Mostrando entradas con la etiqueta franquismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta franquismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de marzo de 2012

martes, 26 de abril de 2011

LAS RAÍCES DEL TERROR, por Ángel Viñas

Reseña de “El Holocausto español”, de Paul Preston
ÁNGEL VIÑAS El País, 23/04/2011


Este es un libro cuya aparición se aguardaba con expectación, al menos en el medio universitario y entre la amplia grey de investigadores que desde hace años han ido poniendo al descubierto las dimensiones cualitativas y cuantitativas de la violencia en la Guerra Civil y en la posguerra. En mi opinión, supera las expectativas.

No debería sorprender. Se deben a Preston obras fundamentales. Está profundamente familiarizado con la historiografía española desde hace muchos años, lo cual rezuma en esta obra por los cuatro costados. Desde su atalaya del Centro Cañada Blanc sobre la España contemporánea en la London School of Economics sigue al día sus altos y sus bajos. Ha creado el más importante plantel de historiadores sobre España que existe en el extranjero.

El presente libro resume toda una vida. Lo hace desde una perspectiva particular y de síntesis de una inmensa bibliografía pero en la que inserta su profundo conocimiento de la evolución española. Impresiona por su penetración analítica, juicios de valor y fundamentación empírica de un tema que no es agradable. En la España del siglo XXI para muchos, inimaginable.

La obra disgustará a numerosos descendientes del pacto de sangre que militares felones cerraron con sus bases sociales, ya fuese en la clase alta (particularmente en Andalucía, Extremadura, Salamanca y Rioja, es decir, la oligarquía agraria) o con sus adláteres en las clases media y de servicio. Menos aún a quienes crecieron en los loores a una cohorte de guerreros sanguinarios contra su propio pueblo y que constituyeron la espina dorsal del Ejército y de la Guardia Civil de Franco. Tampoco a una jerarquía católica neointegrista que a veces recuerda la de los años treinta, con su incapacidad por separarse de las eternas verdades de Trento. Crispará a historiadores neofranquistas y a algún que otro reputado autor norteamericano. Inevitablemente desagradará a los residuos de los ensueños revolucionarios ya sean anarcosindicalistas, poumistas o comunistas, porque Preston dedica una buena parte a la violencia que, desde abajo, manchó para siempre los estandartes y el honor de los partidos y organizaciones obreros. Unos más que otros. Con los responsables identificados.

Agradará, eso sí, a quienes ven en el pasado una de las claves para comprender el presente. En el LXXV aniversario de la sublevación militar y civil encaja muy bien el que Preston haya profundizado en las raíces del terror, a saber, en las luchas sociales que puntearon el quinquenio 1931-1935, en la arrogancia de una clase incapaz de entender la necesidad del menor cambio y en el desprecio que un sector del Ejército y de los ricachones de la época sentían por la "escoria de la tierra", condenada a una vida en condiciones infrahumanas en espera, eso sí, de que el Señor les recompensara en la próxima.

El trato que Preston da a los manejos de la CEDA (confederación de las derechas) es antológico. Frente a las visiones reduccionistas de una historiografía marcada por el patético deseo de desvirtuar en todo lo posible las intenciones y logros de la conjunción reformista, en 1931 y 1936, la obra muestra cómo en aquel periodo se sentaron las bases para lo que después ocurriría. Ni Gil Robles, ni Lerroux ni personajes siniestros como Salazar Alonso salen bien parados. Mola y sus conmilitones (Queipo de Llano en particular) aparecen como lo que fueron: militares brutales, ignorantes y desbarrados con sus alucinaciones sobre el "peligro" comunista, judaico, masónico, ateo o liberal, bien nutridas por los camelos difundidos por personajes turbios como el padre Tusquets o el corrupto policía Carlavilla.

Me asalta una pregunta. ¿Hará algo la Iglesia católica por elevar si no a los altares al menos a una condición honorable a gente como los padres Santiago Lucas Aramendia, Antonio Bombín Hortelano, Andrés Ares Díaz o Jeromi Alomar Poquet? Todos ellos, y otros, masacrados por militares, carlistas o falangistas tras interceder a favor de condenados a muerte "por auxilio a la rebelión".

Frente a los negacionismos de pandereta que siguen aflorando en la España de nuestros días, y que remozan las "verdades" de la guerra y del franquismo como si no hubiera pasado el tiempo, el libro de Preston, que aparecerá en su versión original inglesa el próximo otoño, difundirá en todo el mundo los horrores made in Spain. Cualitativa y cuantitativamente mucho más brutales, permanentes y extensos en un régimen que, al incidir sobre su propio pueblo, no deja de recordar algo al estalinista con su afición a tergiversar el pasado. Bajo la mirada no intervencionista, eso sí, de las altaneras y orgullosas democracias occidentales.

Una obra, en definitiva, que ratifica la reputación del autor y que debiera ser de lectura obligada no solo para los interesados por nuestro pasado sino, y sobre todo, para los educadores de las generaciones futuras.



EL HOLOCAUSTO ESPAÑOL
de PAUL PRESTON
15.0x23.0 cm
Nº páginas: 768 pags
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788483068526
Nº Edición:1ª
Año de edición:2011
Plaza edición: BARCELONA

lunes, 7 de febrero de 2011

Presentación del libro “Generaciones y memoria de la represión franquista”


De Julio Aróstegui y Sergio Gálvez, eds.


ATENEO DE MADRID. SECCIÓN DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN

Jueves, 10 de febrero de 2011, a las 19.00 horas

“Generaciones y memoria de la represión franquista”

Julio Aróstegui y Sergio Gálvez. Eds.
Presentación del libro a cargo de:

D. Carlos Berzosa. Rector de la Universidad Complutense de Madrid.

D. Luis Enrique Otero Carvajal. Decano de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid

Julio Aróstegui. Editor- Director de la Cátedra Complutense “Memoria Histórica del Siglo XX”

Sergio Gálvez Biesca. Editor- Investigador de la Cátedra Complutense “Memoria Histórica del siglo XX”

Presenta: Jaime Ruiz. Presidente de la Sección de Educación del Ateneo.

Sala Nueva Estafeta Calle del Prado, 21



martes, 21 de diciembre de 2010

"El último relato", por Ricard Vinyes, en Público el 20 de diciembre

En la historia de la dictadura hay dos épocas en las que sus dirigentes tuvieron –y sintieron– la necesidad de envolver la política con estrategias de alta densidad memorial y simbólica. Se trataba de establecer un tótem con el que congregar a la nación recién inventada en torno a un relato, alrededor de palabras expresadas en formatos muy diversos: piedras talladas en hechuras de metáfora, símbolos de leyendas recuperadas, invocaciones al barroco, imágenes del presente interpretadas en clave del pasado, y al revés.

La primera de esas dos épocas aconteció apenas iniciada la postguerra, e inauguró y desarrolló una épica monumental que relataba la perdurabilidad de los valores de la Victoria –además de la victoria estrictamente bélica, claro–. Aunque el éxito, la conquista relatada y el acto fundacional de la época no era sólo la Victoria, sino la sangre y dolor vertidos para ella, la sangre como capital e inversión, como valor nacional. Esa época concluyó en 1957, con la apoteosis de Cuelgamuros, sus cruces, ángeles y monstruos. Jürgen Habermas dice del Valle que parece “un monumento encargado por los faraones a Walt Disney”; pero no, la verdad es que el Valle no tenía –ni tiene– nada que sea ridículo o grotesco, nada que permita sonrisa o burla, sólo transmite exaltación del dolor y del temor. Es la síntesis de un tiempo y la expresión exacta de una idea hecha realidad, el templo deseado por el fascismo europeo derrotado que hallaba en España, siempre, referencia y refugio. Es la escenografía de la derecha española victoriosa congregada al entorno de su dictadura. En la década siguiente la Victoria fue substituida por la Paz, y los valores de la sangre y el dolor por los de la modernidad y el desarrollo, (que es dolor y sueño a la vez). Comenzaba una época y buscaron contar su propósito. Los XXV años de Paz celebrados fueron un relato sobre la construcción –y salvación– nacional, pero para ello debía ocultarse que 25 años atrás la modernidad había sido destruida a sangre y fuego.

Cualquier proyecto de construcción nacional reposa tanto en la memoria como en el olvido; ambos son las dos dimensiones de un mismo campo de negociación de sentido, donde narraciones concurrentes rivalizan para hacerse escuchar, para conquistar un espacio propio y alcanzar la hegemonía o el dominio. Para eso fue concebida la operación político-cultural de mayor ambición producida por el Estado en la España del siglo XX . Se trataba de ofrecer a la sociedad un espejo que devolviese la imagen de un presente idealizado que prefiguraba un futuro de desarrollo integral, de bienestar y paz social en una Arcadia española vacía de conflictos. Con ese objetivo, el Ministerio de Información y Turismo dirigido por Manuel Fraga Iribarne, titular de la cartera desde 1962, planificó, ejecutó y gestionó una enorme movilización de recursos culturales y académicos, políticos y económicos, nacionales e internacionales. España fue pensada integralmente, y de ese ejercicio surgió una gran maniobra cultural de legitimación y perpetuación de la dictadura que, con un remozado universo simbólico, regalaba identidad y voceaba que el futuro de modernidad y desarrollo estaba asegurado, y que lo estaba porque se había producido, 25 años atrás, una Victoria fundadora de la Paz presente. Era el complemento cultural que ponía palabras, un relato, al proyecto económico establecido en los Planes de Desarrollo.

La conmemoración de los XXV años de Paz fue un empeño de altura efectuado al margen de la realidad y destrozado por la realidad misma, una realidad de la que formaba parte la acción del antifranquismo que de ningún modo la dictadura podía asumir. Ferias, exposiciones, pabellones internacionales, canciones y películas, teleclubes y festivales erigidos como homenaje en 1964, no fueron suficientes para convencer, dentro y fuera, sobre la España arcádica heredera de la Victoria. Al fin y al cabo esa época comenzó con la ejecución de Julián Grimau, en abril de 1963, prosiguió en julio del mismo año con las ejecuciones de Francisco Granados y Joaquín Delgado, las huelgas mineras y fabriles de 1964 y las de 1966 y la constitución de un nuevo sindicalismo; tuvo que tragar las grandes movilizaciones estudiantiles que destrozaron el sindicato falangista universitario y a su jefe nacional, Rodolfo Martín Villa; alcanzaba el límite con el asesinato de Enrique Ruano por la policía y la declaración del estado de excepción en 1969 y asumía el final definitivo con el Proceso de Burgos, a fines del otoño de 1970. Y entremedio, algo más. En 1963, en el contrabando de libros que desmentían los relatos oficiales, apareció un título que conmovió los cimientos del ministerio de Fraga Iribarne, El mito de la cruzada de Franco. Su autor, Herbert Rutledge Southworth, un historiador de Oklahoma al que algún día este país debería dedicar una plaza. El impacto de aquel texto –más que el de otros hispanistas más populares pero menos penetrantes y consistentes–, promovió que el ministro de Información nombrase a un joven funcionario lejanamente interesado en temas de historia, Ricardo de la Cierva de Hoces, para montar una Sección de Estudios sobre la Guerra de España, con la función declarada de establecer un servicio de contrainformación que detuviese la nueva perspectiva de la historia de la Guerra Civil española. Con la Sección de Estudios nacía la historiografía neofranquista, hoy mal llamada revisionista.

En cualquier caso, cuando un libro conmueve un ministerio, y aún más si es el de Información, es que la capacidad de congregar está perdida; y a partir de ahí, la política no tiene norte.

Ricard Vinyes es historiador

sábado, 11 de septiembre de 2010

Hoy, 11 de septiembre


Hoy, 11 de septiembre, se cumplen 70 años del asesinato de mi abuelo por un pelotón de fusilamiento franquista.

La sentencia por la que se le condenó a muerte, acusado del delito de "adhesión a la rebelión" (a él y a sus compañeros, defensores del legítimo Gobierno democrático de España) sigue siendo, hoy 11 de septiembre de 2010, completamente legal y firme, Ley de Memoria Histórica mediante.

Así sucede con todas los actos represivos del franquismo, recogidos en sentencias emitidas a partir de los iniciales Bandos de Guerra (1936), de la Ley de Responsabilidades Políticas (1939), la de Represión de la Masonería y el Comunismo (1940), la de vagos y maleantes, la de Orden Público (1959), de Represión delitos de bandidaje y terrorismo (1947), el Código Militar de 1945 y el Penal de 1944... (1)

Además, en el cementerio donde está enterrado junto con casi otros 400 compañeros y camaradas, no hay una fosa común sino dos, separadas por unos 50 metros: en una arrojaban a los que en el último momento aceptaban ser confesados por el cura allí presente; en la otra echaban a los irreductibles.

En este país lastrado por pactos de silencio y de impunidad, que tiene a docenas de miles de sus mejores hijos arrojados en fosas comunes y mira hacia otro lado, que se niega a hacer diferencias entre víctimas y victimarios: sin Justicia (real, efectiva, completa) no hay reconciliación que valga.

No olvidamos, no perdonamos.

Verdad, Justicia y Reparación.


(1) CARRILLO, MARC "El marco legal de la represión de la dictadura franquista durante el periodo 1939-1959", en El Derecho a la Memoria, Felipe Gómez Isa (Dir.) Bilbao 2006
JIMÉNEZ VILLAREJO, CARLOS "La destrucción del orden republicano (apuntes jurídicos)", en Generaciones y Memoria de la represión franquista: un balance de los movimientos por la memoria, .Hispania Nova, 2007. Sergio Gálvez (Coord.)
http://hispanianova.rediris.es/7/dossier/07d007.pdf

miércoles, 5 de mayo de 2010

"La Transición contada a mis padres"

Juan Carlos Monedero, en Público, el 28 de abril

A la memoria de Pepín Vidal Beneyto


Mil veces oímos una petición de silencio que hoy resuena con cuento de furia y ruido: “Abuelo, deje de contar batallas”. Ignoraban los guardianes de los tiempos apacibles que la verdadera batalla no era esa que los viejos apuntaban. Era otra, apenas susurrada, que se contaban a ellos mismos en un silencio de décadas, con complicidad de café, trinchera y cuitas compartidas. “¡Deje de contar batallas, abuelo!”. Y los apaciguadores, al tiempo, contaban incontables veces su cuento incontinente: “La democracia nos la inventamos nosotros”. Lo dijeron, lo escribieron, lo repitieron, lo exportaron y, quizá –sólo quizá–, hasta se lo creyeron. Sociólogos corrieron a decir que antes de la Transición no hubo democracia y que, de pronto, ya éramos iguales al resto de Europa; filósofos cambiaron panfletos contra el todo por panfletos por lo que me caiga; historiadores oficiales dieron el pasado como inocuo pasto abierto sólo a anticuarios; sabedores de la política hicieron taxonomías borgianas para que encajara la democracia con un campo sembrado de fosas comunes y desmemoria; matemáticos trazaron la topología que permitía transitar en vez de retornar a la democracia perdida; periodistas y filólogos encontraron en el decir “consenso” una palabra mágica que contentaba a tirios y troyanos (a unos porque no cuestionaba ningún fruto de su victoria; a otros, porque les entregaba una excusa perfecta para explicar por qué eran tan vociferantes y tan poco consecuentes). Burlón este espíritu de la Transición democrática.
La Transición redujo la explicación dolida del pasado a un problema de derechos humanos. En la distancia, todos somos bienintencionados. Por eso era relevante explicar aquella época como una locura colectiva fruto del calor y los tiempos duros. Otras explicaciones sacan el hilo al ovillo y llegan hasta palacios reales, catedrales, cámaras bancarias y mansiones donde siguen los que nunca se fueron.

Recuerdo de la madre. Hija robada por la posguerra a un herrero anarquista –linchado cabeza abajo, colgando de un olivo, por el jefe de Falange, luego alcalde del pueblo–. Nueva vida en Madrid. Pudo estudiar. Su colegio tenía dos puertas, una principal para las niñas ricas y otra lateral para las hijas de la caridad. Recuerdo a la madre subiendo, junio de 1977, la calle del colegio donde estudiaban sus hijos. A suplicar un precio en los caros ejercicios espirituales. Carteles electorales en las paredes. Entendí cuando el cura afirmó: “Si no podéis permitíroslo, buscad otro colegio”. El franquismo fue una dictadura de clase. Pero nunca acepté el tuteo arrogante a la madre derrotada. Porque los mataron mil veces. En aquellos años de la guerra y la posguerra, y también en cada humillación, durante cuatro interminables décadas (las cartas que llegaron y las que no llegaron; compartir mesa con el verdugo; suplicar trabajo o limosna de lo que fue el propio patrimonio; los labios mordidos; pisar el suelo donde reposan los abandonados; las placas santas ensalzando al sayón; la impunidad de los togados, los purpurados, los condecorados; el interminable usted no sabe con quién está hablando…).

“Con la Transición, los demócratas vencimos”, y le cargaron al búnker toda la memoria del franquismo. Derrotado el búnker, derrotado el franquismo. ¿Un nuevo inicio? ¿Sin restitución? Hasta que un juez quiso llevar a juicio aquella etapa y se cayeron las caretas. El juicio al franquismo ha separado a los demócratas gratuitos de los demócratas con todas las consecuencias. “Las virtudes de la Transición son los vicios de la democracia” se reescribe: “Los vicios de la Transición son los vicios de la democracia”. Un sistema electoral indigno; Bartolín llamando a la Guardia Civil desde un maletero porque lo había secuestrado ETA. Cospedal y la Caudillesa gritando ¡golpe de Estado! por una reunión política en sede universitaria; un juez escondiendo residuos franquistas bajo alfombras progresistas; el filósofo de la ética para adolescentes recibiendo el premio literario más amañado de la historia de los premios; el ministro de Información de Franco, el que afirmó tras el asesinato en la Puerta del Sol de Julián Grimau que ese “caballerete” merecía morir, redactando la Constitución de la democracia que apuntaló a un rey de origen franquista, a comisarios de origen franquista, a catedráticos de origen franquista, a periodistas de origen franquista e, incluso, a franquistas de origen franquista. Ahí reposa nuestro miedo. Franco es más peligroso muerto que vivo. Vivo por lo menos se le veía venir.
Dudo de que la Transición hubiera podido ser radicalmente diferente. En 1973 fue el golpe contra Allende. Unos meses después, la Revolución de los Claveles alertó a los guardianes de la guerra fría. Y 40 años de exilio, represión y miedo. Lo reprochable es la falta de honestidad de sus voceros. No decir: “Hicimos lo que pudimos, lo que nos dejaron, lo que nos atrevimos”. Esconderlo tras “nos corresponde la mayor hazaña democrática de la historia de España”. Una Transición perfecta que no deja entender una democracia tan imperfecta.

Lo han tenido que recordar desde fuera: aquí hubo un propósito de genocidio. Hubo guerra porque los franquistas, aun ayudados por Hitler y Mussolini, no tuvieron la fuerza suficiente. Cuando ganaron, la intención genocida se consumó. Hoy se siguen repartiendo culpas con la excusa de la guerra. Para una lectura democrática, los luchadores por la República dieron todo para frenar el genocidio. Y los olvidamos.
Por eso, abuela, abuelo, perdonad por lo que no os dejaron hablar en estos años. Y contadme otra vez, desde el principio, todas aquellas batallas.

Juan Carlos Monedero es profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid
http://blogs.publico.es/dominiopublico/1982/la-transicion-contada-a-mis-padres/

jueves, 28 de enero de 2010

Pasar la página

Hace una semana leíamos: “Eurodiputados catalanes piden que se retire un símbolo franquista del Parlamento Europeo. El PSC pide al Gobierno que envíe a Bruselas un ejemplar de la Constitución sin el águila y las flechas” (1). Estas noticias fueron pronto comentadas por nuestro compañero, camarada y amigo Emilio Sales con el espíritu crítico que le caracteriza, en un artículo titulado “La gallina constitucional”(2)

Sin embargo nos resultó especialmente sorprendente una sagaz propuesta de solución a tan incómodo conflicto: “mientras llega ese momento, los eurodiputados del PSOE y el PP han propuesto pasar la página y seguir mostrándolo en la exposición abierto por otra parte” (3).

En primer lugar debemos partir de una incontestable realidad: el águila franquista era el escudo oficial del Estado español en diciembre de 1978 cuando se promulgó el texto constitucional, y lo siguió siendo hasta 1981.

Ciertamente hoy es impresentable y políticamente incorrecto exhibir en Bruselas y en el Congreso de Diputados ejemplares del texto constitucional presididos por sendas gallinas, con su yugo, sus flechas y sus lemas de “una, grande y libre”. Pero la pretensión en este caso, de ocultar los símbolos franquistas externos, enmascara un objetivo más profundo: hurtar un análisis de fondo y un posible debate social sobre la Constitución del 78 en sí, y las circunstancias políticas e históricas en que ésta se generó.

Por ejemplo, que todos los que pudieron votarla lo hicieron en circunstancias completamente diferentes a las actuales, y tienen hoy al menos 49 años. O que la pervivencia del carácter oficial de esos símbolos durante la Transición, no es más que un síntoma (relativamente anecdótico) de que el proceso estuvo diseñado y dirigido por los herederos de la dictadura, en una situación de correlación de fuerzas de manifiesta inferioridad de la oposición democrática, bajo la permanente espada de Damocles del golpe militar involucionista y la violencia impune de los pistoleros fascistas. También estos días hemos conmemorado los aniversarios de los asesinatos de Enrique Ruano y de los Abogados de Atocha.

Asimismo podríamos analizar la forma en que esa Constitución fue aprobada: porque las elecciones de 1977 no fueron planteadas explícitamente a los ciudadanos electores como constituyentes; porque se impidió la presentación de cualquier candidatura republicana; porque las autoridades y corporaciones municipales que controlaban el proceso (hasta la elecciones locales de 1979) estaban formadas exclusivamente por adeptos y beneficiarios de la dictadura nombrados a dedo por el respectivo Gobernador Civil, a su vez designado por el ministro de la gobernación de turno, quien era elegido vía digital por el jefe del Estado del momento. Y no olvidemos que la dictadura tuvo dos titulares en la Jefatura del Estado, uno desde 1936 hasta su muerte física en 1975, y el otro, desde noviembre del 75 hasta la promulgación de la Constitución en diciembre de 1978.

Lo más preocupante del proceso constituyente no es que no estuvieran derogados los símbolos oficiales del franquismo en 1978, consecuencia natural de que no se hubiera producido ninguna ruptura democrática con el régimen nacido a sangre y fuego el 18 de Julio del 36. Porque ¿quién había designado a la persona que rubricó los ejemplares del texto constitucional hoy expuestos en el Europarlamento y en el Congreso de Diputados?. Deberíamos tener presente que desde hace 70 años, todos los decretos y leyes que aparecen en el BOE son firmados por un militar que no ha sido votado por nadie, y que el himno y la bandera actualmente oficiales (que también lo eran en 1978) fueron reestablecidos por Cabanellas, Queipo de Llano y Franco en Sevilla, el 15 de agosto de 1936, para la parte del país controlada entonces por los militares facciosos.

En consecuencia, lo más grave de la Transición no es que se usasen los símbolos oficiales vigentes en el momento o que el proceso estuviera en todo momento tutelado por responsables de la dictadura recién conversos (de manera casi milagrosa) a la democracia, sino la certificación, vía Ley de Amnistía de 1977, de la impunidad de los golpistas del 36, de los jueces y fiscales del TOP, y de los torturadores de la Brigada Político-Social, entre muchos otros. O, por ejemplo, que nadie haya exigido la presentación de disculpas públicas y reparación material efectiva a las víctimas del franquismo por parte de las instituciones y de las empresas que se lucraron del trabajo esclavo de los presos republicanos, algunas de cuyas herederas cotizan hoy en el Ibex 35. Y en este asunto podríamos tomar lecciones y ejemplo de países como Francia, Austria y Alemania. (4)

También resulta sorprendente comprobar cómo se pueden escandalizar por la presencia de la siniestra gallina en un documento oficial de 1978 quienes han certificado, aprobando la Ley de Memoria de 2007, la plena legalidad y vigencia de las sentencias represivas del franquismo en nombre de la “seguridad jurídica”.

Algunos argumentarán que “precisamente gracias a esa Ley de Memoria se retiran los símbolos”. Aparte de que es una vergüenza nacional que aún se tenga que reivindicar 35 años después de la muerte del dictador, el argumento es falso: no se ha publicado aún el reglamento de la Ley que concreta plazos y tipología de los símbolos a retirar, amén (y nunca mejor dicho) de los subterfugios que la Ley facilita a determinadas instituciones, en especial a la Iglesia católica, para soslayar las obligaciones que establece como marco general. La Ley de Memoria, como mucho, está sirviendo de acicate para que diversas instituciones de la Administración del Estado y algunos ayuntamientos retiren hoy símbolos y nombres de calles en cumplimiento de las competencias y facultades que les son propias desde 1979.

En consecuencia, que por una vez y sin que sirva de precedente, estamos de acuerdo con los eurodiputados del PP y del PSOE en que ya va siendo hora de pasar página.

Arturo Peinado. Federación Estatal de Foros por la Memoria
Madrid, 28-01-2010



(1) http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=678124&idseccio_PK=1008

(2)
http://www.foroporlamemoria.info/2010/01/la-gallina-constitucional/

(3)
http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/noticia.asp?pkid=525686

(4)
http://www.elmundo.es/2000/03/23/europa/23N0066.html
http://www.elpais.com/articulo/internacional/ALEMANIA/NAZISMO/HOLOCAUSTO_JUDiO/Alemania/pagara/850/000/millones/trabajadores/esclavos/regimen/nazi/elpepiint/19991215elpepiint_14/Tes/

lunes, 18 de enero de 2010

María del Mar Bonet y Quilapayún: "Què volen aquesta gent"

El 20 de enero de 1969 el estudiante Enrique Ruano era asesinado por la policía de Franco. Han transcurrido 40 años y este delito permanece impune





¿QUÉ ES LO QUIERE ESA GENTE?
(Lluís Serrahima - Maria del Mar Bonet)

De madrugada han llamado
están en el rellano de la escalera
la madre cuando sale a abrir
lleva la bata puesta

¿Qué quiere esta gente
que llama de madrugada?

Su hijo, ¿no está aquí?
Duerme en su habitación
¿Qué quieren de mi hijo?
El hijo se medio desvelaba

La madre bien poco sabe
de todas las esperanzas
de su hijo estudiante
que bien comprometido estaba

Días ha que habla poco
y cada noche se agitaba
le venía un temblor
esperando una llamada al romper el alba

Todavía no bien despierto
ya siente viva la llamada
y se lanza por la ventana
al asfalto de un vuelo

Los que llaman quedan mudos
salvo uno, quizás el que mandaba
que se inclina al ventanal
por detrás grita la madre

De madrugada han llamado
la ley una hora señala
ahora el estudiante está muerto
muerto de una llamada al romper el alba.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Programa Repor de TVE 1, 17 de noviembre: "Lo que queda de Franco"



Documental sobre el 20-N. El promotor y único responsable de este blog, en representación de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, interviene hablando sobre la pervivencia de calles y monumentos franquistas en Madrid



Se cumplen ya más de 30 años de la muerte de Franco y aunque haya ya 2 generaciones que no han conocido la España de la dictadura, la sombra del Generalísimo y su simbología aún perdura. En calles y edificios oficiales aún quedan reliquias de la simbología fascista. Cada año se convocan actos nostálgicos …

En Youtube:

1ª parte
http://www.youtube.com/watch?v=Qlv4EWKOdmo

2ª parte
http://www.youtube.com/watch?v=6cdh09CvC8Y


3ª parte
http://www.youtube.com/watch?v=NNLxT8Y_6WQ

Lo que queda de Franco en Yahoo! Vídeo
http://es.video.yahoo.com/watch/6449853/16724964


Web de RTVE:
http://www.rtve.es/mediateca/videos/20091118/repor-queda-franco/630804.shtml

domingo, 15 de noviembre de 2009

Espíritus y memorias en transición. Ariel Jerez, en Público, 14 de noviembre

El ex dictador uruguayo Goyo Álvarez ha sido condenado recientemente a 25 años de prisión por el homicidio de 37 opositores, entendiéndolo el juez como un delito de lesa humanidad. Al tiempo, el juez Baltasar Garzón está siendo sometido a un juicio por el Tribunal Supremo debido a la acusación de una organización de extrema derecha, que exige entender como prevaricación su intento de investigar el asesinato y la desaparición de 113.000 ciudadanos que no apoyaron el golpe de Estado franquista.

Muchos países del mundo que han transitado a la democracia tras cruentas dictaduras han tomado iniciativas para hacer justicia a quienes padecieron las violaciones de derechos humanos. En nuestra ejemplar Transición, coronada con una Constitución monárquica que normaliza la institucionalidad franquista, ninguno de los responsables del régimen represor ha tenido que responder ante la Justicia.

Algunos intelectuales orgánicos del nuevo régimen niegan que haya habido pacto de olvido. Pero cuando desde los poderes del Estado se reafirma, una y otra vez, un espíritu de la Transición, no podemos dejar de interrogarnos sobre esta prolongada operación de manipulación simbólica y discursiva, orientada a contrarrestar la emergencia pública y política de los discursos de quienes cuestionan unos consensos nítidamente conservadores sobre diversos aspectos de nuestra vida en común.

Existe una nueva generación de ciudadanos que no asume este relato transicional, que convirtió a los articuladores de estos pactos elitistas en los grises héroes de nuestra democracia otorgada, y que rechaza una reconciliación presentada como la contracara del caos de los años republicanos y la condena de toda movilización de los de abajo como una irresponsabilidad para consolidar la democracia, cuando no un peligro de reabrir viejas heridas. Y este descubrimiento progresista se debe a una evidencia: pese a la crisis sistémica, nos guste o no, hoy la movilización social de contenido estratégico está en manos del bloque conservador (Iglesia, Partido Popular, empresariado e izquierdas cooptadas-silenciadas). Saben que, anticipándose a todo intento por revisar este relato, consiguen mantener una posición clave para contener cualquier iniciativa de redistribución simbólica y material considerada inaceptable para sus tan bien conservados privilegios.

La defensa de la Transición y la Constitución se ha convertido en un modus vivendi, donde los epígonos de los grises héroes institucionales lograron apartar de nuestra vida pública a los antifranquistas que en la calle lucharon por acabar con la dictadura, para ocupar ellos, en exclusiva, el panteón de los “padres” de la democracia.

En las primeras elecciones democráticas (junio de 1977), el Ministerio de la Gobernación retrasó la legalización de algunos partidos políticos para que no participasen; unos porque podían encontrar posibilidades a la izquierda del PCE-PSOE y otros porque tenían como punto fundamental en su identidad la reivindicación de una república. Así se construyó un Parlamento a la medida de las necesidades del cambio de camisa de las élites franquistas, donde nadie cuestionaría frontalmente el modelo económico y la monarquía, donde izquierdas y derechas votarían una Ley de Amnistía que ha otorgado impunidad a todos aquellos que perpetraron violaciones de derechos humanos durante la dictadura. Con este pacto, la izquierda se vería obligada a desmovilizar a sus bases, pero también a recortar su imaginario social e ideológico y a renunciar a introducir vectores emancipadores en la reconstrucción de una cultura democrática tras tres generaciones socializadas en el franquismo. En este sentido, el verdadero haraquiri político fue en el campo progresista.

La ejemplaridad del relato hegemónico está basada en la ignorancia de la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas educados tras la muerte del dictador, que no han aprendido en sus centros de enseñanza nada o casi nada acerca de las atrocidades del franquismo. Esto ha sido una política de Estado que oculta tanto la dictadura como las dejaciones de los padres de las Constitución. Como ha dejado en evidencia Amnistía Internacional, España es el segundo país en número de desaparecidos del mundo y uno de los peores en formación de derechos humanos. En realidad, vivimos en una monarquía bananera.

Lo que no nos ha impedido presentarnos como el caso de referencia para dar lecciones democráticas en las diversas olas de democratización decretadas por el sector académico funcionalista, satisfecho con homologar democracias contando votos y procedimientos, e ignorando lacerantes e insostenibles desigualdades e injusticias. Mientras tanto, en nuestras ciudades y pueblos agonizaban en silencio, sin reconocimiento público, los hombres y las mujeres que deberían ser el espejo ciudadanista en el que se mirase nuestra sociedad. Estigmatizados por el miedo del “se había significado políticamente”, caían de nuevo en las cunetas de la historia.

Sin duda, nuestra Transición fue un nuevo espejito que quisimos vender a América Latina, donde nuestras redes académicas globalizadas, con el apoyo de fundaciones y multinacionales, organizaban este nuevo relato ejemplar de la madre patria, ignorando activamente cómo muchos de los países hermanos ponían en marcha, sin bonanza económica y con escasos recursos institucionales, comisiones de la verdad, derogaban leyes de punto final y enjuiciaban criminales sin ningún “espíritu” que los iluminase.

Durante unos días, en las jornadas Memorias en transición, expertos de las dos orillas debatieron sobre transiciones, memorias y justicias necesarias, iluminando la virtud de los que luchan por los derechos humanos y la ciudadanía contra la oscuridad del fascismo (ignorancia política activa siempre al acecho).


Ariel Jerez es profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid
http://blogs.publico.es/dominiopublico/1661/espiritus-y-memorias-en-transicion/

domingo, 1 de noviembre de 2009

"Es que fue comunista". Rafael Reig en Público, 30 de Octubre 2009

Cartas con Respuesta: Es que fue comunista


La petición de rehabilitación de Miguel Hernández por parte de su familia es justa, pero contradictoria, ya que pedir la nulidad de una sentencia franquista puede estar dando legitimidad al tribunal que la dictó. Somos muchos los que pensamos que una condena de un régimen dictatorial no debe considerarse una derrota, sino más bien una farsa. Al margen de cuestiones políticas, lo más importante es que los hermosos versos de Miguel Hernández sigan ayudando a la formación de los niños en los colegios; algo que sería igualmente deseable para otros grandes escritores españoles que en plena democracia aún son valorados en función de su ideología y no de su buena literatura.
MANUEL CAÑEDO GAGO. MADRID


El problema es la ilegitimidad del régimen franquista. No sólo de los procesos penales, sino también de la rapiña patrimonial (que ha quedado al margen de la Ley de Memoria) y hasta de los tribunales de oposición a cátedra, por ejemplo. Para todo eso, creo yo, es necesario impugnar la transición, así que usted me dirá.

A mí modo de ver, los poemas de Miguel Hernández son inseparables de su compromiso político. Como todos los poemas de todos los poetas. “Al margen de cuestiones políticas”, como dice usted, sólo puede hacerse una lectura fraudulenta de Miguel Hernández: la política es medular en su poesía y en su vida. Esto no es que lo diga yo, él mismo lo afirma y lo hizo verdad en sus versos.

Si usted cree que se puede separar “su buena literatura” de “su ideología”, en mi opinión, o no lo ha leído o no lo ha entendido ni por el forro o quiere engañar a esos “niños en los colegios”. La infamia añadida y más indecorosa que se le puede infligir a Miguel Hernández es leer su obra como si no hubiera sido comunista, como si no hubiera escrito como comunista y como si no hubiera sido encarcelado y hubiera muerto por ser comunista.


Hasta ahí podíamos llegar. Cometa ese fraude lector con Pemán, Foxá o a Sánchez Mazas, quizá los lea tapándose un ojo, para intentar no ver su repugnante ideología. Como si la poesía no fuera ideología. Usted perdone, pero Miguel Hernández no tiene nada de lo que avergonzarse.

http://blogs.publico.es/rafaelreig/729/es-que-fue-comunista/

jueves, 29 de octubre de 2009

No hay como una buena Transición para lavar el pasado


El martes 27 de octubre, el programa de Telemadrid “Madrid opina” comenzó con un fragmento de una entrevista que hace unos años el director del Programa, Ernesto Sáenz de Buruaga, realizó al recientemente fallecido Sabino Fernández Campo.

En el fragmento seleccionado, Fernández Campo, Conde de Latores, criticaba el fenómeno de la recuperación de la memoria histórica que se viene dando en nuestro país, empleando los consabidos argumentos de defensa de la Transición como proceso de reconciliación entre españoles, la exaltación de las bondades y beneficios del olvido, etc…

Inevitablemente recordé las palabras pronunciadas por el escritor Juan Gelman en su discurso de recepción del Premio Cervantes 2007:

“Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas.(…). Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular”.

Me pregunto qué parte de su pasado podía tener interés en obviar el Sr.Fernández Campo, dado que en todas las necrológicas y obituarios escritos estos días aparece como Padre de la Patria, benefactor social, y demócrata de toda la vida por principios y convicción: “Persona de excepción y asturiano y español «ejemplar», referente «moral y ético»”. Hablan de "Su defensa de la democracia en momentos claves de la reciente historia española…”. Santiago Carrillo, muy en su papel, rinde homenaje al “hombre sabio y valiente que defendió la libertad“.

Por tanto, ¿qué parte de su pasado podría tener interés en ocultar nuestro prohombre?. Pedro García Bilbao, compañero del Foro por la Memoria de Guadalajara, me remite unas notas biográficas de don Sabino:

“Defensor de Oviedo, miembro de la hermandad de antiguos defensores: uno de los 400 voluntarios civiles que se unieron a Aranda. No fue falangista, venía de la JAP (las juventudes de la CEDA de Gil Robles), en pleno proceso de fascistización.
Acaba la guerra como alférez provisional. Hace derecho en la “Convocatoria de la Victoria”, se mete a jurídico militar y al cuerpo de interventores, desde los 50 es, Interventor Jefe de la Casa Militar de Franco, un puesto de la máxima confianza del dictador. Acaba, como es lógico, al lado del sucesor de Franco.
¿Defensor de la democracia?. Cuando tocó defenderla, en julio del 36, no lo hizo”.

Deberíamos suponer que el consecuente demócrata en algún momento pidió perdón, o al menos se declaró arrepentido por haber actuado como faccioso contra el gobierno democrático y legal, y por haber sido jerarca del régimen dictatorial. ¿Condenó en algún momento don Sabino, miembro del patronato de la Fundación en Defensa de la Nación Española, el régimen de Franco y el golpe de estado del 18 de Julio?.

Por otra parte, ¿porqué el presentador Ernesto Sáenz de Buruaga seleccionó ese fragmento en concreto de la entrevista al conde de Latores?. Recordemos cómo narra un biógrafo de Franco la llegada de éste a Tetuán desde Canarias en el Dragon Rapide:
“Franco o Bolín (según versiones) dio instrucciones al piloto: "Dé una vuelta a la pista lo más bajo posible. Si le digo ¡Arriba! retome el vuelo sin vacilar". después de dar varias vueltas, Franco reconoció a uno de los coroneles sublevados y dijo al piloto: "¡Ahí está el rubito! ¡Aterricemos!". Al tomar tierra es recibido con júbilo por los oficiales sublevados, entre ellos Yagüe, que le besa y le abraza.” (Fernández, Carlos, El general Franco, Editorial Argos Vergara, Barcelona 1983)

Parece ser que el coronel “rubito” se llamaba Eduardo Sáenz de Buruaga.

lunes, 19 de octubre de 2009

La incompetencia y la corrupción generan víctimas


Me ha sorprendido leer hoy la siguiente noticia en "Público":
"La polio de los cincuenta, negligencia del franquismo" y el posterior artículo de Antonio Avendaño
"Responso civil por los ‘fusilados’ del 59".

Decía en sus últimos años Dionisio Ridruejo que el franquismo nunca fue un estado totalitario, porque tenía unas serias limitaciones que lo impedían: la incompetencia y la corrupción institucionalizada.

En este caso las víctimas fueron unos niños. De lo que es capaz la derecha cuando se ocupa de la salud pública ya lo vimos con la Colza y los "bichitos" de Sancho Rof, y lo estamos padeciendo día a día los madrileños con las políticas de Lamela, Güemes y la Lideresa. Además la situación va a ir empeorando conforme vayan surtiendo efecto las consecuencias del modelo de voladura controlada de la sanidad pública madrileña, que están implantando a beneficio de sus amigos a cargo de clínicas privadas, aseguradoras...

El programa de acción es meridianamente claro: la degradación planificada de la sanidad pública, transfiriendo recursos al sector privado, al tiempo que se convierte la primera en un residuo asistencial para los sectores desfavorecidos que no puedan pagarse la privada. Así la pública será menos costosa y podrán bajar los impuestos a los que más tienen.

Eso sí, que la gente debería plantearse que si la atención sanitaria se convierte en un negocio, habrá "clientes" no rentables, a los cuales la sanidad privada se negará a acoger: los enfermos crónicos y las personas mayores.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Un servidor, señor Ares, un servidor.

El Consejero de Interior del Gobierno Vasco, Rodolfo Ares, preguntaba ayer, 24 de septiembre en rueda de prensa: “¿Alguien se imagina en Berlín las fotos de asesinos nazis?”.

Si quien esto escribe se hubiera encontrado presente en dicho acto, tendría que haber levantado el dedo índice para responder: “Un servidor, señor Ares, un servidor”.

Para empezar debo decir que no voy a pronunciarme sobre lo relacionado con el “problema” o “conflicto” vasco porque no me siento suficientemente autorizado para ello, y ante todo, porque mi opinión al respecto probablemente no le interese a nadie. Sólo quiero expresar mi indignación por el vergonzoso uso por parte del Consejero Ares, de un argumento que desde hace tiempo venimos explicitando personas y organizaciones que pretendemos recuperar la memoria histórica, y que reivindicamos el derecho de las víctimas del franquismo a la Verdad, la Justicia y la Reparación.

Porque, señor Ares, 3.200.000 ciudadanos y yo vivimos en Madrid (por ceñirme a la ciudad en la que nací, en la que siempre he vivido y a la que quiero, ya que podríamos hablar de centenares de casos). En la Villa y Corte, Capital del Reino y candidata preolímpica, subsisten 34 años después de la muerte del dictador, más de un centenar de calles dedicadas a criminales de guerra, militares golpistas y perjuros (“militares traidores, mirad mi casa muerta, mirad España en llamas…” como escribió Neruda), y jerarcas de una dictadura totalitaria, régimen que resoluciones de Naciones Unidas definieron en 1946 como corresponsable de la guerra mundial junto a sus aliados, la Alemania nazi y la Italia fascista.

Asimismo, en Madrid hay colegios que llevan el nombre del General Mola o del Capitán Cortés, y docenas de edificios de la Administración General del Estado que ostentan la simbología de la dictadura. Como una imagen vale más que mil palabras, en webs de la Federación Estatal de Foros por la Memoria y del Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid se pueden encontrar docenas de fotografías, la mayoría recientes:
http://madridlimpio.blogspot.com/
http://www.foroporlamemoria.info/simbolos_franquistas.php

Señor Ares: hace un año estuve haciendo de guía en ese parque temático del fascismo llamado Madrid para un cineasta austríaco, un joven que había recorrido Alemania, Italia y Austria localizando vestigios del fascismo europeo. Me contó que había encontrado unas cuantas fasces y otros símbolos mussolinianos en Italia, y que en Alemania sólo había visto contadas tumbas de soldados nazis, muertos en combate, con esvásticas y runas nórdicas de las SS.

Me cité con él en la encrucijada de las calles del General Yagüe y del General Varela, y me dijo que se había quedado estupefacto al ver el Arco de la Victoria de Moncloa, justo frente al Cuartel General del Aire, donde pervive una enorme placa franquista y varios víctores nacional-católicos, que no van a ser retirados según la ministra Chacón porque el entorno está protegido por la normativa de patrimonio de nuestro Excmo. Ayuntamiento. Sin embargo, lo más chocante para mi interlocutor austríaco era algo en lo que yo nunca había reparado anteriormente: que la sede del Ministerio de Defensa de un país democrático occidental dé a la calle del General Yagüe, militar golpista y máximo responsable de 4.500 asesinatos sólo en Badajoz capital.

Señor Ares: no hace falta que se vaya a Berlín, puede ver centenares de calles dedicadas a asesinos de masas y símbolos fascistas en poblaciones donde gobierna actualmente, o donde ha gobernado durante muchos años (recorra usted Extremadura o Castilla la Mancha) el partido en el cual usted milita.

En cuanto a las declaraciones que en el mismo acto expresaron el señor Basagoiti y aquellos que hoy sustentan parlamentariamente al Gobierno vasco, entiendo que quien se niega a condenar el golpe de estado del 18 de Julio de 1936 y el régimen de Franco, en ningún modo está legitimado para emitir certificados de limpieza de sangre democrática.


Arturo Peinado Cano
Federación Estatal de Foros por la Memoria
Madrid, 25 de septiembre

domingo, 13 de septiembre de 2009

“Madrid 2016 sí, pero sin fascismo”


¿Consideras que entre los valores y principios fundamentales propugnados por la Carta Olímpica están:

la rebelión militar armada contra un Gobierno democrático legítimo; las desapariciones forzadas; las ejecuciones extrajudiciales; la violación de mujeres como arma de guerra; la explotación de los presos políticos como mano de obra esclava… ?

En la ciudad de Madrid perviven más de 100 calles dedicadas a militares golpistas y traidores, jerarcas de una dictadura totalitaria, y notorios criminales de guerra. Asimismo, en Madrid hay docenas de símbolos de carácter fascista dependientes de las diferentes administraciones del Estado.

Puedes encontrar fotografías y documentación en:

http://madridlimpio.blogspot.com/

http://www.foroporlamemoria.info/simbolos_franquistas.php?id_prov=30

Tenemos la corazonada de que nuestro Alcalde, antes del 2 de octubre, se comprometerá públicamente a la retirada completa e inmediata de toda la simbología franquista de la ciudad de Madrid, para que esta pueda presentarse ante el mundo como digna candidata a albergar los Juegos Olímpicos en el año 2016.

Por higiene democrática: “Madrid 2016 sí, pero sin fascismo”.

Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid

Madrid, septiembre de 2009

http://www.foroporlamemoria.info/2009/09/campana-%E2%80%9Cmadrid-2016-si-pero-sin-fascismo%E2%80%9D/


viernes, 11 de septiembre de 2009

La opinión de Gabilondo: 8 de septiembre

Inconmensurable Iñaki Gabilondo en el Informativo de Cuatro del pasado día 8

domingo, 2 de agosto de 2009

Manifiesto del 5 de agosto

70 aniversario de los fusilamientos de los 56 hombres y mujeres de la JSU

Secretaría de la Memoria del PCE / 31 jul 09

La cita de este verano en las viejas tapias del cementerio del Este corresponde con el 70 aniversario de los fusilamientos de los 56 hombres y mujeres de la JSU que aquella fatídica fecha sintieron en ellas perder su vida por la asesina mano de la dictadura y la de sus mentores. Hoy, 70 años después, estos crímenes siguen impunes.

No fueron los únicos; antes y después de este día, en este mismo cementerio serían asesinados decenas y decenas de ciudadanos, hombres y mujeres, que, como las 13 Rosas y sus 43 compañeros, aspiraban a un mundo más justo y libre para ellos y para sus hijos, para nosotros, defendiendo los valores democráticos que la república había traído a todos. Como Antonia Torres Llera, la que pudo ser la 14 rosa y no lo fue porque su sentencia se cumplió el siguiente febrero.

Casi tres mil asesinatos perpetrados en estas tapias y muchos miles más en otras tapias como estas, en barrancos, puentes o fortines. Y también estos crímenes siguen impunes.

Nosotros seguiremos trabajando para que se anulen todas las sentencias de aquellos tribunales ilegales que juzgaron a los españoles hasta bien entrada la llamada Transición, para que el sistema judicial español entre de oficio en la investigación sobre los crímenes cometidos por el franquismo: desapariciones, muerte, exilio, inhabilitaciones, secuestro de niños… y la aplicación correcta de los acuerdos internacionales de la imprescriptibilidad de los crímenes contra la paz y de los delitos de lesa humanidad que se sucedieron durante los años de la dictadura, condenados ya desde los juicios de Nuremberg y no aplicados en España.

Y como todos los años, públicamente nos reconocemos en el ejemplo de las Trece muchachas y del resto de jóvenes de esta saca de agosto. Con la vida pagaron el precio de su dignidad y de la nuestra.

Ellos, los muchachos de la JSU asesinados esa noche, todos y cada unos de los muertos y los resistentes del franquismo se merecen, al menos, que los españoles de hoy, y los de mañana, sepan la verdad, la de su lucha, la de su por qué y contra quién se enfrentaron. Es imprescindible conocer la historia de los demócratas de este país, historia que comenzó en 1931 e inmediatamente fue, primero segada y luego manipulada desde 1939, -ya van 70 años también de antipedagogía de nuestra memoria- y que nuestra sociedad actual, que aspira a ser de derecho y en la que hoy decimos convivir, parece no interesarse el recuperarla como parte de nuestro acervo cultural, social y político.

Como siempre, gracias a todas ellas y a todos ellos por su nobleza y generosidad.

Madrid, agosto de 2009
Partido Comunista de España


http://www.pce.es/secretarias/secmemoriahistorica/pl.php?id=3231

jueves, 30 de julio de 2009

Francisco Espinosa: "La justicia se ha quitado la careta con Garzón"

Entrevista al historiador Espinosa Maestre: "La justicia se ha quitado la careta con Garzón".
Público, 29 de Julio

El autor de ‘Callar al mensajero' cree que el "núcleo conservador" de la justicia frena cualquier intento de deslegitimar el franquismo


Ángel Munárriz

Tras reconstruir en sus obras el avance del bando nacional y la represión en Huelva, Sevilla y Badajoz, el historiador Francisco Espinosa lleva a las librerías Callar al mensajero (Península), donde documenta 12 casos de víctimas del franquismo, testigos, documentalistas o historiadores cuyas voces fueron silenciadas en plena democracia, en ocasiones con la complicidad del Estado.

¿Sigue habiendo tabúes sobre la represión?
Sí, pero se han roto muchos. Ya desde ante del inicio del movimiento de memoria, hubo desde los 80 varias investigaciones importantísimas, porque constituían el acta de desaparición del abuelo, el padre...

¿Garzón quiso entrar en un jardín prohibido?
Es evidente. Pero su intento tiene un mérito: puso en términos jurídicos lo que estaba dicho en palabras de historia sobre lo ocurrido tras el 18 de julio. La justicia se ha quitado la careta, como cada vez que ha hecho falta. Ya lo hizo con Ruiz Vergara [autor de la película Rocío, censurada por el Supremo en el 84]. Entonces era abiertamente franquista. Ahora, aunque disimulado, tiene un núcleo conservador.

¿Hay miedo en la derecha a deslegitimar el franquismo?
La derecha española no puede ser como la alemana porque tiene conciencia de ganadora. A diferencia de Alemania, Italia o Austria, en España el fascismo ganó y se perpetuó, controlando la transición mediante el ejército. Aquí se ha logrado evitar que Garzón demostrase la criminalidad del franquismo con la lógica jurídica.

¿Cree que no hubo un cambio democrático real?
¿Cuándo? Franco murió en el 75. ¿Fue entonces, o en el 78? ¿Fue con la Constitución, con el harakiri de las Cortes? No hay punto de cambio. La gente se quita la camisa azul, se pone la otra y se presenta como demócrata de toda la vida.

¿Lo atribuye al vínculo familiar de la clase política con el franquismo?
Pero eso pasa a todos los niveles, y mientras a un nivel más alto te muevas, más. ¿Quién estudiaba en España? La mayoría era de familia burguesa, es de cajón. Mira la judicatura. La mayoría, incluso de los que hemos investigado la represión, somos de familias de derechas. Incluso los jueces progresistas lo son. Se puede saltar ese condicionante.

¿Ha hecho mella en la percepción de la historia el repunte del revisionismo?
No sé dónde hubiera llegado si el PP gana en 2004, porque tras los primeros síntomas a finales de los 90, en 2000 se quitaron la careta con una recuperación del franquismo y una crítica absoluta de la experiencia democrática republicana, sirviéndose de propagandistas como Pío Moa o César Vidal.

¿Qué supondría una sentencia en Estrasburgo favorable a la familia de Luis Dorado Luque?
Sería muy importante y abriría nuevas puertas. Es algo que se puede conseguir en cualquier momento, o también que no se consiga nunca. Pasa como con la inhibición de Garzón, que a mí me parece fatal, pero que puede hacer que hayas jueces que abran otras vías.

¿Qué suscita su interés por las voces acalladas, recogido en Callar al mensajero?
Es algo que conocemos de sobra los investigadores. Recuerdo el impacto que produjo la película Rocío, de Fernando Ruiz Vergara. La pantalla se quedaba en negro varias veces por una sentencia de 1984 Supremo que obligaba a suprimir las partes en que se identificaba a José María Reales, con nombres y apellidos, como el principal represor en Almonte. En cuanto empezó a circular, su familia, de terratenientes, lo cortó.

La película se exhibió otra vez en Huelva en 2005.
Pero no íntegra. Le hacíamos un homenaje a Ruiz Vergara, que traía las dos versiones: la original y la otra. La hermandad del Rocío y el Partido Andalucista empezaron a movilizarse en contra. Los medios le ponían el micrófono a la familia Reales, clientes de El Monte, en cuya sala se iba a exhibir la película.

Usted tuvo problemas para presentar La justicia de Queipo en Sevilla. ¿Hubo ocultación?
Hubo un deseo de no presentarlo. Fue un libro que hice con materiales del archivo militar, abierto en el 97. Los pocos historiadores que entramos vimos que lo que había era impresionante. Por entonces, el archivo no ponía trabas de acceso, algo impensable. Cuando lo leíamos entonces, pensábamos: Esto nunca va a salir. Al final busqué una imprenta y lo edité yo mismo. Para presentarlo, contacté con la Casa de la Provincia [Diputación]. Primero parecía que sí, pero al final lo leerían y no les haría gracia, supongo. Empezaron a darme largas. Y no se presentó. En 2006 lo recuperó Crítica.

¿Existe suficiente libertad de acceso a los archivos?
Se ha abierto mucho, pero falta una política archivística racional. Cuando incorporaron archivos militares a la estructura civil, permitieron que los siguieran controlando los militares. Sigues dependiendo de ellos.

¿La Iglesia ha aportado su información disponible?
Por la Ley de Patrimonio Documental, debería. Pero hay un problema: la documentación la controlan y catalogan ellos, y no personal del Cuerpo de Archiveros del Estado, que para eso está. De la otra forma, cuando hay un papel delicado, lo ponen en la caja B. O lo pueden quemar perfectamente.

Queda poco para que desaparezca la generación que vivió la guerra. ¿Qué supone eso para España?
Es una pérdida de memoria absoluta. La actitud del poder durante los años 80 y 90 ha sido fundamental para tapar su testimonio. Había mucha gente que tenía escritas memorias, pero las tiraron al ver que el tema no interesaba. Da la impresión de que la Ley de Memoria Histórica se hizo para cerrar el tema. No se tocaron los aspectos básicos, como que el Estado asuma las exhumaciones.

http://www.publico.es/espana/241383/justicia/quitado/careta/garzon