sábado, 30 de enero de 2010

"Cuba, para la reflexión", en Público, hoy

SANTIAGO ALBA RICO, CARLOS FERNÁNDEZ LIRIA, BELÉN GOPEGUI Y PASCUAL SERRANO

Estos son tiempos para la reflexión en economía. Tras algunas décadas de predominio neoliberal patrocinado por la escuela de Chicago, la economía mundial se encuentra frente a una crisis de consecuencias imprevisibles, pero en cualquier caso gravísimas. Lo mínimo que se podría pedir al espíritu científico es cambiar los paradigmas, invertir las evidencias, reaccionar, en suma, ante esta bancarrota intelectual que impidió diagnosticar y prever la catástrofe que se avecinaba. ¿Es eso lo que se está haciendo?

Hemos conocido distintas versiones más o menos destructivas del capitalismo, lo mismo que del socialismo. Pero, respecto a la lógica interna que distingue a uno del otro, hay algo que debería hoy interesarnos vivamente. El socialismo puede dejar de crecer, el capitalismo no. El socialismo puede ralentizar la marcha, el capitalismo no.

Pensemos en el ejemplo de Cuba. Al hundirse la URSS, Cuba perdió repentinamente el 85% de su comercio exterior. Su producto interior bruto decreció nada menos que un 33% en términos absolutos. Uno puede hacerse una idea de la catástrofe si se piensa que en Europa nos echamos a temblar ante la perspectiva de perder un punto en el crecimiento previsto. Y a ello se unió un endurecimiento del bloqueo estadounidense. Sin embargo, la gente no murió de hambre en Cuba, no perdió sus zapatos, ni su educación, ni su seguridad social, ni tampoco su dignidad. Lo pasaron muy mal, pero no se enfrentaron al fin del mundo como habría ocurrido con semejantes indicadores en los países capitalistas.

En medio de la actual sacudida, cuando el capitalismo destruye cuerpos en África y puestos de trabajo en España, cuando erosiona sin remedio las condiciones de habitabilidad del hogar humano, cuando para ello tiene al mismo tiempo que recurrir al lubricante de las mafias, al estímulo de los integrismos religiosos, a la restricción de los derechos laborales y al recorte de las libertades, en ese momento, todas las miradas se dirigen, en efecto, hacia Cuba… pero para condenarla y hostigarla. ¿Por qué? ¿Qué pasa allí? ¿El récord de muertos en un solo día? En México. ¿El de sindicalistas y periodistas asesinados? En Colombia. ¿El de pogromos racistas contra inmigrantes? En Italia. ¿Homofobia? En Polonia. ¿Xenofobia institucionalizada y leyes raciales? En Israel. ¿Fanatismo religioso y machismo criminal? En Arabia Saudí. ¿Control de las comunicaciones, suspensión del habeas corpus, tortura, secuestros, asesinatos de civiles? En EEUU. ¿Malos tratos a detenidos, periodistas e intelectuales procesados, periódicos cerrados, corrupción galopante, inmigrantes en centros de internamiento? En España.

Bien, aceptemos que, en este cuadro dantesco, Cuba es apenas un “mal menor”. El que desde Europa y desde España se preste tanta atención negativa al país con menos problemas del planeta –como ha hecho el diputado Luis Yáñez (Público,
9-1-10)– demuestra de sobra, en todo caso, que no es lo malo de Cuba lo que se censura, sino lo que en Cuba se opone a esta lógica dantesca y a sus efectos; es decir, lo que tiene precisamente de bueno.

Los economistas Jacques Bidet y Gérard Duménil recuerdan que lo que salvó al capitalismo en las primeras décadas del siglo pasado fue la organización; es decir, la misma planificación que los liberales identifican horrorizados con el socialismo. Gobiernos e instituciones planificaron sin parar, como siguen planificando ahora, aunque lo hicieron para conservar y aumentar los beneficios y no para conservar la vida y aumentar el bienestar humano. Pero la planificación es ya, como quería Marx, un hecho. Basta sólo cambiarla de signo. En los últimos 60 años, la minoría organizada que gestiona el capitalismo global se ha visto apoyada, a una escala sin precedentes, por toda una serie de instituciones internacionales (el FMI, el Banco Mundial, la OMC, el G-8, el G-20 etc.) que han concebido en libertad, y aplicado contra todos los obstáculos, políticas de liberalización y privatización de la economía mundial. El resultado salta a la vista.

¿Y si planificásemos al revés? ¿Y si prestásemos un poco de atención positiva a Cuba? Esto no lo hemos probado aún, pero lo que intuimos en la actualidad es más bien esperanzador: a partir de una historia semejante de colonialismo y subdesarrollo, el socialismo ha hecho mucho más por Cuba que el capitalismo por Haití o el Congo. ¿Qué pasaría si la ONU decidiese aplicar su carta de DDHH y de Derechos Sociales? ¿Si la FAO la dirigiese un socialista cubano? ¿Si el modelo de intercambio comercial fuera el ALBA y no la OMC? ¿Si el Banco del Sur fuese tan potente como el FMI? ¿Si todas las instituciones internacionales impusiesen a los díscolos capitalistas programas de ajuste estructural orientados a aumentar el gasto público, nacionalizar los recursos básicos y proteger los derechos sociales y laborales? ¿Si seis bancos centrales de Estados poderosos interviniesen masivamente para garantizar las ventajas del socialismo, amenazadas por un huracán?

Podemos decir que la minoría organizada que gestiona el capitalismo no lo permitirá, pero no podemos decir que no funcionaría. Según una reciente encuesta de GlobeSpan, la mayoría que lo padece (hasta un 74%) apuesta ya por otra cosa.
En su artículo, el diputado Yáñez decía amar a Cuba. Por eso, le deseaba lo mejor: incorporarse al capitalismo, justo cuando este ha demostrado su fracaso y su incompatibilidad, al mismo tiempo, con el bienestar humano y con la democracia, con la dignidad material y con el derecho. Nosotros no amamos a Cuba: respetamos a sus hombres y mujeres por lo que han hecho y por lo que siguen haciendo. Quizás a Yáñez le tranquilice pensar en Colombia o en Arabia Saudí. A nosotros nos tranquiliza pensar en Cuba, esa isla donde incluso los límites, los problemas, los errores de la revolución señalan inflexiblemente, desde hace 51 años, la posibilidad histórica de una superación del capitalismo y de una alternativa a la barbarie.

Santiago Alba Rico es escritor

Carlos Fernández Liria es profesor de Filosofía (UCM)

Belén Gopegui es escritora

Pascual Serrano es periodista

http://blogs.publico.es/dominiopublico/1806/cuba-para-la-reflexion/

viernes, 29 de enero de 2010

"Haití no es un desastre natural". Por Vincenç Navarro, ayer en Público

La enorme tragedia en Haití se ha presentado en la gran mayoría de los medios de información españoles como una catástrofe natural resultado de un terremoto de inusitada violencia que ha generado una gran respuesta humanitaria liderada por EEUU. Tal interpretación de lo ocurrido en aquel país es errónea.

Varios rotativos han señalado que incluso en la capital, Puerto Príncipe, los barrios pudientes apenas fueron afectados por el terremoto, con un número relativamente menor de daños, los cuales se concentraron en los barrios populares y pobres, donde vivía la gran mayoría de la población.

Según declaraciones del propio alcalde de la ciudad, el 75% de las viviendas eran de muy pobre construcción, y el 80% de la población vivía en niveles de gran pobreza. No fue el terremoto en sí, sino la inexistente protección de la mayoría de la población, lo que creó la gran tragedia.

Lo primero que hay que acentuar es que, en contra de lo que dicen la mayoría de los medios de información, Haití no es, ni nunca ha sido, un país pobre. En realidad, fue siempre un país muy rico. En 1780, por ejemplo, el 60% del café y el 40% del azúcar consumido en Europa era producido en Haití. Pero, aunque el país era rico, su población era muy pobre: en realidad, el 60% eran esclavos en una colonia francesa. Su rebelión dio pie, más tarde, al establecimiento de una república, la segunda república que se estableció en las Américas, después de la estadounidense.

Más tarde, los problemas de Haití surgieron, en gran parte, debido a su proximidad a EEUU y el deseo de las compañías estadounidenses (muy influyentes sobre el Gobierno federal de EEUU) de asegurarse el control de los recursos del país, lo cual determinó la intervención activa y repetida (16 veces en el siglo XX) de aquel Gobierno (incluyendo a sus famosos marines) en las políticas del país. Estas intervenciones fueron siempre resistidas, lo que convirtió la historia de Haití de los siglos XIX y XX en una historia de revueltas populares reprimidas por las élites dirigentes y apoyadas siempre por el Gobierno de EEUU. Una de las más recientes fue el golpe militar que impuso Papa Doc Duvalier, que dirigió uno de los regímenes más corruptos y represivos que hayan existido en las Américas.

Fue este Papa Doc al que la Madre Teresa llamó “el gran amigo de los pobres”, (en respuesta a las donaciones de Duvalier a sus compañías de caridad en Haití). Tal “amigo de los pobres” gobernó y arruinó al país durante 28 años. Fue sucedido por su hijo, el igualmente corrupto Baby Doc, Jean Claude Duvalier, cuyos Tonton Macoutes mataron a más de 60.000 opositores. El Gobierno federal de EEUU apoyó tales dictaduras. Una rebelión forzó a Baby Doc al exilio.

Más adelante, la población, en una de las pocas elecciones que se permitieron, eligió a Jean-Bertrand Aristide con un programa que incluía propuestas altamente populares como la reforma agraria, la reforestación de la tierra (desertizada por una sobreexplotación de la tierra por las compañías extranjeras), la sindicalización de los trabajadores en las empresas textiles (que eran famosas por las condiciones infrahumanas de sus trabajadores) y el aumento de salarios. Fue depuesto por un golpe militar en 1991, permitiéndosele que volviera en 1994 con la condición de cambiar sus políticas públicas, adaptándolas a las políticas neoliberales propuestas por la Administración Clinton. Aristide se resistió a desarrollar tales políticas, lo que generó un bloqueo económico por parte del Gobierno estadounidense que terminó con la expulsión de Aristide del Gobierno de Haití y su exilio.

En su lugar, el Gobierno estadounidense y tropas de las Naciones Unidas impusieron un Gobierno títere, presidido por Gérard Latortue, altamente corrupto, que desmanteló las reformas realizadas por el Gobierno Aristide, desarrollando políticas neoliberales que destrozaron la agricultura nativa del país. Al eliminar la protección de la agricultura nativa, la desregulación de los mercados a nivel internacional, llamada globalización, destruyó la economía de Haití –que había sido un país exportador de arroz y azúcar–, pasando a ser importador de ambos productos, pues el arroz y azúcar importados se vendían en el mercado doméstico a un precio menor que el producido en el país.

En el año 2006, se permitieron elecciones de nuevo (aunque no aceptaron que Aristide participara y le forzaron a continuar en el exilio) y salió elegido René Préval. Préval había sido en su día aliado de Aristide, pero su Gobierno se coligió con EEUU siguiendo las políticas neoliberales dictadas entonces por la Administración Bush, lo que continuó afectando negativamente la infraestructura económica del país. En este sistema neoliberal, la pobreza la iban a resolver las Organizaciones No Gubernamentales (Haití es el país con mayor densidad de ONG en el mundo), todas ellas realizando su actitud caritativa, apoyadas por las instituciones de ayuda internacional. Mientras, Aristide no podía volver a Haití y su partido, Fanmi Lavalas (que era, ampliamente, el más popular), estaba y aún hoy continúa prohibido: Haití iba a celebrar elecciones el próximo mes, de las que Aristide y su partido estaban excluidos.

En realidad, una de las preocupaciones del Departamento de Defensa de EEUU es que el terremoto dé pie a una revuelta popular, tal como ocurrió en los años setenta en Nicaragua después de un terremoto similar (aunque con menor intensidad). De ahí la invasión de Haití por los marines bajo el argumento de “mantener la seguridad”.

A la luz de estos hechos, hablar de desastre natural (o, como ha dicho el cardenal Rouco Varela, “de voluntad de Dios”) es asignar a la naturaleza o a un poder sobrenatural la responsabilidad de una situación de la cual se conocen fácilmente los culpables, incluyendo a los supuestos benefactores. Tanta “ayuda humanitaria” sirve para ocultar las causas políticas de la pobreza (ver “Las causas de la pobreza mundial”, Público, 29-10-09). Lo que Haití necesita es que se le permita a la población poder desarrollar el sistema político y económico que desee, sin obstaculizar su desarrollo económico y sin demonizar a las fuerzas que intentan romper aquellas enormes estructuras opresivas, tal como está ocurriendo en otros países del mismo continente.

Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

http://blogs.publico.es/dominiopublico/1802/haiti-no-es-un-desastre-natural/

jueves, 28 de enero de 2010

Pasar la página

Hace una semana leíamos: “Eurodiputados catalanes piden que se retire un símbolo franquista del Parlamento Europeo. El PSC pide al Gobierno que envíe a Bruselas un ejemplar de la Constitución sin el águila y las flechas” (1). Estas noticias fueron pronto comentadas por nuestro compañero, camarada y amigo Emilio Sales con el espíritu crítico que le caracteriza, en un artículo titulado “La gallina constitucional”(2)

Sin embargo nos resultó especialmente sorprendente una sagaz propuesta de solución a tan incómodo conflicto: “mientras llega ese momento, los eurodiputados del PSOE y el PP han propuesto pasar la página y seguir mostrándolo en la exposición abierto por otra parte” (3).

En primer lugar debemos partir de una incontestable realidad: el águila franquista era el escudo oficial del Estado español en diciembre de 1978 cuando se promulgó el texto constitucional, y lo siguió siendo hasta 1981.

Ciertamente hoy es impresentable y políticamente incorrecto exhibir en Bruselas y en el Congreso de Diputados ejemplares del texto constitucional presididos por sendas gallinas, con su yugo, sus flechas y sus lemas de “una, grande y libre”. Pero la pretensión en este caso, de ocultar los símbolos franquistas externos, enmascara un objetivo más profundo: hurtar un análisis de fondo y un posible debate social sobre la Constitución del 78 en sí, y las circunstancias políticas e históricas en que ésta se generó.

Por ejemplo, que todos los que pudieron votarla lo hicieron en circunstancias completamente diferentes a las actuales, y tienen hoy al menos 49 años. O que la pervivencia del carácter oficial de esos símbolos durante la Transición, no es más que un síntoma (relativamente anecdótico) de que el proceso estuvo diseñado y dirigido por los herederos de la dictadura, en una situación de correlación de fuerzas de manifiesta inferioridad de la oposición democrática, bajo la permanente espada de Damocles del golpe militar involucionista y la violencia impune de los pistoleros fascistas. También estos días hemos conmemorado los aniversarios de los asesinatos de Enrique Ruano y de los Abogados de Atocha.

Asimismo podríamos analizar la forma en que esa Constitución fue aprobada: porque las elecciones de 1977 no fueron planteadas explícitamente a los ciudadanos electores como constituyentes; porque se impidió la presentación de cualquier candidatura republicana; porque las autoridades y corporaciones municipales que controlaban el proceso (hasta la elecciones locales de 1979) estaban formadas exclusivamente por adeptos y beneficiarios de la dictadura nombrados a dedo por el respectivo Gobernador Civil, a su vez designado por el ministro de la gobernación de turno, quien era elegido vía digital por el jefe del Estado del momento. Y no olvidemos que la dictadura tuvo dos titulares en la Jefatura del Estado, uno desde 1936 hasta su muerte física en 1975, y el otro, desde noviembre del 75 hasta la promulgación de la Constitución en diciembre de 1978.

Lo más preocupante del proceso constituyente no es que no estuvieran derogados los símbolos oficiales del franquismo en 1978, consecuencia natural de que no se hubiera producido ninguna ruptura democrática con el régimen nacido a sangre y fuego el 18 de Julio del 36. Porque ¿quién había designado a la persona que rubricó los ejemplares del texto constitucional hoy expuestos en el Europarlamento y en el Congreso de Diputados?. Deberíamos tener presente que desde hace 70 años, todos los decretos y leyes que aparecen en el BOE son firmados por un militar que no ha sido votado por nadie, y que el himno y la bandera actualmente oficiales (que también lo eran en 1978) fueron reestablecidos por Cabanellas, Queipo de Llano y Franco en Sevilla, el 15 de agosto de 1936, para la parte del país controlada entonces por los militares facciosos.

En consecuencia, lo más grave de la Transición no es que se usasen los símbolos oficiales vigentes en el momento o que el proceso estuviera en todo momento tutelado por responsables de la dictadura recién conversos (de manera casi milagrosa) a la democracia, sino la certificación, vía Ley de Amnistía de 1977, de la impunidad de los golpistas del 36, de los jueces y fiscales del TOP, y de los torturadores de la Brigada Político-Social, entre muchos otros. O, por ejemplo, que nadie haya exigido la presentación de disculpas públicas y reparación material efectiva a las víctimas del franquismo por parte de las instituciones y de las empresas que se lucraron del trabajo esclavo de los presos republicanos, algunas de cuyas herederas cotizan hoy en el Ibex 35. Y en este asunto podríamos tomar lecciones y ejemplo de países como Francia, Austria y Alemania. (4)

También resulta sorprendente comprobar cómo se pueden escandalizar por la presencia de la siniestra gallina en un documento oficial de 1978 quienes han certificado, aprobando la Ley de Memoria de 2007, la plena legalidad y vigencia de las sentencias represivas del franquismo en nombre de la “seguridad jurídica”.

Algunos argumentarán que “precisamente gracias a esa Ley de Memoria se retiran los símbolos”. Aparte de que es una vergüenza nacional que aún se tenga que reivindicar 35 años después de la muerte del dictador, el argumento es falso: no se ha publicado aún el reglamento de la Ley que concreta plazos y tipología de los símbolos a retirar, amén (y nunca mejor dicho) de los subterfugios que la Ley facilita a determinadas instituciones, en especial a la Iglesia católica, para soslayar las obligaciones que establece como marco general. La Ley de Memoria, como mucho, está sirviendo de acicate para que diversas instituciones de la Administración del Estado y algunos ayuntamientos retiren hoy símbolos y nombres de calles en cumplimiento de las competencias y facultades que les son propias desde 1979.

En consecuencia, que por una vez y sin que sirva de precedente, estamos de acuerdo con los eurodiputados del PP y del PSOE en que ya va siendo hora de pasar página.

Arturo Peinado. Federación Estatal de Foros por la Memoria
Madrid, 28-01-2010



(1) http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=678124&idseccio_PK=1008

(2)
http://www.foroporlamemoria.info/2010/01/la-gallina-constitucional/

(3)
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/noticia.asp?pkid=525686

(4)
http://www.elmundo.es/2000/03/23/europa/23N0066.html
http://www.elpais.com/articulo/internacional/ALEMANIA/NAZISMO/HOLOCAUSTO_JUDiO/Alemania/pagara/850/000/millones/trabajadores/esclavos/regimen/nazi/elpepiint/19991215elpepiint_14/Tes/

miércoles, 27 de enero de 2010

El parque de mi barrio tiene nombre de asesino


por Noelia Martínez, 25-01-2010


El próximo miercoles 27 llevaré una propuesta al Pleno del Ayuntamiento de Madrid , solicitando que el nombre oficial del parque de Aluche sea parque de Aluche como durante años se ha venido llamando, tanto por los vecinos , como por el propio Ayuntamiento en la mayoria de los documentos que hacen referencia a este Parque.


Es una demanda vecinal y del movimiento ciudadanos desde hace ya mucho tiempo, que ese parque referente del Distrito, en el que se plantó un árbol simbolizando la adhesión de su pueblo con la constitución es un contrasentido que siga llevando el nombre del Franquista asesino Arias Navarro, también denominado popularmente en su época “El carnicerito de Malaga”,supongo que entendereis la sutileza con que retrata este apodo al personaje.

Es un gesto más pero que dignifica el recuerdo de tantos y tantos vecinos que lucharon por la libertad en Madrid, en este Pais, muchos de ellos conviven con los nombres en sus calles de sus represores.

Razones muchas, ganas todas e ilusión por conseguirlo . Por eso a la gran familia de la red os pido ayuda a los que compartais esta iniciativa , me consta que ya existe un grupo en facebook que pide el cambio de nombre, grupo al que me he unido y al que también hemos pedido ayuda.

Hagamos una marea de adhesiones por la red o todo aquello que se os ocurra. Por ejemplo incluyendo este banner en vuestros blogs

http://www.noeliamartinez.es/2010/01/25/el-parque-de-mi-barrio-tiene-nombre-de-asesino/

viernes, 22 de enero de 2010

Haití: ¿Donaciones para pagar una deuda odiosa?

Sophie Perchellet y Éric Toussaint – CADTM y ATTAC Francia

Una de las más grandes operaciones de ayuda de la historia podría resultar muy similar a la realizada después del tsunami de 2004, salvo que el modelo de reconstrucción adoptado sea radicalmente diferente. Haití ha quedado en parte destruido a consecuencia de un violento terremoto de magnitud 7. Todo el mundo gimotea y los medios de comunicación, ofreciéndonos imágenes apocalípticas, repiten los anuncios de ayuda financiera que los generosos Estados aportarán. Escuchamos que hay que reconstruir Haití, ese país abatido por la pobreza y «el infortunio». Los comentarios no van más allá del terrible cataclismo. Nos recuerdan precipitadamente que es uno de los países más pobres del planeta pero sin explicar las causas de esa pobreza. Nos dejan creer que esa pobreza se abatió sobre Haití porque sí, que es un hecho irremediable: «Es la desgracia que los golpea.»

Es indiscutible que esta nueva catástrofe natural ha causado daños materiales y humanos tan enormes como imprevistos. Una ayuda de urgencia es por lo tanto necesaria y todo el mundo está de acuerdo con eso. Sin embargo, la pobreza y la miseria de Haití no provienen de ese terrible temblor de tierra. Es necesario reconstruir el país porque éste ya había sido despojado de los medios para construirse. Haití no es un país libre ni siquiera soberano. Durante los últimos años, la política interior es realizada por un gobierno que está constantemente bajo la presión de las órdenes llegadas del exterior y de las maniobras de los grupos de poder locales.

Haití ha sido tradicionalmente denigrado y a menudo descrito como un país violento, pobre y represivo en el mejor de los casos. Casi no hay comentarios que nos recuerden la independencia conquistada en 1804 tras una cruenta lucha contra las tropas francesas de Napoleón. En vez de subrayar la gestión humanitaria y el combate por los Derechos Humanos, serán el salvajismo y la violencia las características asignadas a los haitianos. Eduardo Galeano habla de la «maldición blanca»: «En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.» |1|

Es indispensable recordar la lucha de emancipación llevada a cabo por el pueblo haitiano, porque en represalia a esa doble revolución, a la vez antiesclavista y anticolonial, el país heredó «el rescate francés de la independencia», correspondiente a 150 millones de francos oro (o sea, el presupuesto anual de Francia en esa época). En 1825, Francia decidió que «los habitantes actuales de la parte francesa de Santo Domingo pagarán a la caja federal de depósitos y consignas de Francia, en cinco plazos iguales, año a año, el primero expirando el 31 de diciembre de 1825, la suma de ciento cincuenta millones de francos, destinada a indemnizar a los antiguos colonos que reclamaron una indemnización.» |2| Esto equivaldría a cerca de 21.000 millones de dólares actuales. Desde el comienzo, Haití tiene que pagar un alto precio, la deuda sería el instrumento neocolonial para facilitar el acceso a los múltiples recursos naturales de este país.

El pago de este rescate fue por lo tanto un elemento fundador del Estado haitiano. En términos jurídicos, esto significa que fue contraído por un régimen despótico y utilizado contra el interés de la población. Francia y después Estados Unidos, cuya zona de influencia se va ampliando en Haití desde 1915, son totalmente responsables. Mientras que habría sido posible enfrentarse a las dolorosas responsabilidades del pasado en 2004, la comisión Régis Debray |3| prefirió descartar la idea de una restitución de esta suma, con el pretexto de que no tenía «fundamento jurídico» y que eso podría abrir la «caja de Pandora». Las demandas del gobierno haitiano vigente fueron rechazadas por Francia: no ha lugar a reparaciones. Francia no reconoció tampoco su papel en el ignominioso regalo que hizo al dictador «Baby Doc» Duvalier en su exilio, ofreciéndole el estatuto de refugiado político y la inmunidad.

El reino de los Duvalier comenzó con la ayuda de Estados Unidos en 1957 y duró hasta 1986, fecha en que el hijo, «Baby Doc», fue derrocado por una rebelión popular. La violenta dictadura, ampliamente respaldada por los países occidentales, reinó durante cerca de 30 años. Estuvo marcada por un crecimiento exponencial de la deuda. Entre 1957 y 1986, la deuda externa se multiplicó por 17,5. En el momento de la fuga de Duvalier, representaba 750 millones de dólares. Posteriormente, aumentó, con los intereses y penalidades a más de 1.884 millones de dólares. |4| Esta deuda, lejos de servir a la población, que siguió empobreciéndose, estaba destinada a enriquecer al régimen. Por lo tanto es una deuda odiosa. Una investigación reciente demostró que la fortuna personal de la familia Duvalier (bien resguardada en cuentas de bancos occidentales) representaba unos 900 millones de dólares, o sea, una suma mayor que la deuda total del país en el momento de la fuga de «Baby Doc». Existe un proceso en curso ante la justicia suiza para la restitución al Estado haitiano de haberes y bienes mal adquiridos durante la dictadura de los Duvalier. Esos haberes están por el momento congelados por el banco suizo UBS, que impone unas condiciones intolerables en cuanto a la restitución de esos fondos. |5| Jean Baptiste Aristide, inicialmente elegido con un gran entusiasmo popular, fue posteriormente acusado de corrupcion y depuesto. A costa de convertirse en una marioneta de los Estados Unidos fue restablecido en el poder, solo para ser finalmente capturado y expulsado por las tropas de dicho pais. Aristide, desgraciadamente, tampoco fue inmune a la trágica malversación de fondos y al endeudamiento establecidos por los Duvalier. Por otro lado, según el Banco Mundial, entre 1995 y 2001, el servicio de la deuda, es decir los intereses más la amortización de capital, alcanzó el considerable monto de 321 millones de dólares.

Toda la ayuda financiera anunciada en este momento debido al terremoto ya está comprometida en el pago de la deuda

Según las últimas estimaciones, más del 80 % de la deuda externa de Haití está en propiedad del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cada uno con un 40 %. Bajo su férula, el gobierno aplica los «planes de ajuste estructural», maquillados como «Documentos Estratégicos para la Reducción de la Pobreza» (DSRP). A cambio del recomienzo de los préstamos, se le concedió a Haití algunas anulaciones o alivios de la deuda, insignificantes pero que dan una imagen de buena voluntad de los acreedores. La Iniciativa Países Pobres Muy Endeudados (PPME), en la que Haití fue admitido es una maniobra típica de blanqueo de la deuda odiosa, como fue el caso con la República Democrática del Congo. |6| Así se reemplaza la deuda odiosa por nuevos préstamos, que se suponen legítimos. El CADTM considera estos nuevos préstamos como parte de la deuda odiosa, ya que sirven para pagar esa antigua deuda. Existe, por lo tanto, una continuidad del delito.

En 2006, cuando el FMI, el Banco Mundial y el Club de París aceptaron que Haití entrara en la iniciativa PPME, el stock de la deuda externa pública total era de 1.337 millones de dólares. En el punto de culminación de la iniciativa (en junio de 2009), la deuda era de 1.884 millones de dólares. Se decidió una anulación de la deuda de un monto de 1.200 millones de dólares para que «ésta fuera sostenible». Mientras tanto, los planes de ajuste estructural arrasaban el país, especialmente en el sector agrícola, cuyos efectos culminaron con la crisis alimentaria de 2008. La agricultura campesina haitiana sufrió el dumping de los productos agrícolas estadounidenses. «Las políticas macroeconómicas apoyadas por Washington, la ONU, el FMI y el Banco Mundial no se preocupan en absoluto de la necesidad de desarrollo y de la protección del mercado nacional. La única preocupación de estas políticas es la producción a bajo coste para la exportación hacia el mercado mundial». |7| Por consiguiente, es escandaloso oír que FMI diga que «está listo para ejercer su función con el apoyo apropiado en los dominios de su competencia». |8|

Como se expresa en el reciente llamamiento internacional, «Haití nos llama a la solidaridad y al respeto de la soberanía popular»: «A lo largo de los últimos años y junto con muchas organizaciones haitianas, hemos denunciado la ocupación militar por parte de las tropas de la ONU y los impactos de la dominación impuesta por medio de la deuda, el libre comercio, el saqueo de su naturaleza y la invasión de intereses transnacionales. La condición de vulnerabilidad del país a las tragedias naturales –provocada en gran medida por la devastación del medio ambiente, por la inexistencia de infraestructura básica, por el debilitamiento de la capacidad de acción del estado- no está desconectada de esas acciones, que atentan históricamente contra la soberanía del pueblo.»

Es momento de que los gobiernos que forman parte de la MINUSTAH, las Naciones Unidas y especialmente Francia y Estados Unidos, los gobiernos hermanos de América Latina, revelan esas políticas a contramano de las necesidades básicas de la población haitiana. Exigimos a esos gobiernos y organizaciones internacionales sustituir la ocupación militar por una verdadera misión de solidaridad, así como la urgente anulación de la ilegítima deuda que hasta el día de hoy se cobra a Haití.» |9|

Independientemente de la cuestión de la deuda, se teme que la ayuda tome la misma forma que la que acompañó al tsunami que devastó, a fines de diciembre de 2004, varios países de Asia (Sri Lanka, Indonesia, India y Bangladesh), |10| o incluso la ayuda después del ciclón Jeanne en Haití en 2004. Las promesas no se cumplieron y una gran parte de los fondos sirvieron para enriquecer a las compañías extranjeras o a las cúpulas locales. Esas «generosas donaciones» provienen mayoritariamente de los acreedores del país. En lugar de hacer donaciones, sería preferible que anularan las deudas que tiene Haití con ellos: totalmente, sin condiciones e inmediatamente. ¿Podemos realmente hablar de donaciones cuando sabemos que la mayor parte de ese dinero servirá para el pago de la deuda externa o para el desarrollo de «proyectos de desarrollo nacional», decididos de acuerdo con los intereses de esos mismos acreedores y de las oligarquías locales? Es evidente que sin esas donaciones inmediatas sería imposible pedir el reembolso de una deuda cuya mitad, por lo menos, corresponde a una deuda odiosa. Las grandes conferencias internacionales de cualquier G8 o G20, ampliado a las IFIS, no harán avanzar en nada el desarrollo de Haití sino que reconstruirán los instrumentos que les sirven para establecer sólidamente el control neocolonial del país. Tratarán de garantizar la continuidad en el reembolso de la deuda, base de la sumisión, al igual que en recientes iniciativas de alivio de la deuda.

Por el contrario, para que Haití pueda construirse dignamente, la soberanía nacional es el desafío fundamental. Una anulación total e incondicional de la deuda reclamada a Haití debe ser el primer paso de una política más general. Un nuevo modelo de desarrollo alternativo a las políticas de las IFIs y a los acuerdos de partenariado económico (APE firmado en diciembre de 2008, Acuerdo Hope II, etc.) es necesario y urgente. Los países más industrializados que sistemáticamente explotaron Haití, comenzando por Francia y Estados Unidos, deben pagar reparaciones con un fondo de financiación para la reconstrucción controlada por las organizaciones populares haitianas.

Traducido por Griselda Pinero y Raúl Quiroz.

Notas:
|1| Eduardo Galeano, «La maldición blanca», Página 12, Buenos Aires, 4 de abril de 2004.
|2| Ordonnance de Charles X
|3| Rapport au Ministre des affaires étrangères du Comité indépendant de réflexion et de propositions sur les relations Franco-Haïtiennes
|4| Haiti: Enhanced Initiative for Heavily Indebted Poor Countries (página 43)
|5| Le CADTM exige que la restitution des fonds Duvalier et l’annulation de la dette haïtienne soient totales et inconditionnelles
|6| Ver la publicación del CADTM, Pour un audit de la dette congolaise, Lieja, 2007.
|7| Haïti : Le gouvernement mène une politique anti-paysanne et contre la production agricole
|8| Haïti: la communauté internationale et les ONG se mobilisent
|9| Solidaridad y respeto a la Soberanía Popular: Haití nos llama
|10| Ver Damien Millet y Eric Toussaint, Los Tsunamis de la deuda, editorial Icaria, Barcelona, 2006

http://www.attac.es/haiti-donaciones-para-pagar-una-deuda-odiosa/

lunes, 18 de enero de 2010

María del Mar Bonet y Quilapayún: "Què volen aquesta gent"

El 20 de enero de 1969 el estudiante Enrique Ruano era asesinado por la policía de Franco. Han transcurrido 40 años y este delito permanece impune





¿QUÉ ES LO QUIERE ESA GENTE?
(Lluís Serrahima - Maria del Mar Bonet)

De madrugada han llamado
están en el rellano de la escalera
la madre cuando sale a abrir
lleva la bata puesta

¿Qué quiere esta gente
que llama de madrugada?

Su hijo, ¿no está aquí?
Duerme en su habitación
¿Qué quieren de mi hijo?
El hijo se medio desvelaba

La madre bien poco sabe
de todas las esperanzas
de su hijo estudiante
que bien comprometido estaba

Días ha que habla poco
y cada noche se agitaba
le venía un temblor
esperando una llamada al romper el alba

Todavía no bien despierto
ya siente viva la llamada
y se lanza por la ventana
al asfalto de un vuelo

Los que llaman quedan mudos
salvo uno, quizás el que mandaba
que se inclina al ventanal
por detrás grita la madre

De madrugada han llamado
la ley una hora señala
ahora el estudiante está muerto
muerto de una llamada al romper el alba.