia otro lado cuando se trata de los derechos de las víctimas. El TS ha adoptado una resolución política, no jurídica. La democracia española seguirá pagando las consecuencias de no haber depurado en su momento a los franquistas de los aparatos del Estado, especialmente de la judicatura.

Que la exhumación de Franco se lleve finalmente a cabo, tal y como fue acordada por el Parlamento, constituye hoy la prueba de fuego de la calidad de nuestra democracia. El Decreto-Ley sobre la exhumación de los restos del dictador fue convalidado por el Congreso de los Diputados el 13 de septiembre de 2018, con sólo dos votos en contra. Por tanto, lo que ahora se está dilucidando es quién tiene realmente el poder en España: las instituciones democráticas o la familia Franco, sus fundaciones y abogados, financiados con el producto del expolio masivo de bienes públicos y privados llevado a cabo por la dictadura.

Uno de los argumentos que los abogados de los Franco han presentado al Supremo para impedir la exhumación es que, de llevarse a cabo, ésta les produciría unos supuestos daños morales. Al menos ellos sabrán siempre dónde está enterrado su abuelo, porque docenas de miles de familias de víctimas del golpe del 36 y de la dictadura no tienen reconocido ni pueden ejercer ese derecho.

jueves, 29 de agosto de 2019

Intervención en el Homenaje a las víctimas del franquismo. Campo de Caso (Asturies), 18 de agosto de 2019


VII XORNAES D'ALCORDANZA Y HOMENAJE A LES VICTIMES DEL FRANQUISMU.
18 D'agostu Casu (El Campu)
Organizada por Estaya de la Memoira de l’Altu Nalón

Estimados compañeros y compañeras, amigos, camaradas.

Es para mí en privilegio y un honor tener la oportunidad de dirigirme hoy a vosotras y vosotros, y transmitiros el saludo de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, organización conformada actualmente por 17 asociaciones y representada aquí en Asturias por las compañeras y compañeros de FAMYR.

Una vez, el compañero Joan Tardà nos dijo que todo lo que habíamos hecho (el movimiento social por la recuperación de la memoria histórica), era poner el pie para impedir que nos cerrasen definitivamente la puerta del silencio y el olvido, y eso tenía un mérito enorme.

Los actos de homenaje, las conmemoraciones periódicas, la recuperación de lugares de memoria… son éxitos y conquistas en la lucha contra el olvido, el silencio y la impunidad que nos han querido imponer durante cuarenta años de dictadura, y otros más de cuarenta tras la muerte física del dictador. Os felicitamos por vuestro homenaje anual de Campo de Caso porque constituye una victoria contra el franquismo.

Quiero transmitiros dos reflexiones breves:
Es habitual decir que las víctimas del franquismo, nuestras abuelas y abuelos, nuestros compañeros… son inocentes. Es completamente falso, porque fueron conscientemente culpables de luchar por un mundo mejor para sus hijas y sus hijos, y para toda la Humanidad. Y esa fue la causa de su muerte. Pero también son culpables para el Estado español, porque todas las sentencias represivas del franquismo son, a día de hoy, plenamente firmas y legales.

La gente de la Memoria Histórica solemos decir que trabajamos para recuperar la dignidad de las víctimas. Es otra gran mentira: nuestros compañeros y compañeras, a nuestros padres y abuelos no pudieron ser despojados de su dignidad por los asesinos. Quienes no tienen dignidad son el Estado y la sociedad española, que consienten que miles de sus mejores hijos permanezcan enterrados en fosas clandestinas; que permiten que las sentencias de los tribunales represivos franquistas sigan siendo legales; que consienten que Franco siga enterrado en su mausoleo recibiendo honores, financiado por todos los ciudadanos, incluidos los hijos, y los nietos y nietas de sus víctimas.

En conclusión: no estamos aquí para conmemorar la muerte de nuestros compañeros y camaradas, sino sus vidas.

De nuevo os felicito por esta conmemoración anual contra la impunidad, el silencio y la mentira. Nada más, espero poder compartir con vosotras y vosotros muchos años más este acto de homenaje a las víctimas del franquismo, que son, sobre todo, luchadores contra el fascismo.

Salud, Memoria y República.

(Redacción a partir de la transcripción de las notas utilizadas en el acto del 18 de agosto).


viernes, 12 de julio de 2019

#NiValleNiAlmudena #18JYoCondeno


Concentración de la Campaña #NiValleNiAlmudena
18 de Julio, 20 horas.
Puerta del Sol de Madrid


La Campaña #NiValleNiAlmudena, respaldada por más de 100 organizaciones y colectivos memorialistas y de víctimas del franquismo, organizaciones vecinales, feministas, cristianas, ecologistas, políticas, sindicales, culturales, etc... ha convocado un acto público -coincidiendo con el 83 aniversario del golpe militar contra el régimen democrático y legal de la 2ª República- el próximo 18 de Julio desde las 20:00 horas, en la Puerta del Sol de Madrid. En dicho acto vamos a exigir la condena unánime de las instituciones al golpe militar y a la dictadura franquista, así como la salida de los restos de Franco de Cuelgamuros, para que sean trasladados a un emplazamiento que no pueda convertirse en lugar de homenaje y exaltación.

Cada día que Franco pasa en Cuelgamuros constituye un insulto a la sociedad española y a la democracia, y un menosprecio a sus cientos de miles de víctimas. La exhumación de los restos mortales del dictador es un acto de Justicia, y una medida de reparación moral y simbólica de las víctimas de la dictadura. Además, es un requerimiento de la legalidad internacional en materia de derechos humanos, como han puesto de manifiesto diversos organismos internacionales, que han solicitado a España dicha exhumación.

Como ya defendimos a las puertas del Tribunal Supremo el pasado 4 de junio, creemos que el alto Tribunal hubiera debido rechazar en su auto la medida cautelar solicitada por la familia Franco, de suspensión de la exhumación y traslado programados por el Gobierno, puesto que el objetivo de los diversos recursos presentados por la familia del dictador y por la Fundación que lleva su nombre, es dilatar el proceso. Esto debería haber sido, por sí mismo, causa de inadmisión de la petición.

Pero el Tribunal Supremo ha ido más lejos argumentando que se aprueba la medida cautelar porque la exhumación sería perjudicial para la familia y para el interés público, y que incluso hay coincidencia entre estos intereses, lo que supone un cinismo insultante. Resulta un sarcasmo la protección cautelar y urgente del interés familiar del dictador, frente al desentendimiento del Estado de tantas víctimas del franquismo que todavía esperan justicia y reparación.

La adopción de medidas cautelares en un proceso judicial no supone ni puede suponer, en ningún caso, prejuzgar el fondo del asunto, como ha pasado en este auto. En conclusión, nos encontramos ante una decisión política, adoptada no según criterios jurídicos, sino en función de la ideología de los magistrados integrantes del tribunal. 

También ha generado polémica la frase del auto donde se cataloga a Franco como “Jefe de Estado desde el 1 de octubre de 1936 hasta su fallecimiento”, al tiempo que se evita calificarlo como dictador, es decir, cabeza de un aparato estatal de facto, surgido de la violencia, no sometido a la legalidad y no homologado en la Comunidad Internacional de su época. Resulta inaceptable la equiparación que el Tribunal viene a hacer entre dictadura y democracia, al dar continuidad y validez –hasta el punto de servir de soporte argumental a la decisión final– a los efectos producidos por un golpe de Estado contra el régimen democrático republicano. 

El Decreto-Ley sobre la exhumación de los restos del dictador fue convalidado por el Congreso de los Diputados el 13 de septiembre de 2018, con sólo dos votos en contra. Por tanto, lo que ahora se está dilucidando es quién tiene realmente el poder en España: las instituciones democráticas o la familia Franco, sus fundaciones y abogados, financiados con el producto del expolio masivo de bienes públicos y privados llevado a cabo por la dictadura. Que la exhumación de Franco se lleve finalmente a cabo, tal y como fue acordada por el Parlamento, constituye hoy una prueba de fuego de la calidad de la democracia española.

Las pretensiones de la familia del traslado de los restos a la Almudena, son asimismo inaceptables. El enterramiento de Franco en un lugar público a pocos metros del Palacio Real y de la Plaza de Oriente, donde la dictadura organizaba los actos de exaltación del régimen, supondría una vejación y una humillación para las miles de víctimas del franquismo, para sus familias, y para el conjunto de la sociedad. Si finalmente se entierra al dictador en la Almudena, la catedral y el centro de Madrid se convertirán en un centro de peregrinación de los nostálgicos del franquismo y de los fascismos europeos, y como respuesta legítima, en un lugar de movilización antifascista. Todo ello tendría consecuencias enormemente negativas para la imagen internacional de la ciudad, y para la convivencia de los vecinos y vecinas de la ciudad, y sus visitantes.

Antes de su retirada, el Nuncio del Vaticano en Madrid se ha manifestado públicamente contra la exhumación de Franco, y ha proclamado como prioritarios los derechos y la voluntad de la familia. Sus afirmaciones constituyen una injerencia inaceptable en la soberanía popular representada en las Cortes, y muestran que la Iglesia oficial jamás ha dejado de posicionarse del lado de la impunidad del franquismo. La única declaración que las víctimas del franquismo y la sociedad española esperan de la Iglesia es una petición pública de perdón, por su participación activa en la represión desatada por los golpistas y su colaboración con la dictadura. El papel de la Iglesia, unido a la labor obstruccionista que ha podido ejercer el Prior del Valle en todo este proceso, demuestran la necesidad urgente de modificar las relaciones entre el Estado español y la Iglesia católica, en especial en lo que se refiere al estatus legal del Valle.

Las organizaciones que respaldamos la Campaña #NiValleNiAlmudena estamos comprometidas a continuar las acciones de concienciación y las movilizaciones, hasta conseguir la salida de los restos de Franco de la Basílica de Cuelgamuros y su inhumación definitiva en un lugar donde no pueda ser objeto de homenajes y actos de exaltación de su figura, ni de la dictadura que encabezó.

En caso de que el TS paralice la exhumación, estimando el recurso de la familia contra el Decreto-Ley convalidado por el Congreso en 2018, asumimos el compromiso de seguir trabajando para que el nuevo Gobierno y el Parlamento adopten inmediatamente las medias políticas y legales que permitan retomar el proceso de salida definitiva e irreversible de Franco de Cuelgamuros, con todas las garantías jurídicas.

#NiValleNiAlmudena   #18JYoCondeno

lunes, 10 de junio de 2019

"Suprema Impunidad", publicado en SiempreEs26, 10-06-2019



El Supremo ha adoptado una resolución política, no jurídica. Pero no se le puede acusar de incoherencia


Arturo Peinado Cano (@apces), presidente de la Federación Estatal de Foros por la Memoria.


El pasado 4 de Junio el Tribunal Supremo ha decidido a favor de adoptar la medida cautelar solicitada por la familia Franco, paralizando la exhumación del dictador del Valle de Cuelgamuros y el traslado de sus restos, acción prevista por el Gobierno para el 10 de Junio.

Venimos defendiendo públicamente que cada día que Franco pasa en Cuelgamuros es un insulto a la sociedad española y a la democracia, y un menosprecio a sus cientos de miles de víctimas. Asimismo, los intentos de la familia Franco de entorpecer y sabotear la salida de los restos de Cuelgamuros con la inestimable colaboración de jueces de convicciones democráticas “discutibles”, suponen una vejación y humillación para las miles de víctimas del franquismo, para sus familias y para el conjunto de la sociedad.

Una verdadera democracia no puede permitir que se siga honrando a un dictador, como han expresado reiteradamente los organismos internaciones de derechos humanos. Un criminal debe tener sólo un reconocimiento particular, al contrario que los defensores de la República y las personas que lucharon contra el franquismo, que deberían ser honrados oficialmente por el Estado, y siguen, en muchos casos, en cunetas.

Creemos que el Supremo hubiera debido rechazar la cautelar de manera tajante, puesto que la exhumación y el traslado de los restos desde Cuelgamuros al panteón de El Pardo no suponen un daño para la familia, ya que ambos lugares de enterramiento son propiedad del Estado español. Asimismo, en caso de que el Tribunal Supremo estime finalmente el recurso de los abogados de la familia Franco contra el Decreto-Ley convalidado por el Congreso de los Diputados, el traslado de restos previsto para el 10 de Junio hubiera sido fácilmente reversible. Argumentar en el auto del 4 de junio que se aprueba la medida cautelar porque la exhumación sería perjudicial para la familia y para el interés público, y que incluso hay coincidencia entre estos intereses, resulta de un cinismo insultante.

En consecuencia, llegamos a la conclusión de que el TS ha adoptado una resolución política, no jurídica. Pero de lo que no se le puede acusar es de incoherencia.

Ha llamado la atención y ha generado polémica en los medios y en la sociedad, que el Supremo en su auto, afirme que Francisco Franco fue “jefe del Estado” desde el 1 de octubre de 1936. En aquella fecha, solo habían pasado dos meses desde el golpe militar del 18 de julio y quedaban por delante más de dos años de Guerra Civil. Por tanto, al reconocer la legalidad de la proclamación de Franco por la Junta de Defensa golpista, considera como ilegítima a la II República.

Una cosa es la verdad histórica, dado que existe un generalizado consenso académico sobre la legalidad y la legitimidad republicanas, y otra es que el Estado español actual ni se reconoce como heredero de la República, ni ha ilegalizado el franquismo. Todo ello fruto de que en la Transición no se produjo una ruptura democrática con el pasado dictatorial. No se puede seguir ocultando la gravedad de que la construcción jurídica del Estado español se fundamente en una flagrante falsificación histórica.

El 18 de julio de 1936 Franco, Queipo de Llano, Fanjul, Saliquet, Goded y Cabanellas fueron separados de sus funciones y tres días después expulsados del ejército, lo que se publicó en la Gaceta de Madrid, antecedente del BOE. Pero a día de hoy el Estado español no reconoce esa expulsión, sino los grados militares que tenían los golpistas en aquel momento, además de todos los ascensos, condecoraciones, etc.. que se autoconcedieron posteriormente.

Otro ejemplo, ente muchos, de la continuidad jurídica entre el franquismo y la democracia actual es que todas las sentencias represivas del franquismo continúan siendo legales y firmes. Es más, el gobierno de Rodríguez Zapatero argumentó durante la elaboración de la llamada Ley de Memoria Histórica de 2007, que las sentencias emitidas por los tribunales entre 1936 y 1977 en aplicación de la legislación represiva del franquismo, no podían ser declaradas nulas porque ello supondría poner en riesgo la seguridad jurídica.

¿Somos conscientes de que el número 1 del actual Boletín Oficial del Estado es de fecha 2 de Octubre de 1936? La legalidad actual proviene directamente del 18 de julio, y asume la ruptura con la legalidad constitucional republicana como propia (1). Por supuesto, el sistema democrático ha sustituido y derogado buena parte de la legislación franquista (como en las disposiciones derogatorias de la Constitución). Pero la legislación que desde el 18 de Julio del 36 hasta 1977, entró a formar parte del ordenamiento jurídico español no fue la promulgada por la República sino por el Estado franquista, tanto la que pueda seguir en vigor como la que ha sido derogada en democracia.

La Justicia española es siempre garantista con los derechos de los victimarios, mira hacia otro lado cuando se trata de los derechos de las víctimas, y nunca pierde oportunidad en apuntalar el Modelo Español de Impunidad. ¿Qué se puede esperar del Tribunal Supremo, si reconoce explícitamente en un Auto aprobado por unanimidad, la legalidad del golpe del 18 de Julio? El sistema democrático seguirá pagando las consecuencias de no haber depurado en su momento a los franquistas de los aparatos del Estado. 

Especialmente grave es el caso de la judicatura, donde perviven endogamias, valores y hábitos que muy difícilmente podríamos calificar como democráticos. Además, las políticas de nombramientos de los gobiernos de la derecha, junto a la connivencia entre magistrados y políticos conservadores han empeorado la situación, llevándola a un estado difícilmente reversible.

El accidentado proceso para exhumar a Franco y trasladarlo desde Cuelgamuros, así como los avatares de la llamada Querella argentina, por ejemplo, la Circular de la Fiscalía General del Estado (2), han tenido a pesar de todo un efecto positivo: dejar en evidencia la continuidad y plena vigencia a día de hoy, de lo que dimos en llamar el Modelo español de impunidad.

Un Modelo de Impunidad, explicitado en el llamado “Documento Nizkor” (3), que no sólo sigue plenamente vigente, sino que cada vez se muestra como un elemento central y definitorio del sistema democrático creado durante la Transición, y de lo que ahora se da en llamar el “Régimen del 78”. Cuando en los años 80 los políticos españoles definían nuestro modelo de Transición a la democracia como ejemplar y exportable, de lo que realmente estaban hablando era de impunidad.

Que la exhumación de Franco se lleve finalmente a cabo, tal y como fue acordada por el Parlamento, constituye hoy la prueba de fuego de la calidad de la democracia española. El Decreto-Ley sobre la exhumación de los restos del dictador fue convalidado por el Congreso de los Diputados el día 13 de septiembre de 2018 con sólo dos votos en contra. Por tanto, lo que ahora se está dilucidando es quién tiene realmente el poder en España: las instituciones democráticas (Gobierno y Parlamento), o la familia Franco, sus fundaciones y abogados, financiados con el producto del expolio masivo de bienes públicos y privados llevado a cabo por la dictadura.

La campaña #NiValleNiAlmudena respaldada por más de 100 organizaciones memorialistas y de víctimas del franquismo, colectivos religiosos, vecinales, feministas, ecologistas, políticos, sindicales, culturales, etc… ha propuesto crear una comisión parlamentaria para investigar y hacer públicos la herencia recibida y el origen de las propiedades actuales de los Franco, y asimismo conocer las actuaciones de las instituciones que, una vez en democracia, han propiciado el incremento patrimonial de dicha familia. Esta actuación pretende, con 44 años de retraso, naturalizar una situación (la rendición de cuentas y eliminación de privilegios de la familia del dictador) como ha sido norma habitual en los países que han pasado de una dictadura a una democracia.

Uno de los argumentos que los abogados de los Franco han presentado al Supremo para impedir la exhumación es que, de llevarse a cabo, les produciría unos supuestos daños morales, y el Tribunal ha acordado en su auto la protección cautelar y urgente del interés familiar del dictador. Al menos ellos sabrán siempre dónde está enterrado su abuelo, porque docenas de miles de familias de víctimas del golpe del 36 y de la dictadura, no tienen reconocido ni pueden ejercer ese derecho.

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(1) A partir del “Dictamen de la Comisión sobre ilegitimidad de poderes actuantes el 18 de julio de 1936”, informe de discutido valor jurídico que trató de justificar la “ilegimitidad” del Gobierno de la Segunda República. Fue entregado en febrero de 1939 a Ramón Serrano Suñer.

(3) “La Fiscalía española ni investiga ni deja investigar”
Comunicado de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, 10 octubre 2016

(2) La cuestión de la impunidad en España y los crímenes franquistas. Equipo Nizkor, 14 de abril de 2004



miércoles, 24 de abril de 2019

"Sin Memoria ni Cultura", por Cristina Fallarás


Sin Memoria ni Cultura

Cristina Fallarás, Periodista

24/04/2019

El mayor problema que existe en España, el de fondo, el de nuestra construcción como democracia todavía incompleta, no son la fiscalidad o las pensiones, no es la corrupción, el paro ni su origen, el brutalmente desigual reparto de la riqueza. El mayor problema que existe en España es el que se encuentra en la base de todos los anteriores. Lo hemos llamado Memoria Histórica por no llamarlo pervivencia del franquismo, de la dictadura y sus crímenes. Ninguna democracia que merezca ese nombre se levanta sobre la impunidad de los criminales.

Del franquismo viene la riqueza de la inmensa mayoría de las grandes fortunas de España, o sea la pobreza. Del franquismo viene el poder de la gran mayoría de los poderosos en España, o sea la corrupción. Del franquismo viene la jefatura del Estado, o sea los dos reyes que tenemos, Felipe VI y Juan Carlos I, o sea el jefe de todos los ejércitos. Del franquismo viene el dolor de millones de ciudadanos cuyos antepasados aún yacen en fosas comunes y cunetas, o sea la vileza de Estado. Del franquismo viene el horror de la tortura y la vergüenza de no haberla juzgado. Del franquismo viene esta sociedad que arrastra la ignominia de honrar los restos de un criminal y dejar impunes sus crímenes.

Se puede parlotear (aquí no ha debatido nadie) sobre impuestos, educación, pobreza infantil, territorio o los Amantes de Teruel, pero en realidad de lo que se trata es de las cuentas pendientes.

Ni siquiera ha tenido ninguna de las disputas capacidad alguna de construcción, pero en caso de construir algo, lo habría hecho (lo haríamos) sobre un cenagal pútrido de tamaño peninsular y a estas alturas prácticamente insondable. Que en ninguno de los dos debates se haya siquiera mencionado la Memoria histórica, qué hacer y cómo para empezar a sacar a paletadas la mierda sobre la que está construido todo esto tras 40 años de silencio, retrata a aquellos que pretenden el Gobierno. Y también a quienes diseñan lo que tienen que decir y lo que no.

Porque cuando hablamos de corrupción, hablamos de la herencia que nos deja el hecho de no juzgar una dictadura, a sus asesinos, a sus torturadores, a los ladrones de criaturas y a la indispensable colaboración de la Iglesia católica para que así sea. Corrupción es que los asesinos, los sádicos, los inmorales conserven las medallas que les impusieron aquellos que nos representaban. Y que aquellos que nos representan ahora no se dignen siquiera a recordarlo al hablar de construir un país “nuevo”. Y mientras así sea, cualquier criminal o sucesor de criminales o ensalzador de criminales puede seguir reclamando impunidad para gobernar, incluso reclamar que la ciudadanía le apoye, que le dé el Gobierno.

Pedro Sánchez arrancó su mandato anunciando la exhumación del dictador fascista Francisco Franco. Algunos pensamos que por fin podíamos empezar siquiera a vislumbrar la construcción de una sociedad justa, reparada, realmente democrática, en la que el crimen se castigue. Una sociedad que no deje la infamia en herencia a las generaciones venideras. Aquel gesto podría haber parecido el principio del fin de una sociedad enferma de fosas sembradas con los huesos de sus mejores hombres y mujeres. Sembrada de fortunas construidas con sangre, de silencios y deudas de gobernantes sin escrúpulos.

Por eso resulta aún más tenebroso el silencio sobre este asunto en las dos parodias de debate que hemos padecido. Porque ni siquiera han tenido en cuenta que su mutismo acompaña a la erupción de las bestias que aplauden el horror emergiendo de las sentinas sobre las que ellos siguen fingiendo dialogar.

Sorprende que en la nómina que relató Pablo Iglesias sobre lo que Pedro Sánchez prometió y no cumplió no mencionara la necesidad de arrancar ya de una vez el proceso de verdad, justicia y reparación que el PSOE jamás se ha propuesto llevar efectivamente a cabo. Y no sorprende en absoluto que el presidente Sánchez no haya dicho ni mu sobre la exhumación de la momia de Franco. Pese a haber comenzado y prometido terminar su mandato con esa promesa.

No es de extrañar todo lo anterior en un país cuyos dos debates destinan a la Cultura apenas dos minutos de reloj y “porque es el día del libro”. Dos minutos en los que todos los ponentes apenas atinaron a balbucir cuatro lugares comunes.

Somos Memoria y Cultura. Eso somos las personas. Memoria para construirnos y Cultura para conocernos. Memoria y Cultura para mirarnos en el espejo de nuestro pasado y nuestro presente, y lanzar lo que vemos hacia el futuro. Para hacerlo mejor o al menos poner las bases de un intento honesto. Memoria y Cultura para obtener el conocimiento del otro que permite borrar el miedo y por lo tanto el odio.

De haber dado esos pasos, de haber sido capaces de discutir sobre Memoria y Cultura, cabría la posibilidad de planear construir una sociedad mejor y más preparada para pensar, o sea para prosperar y respetar.

Lo contrario de “mentiroso tú”.

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/19785/sin-memoria-ni-cultura/

martes, 16 de abril de 2019

"Historia contra patrañas", por Fernando Hernández Sánchez



Historia contra patrañas

El autor propone una reforma radical del currículum en la Enseñanza Secundaria para evitar la ignorancia y la regresión social.

FERNANDO HERNÁNDEZ SÁNCHEZ. FACULTAD DE FORMACIÓN DE PROFESORADO Y EDUCACIÓN, UAM.


El Salto, 16-04-2019


Un municipio del área metropolitana sur de Madrid. Una casa de comidas próxima a un polígono industrial. El telediario refiere la última hora sobre la exhumación de Franco. Dos hombres en mono de trabajo comparten sobremesa: uno, frisando los cuarenta, debió transitar por el BUP; el otro, un veinteañero fruto de la LOGSE: “Mejor Franco que Maduro ¿Tú sabías que, con la República, el jefe del gobierno mandó a su escolta a matar al líder de la oposición?” El más joven mira al mayor como si escuchase a Don Marcelino Menéndez Pelayo, con respetuoso silencio. La vulgata revisionista aromatiza los postres y el café.

Aeropuerto de Barajas. Dos docenas de estudiantes de bachillerato se disponen a emprender un viaje de fin de curso. Todos despliegan una increíble capacidad para desenvolverse en tres planos simultáneos: jugar con sus móviles, compartir fotos y comentar memes. De repente, sobre el rumor de las conversaciones banales se escucha: “Pues yo voy a votar a Vox”. El móvil emite un silbido y un muchacho replica un tuit. Alguien que nunca será un conscripto musita las estrofas de El novio de la muerte. Un millenial va a estrenar su condición de ciudadano votando a un partido que enaltece un pasado de autarquía, censura moral y plato único.

¿Cómo se explica que trabajadores de uno de los últimos enclaves del muy desvaído cinturón rojo repitan falacias históricas propaladas por quienes, por otra parte, pretenden precarizar sus condiciones laborales y bajar los impuestos a las rentas altas? ¿Qué lleva a unos postadolescentes a formular a la ligera un envite contra su futuro con el mismo talante despreocupado con que acudirían a la casa de apuestas de la esquina de su instituto?

EL RETORNO DE VIEJOS RELATOS
Son muchos los factores que están conduciendo a un cierre reaccionario de la crisis de representación abierta en 2011. La mayor parte de ellos no son coyunturales. La demolición del estado del bienestar y la centrifugación de toda coalición defensiva frente a las imposiciones de un capitalismo definitivamente asilvestrado tras la Segunda Gran Depresión, la desarticulación de la mesocracia, el ensueño melancólico de un pasado próspero pulverizado por la amenaza del paro crónico, la devaluación salarial y el agarrotamiento del ascensor social, el resentimiento del penúltimo contra el último en la pugna por el acceso a un trabajo escaso y a recursos sociales menguantes, el chauvinismo de retorno respecto a un proceso catalán percibido como un atentado a los arcanos identitarios que constituyen la última línea defensiva frente a la desaparición de todo lo que era sólido, todos estos factores han contribuido a la coagulación de fuerzas antes aletargadas o que se movían en los fondos abisales del piélago conservador.

Los elementos que integran el imaginario de la nuevamente pujante extrema derecha parecen sacados de la vieja Enciclopedia Álvarez. Glorificar a Hernán Cortés, discutir con Portugal sobre la primacía en la vuelta al mundo, declamar panegíricos a Blas de Lezo, vindicar una antigüedad para la nación española cuatrocientos años anterior a que se constituyese como sujeto de soberanía o invocar en sede parlamentaria europea Covadonga o Lepanto como antídotos contra Eurabia son fórmulas habituales entre aquellos que, cuando se trata de condenar a la dictadura franquista o de honrar a sus víctimas enfatizan de forma melodramática la necesidad de no mirar atrás. Una puja por la cima de lo rancio en la que no ha faltado, todo hay que decirlo, la contribución de algún ministro socialista recomendando como lectura canicular un subproducto editorial contra la Leyenda Negra, poniendo de manifiesto que el mal provoca contagios por capilaridad.

UN CURRÍCULUM INABORDABLE
La amplia difusión de estos lugares de supuesto sentido común debería ser motivo de preocupación: denota que, en los cuarenta años de vigencia del régimen constitucional, casi dos generaciones de españoles han pasado por la escolarización obligatoria sin abordar satisfactoriamente el estudio de nuestra historia reciente. Y ha sido así por razones que cualquiera puede identificar en su propia autobiografía escolar: ¿Quién no ha oído que el programa era muy amplio; el tiempo, muy escaso; que al último trimestre siempre se llegaba con agobio; que los temas de la República, la guerra civil y la dictadura franquista eran muy problemáticos porque podían suscitar conflictos con las familias, llamadas de atención de la inspección educativa o, en definitiva, que eran demasiado recientes —solo han pasado entre cuarenta y ochenta años de nada…— como para ser tratados con objetividad y desapasionamiento?

De ahí que el conocimiento histórico acumulado por millones de ciudadanos (casi diez en los años que van desde los años 90 hasta hoy) se caracterice, en general, por la carencia de profundidad y de rigor y consista en retazos de los manuales mal rememorados, episodios estereotipados, retales de debates televisivos, fragmentos de la pacotilla editorial, simplificaciones pseudoacadémicas y evocaciones de experiencias subjetivas de raíz familiar: un patchwork proclive a arropar todo tipo de mistificaciones.

Incluso el profesorado más comprometido tiene serias dificultades para llevar al aula los periodos clave de nuestra Historia reciente. La selección de contenidos no es fácil. Explicar las revoluciones burguesas, el surgimiento del Estado-Nación, la revolución industrial, las dos guerras mundiales, el comunismo, los fascismos, la guerra fría, el imperialismo, la descolonización, la globalización y sus correspondientes correlatos en la historia española resulta una tarea titánica con tres horas de clase a la semana.

La dificultad es estructural: de todas las divisiones formales de la Historia, la Contemporánea es la única que permanece abierta. El currículum de Secundaria siempre arranca con la crisis del Antiguo Régimen, tanto en 4º ESO como en 1º de Bachillerato. La secuencia temporal de la contemporaneidad española en los manuales escolares apenas ha variado desde la Ley General de Educación de 1970. Precedido de un tumultuoso siglo XIX, el reinado de Alfonso XIII abre un siglo XX no menos convulso. La Dictadura de Primo de Rivera se presenta como doble respuesta a la agudización de la conflictividad social y a las consecuencias de la guerra de Marruecos. Segunda República y Guerra civil suelen aparecer amalgamadas en una misma unidad, con las lecturas teleológicas que ello supone. El franquismo, por su extensa duración, casi geológica, se escinde en dos periodos con el Plan de Estabilización y los comienzos del desarrollismo como parteaguas. Por último, la transición, enfocada desde las instituciones – “de la Ley a la Ley”- y con el pueblo español como espectador de platea cierra virtuosamente dos siglos de confrontación cainita.

UNA PROPUESTA RADICAL
La toma de la Bastilla fue la metáfora fundacional de la nueva era para los historiadores del siglo XIX, pero para nosotros han trascurrido casi dos siglos y medio. Si no se opta por un cambio de paradigma, estamos condenados a que siga sin haber tiempo suficiente para la enseñanza de la Historia más próxima y, aunque el diseño curricular contemple, en teoría, todos los acontecimientos comprendidos entre aquel hito inaugural y la realidad compleja de nuestro tiempo, los episodios que van del franquismo hasta el presente se encontrarán sumidos en un agujero negro. Una ignorancia fértil para las campañas de la extrema derecha político-mediática.

La enseñanza de la Historia Contemporánea más reciente adquiere hoy un carácter de imperativo cívico y democrático. Es necesario modificar sustancialmente la secuenciación de los contenidos curriculares. Nadie debería abandonar las aulas sin conocer las claves de los procesos que han conformado la sociedad en que va a insertarse en breve como sujeto en plenitud de derechos políticos. Para ello, es preciso otorgar a la Historia reciente –el “corto siglo XX”, en expresión del Eric Hobsbawm- el protagonismo de un curso propio, el último de la Secundaria obligatoria. Hay que redistribuir la secuencia de los contenidos en cuatro bloques: 1) Las vías a la modernización: el lento despegue bajo la Restauración (1903-1923); la modernización autoritaria (1923-1930); y la modernización democrática (1931-1936). 2) La guerra civil como crisol de los conflictos secularmente irresolutos (económico, social, territorial, político y cultural) y escenario de la protoguerra mundial (1936-1945). 3) La dictadura franquista como régimen totalitario imbricado en los cambiantes escenarios internacionales y de modulación tardía al capitalismo maduro (1936-1977) 4) El proceso de transición a la democracia, sus condicionantes, sus logros y sus límites (1969-1986).

La cronología podría resultar chocante, pero está justificada: obedece a la idea de que la guerra civil y la dictadura franquista interrumpieron un proceso de modernización que se había iniciado, bajo varias facetas y distintas velocidades, en el primer tercio del siglo XX; que la España franquista fue parte actora de la Segunda guerra mundial como integrante del Pacto de Acero y suministradora de tropas para una guerra de agresión —la División Azul—, y que sus gambitos de pasividad no llegaron a alcanzar la neutralidad absoluta; que el comienzo de la dictadura hay que situarlo en la propia guerra civil, en la que se configuró el que durante toda su vigencia se reivindicó a sí mismo como el “régimen del 18 de julio”; que su final no se produjo con la muerte del dictador sino con la derogación efectiva de las instituciones dictatoriales; y que los orígenes de la transición hay que rastrearlos en los alineamientos de fuerzas bajo el tardofranquismo, y su final prolongarlo hasta la primera vez desde 1933 en que un gobierno de centro-izquierda pudo sucederse a sí mismo en el poder sin que lo impidiera un pronunciamiento militar.

Es solo un bosquejo y una aportación para el debate social. Una intervención, por decidida que sea, en la forma en que la ciudadanía aprende Historia en la escuela no será el bálsamo de Fierabrás contra el populismo reaccionario, pero sí una parte de la posología. No rendirá frutos de inmediato, pero al menos contribuirá a evitar en un futuro no muy lejano que podamos contemplar el Medievo como un horizonte de progreso.

https://www.elsaltodiario.com/opinion/historia-contra-patranas-reforma-radical-curriculum-ensenanza-secundaria

lunes, 8 de abril de 2019

Intervención en el acto "La Memoria también vota", Oviedo 6 de Abril de 2019




Oviedo, 6 de Abril de 2019

Compañeras y compañeros. Amigas y amigos:

Quiero agradeceros vuestra presencia hoy, y transmitiros el saludo de la Federación Estatal de Foros por la  Memoria y de todos los compañeros/as de los Foros federados, así como de la comisión coordinadora del Encuentro de Asociaciones de memoria histórica y de víctimas del franquismo. Quiero expresar también mi reconocimiento a mis compañeros de Famyr y a La Ciudadana por la invitación y por la organización de este acto. Asimismo quiero destacar que es para mí un honor compartir intervención con los familiares de la fosa de Tiraña.

Comienzo  mi  intervención explicando que la propuesta central de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, asumida posteriormente por el Encuentro Estatal, es una Ley integral de Víctimas del franquismo, porque estamos convencidos/as de que, independientemente de que se puedan estar planteando causas judiciales, tanto ante la justicia española como la de otros países, las trabas para hacer efectivos los derechos de las víctimas del franquismo, son fundamentalmente políticas más que jurídicas; también las soluciones son esencialmente políticas y se deben adoptar en el Parlamento: revocar la legislación en la que se sustenta la impunidad y promover otra legislación que reconozca y promueva los derechos de las víctimas.

El trabajo que hemos realizado elaborando la propuesta de Ley de Víctimas, se sustenta en diversos documentos: La Ley de Víctimas del terrorismo aprobada por el Parlamento en septiembre por 2011; y los dos Informes sobre el caso español presentados en septiembre de 2014 al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, uno por el Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias, y el otro, por el Relator Especial sobre la promoción de la Verdad, la Justicia, la Reparación y las Garantías de no repetición. También nos hemos inspirado en el llamado “Manifiesto de la Dignidad” presentado en 2014 por el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco.
Ley de Víctimas del franquismo

El Proyecto que hemos presentado públicamente, remitido a expertos y discutido con fuerzas políticas y grupos institucionales, se basa en dos ideas centrales:
1. La Ley de Víctimas del franquismo parte del principio de que las víctimas del franquismo son víctimas de graves violaciones de derechos humanos. Y que el Estado español niega a las Víctimas del franquismo el reconocimiento jurídico y los derechos y beneficios que se conceden a otros colectivos de víctimas.
2. Vemos indispensable que el Estado asuma las recomendaciones de organismos internacionales de DDHH, sobre las víctimas del franquismo.

Coincidimos con el fiscal Carlos Castresana cuando escribía en junio de 2013:
"...las víctimas del franquismo tendrían que tener el mismo estatuto jurídico que tienen las víctimas del terrorismo, ni mejor ni peor, exactamente el mismo. Son víctimas de la violencia política, y si unas tienen derecho a la memoria y a la justicia y a la reparación, no veo por qué las otras no"

Una Ley de Víctimas del franquismo vendría a solventar definitivamente el agravio comparativo que se ha venido produciendo sobre las víctimas del franquismo con respecto a otros colectivos de víctimas que sí han tenido un reconocimiento legal, una consideración justa, y su problemática se ha atendido por parte del Estado español. Lo más sangrante es que el elemento diferenciador entre unos y otros colectivos no es su carácter de víctimas, conforme son definidas por Naciones Unidas, sino que la discriminación se debe a la identidad de los victimarios.

La impunidad del franquismo vigente en el estado español, no sólo ha seguido preservando hasta el día de hoy la impunidad penal de los verdugos, sino que implica el no reconocimiento jurídico y político de sus víctimas, y en consecuencia, la negación a todos los efectos de sus derechos a la Verdad, la Justicia y a cualquier forma de Reparación material y simbólica. El franquismo fue un régimen ilegal que, a partir del secuestro de la soberanía nacional por los golpistas del 18 de julio, ejerció la violencia en múltiples formas contra la sociedad practicando el terrorismo de Estado, sirviéndose para ello de las leyes y de las instituciones: el ejército, las fuerzas de seguridad, el sistema judicial… Por tanto, la responsabilidad que tiene el Estado español con respecto a las víctimas del franquismo es de mayor nivel y más directa que con respecto a otros colectivos de víctimas.

La negativa por parte del Estado español a anular las sentencias franquistas en nombre de la seguridad jurídica, tal y como quedó establecido en la Ley de Memoria Histórica de 2007, supone de hecho la asunción de su plena responsabilidad en las consecuencias de la legislación represiva del franquismo. El hecho (excepcional entre los países de nuestro entorno) de que el estado de derecho democrático no se haya sustentado en la ruptura legal con el franquismo, y que todas las sentencias represivas franquistas sigan siendo firmes y legales a día de hoy, supone por parte del Estado democrático el reconocimiento explícito de su responsabilidad en los abusos y las agresiones a los derechos humanos cometidos por la dictadura.

Nuestra propuesta no consiste en una ley de víctimas de la guerra civil en general, es más, nos oponemos tajantemente a ello. En primer lugar porque la equidistancia y la igualación entre quienes defendieron la democracia y quienes la agredieron debería ser éticamente inaceptable por una sociedad democrática. Pero sobre todo, porque el trato proporcionado a unas víctimas y a otras por parte del Estado español, tanto en dictadura como en democracia, ha sido con respecto a las víctimas del franquismo abrumadoramente injusto y discriminatorio.

Las víctimas, por definición injustas, que se produjeron en la retaguardia republicana durante los meses iniciales de la guerra civil, fueron beneficiarias (tanto los supervivientes como todas las familias) de unas políticas de reparación que adoptaron múltiples formas: indemnizaciones; pensiones; privilegios en el acceso a empleos públicos; facilidades al acceso a titulaciones académicas; concesiones de gasolineras, estancos, despachos de quinielas y otros negocios, etc… Y todo ello desde el primer momento, a pesar de las difíciles circunstancias de la posguerra y de la guerra mundial, que por ejemplo, no impidieron la exhumación rápida y completa de todos los enterramientos de víctimas afines al nuevo régimen.

Por el contrario, las víctimas del franquismo y sus familias, no sólo han tenido que soportar décadas de políticas públicas de silencio y olvido que apenas se corrigieron tras el fin de la dictadura, sino que además siguieron padeciendo durante muchos años diversas formas de represión y perpetuación de la injusticia. Si alguien realizó políticas de memoria colectiva apabullantes que se prolongaron durante cuarenta años, ese fue el franquismo, adoptando múltiples maneras de interferir en los más habituales actos de la vida cotidiana de todos los españoles, en línea con su pretensión declarada de constituirse en Estado totalitario.

Uno de los objetivos fundamentales de una Ley de Víctimas del franquismo es corregir esta enorme injusticia y desagraviar en lo posible, tras el tiempo transcurrido, a las víctimas de tanta ignominia. Y no sólo por las víctimas: la pervivencia de una situación tan injusta, como pudiera ser la existencia de miles de fosas comunes clandestinas (no olvidemos que la desaparición forzada es un delito de carácter permanente) en nuestra opinión pone en cuestión la vigencia plena del Estado de Derecho.

También se debe tener en consideración que la represión franquista no sólo afecta a hechos producidos durante la guerra civil de 1936-1939 y los años inmediatamente posteriores. La dictadura y sus políticas represivas se extendieron hasta al menos, las elecciones democráticas de 1977. Múltiples hechos criminales como torturas y asesinatos, son coetáneos con las violaciones de derechos humanos que siguen siendo perseguidos, que han sido juzgados y han terminado por lo general con contundentes condenas penales, en otros países del mundo, como es el caso de los crímenes de las dictaduras del Cono Sur americano. En consecuencia, no renunciamos a la acción penal contra los responsables de agresiones a los derechos humanos, independientemente de su edad, tal y como sucede en países de nuestro entorno, como Alemania.

El Documento en el que hemos trabajado comienza con una Declaración de Motivos para justificar la necesidad de que, 40 años después de la muerte física del dictador, sea necesaria e inaplazable una Ley de Víctimas del franquismo. Establece la necesidad del reconocimiento jurídico de las víctimas, hasta hoy inexistente, y continúa con una serie de propuestas concretas, agrupadas en los tres grandes bloques de Derechos establecidos por Naciones Unidas para las víctimas de agresiones de derechos humanos: el Derecho a la Verdad, el Derecho a la Justicia y el Derecho a la Reparación.
A modo de resumen, señalaré las principales líneas que se desarrollarían en el articulado en nuestra propuesta de Ley de Víctimas.

En el primer bloque, que titulamos “El Derecho a la Verdad de las víctimas del franquismo. El Derecho y el Deber de verdad de la sociedad española”, hablamos, entre otros temas,
ü  De la retirada de la simbología franquista
ü  De declaraciones de naturaleza política y actos públicos de reconocimiento;
ü  Del Mapa de fosas de personas desaparecidas;
ü  Del tratamiento de los lugares de memoria;
Presentamos una propuesta avanzada sobre Legislación de Archivos orientada a gestionar y garantizar el derecho de acceso a la información de víctimas, investigadores y del conjunto de la sociedad. 

En el bloque del “Derecho a la Justicia” tratamos, entre otras cuestiones
ü  La Anulación de las sentencias franquistas, con una propuesta concreta por la que recomendamos seguir el procedimiento utilizado en la República Federal Alemana para la anulación de las sentencias represivas del nazismo (1998 y 2002).
ü  La exhumación judicializada de todas las fosas comunes del franquismo. Defendemos que la Ley de Víctimas del franquismo  debe manifestarse expresamente contra la privatización y la  gestión administrativa de las fosas comunes consagrada por la Ley de Memoria Histórica de 2007, por cuanto se tratan antes que cualquier otra cosa, de pruebas de crímenes contra la Humanidad.
ü  También consideramos que hay que dar una respuesta estatal al tema de los niños y niñas robados, a partir de la consideración de estas desapariciones forzadas como crímenes contra la humanidad, todo ello considerado dentro de una trama organizada, por lo que no pueden seguir siendo tratados como delitos individualizados.

En el último bloque del “Derecho a la Reparación”, propugnamos la reparación material y/o simbólica de la amplia y diversa tipología de víctimas del franquismo: presos políticos; presos sociales; víctimas de torturas; represaliados económicos (sanciones, depuraciones de funcionarios, incautaciones de  patrimonio...); víctimas del trabajo esclavo; reconocimiento de colectivos como la guerrilla antifranquista; militares leales a la República; militantes clandestinos antifranquistas; exiliados; deportados al sistema concentracionario nacionalsocialista;  los llamados niños de la guerra, etc…así como la creación de un Consejo participativo de éstas, directamente o representadas por el movimiento asociativo.

ENCUENTRO
En el mes de octubre de 2015, 70 organizaciones nos reunimos en Madrid, y creamos un espacio común al que se han incorporado hasta el día de hoy más de 100 asociaciones y colectivos. Le hemos dado en llamar ENCUENTRO. De allí salió un amplio Documento consensuado, la denominada CARTA de Vicálvaro, que se hizo llegar a las fuerzas políticas antes de las elecciones de  diciembre de 2015 y junio de 2016 como propuesta programática,  con el objetivo de impedir que el debate sobre la memoria histórica quedase fuera de la agenda política y de la campaña electoral.

La Estrategia seguida por las organizaciones del ENCUENTRO ha sido compaginar movilización con iniciativa institucional, con un objetivo: plasmar en leyes y en políticas las reivindicaciones del movimiento memorialista en la presente legislatura. Hemos realizado varias manifestaciones en Madrid, y hemos celebrado múltiples reuniones, entregas de la Carta a dirigentes políticos y cargos públicos…

En mayo de 2016 la 2ª reunión del Encuentro aprobó asumir como propuesta la necesidad de una de Ley de Víctimas, recogiendo el trabajo de nuestra Federación como borrador inicial, junto a otras propuestas. En Junio de 2017 se celebró  la 3ª reunión estatal del ENCUENTRO, y debatimos qué vía institucional queremos dar a la Carta del Encuentro y el desarrollo del borrador de Ley de Víctimas. Asimismo adoptamosuna posición más avanzada sobre la Ley de Amnistía de 1977, pronunciándonos a favor de una Declaración de Nulidad íntegra de la misma.

El pasado 24 de Noviembre se celebró en Madrid la 4ªreunión estatal del Encuentro, para analizar cómo seguir promoviendo la convergencia estratégica del movimiento memorialista y de las fuerzas políticas sensibles a esta problemática, en torno a una LVF. Queremos convencerlas de que las múltiples iniciativas políticas particulares que se están presentando tienen un recorrido limitado, y que deberíamos aunar esfuerzos a partir de la Carta de Vicálvaro y de las recomendaciones al Estado español de los organismos internacionales de derechos humanos. Esta iniciativa se ha trasladado a las diversas fuerzas políticas y grupos institucionales, con buena acogida por lo general, pero con efectos limitados por la concurrencia con las diversas iniciativas que sobre memoria histórica han presentado los grupos políticos desde que comenzó la legislatura. Ha inspirado propuestas como el proyecto de IU, o el que presentamos en el Senado junto a Compromís.

Ahora mismo estamos estudiando los programas de las fuerzas políticas que se presentan a las diversas convocatorias electorales, para valorar sus propuestas sobre memoria histórica y lucha contra la impunidad franquista. El plan de trabajo ha quedado algo trastocado con la convocatoria de elecciones generales, ya que se estaban programando reuniones en el marco autonómico. Asimismo desde que el Gobierno anunció la intención de sacar a Franco de Cuelgamuros, los acontecimientos posteriores que conocéis, nos están marcando mucho la agenda.


La conformación de los nuevos Parlamento y ejecutivo andaluces, los acuerdos previos a la constitución del gobierno y sus primeras iniciativas, muestran que las fuerzas gobernantes en Andalucía han puesto el punto de mira en los derechos y conquistas de las mujeres, de los colectivos LGTBI, los migrantes y refugiados. También en la memoria histórica democrática, cuya reivindicación de Verdad, Justicia y Reparación señala a los responsables de los crímenes cometidos, deja en evidencia el sistema de impunidad en que han vivido los autores, y explica, en buena parte, el status social y económico del que siguen gozando muchas personas, empresas e instituciones.

Que las derechas conservadoras o liberales se avengan a negociar, pactar y gobernar con la extrema derecha, a asumir sus valores y discursos, sólo puede entenderse a partir de la banalización del mal en el debate político y mediático, a las carencias en educación y en políticas públicas de memoria democrática, junto a la ocultación de las víctimas del franquismo y la impunidad penal e histórica de los crímenes franquistas.

Los colectivos a los que la extrema derecha y sus aliados han señalado no vamos a permanecer con los brazos cruzados, contemplando pasivamente que se hagan efectivos los proyectos de los franquistas y sus aliados: recortes de libertades, supresión de derechos sociales y civiles, que han costado décadas de lucha y sacrificios conseguir.

Mañana domingo día 7, en una concentración que celebraremos en Madrid, 85 colectivos de mujeres, LGTBI, de migrantes y de Memoria histórica, haremos un llamamiento a todas las ciudadanas y ciudadanos demócratas para que participen masivamente en las próximas citas electorales, no pretendiendo orientar para que se vote por un partido u otro, sino proponiendo que se vaya a las urnas con una intencionalidad clara: que cada voto sea un voto antifascista, contra la extrema derecha y contra los que están dispuestos a negociar con ellos. Porque opinamos que con el fascismo no se habla, no se negocia y no se gobierna.

Muchas gracias.