Mostrando entradas con la etiqueta memoria histórica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta memoria histórica. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de abril de 2012

¿Aprendices de brujo?


Algunas reflexiones sobre la idoneidad de una Comisión de la verdad para los crímenes del franquismo

Arturo Peinado, de la Federación Estatal de Foros por la Memoria


Las Comisiones de la Verdad son un elemento de lo que se ha dado en llamar “justicia transicional”, dentro de la fase histórica del paso de una dictadura a una democracia. La profundidad de su actuación y su implicación con la justicia han dependido, fundamentalmente, de las características particulares de cada proceso de transición (pactada; tras una fase de ruptura democrática...) definidas a su vez por las particulares correlaciones de fuerza entre los sectores democráticos y los continuistas.

En todas las fases de transición se da el conflicto entre los que buscan hacer efectivo el derecho a la justicia de las víctimas del régimen dictatorial, y los que pretenden que se garantice la impunidad de los responsables políticos de la dictadura y de los actores directos de la represión, así como los privilegios de los sectores sociales, cómplices y beneficiarios, de la dictadura.

El modelo español de transición a la democracia fue, sin duda, el más intensamente caracterizado por la hegemonía política de los sectores provenientes de la dictadura, que en buena parte diseñaron y dirigieron el proceso transicional. Convencidos del inevitable fin del régimen, y presionados por poderes económicos y gobiernos extranjeros, pactaron (repetimos, desde una permanente posición hegemónica) con la oposición democrática la recuperación de las libertades políticas. Todo ello a cambio de la impunidad de los crímenes cometidos, la garantía de pervivencia del status de privilegio de los sectores beneficiados por el franquismo, y la sustitución de las abrumadoras políticas de memoria del franquismo por políticas públicas de silencio y de olvido, con respecto a los únicos antecedentes democráticos de la sociedad española: la II República y la resistencia antifascista. Es más, el modelo español de transición, cuyo elemento definitorio es la impunidad de los crímenes de la dictadura, se ha pretendido exportar a otros países caracterizándolo como "modélico", con cierto éxito en un principio.

Sin embargo, el hecho de que hoy, cuando parecía cerrado el proceso transicional español, desde algunos sectores se plantee la conveniencia de promover la creación de la Comisión de la Verdad que fue inviable en los años 70 y 80, es muestra de que el modelo español de impunidad está cuestionándose, y de que es el principal obstáculo para que las víctimas de la dictadura accedan a la Verdad, la Justicia y la Reparación, como exigen amplios sectores de la sociedad española (entre ellos, las víctimas y sus familiares, las organizaciones de Derechos Humanos, y del movimiento social por la Memoria Democrática).

Pero, ¿es una Comisión de la Verdad un instrumento útil para la consecución de la de la Verdad, la Justicia y la Reparación para las víctimas del franquismo? ¿Es viable en nuestro país una Comisión de la Verdad?. Las Comisiones de la Verdad han tenido un papel más o menos importante en varios de los procesos transicionales realizados en otros países, relevancia definida, entre otros factores, por la distancia temporal entre su puesta en funcionamiento y el fin de la dictadura correspondiente. Sus resultados han dependido, asimismo, del nivel de exigencia y de la capacidad de movilización de las diferentes sociedades civiles en favor de la Justicia, y de la mayor o menor posibilidad de interferir en el desarrollo del proceso democratizador por parte de los herederos de las dictaduras.

Las Comisiones de la Verdad han ejercido un efecto catártico sobre las sociedades en transición, pero han generado, por lo general, frustración entre las víctimas a medio plazo, al decantarse invariablemente por el intercambio de verdad por impunidad. Las comisiones, en la mayoría de los casos, han negociado el cambio de los testimonios de los verdugos y responsables políticos de los crímenes, por la impunidad judicial. También han sustituido generalmente la reparación material por la formal, si bien es cierto que han servido en gran manera como impulso de políticas públicas de memoria de los crímenes cometidos. En muchos casos han añadido el término “Reconciliación” a su nombre, pero ¿es posible la reconciliación sin que la justicia se haya hecho plenamente efectiva?

Pero el elemento central y definitorio de las Comisiones de la Verdad, propiamente dichas, es que se constituyen a partir de un mandato parlamentario, que al mismo tiempo las dota de un reglamento donde se regula su composición, sus plazos de funcionamiento, objetivos y límites.

En las actuales circunstancias políticas de nuestro país, difícilmente podría consensuarse la composición de dicha Comisión. Desgraciadamente, y producto de nuestro “peculiar” modelo de transición, las fuerzas democráticas y las víctimas del franquismo carecieron de la capacidad de exigir una rendición de cuentas en el momento en que era necesario. Nuestra democracia se define por su carácter excepcional dado que, frente a la gran mayoría de procesos de transición de una dictadura a la democracia, no se ha dado una fase de justicia transicional. Es más, mientras que los modelos de impunidad exportados se han ido resquebrajando (gracias a la labor de las organizaciones de víctimas, y en muchos casos de fuerzas políticas, y de jueces y fiscales demócratas), obteniendo posteriormente la derogación o anulación de las Leyes de Punto Final, en España pervive aún la situación de excepcionalidad. Prueba de ello es la vigencia de la Ley de Amnistía de 1977, plenamente asimilable a aquellas tal y como la define el Comité de Derechos Humanos de la ONU, y el fracasado intento de "bajar el telón" de forma definitiva con la Ley llamada de la Memoria de 2007.

¿Estaría hoy el partido de la derecha en el gobierno dispuesto a aceptar y llevar a buen término los trabajos de una Comisión de la Verdad, restringida a los crímenes del franquismo y a las responsabilidades de la Dictadura? ¿Las conclusiones obtenidas no apuntarían directamente contra esa derecha que a diferencia de otras derechas europeas no se proclama antifascista, y que no ha sabido ni ha pretendido desprenderse seriamente de la herencia del franquismo?

Seamos claros: una Comisión del Verdad creada por mandato parlamentario estaría probablemente formada por un amplio elenco de magistrados y creadores de opinión conservadores; quizás por algunos de los historiadores que elaboraron las polémicas entradas del Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, cuando no por varios de los publicistas de los desautorizados mitos franquistas. No sería aventurar demasiado suponer que el objetivo final de esa Comisión de ¿la Verdad? sería reeditar, no el desautorizado discurso neofranquista en un sentido estricto, sino la mitología legitimadora del actual régimen político: transición modélica otorgada al pueblo por un grupo de políticos "clarividentes" encabezados por un monarca demócrata de toda la vida; ocultación del papel de la oposición antifranquista y de los movimientos obrero, vecinal, estudiantil, y otros, en el final de la dictadura; tratamiento equidistante de los hechos cometidos igualando a víctimas con verdugos; reparto exaqueo de responsabilidades en el inicio y las causas de la guerra civil, etc…

Y no sólo sería ese el sentido que pretendería dar a la Comisión la fuerza política conservadora que hoy tiene mayoría absoluta en el Parlamento. La experiencia de los años pasados demuestra que la izquierda política no está dispuesta a confrontar el modelo de impunidad y se niega a romper con los pactos de la Transición en que se sustenta éste. Una izquierda presa de sus contradicciones y ampliamente sobrepasada por las exigencias de justicia de las organizaciones de Derechos Humanos y los organismos internacionales. Si presumiblemente, la mayoría absoluta de derechas cubriría su cuota en la composición de la Comisión de "la Verdad" con los patronos de la Fundación Francisco Franco, la izquierda política propondría, muy probablemente, a sus Excombatientes de la Transición.

Por otra parte, ¿tendrían las víctimas del franquismo y el movimiento memorialista alguna capacidad de decisión o influencia a la hora de conformar la Comisión y regular sus objetivos y normas de funcionamiento? Sería una inmensa torpeza que nosotros mismos promoviésemos que el Estado español volviese a juzgar, y sin lugar a dudas a condenar otra vez a las víctimas del franquismo. Porque ése sería el resultado inevitable, las conclusiones de una Comisión de la Verdad constituida por un régimen político que no ha roto de ningún modo con la legalidad franquista (“de la Ley a la Ley” como decía Torcuato Fernández Miranda) y que se negó en nombre de la "seguridad jurídica" a anular las sentencias represivas del franquismo en la Ley de Memoria de 2007. ¿Sería justo que consintiésemos un nuevo juicio, aunque fuera meramente político y formal, a los defensores de la República y a las víctimas del franquismo?

Probablemente la única posibilidad de hacer justicia con respecto a los crímenes del franquismo sea en un nuevo proceso de transición, esta vez sí, hacia otro régimen dispuesto a romper con la legalidad del franquismo y hacer efectivos los tratados internacionales suscritos por el Estado español que puedan afectar a los derechos de las víctimas del franquismo y a las responsabilidades (en primer lugar, penales) de los verdugos.

En numerosas ocasiones, quienes propugnan el establecimiento de una Comisión de la Verdad, en realidad se refieren a un comité de expertos en la represión franquista, e incluso de organizar un “juicio" popular y mediático a la dictadura… Este comité podría ser producto de una iniciativa particular, y además no requiere aprobación y mandato parlamentario. Quizás constituya una propuesta interesante para debatir y analizar pausadamente, pero tengamos claro que eso NO es una Comisión de la Verdad.

Existen suficientes trabajos publicados, fundamentalmente de historiadores pero también de juristas, sociólogos, antropólogos, etc… que realizados con rigor, absoluta profesionalidad y honestidad, permiten un conocimiento amplio y casi definitivo de lo que fue el franquismo y sus crímenes, de sus beneficiarios y de las responsabilidades de los victimarios. El problema no es que no exista una “historia oficial” sobre la República, la guerra civil y el franquismo, o que haya que establecerla para oponerla al moderno recauchutado de los mitos franquistas. Esa batalla por la memoria del futuro es una batalla ya ganada, al menos en el ámbito académico y de los especialistas.

El escollo es que la socialización de la verdad científica para su conversión en memoria colectiva, topa con la ausencia de políticas públicas de memoria democrática. Si quienes hicieron la Ley de Memoria en 2007, establecieron en el preámbulo que sólo buscaban la recuperación de la “memoria personal y familiar”, qué políticas de memoria podemos esperar de quienes acaban de asumir las responsabilidades del gobierno central, tienen amplia mayoría parlamentaria, y controlan la mayor parte de las instituciones municipales y autonómicas.

Y si en algún momento, las organizaciones del movimiento por la memoria democrática, acordasen recabar el apoyo de profesionales para elaborar una especie de “Libro Negro del franquismo”, habría que partir de la premisa de que éste no debería ser únicamente una apuesta por la “verdad”, sino que su objetivo consistiría en desarrollar un sólido argumentario, el cual sustentase futuros procedimientos judiciales (fuera y dentro del Estado español) utilizando el tipo penal de “crímenes contra la humanidad”.


Si lo que se nos propone es una Comisión de la Verdad en sentido estricto, con el fin de establecer, supuestamente, una Verdad histórica oficial, tengamos claro que para nuestros objetivos, no hay otra verdad que la verdad judicial, en forma de leyes o de sentencias. Si no hay justicia, no puede haber verdad, ni reparación, ni reconciliación.

En consecuencia, jugar a aprendices de brujo nos puede llevar a obtener efectos perversos y en ningún modo pretendidos: desde una reedición de la causa general, hasta un intento de volver a juzgar y condenar a los defensores de la legalidad republicana. Y sería prudente que no exijamos al Parlamento que constituya una Comisión de la Verdad si no estamos dispuestos a asumir todas las consecuencias, porque podrían hacernos caso. En la historia de la democracia española, nunca hasta hoy, el inmenso esfuerzo que supone la recogida de medio millón de firmas para promover una Iniciativa Legislativa Popular ha prosperado en el Parlamento. Pero podría darse el caso de que en esta ocasión el Gobierno de la derecha lo acogiera favorablemente. En las actuales circunstancias políticas los resultados de los trabajos de esa Comisión no pueden ser otros, repetimos, que unas conclusiones “políticamente correctas”: se recuperaría la doctrina del reparto de responsabilidades ex-aqueo, como teoría “oficial” justificativa de nuestro modelo de transición. No obtendríamos Justicia, sino “equidistancia” y la reconciliación impuesta por los vencedores; y tampoco Verdad, sino falsificación histórica.

Si por motivos obvios la monarquía implantada con la Ley de Sucesión de 1969 carece de legitimidad de origen, no deberíamos ser nosotros y nosotras (republicanos/as y/o activistas del movimiento memorialista) quienes facilitásemos al segundo jefe de estado que tuvo la dictadura y a su heredero, una apariencia de legitimidad de ejercicio, permitiéndoles reeditar el desgastado mito de la modélica transición, consistente en que debemos la recuperación de las libertades únicamente a su "gracia y magnanimidad". Sería el lavado del ajado discurso de la reconciliación y la concordia entre todos los españoles bajo el manto protector de la corona. Algo que les vendría muy bien en estos momentos en que la institución monárquica está devaluada ante la opinión pública, en que se ha colocado en el punto de mira de las críticas, y en el que la posibilidad de una sucesión monárquica, por causas naturales, parece ser una expectativa no lejana.

Seamos rigurosos y consecuentes: la definición de lo que debe ser la aplicación del derecho a la verdad se recoge en un documento de Naciones Unidas, el llamado Informe Joinet (1). El movimiento memorialista y de víctimas del franquismo (por no hablar de la izquierda política) debería asumir estos planteamientos, absolutamente incompatibles, por ejemplo, con la ley de Memoria de 2007, y dejar de utilizar los términos de "Verdad, Justicia y Reparación" como un mero lema sin dotarlo de contenido. ¿Acaso una Comisión de la Verdad constituida por el parlamento español va a otorgar esos derechos a las víctimas del franquismo? ¿Vamos a promover una Comisión de la Verdad con el fin de “contribuir, a través de sus conclusiones, a fijar, no solo la verdad histórica, sino la reparación personal y colectiva que se debe a las víctimas?” ¿Estamos dispuestos a renunciar al derecho a la justicia?

Si alguien tiene dudas sobre el resultado de crear una Comisión de la Verdad, sólo tiene que preguntarse si asume plenamente las conclusiones del "Informe de la Comisión de Expertos para el futuro del Valle de los Caídos", elaborado en 2011 por iniciativa de un gobierno de orientación, en principio, más progresista que el actual, que carecía de mayoría absoluta parlamentaria.

En los últimos meses hemos podido comprobar cuáles son las consecuencias para la causa de las víctimas del franquismo, de sentencias que crean precedentes negativos, llevando las iniciativas judiciales a una vía muerta. Quizás deberíamos estar pensando en cómo sortear o levantar los precedentes a los que han dado lugar dichas iniciativas, en vez de perseverar y distraer esfuerzos en aventuras que, a la postre, obtendrán resultados contraproducentes y probablemente irreversibles. La proposición de promover una Comisión de la Verdad para el tema de las víctimas del franquismo, debería ser desestimada por irreflexiva. O acaso como segunda fase de una estrategia para apuntalar definitivamente el modelo de impunidad y los pactos de la transición.

Es cierto que las víctimas llevan demasiado tiempo esperando Verdad, Justicia y Reparación por parte de un Estado que se niega a reconocerlas y a aplicar a su caso el Derecho Internacional, pero la impaciencia no es buena consejera. El movimiento social por la memoria democrática y de las víctimas del franquismo tendría a estas alturas que ser capaz de analizar acontecimientos pasados, extraer las conclusiones pertinentes, y no estar a remolque de iniciativas que, actuando a modo de flautista de Hamelin, lo secuestren o lo conduzcan al suicido. Si de hecho se nos acaba de cerrar prácticamente la vía judicial, no podemos cometer el suicido de trabajar para que, además, se nos cierre la vía política.




(1) La cuestión de la impunidad de los autores de violaciones de los derechos humanos (civiles y políticos). Informe final elaborado y revisado por M. Joinet en aplicación de la decisión 1996/119 de la Subcomisión.

sábado, 24 de marzo de 2012

lunes, 7 de febrero de 2011

Presentación del libro “Generaciones y memoria de la represión franquista”


De Julio Aróstegui y Sergio Gálvez, eds.


ATENEO DE MADRID. SECCIÓN DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN

Jueves, 10 de febrero de 2011, a las 19.00 horas

“Generaciones y memoria de la represión franquista”

Julio Aróstegui y Sergio Gálvez. Eds.
Presentación del libro a cargo de:

D. Carlos Berzosa. Rector de la Universidad Complutense de Madrid.

D. Luis Enrique Otero Carvajal. Decano de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid

Julio Aróstegui. Editor- Director de la Cátedra Complutense “Memoria Histórica del Siglo XX”

Sergio Gálvez Biesca. Editor- Investigador de la Cátedra Complutense “Memoria Histórica del siglo XX”

Presenta: Jaime Ruiz. Presidente de la Sección de Educación del Ateneo.

Sala Nueva Estafeta Calle del Prado, 21



sábado, 26 de diciembre de 2009

La frivolidad política de las instituciones en el tratamiento de la Memoria Histórica

José Mª Pedreño. Federación Estatal de Foros por la Memoria, - 23 Diciembre 2009

El cúmulo de desvaríos iniciado con la denominada “Ley de la Memoria Histórica” (de la vergüenza histórica, como la denominamos las asociaciones), continuó con la comedia protagonizada por Garzón –posiblemente en alianza con el Ejecutivo- para que se visualizase la imposibilidad de una solución jurídica coherente con el Derecho Penal Internacional y la Declaración Universal de los Derechos Humanos y sólo se visualizase la famosa “Ley” como logro del Gobierno; siguió con los protocolos de exhumaciones articulados por diversas comunidades autónomas, dando a los republicanos españoles el mismo tratamiento arqueológico que a los restos antropológicos de Atapuerca; y continuando, por fin, con el disparate de buscar a Lorca, instrumentalizando a familiares que no lo son, familiares que sí lo son y familiares presionados, poniendo por encima de una decisión judicial, que está pendiente en el Tribunal Supremo, una decisión administrativa. Nuestra organización, a través del Foro por la Memoria de Andalucía presentó alegaciones en tiempo y forma, sin que hasta la fecha se hayan contestado, indicando esta situación. Esperemos que se pidan cuentas al respecto a la Consejera de Justicia y al Comisario de la Memoria de Andalucía, en especial por no valorar lo que desde el movimiento memorialista y desde diversas organizaciones de Derechos Humanos se viene reclamando desde hace años: la aplicación de las leyes y normas internacionales relacionadas con lo crímenes contra la humanidad imprescriptibles.

Pero la frivolidad con la que se ha tratado el tema llega al absurdo, ya que sin haber investigado con seriedad y rigor –cuestión que llevaría bastantes años- lo ocurrido en el barranco de Víznar -donde se supone que fueron inmolados miles de andaluces por defender la legalidad democrática de la II República-, se han lanzado a la búsqueda de Lorca y los que le acompañaron aquel día (o amanecer, o noche) fatídico, cuando lo importante es conocer qué pasó con todos aquellos miles de granadinos, entre los que Lorca deja de ser el gran poeta y artista para transformarse en uno más entre los demócratas exterminados. Las ansias de un gran éxito mediático, por parte de varios de los protagonistas impulsores de tal desatino, para vender posteriormente una imagen que les permitiese vivir de la creación de un nicho de empleo en lo que podemos denominar “mercado de levantamiento de fosas” y otros, con claros objetivos electoralistas, y de que el levantamiento del que se puede considerar más famoso desparecido español sirviese para dar otro golpe al carácter reivindicativo del movimiento memorialista republicano (los restos de Lorca aparecidos provocarían tal revuelo informativo que se olvidaría el resto de los muertos), tan sólo ha servido para poner en bandeja a la “derechona” española la posibilidad de atacar más despiadadamente la memoria democrática en el estado español y fortalecer las tesis revisionistas de los pseudo-historiadores pro-franquistas.

Una vez realizada una buena investigación (aunque, al tratarse de crímenes contra la Humanidad que no han prescrito debería realizarla el juez), hay que presentar la denuncia correspondiente, agotando todas las instancias posibles y, si se agota la vía jurídica española, acudir a los tribunales internacionales. Una institución como la Junta de Andalucía tiene los medios materiales necesarios para llegar, desde el punto de vista jurídico, a donde las asociaciones no podemos llegar por falta de medios. Eso sería empezar a enmendar y reparar el deterioro que acciones como la emprendida en Alfacar –sin olvidar otras tremendas chapuzas apoyadas por la Junta de Andalucía en este sentido- provocan en la democracia española. Porque tratar con la frivolidad con la que muchas instituciones están tratando la Memoria Democrática, es atacar la democracia misma

Habiendo pertenecido al “Comité Técnico para la apertura de fosas” creado por la Junta de Andalucía en el seno de la Consejería de Justicia, en 2004 -hasta que otro compañero de la organización pudo sustituirme- he de callar lo que se habló allí en aquellos momentos. Sin embargo, sí puedo afirmar que de aquellos polvos vienen estos lodos.

Ahora, después del fracaso, quieren lanzarse a levantar fosas como la del Marrufo, en la provincia de Cádiz, de la misma forma, frívola y sin sentido. ¿Hasta dónde piensan llegar?

Señores gobernantes, señores jueces y demás poderes de lo que hoy podemos denominar “monarquía bananera”:

Si de verdad quieren ustedes que podamos decir que este es un estado democrático y de derecho hagan sus deberes. No se trata de redactar y aprobar una ley más o menos, o de un protocolo más o menos sino de aplicar de una vez por todas, la legislación existente, tanto a nivel nacional como internacional. La denominada “Ley de Memoria” es incompatible con un estado democrático y no tiene enmienda posible. Sólo una Ley que observase escrupulosamente le legislación internacional y la jurisprudencia existente al respecto podría ser aceptable. Con todo, y con eso, si de verdad hubiera voluntad política y seriedad por parte del poder judicial, tampoco sería necesaria la citada ley. Tan sólo serían necesarias normas que regulasen ciertos aspectos relacionados con la Memoria Democrática.

Sabemos que existen iniciativas para enmendarla y modificarla, creando comisiones de la verdad, incluso con propuestas que introduciendo términos en apariencia radicales aparentan ser la solución, pero no con el ánimo de llegar a la justicia y al fin de la impunidad, caiga quien caiga, sino con el objetivo de hacer lo máximo posible parándose en el límite que afecte a los llamados logros de la transición. Nuestra organización no va a apoyar comisiones de la verdad, ni leyes que enmienden lo existente si esto sólo va a servir para avanzar un poco más sin llegar a la justicia que la Democracia y el Pueblo se merecen. Sabemos que conseguir Verdad, Justicia y Reparación para las víctimas del franquismo, lleva aparejado declarar ilegal el franquismo, incluida la transición (última gran obra de los franquistas con la complicidad de una buena parte de las direcciones de los partidos democráticos). Y estos logros de la transición no son otra cosa que un reparto de poder y riquezas entre franquistas y aparatos partidistas.

¡Ya está bien, señores! Ya no pueden seguir engañándonos. Los que les seguíamos cuando teníamos veinte años, al llegar a la madurez, nos hemos dado cuenta de la gran estafa urdida hace treinta años. Si esto sigue así, algunos seguiremos pensando que vivimos en un extraño estado en el que se aplica el derecho sólo contra los más débiles (en este caso los defensores de la legítima democracia española: la II República) y para proteger la propiedad privada (de algunos). Por mucho que podamos ir a votar cada cuatro años, mientras que los defensores de la II República no tengan Verdad, Justicia y Reparación no podemos decir que exista realmente una democracia en el Estado Español.

http://josepedre.0fees.net/?p=525

http://www.foroporlamemoria.info/2009/12/la-frivolidad-politica-de-las-instituciones-en-el-tratamiento-de-la-memoria-historica/

jueves, 6 de agosto de 2009

Los Okupas de la Memoria

De manera habitual y leal comparto esfuerzos con militantes del PSOE en el campo de la recuperación de la memoria republicana y antifranquista. Trabajan en diversas instituciones, colectivos y asociaciones, entre ellas a la que yo pertenezco. Asimismo, tengo siempre presente que mi abuelo Esteban, militante socialista toledano, pasó siete años preso en Quintanar de la Orden y Ocaña.


Esta mañana me estaba afeitando cuando he escuchado por la radio que se celebraba un homenaje a las 10 de la mañana en el cementerio del Este de Madrid, con motivo del 70 aniversario del asesinato de las 13 Rosas y de sus 43 compañeros. Al acto estaba previsto que asistirían la Secretaria de Organización Federal del PSOE y el Secretario General del PSM.

“¿Pero no era a las 11?”, me pregunto. Y compruebo la convocatoria que nos llegó hace tiempo del Partido Comunista de Madrid y que está anunciada en nuestra web. Pues sí, confirmo, a las 11 horas. Esta es la convocatoria del acto que se viene haciendo cada 5 de agosto desde hace ya algunos años, y a la que asisten compañeros y compañeras supervivientes de la JSU, alguna de ellas también procesada en el expediente de las 13 Rosas. Por cierto, este año ya no nos acompañará mi vecina Maruja Borrell.

Llego minutos antes de las 11 al cementerio de la Almudena, y entrando por la puerta de O´Donnell empiezo a encontrar conocidos, amigos y camaradas. Es lo que tiene ser, como se autodefinía Manuel Vázquez Montalbán, “miembro del partido-comunión, divorciado del partido-organización”.

En la tapia donde cada 14 de abril se ponen los retratos de los asesinados por el fascismo en el cementerio del Este, se han colocado unos paneles del PCM con los nombres de las 13 Rosas, y de sus 43 compañeros fusilados horas antes que ellas.

Y en el muro donde siempre ha estado la placa dedicada a las 13 Rosas, hay un grupo de personas, alguno luciendo traje y corbata (hay que reconocer el mérito, en Madrid un 5 de agosto) rodeados de una barahúnda de diversos medios de comunicación con cámaras y micrófonos. Supongo que son los del acto de las 10, porque antes de que den las 11, abandonan el recinto. Lástima que no estemos en campaña electoral para que hubieran podido obtener unas bonitas instantáneas de los dirigentes políticos dando la mano a un frutero y abrazando a un niño.

Me dice Javier, del PCM, que nadie se ha puesto con ellos para compaginar los horarios, preparar un acto de homenaje conjunto, etc…. cuando la convocatoria del PCM, que lleva celebrándose desde hace muchos años, ha sido un acto tradicionalmente abierto, al cual han asistido todas las organizaciones de memoria, amigos, militantes de diversos partidos y de ninguno…

Me cuenta que ha llegado allí a las 9 de la mañana, y que ya había gente controlando que nadie “ajeno” ocupase el espacio situado junto a la placa dedicada a las 13 Rosas, la cual, colocada por familiares de las víctimas ha estado en ese muro desde que obtuvieron permiso para ponerla por el entonces alcalde de Madrid, Agustín Rodríguez Sahún, en 1988.

Claro, que debía haber escrito “la placa estuvo allí”, en vez de “ha estado”, porque Tomás, de la Asociación de familiares y amigos de las víctimas de la represión franquista en Madrid., me comenta que “han” retirado la placa y la han sustituido por otra, sin encomendarse a dios ni al diablo y sin dar cuentas del paradero de la original. La nueva está dedicada a “las jóvenes llamadas las 13 Rosas” por “El pueblo de Madrid y la Fundación 13 Rosas”, esta última fundada y presidida por el diputado socialista José Cepeda, y que cuenta en su patronato con Santiago Carrillo y José Acosta.

Para recabar más información del primero de los actos, al volver a casa he buscado en la web de las JJ.SS. y accedo al siguiente enlace
http://elblogderaulgarcia.blogspot.com/2009/08/acto-del-70-aniversario-del.html

Con motivo del 70 aniversario del fusilamiento de las Trece Rosas, el próximo miércoles 5 de agosto a las 10:00h, tendrá lugar en la tapia del cementerio de la Almudena un acto conmemorativo, en el que se colocará una placa en recuerdo de estas trece mujeres en su 70 aniversario. Rindiendo homenaje a las víctimas de la represión franquista, que lucharon dando hasta su propia vida por defender los ideales democráticos.

En dicho acto participarán:
• Raúl santiago García, Director Gerente de la Fundación Ciudadanía Joven Tomás Meabe
•José cepeda, Presidente de la Fundación Trece Rosas
• Ángeles García Madrid, compañera de prisión de las Trece Rosas.
• Sergio Gutiérrez, Secretario General de las Juventudes Socialistas de España
• Tomás Gómez, Secretario General del PSM-PSOE
• Leire Pajín Iraola, Secretaria de Organización del PSOE


En primer lugar, entiendo que el hecho de poner una placa no implica necesariamente quitar la que había antes, máxime si no es tuya, ¿o acaso la han puesto encima?. Por cierto, esperemos que no se haya destruido la original y que alguien se pondrá en contacto con los “dueños” o herederos (Asociación de Expresos, PCE, Memoria y libertad….), para proceder a la devolución.

Asimismo deduzco que el PSOE y las JJ.SS. siguiendo el mismo proceso tardío que ha llevado a la reciente rehabilitación del Doctor Negrín, van a proceder a reconsiderar su pasado, por ejemplo, revisando de la Historia oficial de las JJSS. párrafos como este:

“Pero el 14 de Marzo de 1939 jóvenes socialistas de toda la España Republicana se reunieron en Madrid y decidieron reconstruir la Federación Nacional de Juventudes Socialistas, después de que las Juventudes Socialistas Unificadas destituyera a todos los dirigentes contrarios a su radicalización y su paso al Partido Comunista.”

http://www.jse.org/es/nuestra-historia

Los que hemos asistido a anteriores ediciones de la convocatoria del 5 de agosto somos testigos de que, hasta el día de hoy, ni el PCE ni ninguna otra organización ha pretendido patrimonializar, ni considerarse depositarios en exclusiva de la herencia política o histórica de las 13 Rosas.

Y si hasta ahora no se ha hecho por parte del PCE, es porque esta organización, coincidiendo con la práctica totalidad del movimiento memorialista, ha considerado la memoria histórica de las 13 Rosas como patrimonio colectivo de toda la sociedad, de todos los demócratas y de todos los antifascistas, términos estos últimos que, pásmense señores, en países de nuestro entorno son prácticamente sinónimos.

Si los que, con todo derecho, podrían reclamarse herederos históricos y políticos de las 13 Rosas jamás han pretendido patrimonializar su memoria, resulta obsceno que sea burdamente instrumentalizada por quienes en su momento renegaron públicamente de la JSU, del “resistir es vencer”, y posteriormente de ningún modo se han ganado el derecho de ser considerados los herederos políticos, históricos y éticos del ejemplo de las 13 Rosas y sus compañeros.

Y el fondo de la cuestión no es que el PSOE, o cualquier partido o asociación pretendan asumir como referente a las 13 Rosas, sino si está dispuesto a hacerlo sin manipular, tergiversar y desfigurar su memoria. Algunos hemos leído, por ejemplo, a Juana Doña, y hemos tenido el privilegio de escuchar a Maruja Borrell, a Concha Carretero, a Vicenta Camacho… ¿alguien puede pensar que los valores que nos transmiten de sacrifico y entrega, solidaridad, idealismo revolucionario, internacionalismo, republicanismo en fin, son asumibles por quienes hace poco más de un año negaron el derecho a la Verdad, la Justicia y la Reparación a las víctimas del franquismo y al conjunto de la sociedad?.

Por este camino, el próximo 3 de Julio veremos a los defensores de la “memoria personal y familiar” propugnada por la Ley de Memoria, poniendo una placa en las tumbas de Ascanio, Girón, Mesón, Ortega y sus compañeros detenidos por los casadistas y entregados a Franco. Y si no, al tiempo.

Y hablando de Ley de la Memoria, debemos resaltar la defensa a capa y espada que ha hecho de la misma en “su” acto, la compañera Pajín. La misma Ley de la Memoria que certifica la plena legalidad y vigencia de las sentencias emitidas por los Consejos Sumarísimos de Urgencia que condenaron a muerte a las 13 Rosas y a docenas de miles de antifranquistas, en nombre de la seguridad jurídica. Si en Alemania hubieran aplicado la misma doctrina, hoy serían legales las consecuencias de las Leyes raciales de Nuremberg y las de esterilización forzosa de los deficientes físicos y psíquicos.

La misma Ley de Memoria que consiente la permanencia de la simbología franquista y el homenaje en nuestros pueblos y ciudades a miliares traidores, criminales de guerra y jerarcas de la dictadura. Un ejemplo: para llegar al cementerio hoy, he pasado por las calles dedicadas al ministro falangista “José Luis Arrese” y a su señora esposa “MªTeresa Sáenz de Heredia” (1). El primero, de ser alemán en vez de tener el privilegio de ser español, hubiera sido ahorcado en Nuremberg; sobre los presumibles méritos contraídos por su “contraria” para que se le haya dedicado una calle en Madrid, preferimos no hacer especulaciones.

Felicitamos por tanto, al Partido y a las Juventudes Socialistas por sus denodados esfuerzos para hacer suya la historia y la memoria de las 13 Rosas. Nos sorprende que un partido con una historia más que centenaria tenga que dedicarse a la caza y captura de señas de identidad ajenas, dado que sería muy aventurado suponer que únicamente persiguen réditos políticos de la memoria histórica, a falta de políticas de izquierda en otros ámbitos con las que poder presentarse con una imagen progresista ante la opinión pública.

Acabemos recordando la tercera estrofa de “La Joven Guardia”, el himno de la Juventud Socialista Unificada (Sección española de la Internacional Juvenil Comunista), organización en la que militaban las 13 Rosas y sus compañeros, y que cantaron en el camión que las conducía a la muerte:

“Somos los hijos de Lenín
y vuestro régimen atroz
el comunismo ha de abatir
con el martillo y con la hoz”.





Fdo: Arturo Peinado
Federación Estatal de Foros por la Memoria
Madrid, 5 de Agosto 2009




(1) La Ley de Memoria, a falta de desarrollo reglamentario, no establece obligatoriedades, tipología, plazos, etc…. para la retirada de la simbología franquista, amén de la ambigüedad y la permisividad hacia los símbolos dependientes de las iglesias y con presuntos valores histórico-artísticos. Las retiradas de calles y símbolos que se están produciendo últimamente en numerosos lugares, se realizan en aplicación de competencias municipales, la Ley, ha tenido como efecto (no previsto) impulsar a los ayuntamientos para que adopten las medidas que no han tenido intención o valor de aplicar desde su constitución, hace justamente 30 años.

lunes, 29 de junio de 2009

Nuestra ley de la “memoria histórica” es la ley de una “vergüenza histórica”

Por un normal cumplimiento del Convenio Europeo de Derechos Humanos en España para el caso de los desaparecidos del franquismo

Comunicado de la “iniciativa conjunta” de organizaciones de memoria, por derechos humanos y de lucha a la impunidad (un total de 47 a día de hoy)

El modelo de búsqueda, localización y exhumación de los desaparecidos del franquismo vigente hoy en España es el de la Orden de Franco de Mayo de 1940 – que nuestra ley “de la memoria” copia – no el del Tribunal Europeo de Derechos Humanos ni el de Naciones Unidas.

Por ello, como si España estuviese fuera de Europa, o de las Naciones Unidas, en vez de una “investigación oficial efectiva e independiente”, sin tardanza, y por iniciativa de nuestras autoridades nacionales – no de las familias –, como exige el Tribunal Europeo, tenemos una ley que es un laberinto jurídico, que no recoge ni una sola de las obligaciones internacionales del Estado en materia de “verdad, justicia y reparación” y que no garantiza, en modo alguno, los derechos fundamentales de los familiares de los desaparecidos.

Tras treinta años de democracia y Estado de Derecho España no ha cumplido, todavía, ni una sola de sus obligaciones en la materia, a pesar de seguir siendo en la actualidad el segundo país del mundo en cifras de desaparecidos, tan sólo superadas las 150.000 víctimas de nuestras fosas clandestinas – y el indeterminado número de niños robados por la dictadura – por las cifras del régimen de Pol Pot en Camboya.

Lamentamos que en la elaboración de la ley nuestras autoridades hayan preferido seguir el sistema de garantía de derechos y libertades previsto por Franco al del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, o al de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, negando con ello, de forma contraria a la legalidad internacional, la normal aplicación en nuestro territorio de los artículos 2 y 13 del Convenio Europeo de Derechos Humanos a todas estas víctimas. Sentimos también que España no haya recogido las exigencias de la Declaración sobre la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas (Res. 47/133 de la Asamblea General, de 18 de diciembre de 1992) ni se haya hecho eco de las contundentes observaciones finales adoptadas por el Comité de Derechos Humanos del pasado 30 de octubre de 2008,

Lamentamos que, con ello mismo, nuestras autoridades democráticas – no ya la sangrienta dictadura franquista precedente – vengan haciéndose responsables de la prolongación de la incertidumbre y el sufrimiento de los familiares de los desaparecidos, lo que es constitutivo de un trato cruel e inhumano prohibido por el Convenio Europeo de Derechos Humanos (artículo 3), por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 7) y por la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (artículos 1 y 16); todo ello mientras se continúan desatendiendo obligaciones esenciales, recientemente reiteradas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Comité de Derechos Humanos. Las necesidades específicas de colectivos de familiares de desaparecidos en grandes fosas deben ser igualmente reconocidas.

Lamentamos que nuestro Gobierno no haya emprendido, todavía, medida alguna ante el caso de los “niños perdidos” del franquismo – que la llamada ley “de la memoria” ni siquiera menciona – a pesar de tratarse de desaparecidos aún en vida, buscados por sus familias y para los que cada día que sigue pasando sin actuación de nuestras autoridades resulta, además, en una adicional privación de su “derecho a la vida familiar” conforme el Convenio Europeo de Derechos Humanos (artículo 8), y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 23), obstruyéndose así la reagrupación de estas familias desgarradas por la dictadura.

A la vista de todo ello, los firmantes del presente comunicado pedimos al Gobierno de España que cumpla con su obligación de dar normal aplicación en el país al Convenio Europeo de Derechos Humanos, y a todas las normas internacionales que le obligan, y atienda a su deber, moral y jurídico, de ofrecer “verdad, justicia y reparación” respecto los desaparecidos del franquismo y sus familiares, comenzando por modificar la vigente ley y articulando un sistema de búsqueda, exhumación e identificación de los casos de las fosas – y de localización de los “niños perdidos” – mediante una Comisión Nacional de Búsqueda de Desaparecidos participada por representantes de la fiscalía y la judicatura, del Gobierno de la nación, de los cuerpos policiales y las instituciones de derechos humanos así como de las asociaciones, conforme los estándares internacionales.

http://www.foroporlamemoria.info/noticia.php?id_noticia=6838

http://desaparecidosdelfranquismo.blogspot.com/