martes, 13 de junio de 2017
"La medalla", por Francisco Espinosa
La medalla
Público, 12-06-2017
Francisco Espinosa. Historiador y autor de Guerra y represión en el sur de España, entre otras obras.
Por iniciativa de la orden de los dominicos y del PP, y mediante propuesta avalada por seis mil firmas, el ayuntamiento de Cádiz presidido por José María González Santos “Kichi”, del grupo Por Cádiz Sí Se Puede (Podemos), ha decidido recientemente conceder la “medalla de oro” de la ciudad a la virgen del Rosario, patrona de la ciudad desde 1867 y alcaldesa perpetua desde 1967. Conviene señalar que el 24 de este mes de junio, coincidiendo con el 150 aniversario de la designación de la imagen como patrona de la ciudad, tendrá lugar una magna procesión en la que colabora el Ayuntamiento. El único grupo que no apoyó la iniciativa ni en la comisión previa ni en el Pleno fue Ganar Cádiz en Común (IU). Basó su decisión en que, según el reglamento, solo puede otorgarse dicha medalla a personas físicas o jurídicas y no a imágenes o figuras. El resto de los partidos, PP, Podemos, PSOE y Ciudadanos, votaron a favor. Como era de esperar la noticia causó de inmediato polémica por estar relacionada con una opción política, Podemos, que supuestamente apoya el laicismo, por más que el mismo González Santos, siendo ya alcalde de Cádiz, hubiera llamado la atención al aceptar recibir la medalla de “Hermano de la cofradía del Nazareno”.
En esas estábamos cuando el 28 de mayo apareció en Público un artículo de Juan Carlos Monedero titulado “¡Ahí va, la virgen!” favorable a la decisión del alcalde de Cádiz y en el que puede leerse que “Kichi” es alcalde “de todos los gaditanos”, que “hace bien en escuchar al pueblo” y que es alcalde “sin ayuda de la virgen, porque dios nunca abandona a un buen marxista”. Sin comentarios. Unos días después, el 2 de junio, Teresa Rodríguez, coordinadora de Podemos en Andalucía, declaraba en la SER que “la Semana Santa, la patrona, los símbolos, no son de la Iglesia ni del Estado. Son del pueblo”. Respecto a la extrañeza manifestada por algunos en el asunto de la medalla procedía, según ella, del error que conlleva pensar que “nuestra identidad es diferente a la del pueblo”. Añadía: “Nosotros no somos sectarios. (…). Somos coherentes. Se puede defender esta medalla y reclamar, al mismo tiempo, que la Iglesia pague el IBI”. Finalmente daba dos argumentos para justificar la entrega de la medalla a la virgen: que lo “pedía la gente” y que la semana santa “tiene que ver con la gente”, “trasciende lo religioso” y “tiene que ver con lo que la gente piensa y respira. Y nosotros no somos diferentes del pueblo al que queremos representar”. Otra vez sin comentarios.
Dos días después era Pablo Iglesias el que declaraba al Diario de Cádiz que, pese a sus dudas iniciales, “Kichi” lo convenció: “Me habló del carácter de dignidad popular que significaba esa Virgen y que en una ciudad como Cádiz, con esa tradición anarquista y liberal, esa Virgen, tan vinculada a las cofradías de pescadores, no va unida al conservadurismo como nos podría parecer desde fuera”. Lo mejor sin duda era el final: “Yo creo que Kichi lo ha manejado de una manera muy laica en el sentido de que se trata de una muestra de respeto a los sentimientos populares, demostrando que hay que convivir con distintos pareceres y tradiciones. Los urbanitas de izquierdas tenemos que aprender a respetar esas tradiciones tan arraigadas en el pueblo”.
Si estas ideas vinieran de donde suelen venir habitualmente no hubiera pasado nada. Lo llamativo es que vengan de la izquierda o, más concretamente, de una izquierda de la que podría pensarse que estaba al margen de estas veleidades ideológicas. Los que vivimos la transición recordamos los equilibrios que algunos tuvieron que hacer para conllevar su militancia en partidos de izquierdas con su pertenencia al mundo cofradiero. Solían justificarlo entonces diciendo que eran costumbres paganas. ¿Cómo olvidar aquellas decadentes semanas santas de fines de los años setenta? Parecía que aquello se acababa. Podría haberse apostado entonces por otros rituales cívicos más acordes con la nueva situación, pero era más fácil seguir con lo de siempre y eso es lo que se hizo a partir de 1982.
Por otra parte, con estas ideas justificadoras de la medalla se puede llegar donde uno quiera. Ya se sabe que las palabras lo soportan todo, pero decir que “Kichi” ha manejado la decisión de entregar una medalla a una virgen “de una manera muy laica” pone el listón muy alto. ¿Se puede hacer tal cosa de una manera laica? Lo verdaderamente laico hubiera sido haber respetado el reglamento municipal y rechazado como alcalde la intervención del Ayuntamiento en este asunto, y que a título personal y en privado José María González Santos se hubiera puesto al servicio de los dominicos para lo que gustaran.
Las cuestiones religiosas pertenecen a la esfera privada. Y entre esas cuestiones están incluidas todas las que dependen de la Iglesia por muy populares que sean. Un cofrade podrá ser agnóstico, pero desde el momento en que participa en rituales católicos entra en el ámbito de la Iglesia católica. Es desde la convicción de que la religión y sus ritos pertenecen a la vida privada de cada uno desde la que se reivindican hechos tan simples como que la religión salga de los ámbitos públicos, desde la enseñanza hasta la sanidad pasando por todo tipo de actos del Estado y de la Administración en todos sus niveles. Y es también desde ahí desde donde cabe exigir a las autoridades civiles que dejen de asistir como tales a eventos religiosos. Que vayan privadamente, pero no como cargos públicos.
Dicen que entregan la medalla a la virgen porque son pueblo y respetan las tradiciones populares. Olvidan que hay otro pueblo que va en otra dirección y que no se siente representado en decisiones como esta ni se reconoce en toda la parafernalia que acarrean los rituales católicos, que soportan estoicamente a lo largo de todo el año. Si quieren representar a todo el pueblo deben estar por encima de la cuestión religiosa y de sus manifestaciones. Su deber es atender las necesidades municipales de todo tipo pero sin implicarse en el terreno de las creencias. ¿Qué hace un Ayuntamiento entregando una medalla a una virgen? Suena a lo mismo que cuando el tal Fernández Díaz ministro de Interior hizo otro tanto: suena a reminiscencia franquista, lógica en el caso de Fernández e incomprensible en el caso de un alcalde que se dice de izquierdas. Realizar cesiones en este sentido para no perder votos ya sabemos que tarde o temprano acaba beneficiando a la derecha. El número de firmas da igual. ¿Qué tiene que ver el Ayuntamiento en esto y cómo es posible decidir tal cosa por unos pliegos de firmas?
Por otra parte, como bien sabemos en este país, el concepto de “lo popular” da para mucho. ¿Habrá algo más “popular” que la romería del Rocío? Durante la primera etapa de la II República sirvió para desestabilizar la situación política y para preparar el terreno de cara al golpe de Sanjurjo en el que sería su principal escenario: Sevilla. No puede imaginarse lo “popular” que resultó que una masa alentada por la burguesía agraria con la virgen del Rocío en ristre y con un cura en cabeza ocupara el Ayuntamiento de Almonte tras expulsar y detener a las autoridades. Y es que en España la religión siempre ha constituido un instrumento al servicio de la derecha. Lo fue en el siglo XIX, en el XX y en lo que va del XXI. Iglesia y dictadura fueron una misma cosa y debe dar tal miedo el poder de la primera que nadie desde la transición se ha atrevido a plantar cara a la anómala situación existente. La estrecha relación entre Iglesia y Estado y entre religión y política debe desaparecer, aunque solo sea por las terribles consecuencias que ha tenido en nuestra historia y sin olvidar además que dicha unión ha traído siempre más beneficios a la primera que al segundo. Sería la única forma de superar no ya los brotes anticlericales, cosa del pasado, sino la presión clerical, cosa del pasado y del presente.
En España la Iglesia ocupa un espacio muy superior al que le corresponde. Da igual que su influencia esté en decadencia. Ahí sigue recibiendo miles de millones de todos y pontificando urbi et orbi sobre todo lo que le viene en gana. ¿A quién representan los obispos y la Conferencia Episcopal? ¿Acaso a la sociedad española? Pues bien, esta Iglesia es la misma que controla la semana santa por muy “popular” que esta sea. Pensar que es del pueblo es ignorar que la Iglesia tiene experiencia de siglos en manejar estas cuestiones y sabe cuándo dar más cuerda y cuándo reducirla sin perder nunca el control. Y quien tenga duda que eche un vistazo a los boletines cofradieros.
En cuanto a que los urbanitas de izquierdas debemos aprender a respetar las tradiciones hay que decir que dichos urbanitas estamos hartos de soportar “tan arraigadas tradiciones”: hartos de ensayos y de procesiones sin fin, de cohetes, de interminables toques de campanas, de cornetas y tambores, de alardes eclesiástico-populares de todo tipo e incluso de actos y celebraciones en lugares públicos que recuerdan a las “misiones interiores” de los años cuarenta. Porque para la Iglesia, cuyo victimismo no tiene límites, no existen los espacios cívicos. La calle es suya. Todo es suyo.
José María González Santos “Kichi” decidió cambiar el retrato de rey que presidía su despacho por el de Fermín Salvochea. La prensa resaltó el gesto al igual que su participación anterior en una comparsa de carnaval en la que se decía: “Si yo fuera alcalde de Cádiz sería un alcalde como Salvochea”. Pero no es tan fácil. Este, alcalde de la ciudad durante la I República (1873-1874), fue un firme partidario de la separación Iglesia/Estado. En su primer año como alcalde suprimió las fiestas religiosas sustituyéndolas por fiestas cívicas, cambió los nombres de santos que tenían las escuelas municipales por los de principios y virtudes, y sustituyó la enseñanza religiosa por clases de moral universal. Algunos escritos suyos harían que aún hoy cayese sobre él la “ley mordaza”. Me pregunto qué pensaría Salvochea, que mantenía que el Ayuntamiento debía mantenerse ajeno a toda religión, de la entrega de la medalla a una virgen por parte de un alcalde de izquierdas. Lo que es seguro es que la curia y la derecha gaditana verán con agrado que la pasión que el actual alcalde de Cádiz siente por Salvochea se limite a tener su retrato en su despacho.
http://blogs.publico.es/otrasmiradas/9180/9180/
"Nuestra historia, un agujero de enormes proporciones", por Fernando Hernández Sánchez
Nuestra historia, un agujero de enormes proporciones
Existe un déficit democrático que, pese a algunas gesticulaciones, apenas ha preocupado hasta la fecha a los gobiernos del turnismo ni a los editores de libros de texto
FERNANDO HERNÁNDEZ SÁNCHEZ
Si cada verano cuenta con su avistamiento del monstruo del lago Ness, con periodicidad algo más breve afloran en los medios escritos que proporcionan alimento espiritual y combustible ideológico al conservadurismo español los toques de alerta ante la manipulación de la historia que se enseña en aquel vasto territorio que se extiende, dicen, más allá de los confortables límites del barrio de Salamanca. Con motivo de la comparecencia de expertos ante la subcomisión parlamentaria encargada de estudiar las posibilidades de un pacto educativo, las declaraciones del máximo responsable del oligopolio de las editoriales de libros de texto han enervado, una vez más, a quienes se encuentran en permanente estado de ansiedad por el inminente riesgo de disolución de la que llaman la nación más antigua de Europa: “Recibimos presiones por parte de las Comunidades Autónomas para ajustar los contenidos de los manuales”.
“¡Adoctrinamiento!”, concluye el partido que sustenta el gobierno central. “¡Evitemos la manipulación y la pérdida del rigor histórico!”, clama un portavoz de la nueva política cuya sedicente biografía de Azaña prologó un tal Pío Moa. Concedamos a todas estas exclamaciones el mismo beneficio en cuanto a lamento por la inocencia mancillada que a aquello de “¡Es un escándalo! ¡He descubierto que aquí dentro se juega!”, que declamaba el capitán Renault en Casablanca, y hagamos un repaso del contexto.
La enseñanza de Historia siempre se ha planteado como un terreno de combate, aquí y en los países en que existe, desde hace siglo y medio, un sistema de educación obligatoria para la ciudadanía. No hay que remontarse a la “querella de los historiadores” sobre el pasado alemán del siglo XX ni a la revisión del papel de Vichy en Francia: basta con ver lo que ocurre actualmente en la Europa central y oriental donde, tras la implosión del bloque socialista, las interpretaciones historiográficas han experimentado una evolución que oscila entre el encumbramiento de un hipernacionalismo con preocupantes ribetes xenófobos en Ucrania y los países bálticos, y la Rusia de Putin, donde realidades contrapuestas como el zarismo y la Revolución de Octubre se han sintetizado como herencia cultural común en pos de la conformación de una nueva identidad basada en los aspectos consensuados y no controvertidos de la historia nacional.
En el caso español, no es necesario acudir a un plantel de expertos en la Reconquista o en los avatares dinásticos de la Edad Moderna para diagnosticar las carencias y distorsiones de la historia enseñada. Si nos remitimos a nuestra historia inmediata, aquella en la que se han configurado los rasgos de la sociedad en la que nuestros jóvenes van a insertarse como ciudadanos activos, llegaremos a la desazonadora conclusión de que su tratamiento constituye un agujero negro de enormes dimensiones. Cuando culmine el intervalo entre dos convocatorias electorales ordinarias, dos millones y medio de nuevos ciudadanos serán llamados a elegir a sus representantes para que tomen decisiones que afectarán a sus vidas, afrontando problemas cuyas raíces se hunden en procesos de la historia reciente sobre los que apenas habrán recibido formación escolar alguna. Desde comienzos del siglo XXI, habrán sido entre ocho o nueve millones quienes hayan hecho este recorrido, quizás más si tenemos en cuenta las elevadas tasas de abandono escolar prematuro hasta el estallido de la crisis en 2008. Por añadidura, es probable que más de la mitad de los que aún permanecen dentro del sistema educativo reciban apenas una información superficial, lineal o inexplicablemente menguada sobre episodios fundamentales como la Segunda República o la Guerra Civil. Y prácticamente ninguna sobre la dictadura franquista o la transición.
El resultado de lo anterior adquiere los rasgos de un déficit democrático que, pese a las gesticulaciones citadas, apenas ha preocupado hasta la fecha a los gobiernos del turnismo ni a los editores de manuales. Y han tenido sobrado tiempo para remediarlo. En febrero de 2010, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) hizo pública una encuesta realizada a tres mil personas en la que el 40% afirmó que la culpa del estallido de la Guerra Civil la tuvieron los dos “bandos” por igual y el 36% que ambos causaron las mismas víctimas. El 58% afirmó que “el franquismo tuvo cosas buenas y cosas malas” y un 35% valoró que, con Franco, “había más orden y paz”, aunque a continuación, un 80 y un 88% admitiesen, respectivamente, que durante ese periodo se violaron los derechos humanos y no había libertad de expresión. El 74% creía que la transición constituía un motivo de orgullo para los españoles, aunque el 56% ignorase cuándo se aprobó la Constitución. El 69% afirmó que recibió poca o ninguna información sobre la Guerra Civil en el colegio o el instituto. El autor de estas líneas recogió durante el curso 2013/14 una muestra sobre el nivel de conocimientos acerca de hechos, procesos, personajes y lugares emblemáticos de la historia española de los últimos setenta y cinco años entre un centenar de estudiantes universitarios madrileños en el ecuador de su carrera de Magisterio. El 30% no sabía cuántos años estuvo Franco en el poder (creían que menos de 30 años). El 45% desconocía qué fue el maquis. El 71,6% ignoraba en qué consistió el proceso 1.001. El 58% desconocía qué fue el Tribunal de Orden Público. El 79,5% no sabía en qué año se produjeron las últimas ejecuciones en España (casi un 40% desconoce incluso que las hubiera). El 47% no supo señalar en qué año se aprobó la actual Constitución. Un 98% y un 95% identificó Cuelgamuros y el Guernicade Picasso entre los hitos monumentales de nuestro pasado reciente, pero solo un 66% y un 45% respectivamente acertó a contextualizarlos. Nadie reconoció ni supo explicar, sin embargo, el monumento a los abogados laboralistas de Atocha y menos del 7% lo hizo con el monumento a la Constitución de 1978.
¿Ignorancia? Cierto, pero en lo tocante a la Historia reciente de España cabría especular si no es la que cabría esperar teniendo en cuenta cómo fue la formación de estos aprendices de profesores en las etapas previas a la universidad: solo el 27% de los encuestados vio los contenidos relativos a la Segunda República, la Guerra Civil, el franquismo y la transición durante su educación obligatoria (4º de ESO). El 73% tuvo que esperar a 2º de Bachillerato y afrontar su estudio con la premura de la preparación de la selectividad. Solo el 21,5% de sus profesores abordó los temas con detenimiento y profundidad frente a un 28,4% que lo hizo deprisa y superficialmente con pretextos como rehuir la polémica política o la proximidad a los hechos (¡casi 80 años después de la guerra y 40 de la muerte del dictador!). Podría pensarse que, a la vista de todo esto, la contemporaneidad reciente es un territorio perdido para las nuevas generaciones. Nada más lejos: el 76% de los estudiantes reconoció tener unos conocimientos bajos o medio-bajos sobre los episodios clave de nuestra historia contemporánea, pero al mismo tiempo un significativo 79,5% mostró por ellos un interés alto o medio-alto.
Añadamos a todo esto la persistencia, en cuanto a las explicaciones manifestadas sobre los hechos de aquel pasado, de un auténtico “canon de hierro” que ha troquelado una serie de rasgos perdurables en el marco social de la memoria española: la Guerra Civil como locura colectiva, una confrontación entre hermanos impelidos a la lucha por un sino trágico y unas minorías políticas y ambiciosas; y la teoría del empate moral sobre las responsabilidades por el estallido de la guerra, repartidas por igual entre ambos bandos, y en la violencia de retaguardia, evaluada en cotas similares y ejecutada por grupos minoritarios sin más explicación que la exaltación de las pasiones y los odios. A esta mistificación a beneficio de una intencionalidad presentista han contribuido en buena medida los manuales escolares con el establecimiento de una secuencia cronológica de naturaleza teleológica. La Segunda República y la Guerra Civil aparecen indefectiblemente juntas, lo que condena a aquella como preámbulo indefectible de esta.
El franquismo queda encapsulado en su propia temporalidad, ajeno a su origen en y como causante de la Guerra Civil, como si la dictadura no se hubiese reivindicado hasta el final a sí misma como “el Estado del 18 de julio” y su régimen no hubiera sido, parafraseando a Clausewitz, la continuación de la Guerra Civil por otros medios. Queda asimismo separado de la democracia actual, cuya genealogía se construye sobre su superación, obviando las inercias, las contradicciones y los conflictos insertos en un complejo proceso evolutivo.
Un acotamiento que con el resurgir de tendencias revisionistas a comienzos del siglo XXI ha dado lugar a que el franquismo haya llegado a ser designado con vergonzantes o ridículos eufemismos como “el régimen anterior” o “el periodo predemocrático”.
Un elemento que conforma la orientación de los libros de texto, no curricular pero en absoluto desdeñable, es la comerciabilidad. El mercado al que los manuales están destinados (centros públicos o centros privados y/o concertados) determina según qué orientaciones. Los editores de libros de texto admiten que, sin que se pueda hablar de censura, una determinada orientación sobre ciertos temas puede acarrear que determinadas escuelas, en particular las privadas, no adopten un manual, lo que determina la apuesta de las editoriales por versiones adaptadas al canon conservador en el tratamiento de algunos temas. Las dobles líneas editoriales y el plegamiento de los contenidos a las demandas del mercado darían la razón a Dewey y Freire cuando advirtieron que las fuerzas comerciales terminarían por actuar en contra de la política escolar y de los objetivos educativos.
Es preciso señalar que, en no pocas ocasiones, los manuales adolecen de una deficitaria incorporación de los avances de la historiografía actualizada, de una simplificación derivada de confundir divulgación con vulgarización y de groseros errores factuales. No es raro seguir leyendo que bajo la República se produjeron oleadas de huelgas, quemas de iglesias y enfrentamientos armados de grupos antagonistas, mezclando el legítimo ejercicio de un derecho constitucional con manifestaciones de piromanía anticlerical y actos terroristas, muy al estilo de los discursos coetáneos de Gil Robles. O que Calvo Sotelo, con doce escaños frente a los ochenta y ocho de la CEDA, era el líder de la derecha. O que su asesinato fue el desencadenante de la Guerra Civil, obviando lo que hoy sabemos acerca del tiempo largo de la trama conspirativa. Se sigue empleando “bando” para referirse a las partes en guerra, como si el gobierno legítimo y los sediciosos estuviesen en idéntico plano de legitimidad, e incluso algunos textos recuperan para estos últimos la denominación de “nacionales”. Se abunda en la fuerte influencia comunista --dos carteras de once- en los gobiernos de Juan Negrín. Se afirma que la represión en las retaguardias fue simétrica, de parecida magnitud e irracional. En definitiva, a pesar de los años transcurridos y de la producción historiográfica del último tercio de siglo, aún no existe una transposición didáctica, por ejemplo, de los aportes de Herbert Southworth y Paul Preston sobre el golpe de Estado; de los trabajos de Ángel Viñas o Enrique Moradiellos sobre la internacionalización del conflicto; de los estudios de Gabriel Cardona o Michel Alpert sobre la dinámica militar; de las reflexiones de Julio Aróstegui, Helen Graham o Alberto Reig Tapia sobre la dinámica política y social; de las conclusiones sobre la violencia y la represión de Julián Casanova, Francisco Espinosa, Francisco Moreno o Ricard Vinyes.
Dada la importancia que tienen los recursos gráficos en los manuales, y partiendo de la base de que la ilustración no es un mero adorno, el repertorio de imágenes deja traslucir un discurso oculto que legitima la percepción vulgar de cada periodo histórico. La República evoluciona del entusiasmo popular inicial (Puerta del Sol el 14 de abril, sufragio femenino, misiones pedagógicas) a la radicalización y el enfrentamiento fratricida (Casas Viejas, Asturias, quema de conventos, extrema polarización). La secuencia iconográfica del franquismo revela que, tras una fase de penuria y aislamiento (cartillas de racionamiento, censura de prensa y cine, entrevista Franco/Hitler en Hendaya), el régimen fue capaz de sentar las bases del desarrollismo económico de la mano de su alianza con los Estados Unidos (Eisenhower, Seat 600, turismo, electrodomésticos) con algunas inevitables alteraciones del orden público (cargas policiales en la universidad). En la transición, imperan las instantáneas que reflejan el consenso (referéndum de la reforma política, autonomías, sesiones del Congreso) y el pacto de élites pilotado por la Corona. Junto a lo que exponen, es preciso también resaltar lo que los manuales invisibilizan. Episodios como el exilio, la resistencia interior, la presencia de republicanos españoles en la guerra mundial y en los campos nazis, las cárceles, campos y trabajos forzados, las ejecuciones, las leyes de excepción y tribunales especiales (TOP), la clandestinidad, el movimiento obrero, estudiantil y vecinal, la Ley de Peligrosidad Social, la censura moral e intelectual y, en definitiva, la trágica aritmética del franquismo no reciben la atención proporcional que merecen.
No estaría mal que todas esas almas sensibles que se alarman por las periódicas apariciones del monstruo secesionista del lago de Banyoles se preocuparan de que las nuevas generaciones dispusieran de las claves para conocer a qué precio se pagaron las libertades que con tanto ahínco dicen defender. Y quiénes fueron los que más contribuyeron a su consecución. Quizás eso haría más por la cohesión colectiva que las invocaciones retóricas a la función inspectora. Aparte de que sea una deuda que la democracia actual y su sistema educativo aún no han satisfecho. Nunca es tarde.
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Fernando Hernández Sánchez. Profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales. Facultad de Formación de Profesorado y Educación, UAM.
http://ctxt.es/es/20170531/Firmas/12991/historia-guerra-civil-franquismo-manipulacion.htm
miércoles, 7 de junio de 2017
"Lo de los estibadores es inaceptable", por Isaac Rosa
Lo de los estibadores es inaceptable
A base de insistir en lo importante que son los puertos para desprestigiar la huelga, acabaremos dudando de si merece la pena liberalizar un recurso tan estratégico
Isaac Rosa
Si queda por ahí algún despistado que todavía apoye la huelga de los odiosos estibadores, ahora mismo le quito las tonterías. A ver, izquierdistas ingenuos, nostálgicos del obrerismo, sindicalistas de salón, tomad nota de unos cuantos datos in-con-tes-ta-bles, y veréis cómo os acaba pareciendo inaceptable que unos pocos trabajadores pongan en jaque un país entero al cerrar los puertos.
Los datos hablan solos, con los puertos no se puede jugar: el 60% de las exportaciones y el 86% de importaciones pasan por ellos. Cada año, mercancías por valor de 200.000 millones, el 20% del PIB español. Repito: el 20% del PIB español. 15 millones de contenedores en 2016, 500 millones de toneladas. Un solo día de paralización cuesta una media de 50 millones de euros. Sectores clave dependen del puerto: industrias de todo tipo, comercio, alimentación, materias primas, componentes, químicas, siderurgia, cementeras, fabricantes de coches...
Datos incontestables, ¿eh? Yo mismo estoy impresionado. Yo intuía que los puertos eran estratégicos, pero vaya, no tanto. ¡El 20% del PIB circulando por ellos! ¡El 86% de importaciones! De hecho, estoy pensando que… Nada, una tontería, olvídenlo. A lo que íbamos: es inaceptable que 6.000 trabajadores defiendan sus derechos (perdón, sus privilegios) a costa de dañar a tantos sectores.
¡Mercancías por valor de 200.000 millones! ¡500 millones de toneladas! ¡Fabricantes de coches que no reciben un tornillo que no pase por el puerto! Vaya, vaya. Se me ocurre que si los puertos son tan, tan, tan importantes como estos días repiten Gobierno, empresarios y medios, pues igual eso de liberalizarlos, no sé… Nada, no me hagan caso, que se me va la cabeza. Yo venía a convencerles de que la huelga es un disparate, porque afecta a un elemento estratégico para el país y que...
Digo estratégico, y me quedo corto. Se me olvidaba que España es entrada y salida de Europa. Más que estratégico. Mira tú que si al final todo el conflicto no tiene que ver con los "privilegios" de unos pocos trabajadores, sino con el pastel enorme que se despacha en los puertos, y al que aspiran inversores internacionales. No sé, igual "liberalizar" la estiba es un paso imprescindible para acabar de "liberalizar" los puertos: dejarlos baratitos y limpios de la molesta interferencia de esos sindicatos, porque en el horizonte se anuncian operaciones multimillonarias que no quieren estorbos.
Qué tonterías se me ocurren, verdad. Yo venía a criticar la huelga, y ya ven: a base de escuchar tantas veces eso de que los puertos son fundamentales, acabaré pensando que igual los tiros iban por otro lado, y que los estibadores más que unos privilegiados son un obstáculo, una piedra en el camino del negocio que se espera generen esos puertos "estratégicos". A ver si lo inaceptable no es la huelga, sino que los trabajadores tengan control sobre la manera en que se organiza su actividad, dónde se ha visto algo así. Y que encima, bajo ese control (perdón, "monopolio"), los puertos crecen y baten récords cada año.
Inaceptable, sí.
http://www.eldiario.es/zonacritica/huelga_estibadores_puertos_6_651344882.html
A base de insistir en lo importante que son los puertos para desprestigiar la huelga, acabaremos dudando de si merece la pena liberalizar un recurso tan estratégico
Isaac Rosa
Si queda por ahí algún despistado que todavía apoye la huelga de los odiosos estibadores, ahora mismo le quito las tonterías. A ver, izquierdistas ingenuos, nostálgicos del obrerismo, sindicalistas de salón, tomad nota de unos cuantos datos in-con-tes-ta-bles, y veréis cómo os acaba pareciendo inaceptable que unos pocos trabajadores pongan en jaque un país entero al cerrar los puertos.
Los datos hablan solos, con los puertos no se puede jugar: el 60% de las exportaciones y el 86% de importaciones pasan por ellos. Cada año, mercancías por valor de 200.000 millones, el 20% del PIB español. Repito: el 20% del PIB español. 15 millones de contenedores en 2016, 500 millones de toneladas. Un solo día de paralización cuesta una media de 50 millones de euros. Sectores clave dependen del puerto: industrias de todo tipo, comercio, alimentación, materias primas, componentes, químicas, siderurgia, cementeras, fabricantes de coches...
Datos incontestables, ¿eh? Yo mismo estoy impresionado. Yo intuía que los puertos eran estratégicos, pero vaya, no tanto. ¡El 20% del PIB circulando por ellos! ¡El 86% de importaciones! De hecho, estoy pensando que… Nada, una tontería, olvídenlo. A lo que íbamos: es inaceptable que 6.000 trabajadores defiendan sus derechos (perdón, sus privilegios) a costa de dañar a tantos sectores.
¡Mercancías por valor de 200.000 millones! ¡500 millones de toneladas! ¡Fabricantes de coches que no reciben un tornillo que no pase por el puerto! Vaya, vaya. Se me ocurre que si los puertos son tan, tan, tan importantes como estos días repiten Gobierno, empresarios y medios, pues igual eso de liberalizarlos, no sé… Nada, no me hagan caso, que se me va la cabeza. Yo venía a convencerles de que la huelga es un disparate, porque afecta a un elemento estratégico para el país y que...
Digo estratégico, y me quedo corto. Se me olvidaba que España es entrada y salida de Europa. Más que estratégico. Mira tú que si al final todo el conflicto no tiene que ver con los "privilegios" de unos pocos trabajadores, sino con el pastel enorme que se despacha en los puertos, y al que aspiran inversores internacionales. No sé, igual "liberalizar" la estiba es un paso imprescindible para acabar de "liberalizar" los puertos: dejarlos baratitos y limpios de la molesta interferencia de esos sindicatos, porque en el horizonte se anuncian operaciones multimillonarias que no quieren estorbos.
Qué tonterías se me ocurren, verdad. Yo venía a criticar la huelga, y ya ven: a base de escuchar tantas veces eso de que los puertos son fundamentales, acabaré pensando que igual los tiros iban por otro lado, y que los estibadores más que unos privilegiados son un obstáculo, una piedra en el camino del negocio que se espera generen esos puertos "estratégicos". A ver si lo inaceptable no es la huelga, sino que los trabajadores tengan control sobre la manera en que se organiza su actividad, dónde se ha visto algo así. Y que encima, bajo ese control (perdón, "monopolio"), los puertos crecen y baten récords cada año.
Inaceptable, sí.
http://www.eldiario.es/zonacritica/huelga_estibadores_puertos_6_651344882.html
viernes, 19 de mayo de 2017
Intervención en el debate “Ley de víctimas del franquismo, ¿una respuesta contra la impunidad?”
Intervención en el debate "“Ley de víctimas del franquismo, ¿una respuesta contra la impunidad?”
Jueves 18 de mayo, Centro Dotacional Integrado Arganzuela
Intervienen también:
Gregorio Cámara Villar Portavoz de la Comisión Constitucional del Grupo Parlamentario Socialista, y Sol Sánchez. Coportavoz de Izquierda Unida Madrid.
Muy buenas tardes a todas y a todos los presentes. Quiero comenzar
expresando mi agradecimiento, en nombre de la Federación Estatal de Foros por
la Memoria y del Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid, al Ayuntamiento
de Madrid, y más concretamente a la Junta Municipal de Arganzuela y a su
concejala, por la cesión de este espacio donde hoy nos encontramos.
Asimismo quiero expresar mi agradecimiento a los compañeros y a la compañera
que han aceptado nuestra invitación para participar en este acto, y queremos
que trasmitan ese agradecimiento a las direcciones de las fuerzas políticas a
las que representan.
Han disculpado su presencia hoy aquí, los grupos de Bildu y de
Compromís. Paso a leer las
comunicaciones que nos han hecho llegar:
Comienzo mi intervención explicando que una Ley integral
de Víctimas del franquismo es la propuesta central de la Federación Estatal de
Foros por la Memoria: hemos creído necesario desarrollar una proposición
sistematizada en la que llevamos trabajando algún tiempo. Porque estamos
convencidos/as de que, independientemente de las causas judiciales que se están
planteando tanto ante la justicia española como la de otros países, las trabas
para hacer efectivos los derechos de las víctimas del franquismo, son jurídicas
y políticas; también lo son las soluciones: revocar la legislación en la que se
sustenta la impunidad y promover una legislación que reconozca y promueva los
derechos de las víctimas.
Hemos elaborado un amplio borrador, abierto a modificaciones y a sugerencias
para su mejora y ampliación. El texto se ha enviado a expertos y se está
discutiendo su viabilidad con fuerzas políticas y sociales. Hemos celebrado
recientemente dos debates sobre el asunto en el Colegio de Abogados de Madrid,
con participación de expertos en Justicia Internacional y Derechos
humanos. Ambos actos han sido subidos a
Youtube, y en mi opinión su visión es muy recomendable.
El Proyecto de LVF se basa en dos ideas: primero, que el Estado español niega a las Víctimas
del franquismo el reconocimiento jurídico y los derechos y beneficios que se
conceden a otros colectivos de víctimas. La diferencia de trato no tiene base
jurídica ni lógica conforme a la definición de víctima de NNUU. En segundo
lugar, creemos que es indispensable que el Estado asuma las recomendaciones de los organismos
internacionales de DDHH.
La Ley de Víctimas del franquismo debe partir del principio de que las
víctimas del franquismo son víctimas de graves violaciones de derechos humanos.
Coincidimos con el fiscal Carlos Castresana (que por cierto, asistió al primer
debate en el ICAM) cuando escribía en junio de 2013:
"...las víctimas del franquismo tendrían que tener el mismo
estatuto jurídico que tienen las víctimas del terrorismo, ni mejor ni peor,
exactamente el mismo. Son víctimas de la violencia política, y si unas tienen
derecho a la memoria y a la justicia y a la reparación, no veo por qué las
otras no"
El Documento en el que estamos trabajando comienza con un Preámbulo o
Declaración de Motivos para justificar la necesidad de que, 40 años después de
la muerte física del dictador, sea necesaria e inaplazable una Ley de Víctimas
del franquismo.
El Borrador de Ley de Víctimas
del franquismo parte del reconocimiento
jurídico de las víctimas, y continúa con una serie de propuestas concretas,
agrupadas en los tres grandes bloques de Derechos establecidos por Naciones
Unidas para las víctimas de agresiones de derechos humanos: el Derecho a la
Verdad, el Derecho a la Justicia y el Derecho a la Reparación.
Buena parte del trabajo que hemos realizado se sustenta en diversos documentos: La Ley de Víctimas del
terrorismo aprobada por el Parlamento en septiembre por 2011; y los dos
Informes sobre el caso español presentados en septiembre de 2014 al Consejo de
Derechos Humanos de la ONU, uno por el Grupo de Trabajo sobre las
Desapariciones Forzadas o Involuntarias, y el otro, por el Relator Especial
sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de
no repetición. También nos hemos inspirado en el llamado “Manifiesto de la
Dignidad” presentado en 2014 por el Colectivo
de Víctimas del Terrorismo del País Vasco.
Una Ley de Víctimas del franquismo vendría a solventar definitivamente
el agravio comparativo que se ha
venido produciendo sobre las víctimas del franquismo con respecto a otros colectivos de víctimas que sí han tenido un
reconocimiento legal, una consideración justa y cuya problemática se ha
atendido por parte del Estado español. Lo más sangrante es que el elemento
diferenciador entre unos y otros colectivos no es su carácter de víctimas en
sí, conforme a la definición de Naciones
Unidas, sino que lo que las diferencia a todos los efectos es la identidad de
los victimarios.
La impunidad del franquismo vigente en el estado español, no sólo ha
seguido preservando hasta el día de hoy la impunidad penal de los verdugos,
sino que implica el no reconocimiento
jurídico y político de sus víctimas, y en consecuencia, la negación a todos los efectos de sus
derechos a la Verdad, a la Justicia y a cualquier forma de Reparación
material y simbólica. El franquismo fue un régimen ilegal que, a partir del
secuestro de la soberanía nacional por los golpistas del 18 de julio, ejerció
la violencia en múltiples formas contra la sociedad practicando el terrorismo
de Estado, sirviéndose para ello de las leyes y de las instituciones: el
ejército, las fuerzas de seguridad, el sistema judicial, la legislación
represiva emanada del gobierno y de las Cortes franquistas… Por tanto, la responsabilidad que tiene el Estado español
con respecto a las víctimas del franquismo es de mayor entidad y más directa
que con respecto a otros colectivos de víctimas, con las que sí se ha buscado
hacer justicia, incluso elaborando una legislación específica para ello.
Además debemos considerar que no
sólo son víctimas del franquismo quienes fueron objeto de alguna o varias de
las múltiples formas de represión ejercidas por la dictadura, sino que en un
sentido amplio, lo fue el conjunto de la
sociedad española.
Este Proyecto no pretende ser una ley de víctimas de la guerra civil
en general. En primer lugar porque la equidistancia y la igualación entre
quienes defendieron la democracia y quienes la agredieron debería ser
éticamente inaceptable por una sociedad democrática. Pero sobre todo, porque el
trato proporcionado a unas víctimas y a
otras por parte del Estado español, tanto en dictadura como en democracia,
ha sido con respecto a las víctimas del franquismo abrumadoramente injusto y
discriminatorio.
Las víctimas del franquismo y
sus familias, no sólo han tenido que soportar décadas de políticas públicas de silencio y olvido que apenas se
corrigieron tras el fin de la dictadura, sino que además tuvieron que seguir
padeciendo durante muchos años múltiples formas de represión y perpetuación de
la injusticia.
Uno de los objetivos
fundamentales de una Ley de Víctimas del franquismo debe ser corregir esta enorme injusticia y
desagraviar en lo posible, tras el tiempo transcurrido, a las víctimas de
tanta ignominia.
También se debe tener en
consideración que las agresiones contra los derechos humanos no sólo se produjeron durante la guerra de
1936-1939 y los años inmediatamente posteriores. La dictadura y sus políticas
represivas se extendieron hasta al menos, las elecciones democráticas de 1977,
cuando no hasta la promulgación de la Constitución de 1978. Es decir, que
múltiples hechos criminales como torturas y asesinatos, son coetáneos con las violaciones de derechos
humanos que siguen siendo perseguidas, que han sido juzgadas y han
terminado por lo general con contundentes condenas penales en otros países del
mundo, como los crímenes de las dictaduras del Cono Sur americano. En
consecuencia, no renunciamos a la acción penal contra los responsables de
agresiones a los derechos humanos, independientemente de su edad tal y como
sucede en países de nuestro entorno, como Alemania.
A modo de resumen, señalaré las principales líneas que se
desarrollarían en el articulado en nuestra propuesta de Ley de Víctimas.
En el primer
bloque, que titulamos “El Derecho a la verdad de las víctimas del franquismo.
El Derecho y el Deber de verdad de la sociedad española”,
hablamos, entre otros temas,
ü De la
retirada de la simbología franquista
ü De
declaraciones de naturaleza política y actos públicos de reconocimiento;
ü Del Mapa
de fosas de personas desaparecidas;
ü Del
tratamiento de los lugares de memoria;
Presentamos una propuesta avanzada sobre Legislación de Archivos orientada
a gestionar y garantizar el derecho de acceso a la información de víctimas,
investigadores y del conjunto de la sociedad.
En el
bloque del “Derecho a la Justicia” tratamos, entre otras cuestiones
ü La
Anulación de las sentencias franquistas, con una propuesta concreta por la que
recomendamos seguir el procedimiento utilizado en la República Federal Alemana
para la anulación de las sentencias represivas del nazismo (1998 y 2002), tal y
como se desarrolla en un documento del Equipo Nizkor de derechos humanos,
enviado a los diputados españoles en 2010.
ü La
exhumación judicializada de todas las fosas comunes del franquismo. Defendemos
que la Ley de Víctimas del franquismo
debe manifestarse expresamente contra la privatización y la gestión administrativa de las fosas comunes consagrada
por la Ley de Memoria Histórica de 2007, por cuanto se tratan en primer lugar, de
pruebas de crímenes contra la Humanidad.
ü También
consideramos que hay que dar una respuesta estatal al tema de los niños y niñas
robados, a partir de la consideración de estas desapariciones forzadas como
crímenes contra la humanidad, delitos permanentes e imprescriptibles. Todo ello
considerado dentro de una trama organizada, por lo que no pueden seguir siendor
tratados como delitos individualizados.
En el
último bloque del “Derecho a la Reparación”, propugnamos la
reparación material y/o simbólica de la amplia y diversa tipología de víctimas
del franquismo, así como la creación de un Consejo participativo en la cual éstas,
directamente o representadas por el movimiento asociativo, puedan manifestar
las reivindicaciones comunes y específicas.
En resumen, proponemos a las
fuerzas políticas la promulgación en esta legislatura de un bloque legal,
centrado en la Ley de Víctimas del franquismo, pero que debería ir más allá, con una Ley de Archivos avanzada;
una solución definitiva al tema de El Valle de Los Caídos, o la declaración de
nulidad de la Ley de Amnistía de 1977 para impedir que siga actuando como ley
de punto final, tal y como la definen
las organizaciones internacionales de derechos humanos.
Durante el segundo Encuentro de
asociaciones de memoria histórica y de víctimas del franquismo celebrado en
mayo de 2016 en Madrid, la estrategia de proponer a las fuerzas políticas una
iniciativa legislativa común para la promulgación de una LVF, fue asumida por
la totalidad de las organizaciones. Hoy constituye la propuesta política del
conjunto de organizaciones adheridas al Encuentro, y se inspira en la llamada
Carta de Vicálvaro consensuada entre todas ellas en septiembre de 2015 y hoy
suscrita por 88 organizaciones. La propuesta política del Encuentro va a ser
actualizada próximamente, en la reunión (la tercera) que vamos a celebrar en
Vicálvaro el próximo mes de junio.
Esta iniciativa se ha trasladado
a las diversas fuerzas políticas y grupos institucionales, con buena acogida
por lo general, pero también con cierta distancia por la concurrencia con las diversas
iniciativas sobre memoria histórica de los grupos políticos desde que en Junio
pasado comenzó la legislatura. Nuestra propuesta, en el marco del Encuentro, será promover la convergencia
estratégica del movimiento memorialista y de las fuerzas políticas sensibles a
esta problemática en torno a una LVF. Queremos convencerlas de que las
múltiples iniciativas políticas particulares que se están presentando tienen un
recorrido limitado, y que deberíamos aunar esfuerzos a partir de la Carta de
Vicálvaro y de las recomendaciones al Estado español de los organismos
internacionales de derechos humanos.
Esto podría plasmarse en una
elaboración conjunta del proyecto de ley; o por ejemplo, tal y como nos han sugerido
en alguna ocasión, mediante la constitución de una ponencia específica en la
Comisión de Justicia del Congreso.
Para finalizar, nos ponemos a vuestra disposición para haceros llegar
el borrador del documento de proposición de Ley de Víctimas del Franquismo a quien no lo tenga aún, así
como para recoger vuestras sugerencias, y para explicar pormenorizadamente
nuestra propuesta.
martes, 9 de mayo de 2017
"El día que sacamos a Franco del Valle de los Caídos", por Isaac Rosa
El día que sacamos a
Franco del Valle de los Caídos
Isaac Rosa. El Diario, 08/05/2017
Y
llegó por fin el día de sacar a Franco del Valle de los Caídos. Ha costado
años, leyes de memoria, recomendaciones de expertos, proposiciones
parlamentarias, ofrecimientos de
asociaciones, resistencias judiciales y del gobierno de turno, pero por fin en
esta mañana primaveral se va a proceder a la exhumación del dictador, para
entregar su cuerpo a la familia. Un día histórico, todo el país pendiente de
televisores y redes sociales, numerosos curiosos se han acercado a la Basílica
y cientos de nostálgicos franquistas cantan el 'Cara al Sol'.
Los
operarios hacen palanca en la enorme lápida y a la de una, a la de dos y a la
de tres, ¡plop! Todos los presentes se sorprenden al oír lo que parece un
descorche o una lata de refresco al abrirse. Retirada la lápida, queda a la
vista la sepultura como un enorme agujero negro, se diría sin fondo. De pronto
empieza a temblar el suelo. ¿Un terremoto en la sierra madrileña? También las
paredes, arcos y capillas tiemblan, y aquí y allá se van soltando piedras,
losas, ladrillos, cruces, mientras todos salimos a la carrera de la Basílica.
Pues sí, parece un seísmo.
El
edificio, deteriorado por los años y la humedad, se resquebraja, caen los muros
y bóvedas, y los pedazos de granito empiezan a girar alrededor de la tumba
abierta, como el remolino de un desagüe. Por el agujero de la sepultura van
desapareciendo todos los elementos arquitectónicos que se desprenden sin
tregua, pues tras la basílica también se derrumban la abadía, la escolanía y la
hospedería, cuyos restos son engullidos por el sumidero en espiral.
Ante
el asombro de los telespectadores, el agujero se traga todo lo que hay
alrededor: las estatuas de Juan de Ávalos, la Piedad descomunal, los
evangelistas, las cuatro virtudes cardinales, los cuatro jinetes del
apocalipsis, todos de cabeza al hoyo. y entre los restos de la cripta también
los huesos de los combatientes franquistas cuyos familiares no quisieron
retirarlos, incluidos los de José Antonio, presente.
Los
monjes benedictinos huyen a la carrera, aunque alguno es arrastrado por el
torbellino en el que también han quedado atrapados los cientos de franquistas
que habían acudido a rendir honores, y muchos otros ultraderechistas que desde
kilómetros a la redonda son atraídos como por un potente imán. Fíjense, ahí va
también la Fundación Francisco Franco al completo, todos brazo en alto mientras
son tragados por el irresistible vórtice.
De
pronto, la gran cruz de granito, la más alta de la cristiandad, se desploma con
estruendo, y sus pedazos giran un instante alrededor de la tumba abierta antes
de desaparecer. Hay un momento de calma, no queda una sola piedra alrededor que
no haya sido tragada (eso que nos ahorramos en dinero público y en dinamita), ya no queda nada que
resignificar ni centro de interpretación ni
"Valle de la Paz" posible, pero ¿han oído eso? Por todas
partes se oye un chirrido insoportable: el de cientos de piedras arrastrándose
hacia este epicentro. Desde todos los pueblos de España llegan cruces de los
caídos, placas de calles, rótulos de caídos por Dios y por España, y hasta el
Arco de la Victoria se desliza desde Moncloa por la carretera de la Coruña para
lanzarse al fondo de la tumba.
Como
una inundación, oleadas de tierra removida desembocan en el Valle desde todos
los rincones y se vierten al interior del agujero: es la tierra que cubría las
fosas comunes y que una vez retirada ha dejado en su sitio miles de cadáveres
para ser identificados, entregados a sus familiares y honrados como merecen.
El
tsunami franquista no termina, la capacidad de esta tumba para tragar restos
fascistas no parece tener fin: en el remolino manotean los últimos torturadores
vivos de la dictadura (incluido Billy el Niño), y no pocos torturadores de la
democracia que aprendieron en aquella escuela. Junto a ellos, empresas que
hicieron fortuna con el saqueo de la posguerra, con la mano de obra prisionera
o con el favor de la dictadura, corruptos de entonces y de ahora, unos cuantos
jueces y fiscales herederos del viejo TOP, aristócratas ennoblecidos por la
dictadura, médicos y monjas que robaron niños, varios académicos de la
Historia aferrados al diccionario
biográfico, Martín Villa de la mano de unos cuantos elefantes de la Transición,
una parte del Partido Popular con Rafael Hernando pidiendo que "dejen a
los muertos descansar en paz", obispos reaccionarios y el mismísimo
concordato vaticano, los últimos restos de franquismo sociológico y, como esto
no se pare, igual arrastra hasta la monarquía, vaya usted a saber.
Qué
espectáculo, lo nunca visto. Ahora se entiende la resistencia que algunos han
mostrado durante décadas para impedir que Franco salga del Valle de los Caídos.
Pensábamos que su tumba era la clave de bóveda del franquismo y resulta que era
el tapón del desagüe, la pieza cuya retirada iniciaría el desguace definitivo
del franquismo.
Una
vez tragado todo, los operarios proceden a recolocar la lápida y dan unos
saltitos sobre ella para asegurar que está bien cerrada. Vámonos a casa.
martes, 2 de mayo de 2017
"Cara al sol y de espaldas a la memoria", por Javier Gallego
Cara al sol y de espaldas a la memoria
Ningún país digno y maduro permite que los asesinos y sus herederos se rían de las víctimas
Javier Gallego
02/05/2017
El otro día fueron unos fascistas cantando el Cara al Sol en el entierro de un ex ministro de la dictadura, en presencia de un ex ministro de la democracia, y otras veces son fachas que levantan orgullosos el brazo y agitan la bandera del pollo, políticos y tertulianos que defienden abiertamente monumentos y calles franquistas o jueces que llaman víctima del terrorismo al asesino Carrero Blanco. Ninguno siente bochorno por hacer apología de un régimen golpista y una dictadura genocida. No sienten reprobación por enaltecer a unos criminales que dieron un golpe de Estado contra el orden constitucional, provocaron una guerra civil que destruyó al país e impusieron durante 40 años un sistema totalitario.
No sienten vergüenza porque este país no se la hace sentir, porque este país no recuerda que el franquismo fuera así, no recuerda que fuera para tanto, no recuerda que fuera gran cosa, no exageremos, lo recuerda como una plácida dictadura, 40 años de paz, mira Cuéntame, tampoco se estaba tan mal, con Franco había más seguridad, no había tanta delincuencia, con Franco no había pobres ni había corrupción y ahora todos dicen que corrían delante de los grises pero Franco murió en la cama, será porque los españoles lo querían, etcétera. No sienten vergüenza porque este país no se acuerda de que el franquismo mató y torturó durante cuatro décadas. Los franquistas no tienen vergüenza porque este país no tiene memoria.
El blanqueamiento del pasado a través del olvido forzado ha sido un éxito. Han conseguido imponer la atroz versión de que necesitábamos un golpe de Estado y una dictadura militar que apaciguara un país que era ingobernable por culpa de la democracia. Han hecho creer a los españoles que son iguales las muertes de ambos bandos, que es lo mismo la represión contra unos sublevados que los asesinatos perpetrados por los golpistas: lo mismo defender la democracia que atacarla. Es como si los franquistas no hubieran sido tan fascistas como el resto de fascismos europeos, como si los franquistas no hubieran derrocado un sistema democrático provocando un derramamiento de sangre de medio millón de víctimas y cuarenta años de dictadura, atraso, censura, asesinatos y tortura.
España ha olvidado lo que el franquismo le ha hecho a España. La impunidad no es sólo judicial, la amnistía también es social. Por amnesia y por ignorancia. No sólo no recordamos, en muchos casos ni sabemos. No sabemos del genocidio franquista que mandó a las cunetas y fosas comunes a más de 130.000 personas. No sabe que somos el segundo país del mundo con más fosas, sólo después de la Camboya del sanguinario Pol Pot. Desenterrarlas no es reabrir heridas sino cerrar las de quienes aún las tienen. Abrir las cunetas es abrir las páginas de nuestra Historia para que sepamos lo que el franquismo le hizo a los españoles y para que no permitamos que nadie nunca más vuelva a hacerlo ni se enorgullezca de ello.
Ningún país digno y maduro permite que los asesinos y sus herederos se rían de las víctimas. Ellas no merecen que este país siga viviendo cara al sol, cegado por la mentira, y de espaldas a la memoria.
http://www.eldiario.es/carnecruda/lo-llevamos-crudo/Cara-sol-espaldas-memoria_6_639446050.html
Ningún país digno y maduro permite que los asesinos y sus herederos se rían de las víctimas
Javier Gallego
02/05/2017
El otro día fueron unos fascistas cantando el Cara al Sol en el entierro de un ex ministro de la dictadura, en presencia de un ex ministro de la democracia, y otras veces son fachas que levantan orgullosos el brazo y agitan la bandera del pollo, políticos y tertulianos que defienden abiertamente monumentos y calles franquistas o jueces que llaman víctima del terrorismo al asesino Carrero Blanco. Ninguno siente bochorno por hacer apología de un régimen golpista y una dictadura genocida. No sienten reprobación por enaltecer a unos criminales que dieron un golpe de Estado contra el orden constitucional, provocaron una guerra civil que destruyó al país e impusieron durante 40 años un sistema totalitario.
No sienten vergüenza porque este país no se la hace sentir, porque este país no recuerda que el franquismo fuera así, no recuerda que fuera para tanto, no recuerda que fuera gran cosa, no exageremos, lo recuerda como una plácida dictadura, 40 años de paz, mira Cuéntame, tampoco se estaba tan mal, con Franco había más seguridad, no había tanta delincuencia, con Franco no había pobres ni había corrupción y ahora todos dicen que corrían delante de los grises pero Franco murió en la cama, será porque los españoles lo querían, etcétera. No sienten vergüenza porque este país no se acuerda de que el franquismo mató y torturó durante cuatro décadas. Los franquistas no tienen vergüenza porque este país no tiene memoria.
El blanqueamiento del pasado a través del olvido forzado ha sido un éxito. Han conseguido imponer la atroz versión de que necesitábamos un golpe de Estado y una dictadura militar que apaciguara un país que era ingobernable por culpa de la democracia. Han hecho creer a los españoles que son iguales las muertes de ambos bandos, que es lo mismo la represión contra unos sublevados que los asesinatos perpetrados por los golpistas: lo mismo defender la democracia que atacarla. Es como si los franquistas no hubieran sido tan fascistas como el resto de fascismos europeos, como si los franquistas no hubieran derrocado un sistema democrático provocando un derramamiento de sangre de medio millón de víctimas y cuarenta años de dictadura, atraso, censura, asesinatos y tortura.
España ha olvidado lo que el franquismo le ha hecho a España. La impunidad no es sólo judicial, la amnistía también es social. Por amnesia y por ignorancia. No sólo no recordamos, en muchos casos ni sabemos. No sabemos del genocidio franquista que mandó a las cunetas y fosas comunes a más de 130.000 personas. No sabe que somos el segundo país del mundo con más fosas, sólo después de la Camboya del sanguinario Pol Pot. Desenterrarlas no es reabrir heridas sino cerrar las de quienes aún las tienen. Abrir las cunetas es abrir las páginas de nuestra Historia para que sepamos lo que el franquismo le hizo a los españoles y para que no permitamos que nadie nunca más vuelva a hacerlo ni se enorgullezca de ello.
Ningún país digno y maduro permite que los asesinos y sus herederos se rían de las víctimas. Ellas no merecen que este país siga viviendo cara al sol, cegado por la mentira, y de espaldas a la memoria.
http://www.eldiario.es/carnecruda/lo-llevamos-crudo/Cara-sol-espaldas-memoria_6_639446050.html
"Espejo de té", por Isaac Rosa
Espejo de té
No recuerdo otra dirigente política en la España reciente que haya reunido tantos odiadores como Aguirre; tantos como damnificados dejó su gobierno
Isaac Rosa. El Diario,
20/04/2017
"Hoy para mí es un día verdaderamente triste", dijo Esperanza Aguirre al salir del juzgado, y miles, cientos de miles, quizás millones de madrileños dijeron todos a una: "Hoy para mí es un día verdaderamente feliz". A continuación Aguirre echó unas lágrimas, y esos miles, cientos de miles o millones se dividieron entre quienes se burlaban de su llanto, quienes le afeaban el teatrillo y quienes las dos cosas a la vez.
Solo ha sido un interrogatorio judicial, y además como testigo, pero en mi barrio me pareció oír petardos y trompetas futboleras. No quiero pensar la fiesta que se montará el día que le llegue la hora y sea ella la investigada, imputada o quién sabe si detenida, que no hay nada inverosímil a estas alturas. Lo raro es que no circule ya por whatsapp un pásalo tipo "el día que caiga Aguirre, todos a Sol a las 20h". Alguno tendrá ya el cava en la nevera.
No recuerdo otra dirigente política en la España reciente que haya reunido tantos odiadores a su alrededor como la expresidenta madrileña. Si no fuera porque es un fenómeno más regional que nacional, superaría al mismísimo Aznar de los días de guerra, chapapote y 11M. De hecho, ese parece ser su último servicio al PP, lo único que justifica ya su permanencia en la política: servir como diana, distraer nuestro desprecio, hacer buena a Cifuentes por contraste.
No es raro que tantos celebren su caída: en menos de una década de gobierno Aguirre dejó miles, cientos de miles, millones de damnificados. De su desgracia se alegran, en primer lugar, los votantes socialistas a los que birló la presidencia con el Tamayazo. A su alegría se suman profesores de la Marea Verde, médicos de la Marea Blanca, trabajadores de Telemadrid, colectivos vecinales que sufrieron sus atropellos urbanísticos, plataformas de todo tipo creadas para resistir sus políticas, usuarios de servicios públicos deteriorados y/o privatizados, pacientes de hospitales y ambulatorios sometidos a su experimento sanitario, madres y padres de la escuela pública, estudiantes seudobilingües, y en general cualquier dañado por el neoliberalismo versión Aguirre (mix castizo de libre mercado, mamandurria y saqueo de lo público).
Añadan a la celebración a muchos otros madrileños que, sin pertenecer a ninguno de los colectivos anteriores o no molestándoles tanto esos destrozos, sí se sienten asqueados por el pillaje que las ranas aguirristas han hecho sobre el dinero público con Gürtel, Púnica, Fundescam, Canal y demás tramas y tramitas. Y por último, sumen a no pocos compañeros de partido que también festejan hoy.
Junto a quienes celebran, habrá quien se solidarice con su desgracia, claro. Algunos afectos quedarán entre sus votantes, pues no hay que olvidar que Aguirre ha sido tan odiada como querida, ganando mayorías históricas para el PP y conectando ideológica y emocionalmente con un sector de la población que la adoraba. Algunos quedarán, como también la acompañarán en el sentimiento todos aquellos jetas que vivieron su gobierno como una barra libre sin fin.
Hace diez años, cuando el aguirrismo estaba en su máximo apogeo, Telemadrid lanzó una campaña promocional que se convirtió en uno de los mayores autotroleos de la historia, inolvidable. El lema era "Espejo de lo que somos", presentando la televisión madrileña como un espejo de los ciudadanos, pero muchos leímos "Espe jode lo que somos", referido a Esperanza (Espe) Aguirre. Maravilloso.
Yo hoy le he puesto un título poético a mi artículo, porque tengo el día inspirado, pero habrá quien quiera leer otra cosa. Es el odio que os nubla la vista, cuidado.
http://www.eldiario.es/zonacritica/Esperanza_Aguirre_corrupcion_6_635246489.html
No recuerdo otra dirigente política en la España reciente que haya reunido tantos odiadores como Aguirre; tantos como damnificados dejó su gobierno
Isaac Rosa. El Diario,
20/04/2017
"Hoy para mí es un día verdaderamente triste", dijo Esperanza Aguirre al salir del juzgado, y miles, cientos de miles, quizás millones de madrileños dijeron todos a una: "Hoy para mí es un día verdaderamente feliz". A continuación Aguirre echó unas lágrimas, y esos miles, cientos de miles o millones se dividieron entre quienes se burlaban de su llanto, quienes le afeaban el teatrillo y quienes las dos cosas a la vez.
Solo ha sido un interrogatorio judicial, y además como testigo, pero en mi barrio me pareció oír petardos y trompetas futboleras. No quiero pensar la fiesta que se montará el día que le llegue la hora y sea ella la investigada, imputada o quién sabe si detenida, que no hay nada inverosímil a estas alturas. Lo raro es que no circule ya por whatsapp un pásalo tipo "el día que caiga Aguirre, todos a Sol a las 20h". Alguno tendrá ya el cava en la nevera.
No recuerdo otra dirigente política en la España reciente que haya reunido tantos odiadores a su alrededor como la expresidenta madrileña. Si no fuera porque es un fenómeno más regional que nacional, superaría al mismísimo Aznar de los días de guerra, chapapote y 11M. De hecho, ese parece ser su último servicio al PP, lo único que justifica ya su permanencia en la política: servir como diana, distraer nuestro desprecio, hacer buena a Cifuentes por contraste.
No es raro que tantos celebren su caída: en menos de una década de gobierno Aguirre dejó miles, cientos de miles, millones de damnificados. De su desgracia se alegran, en primer lugar, los votantes socialistas a los que birló la presidencia con el Tamayazo. A su alegría se suman profesores de la Marea Verde, médicos de la Marea Blanca, trabajadores de Telemadrid, colectivos vecinales que sufrieron sus atropellos urbanísticos, plataformas de todo tipo creadas para resistir sus políticas, usuarios de servicios públicos deteriorados y/o privatizados, pacientes de hospitales y ambulatorios sometidos a su experimento sanitario, madres y padres de la escuela pública, estudiantes seudobilingües, y en general cualquier dañado por el neoliberalismo versión Aguirre (mix castizo de libre mercado, mamandurria y saqueo de lo público).
Añadan a la celebración a muchos otros madrileños que, sin pertenecer a ninguno de los colectivos anteriores o no molestándoles tanto esos destrozos, sí se sienten asqueados por el pillaje que las ranas aguirristas han hecho sobre el dinero público con Gürtel, Púnica, Fundescam, Canal y demás tramas y tramitas. Y por último, sumen a no pocos compañeros de partido que también festejan hoy.
Junto a quienes celebran, habrá quien se solidarice con su desgracia, claro. Algunos afectos quedarán entre sus votantes, pues no hay que olvidar que Aguirre ha sido tan odiada como querida, ganando mayorías históricas para el PP y conectando ideológica y emocionalmente con un sector de la población que la adoraba. Algunos quedarán, como también la acompañarán en el sentimiento todos aquellos jetas que vivieron su gobierno como una barra libre sin fin.
Hace diez años, cuando el aguirrismo estaba en su máximo apogeo, Telemadrid lanzó una campaña promocional que se convirtió en uno de los mayores autotroleos de la historia, inolvidable. El lema era "Espejo de lo que somos", presentando la televisión madrileña como un espejo de los ciudadanos, pero muchos leímos "Espe jode lo que somos", referido a Esperanza (Espe) Aguirre. Maravilloso.
Yo hoy le he puesto un título poético a mi artículo, porque tengo el día inspirado, pero habrá quien quiera leer otra cosa. Es el odio que os nubla la vista, cuidado.
http://www.eldiario.es/zonacritica/Esperanza_Aguirre_corrupcion_6_635246489.html
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