viernes, 25 de julio de 2014
Contra el “nacionalismo de siglas”, por Hugo Martínez Abarca
Contra el “nacionalismo de siglas”
Cuarto Poder, 24/7/2014
La noche del 25M fuimos sacudidos por un shock electoral no previsto. Por un lado se desmemoraba el régimen bipartidista del 78, que no alcanzaba el 50% del voto; inmediatamente anunció Rubalcaba que dejaba la dirección del PSOE y Juan Carlos de Borbón que dejaba el trono. Por el otro se producía una profunda reconfiguración de la composición de la alternativa popular con una importante subida de IU y la explosión política que ha supuesto Podemos. Ello hace que haya muchísima fuerza en la alternativa a ese mundo que se desmorona pero también que la urgencia con la que intentar culminar el cambio (en un año habremos tenido elecciones municipales y muchas autonómicas y estaremos preparando las generales) choque con la necesidad de digerir el terremoto y ordenar las ideas para que la respuesta sea inteligente..
Apenas hace dos meses desde las elecciones y en los ámbitos políticos rupturistas se han producido pasos rapidísimos. Uno ha perdido la cuenta de en cuántas ciudades han surgido iniciativas “Ganemos” (Guanyem Barcelona, Madrid, L´Hospitalet, Granada, Córdoba, Valladolid, Málaga, Zaragoza…). Izquierda Unida ha dado pasos importantísimos hacia la puesta al día política adoptando mecanismos de primarias abiertas, previendo sistemas revocatorios de sus cargos públicos y escenificando los nuevos tiempos con el protagonismo de Alberto Garzón cuya edad es sólo una anécdota frente a las numerosas cualidades muy importantes que lo sitúan como un referente de la ruptura política que viene ya. Por su lado Podemos también se ha centrado en paliar su principal carencia de cara al ciclo político abierto el 25M, la ausencia de la organización imprescindible, mediante la preparación de su Asamblea de otoño.
Ello sucede sin más capacidad de respuesta por parte del poder que una demonización organizada de todo lo que agite los cimientos de la Transición (y que por tanto es etarra, bolivariano, castrista, populista, norcoreano, estalinista, ayatolá y goebbelsiano). Tiende uno a pensar que el PP da por perdido el marco de estabilidad bipartidista y apuesta por un sistema de partidos a la vasca. Para ello sería extremadamente útil demonizar a Podemos, aún conscientes de que ello le da más fuerza, planteándose una reconfiguración con un gran partido-Estado (al estilo del PNV en Euskadi) que contenga a una fuerza alternativa señalada como peligrosa. Ello junto con la amenaza de hacerse una ley electoral aún más a la medida para evitar que los ciudadanos puedan quitarle al PP decenas de ayuntamientos cruciales muestra que la única respuesta del régimen es defensiva y sucia. No se ofrece más inteligencia que el cerrojazo: catenaccio político para intentar ganar 1-0 de penalti injusto.
Todos estos movimientos anuncian un apasionante ciclo político, especialmente si tenemos en cuenta lo corta que va a ser la partida. En menos de año y medio como mucho habremos finiquitado el ciclo: si no se consigue el cambio en estos meses, es improbable que haya partido de vuelta para remontar ese injusto 1-0.
Lógicamente entre tanta convulsión surge cierto vértigo. En la noche electoral, Pablo Iglesias anunciaba: “a partir de mañana trabajaremos en la confluencia política con otros partidos”; Izquierda Unida redoblaba la apuesta por la confluencia situando ésta como un eje de las nuevas responsabilidades de Alberto Garzón (“quiero la revolución y me dan igual las siglas“) y encargando esta responsabilidad concreta a la joven activista Lara Hernández. La voluntad de confluencia ha quedado clara al incorporarse Podemos al GUE (Grupo de la Izquierda Europea en el Parlamento de Estrasburgo) y comenzar a trabajar IU y Podemos mano a mano como compañeros frente al pacto bipartidista por el saqueo. La articulación de un polo democrático que dispute el poder no consiste meramente en sumar a IU y Podemos, pero sin esa suma es difícil pensar que pueda haber un gran “Ganemos todo” que incluya a más organizaciones sociales y políticas, activistas no organizados, etc.
El trabajo en común en un mismo grupo parlamentario europeo debería hacer natural el paso al encuentro fuera de las instituciones. Si nos reconocemos como compañeros miembros de un mismo espacio político, ¿qué podría impedir que nos encontráramos también antes de procesos electorales? Hay al menos dos importantes razones para ese encuentro. Una de índole meramente contable: la ley electoral y las reformas-pucherazo que el PP está aprobando histéricamente castigan fuertemente la división de fuerzas que comparten objetivos políticos (algo que no ocurría en las elecciones europeas). Pero la más importante es el entusiasmo social que sería capaz de generar un nuevo paso de las fuerzas rupturistas que generase más participación y un imaginario constituyente más cercano.
No parece haber ningún argumento político para dificultar tal encuentro. Lleva años sin haberlo y por ello quienes han querido oponerse se han escondido tras requisitos maximalistas. Hoy además de haber razones para el encuentro hay “condiciones subjetivas”. Pero tras tanto movimiento emerge una suerte de “nacionalismo de siglas” que siente amenazadas identidades organizativas como si las organizaciones no fueran instrumentos materiales al servicio del pueblo trabajador, como si fueran fines en sí mismos, como si fueran iglesias. Es humanamente comprensible e incluso razonable si suponemos cierta sordera (o sordera inversa: haber escuchado lo que nadie ha dicho: que el encuentro suponga la disolución de quienes se encuentran).
Uno puede entender que haya quien en Podemos sienta que el viento sopla a su favor, que no tienen techo en las encuestas y que no necesitan dar ese salto ni compartir con nadie más espacio que el que no se pueda conquistar a solas (como el grupo parlamentario en Europa, por ejemplo). Uno puede entender que haya quien en IU se sienta herido al enterarse de repente de que ha tenido un hermanito, que tiene que compartir el amor con sus padres y que para más inri en las fotos parece que el nuevo hermanito sea el hermanito mayor. Uno puede entender todo esto y más.
Pero somos materialistas y toca enfrentarse al mundo realmente existente hoy. Hoy estamos ante la primera posibilidad desde la II República de lograr avances sustantivos para nuestro pueblo y para nuestras organizaciones. Ello no supone desdibujar nuestras identidades políticas sino todo lo contrario: reforzarlas mucho más de lo que nunca hubiéramos pensado. ¿Se desdibujaron el PSOE y el PCE en el Frente Popular o más bien su audacia les devolvió una fuerza muy superior a la que tenían? ¿Sería hoy el PCE más fuerte si no hubiera tenido la inteligencia de lanzar Izquierda Unida? Frente a los alaridos conservadores (“¡Que vienen los liquidacionistas!”) el camino que tenemos por delante pasa por acumular fuerzas rápidamente para un ciclo muy breve pero de gran trascendencia histórica. Es más: la mejor manera de que desaparezcan organizaciones que hoy puedan parecer indestructibles es que éstas no aparezcan como útiles para la transformación del país sino como un instrumento de sí mismo. Es lo que puede pasarle al PSOE y allá aquel que quiera acompañarle. No parece que haya muchos miles de personas que vayan a apoyar a quien se muestre más preocupado de su identidad organizativa que de los intereses de un pueblo que ve que hay una fiesta y no va a consentir que sus padres le prohíban participar en ella. El nacionalismo de siglas, incluido el de las que hoy parecen al alza, sería el más seguro camino a liquidación.
En las municipales, autonómicas y generales de 2015 podemos ganarlo todo; pero lo que no ganemos en ese ciclo probablemente no lo ganemos en muchísimo tiempo. Esas tres elecciones son fundamentales. Hace falta sumar ilusión, organización y participación: sin esos tres elementos es imposible afrontar un año con hitos como las elecciones municipales. Y si las elecciones municipales no pegan un puñetazo sobre la mesa aún mayor que las europeas, que nadie sueñe con que en las generales ganaremos. Ni juntos ni separados: no caben pausas en este año: el 25M evidenció que el conservadurismo no tiene recorrido y que la audacia rupturista no tiene techo. Ganémoslo todo y si no ganamos que no sea por no haber apostado decididamente por hacerlo. Si no apostamos, entonces sí: lo perderemos todo.
¿Alguien conoce en la Historia algún caso de proceso transformador (alguna forma de revolución) exitoso que fuera protagonizado por las mismas siglas en su inicio, su consecución y su desarrollo? Porque queremos que haya proceso transformador. Y queremos ser sus protagonistas. ¿Verdad?
(*) Hugo Martínez Abarca es miembro del Consejo Político Federal de IU y autor del blog Quien mucho abarca.
http://www.cuartopoder.es/tribuna/contra-el-nacionalismo-de-siglas/6124
Cuarto Poder, 24/7/2014
La noche del 25M fuimos sacudidos por un shock electoral no previsto. Por un lado se desmemoraba el régimen bipartidista del 78, que no alcanzaba el 50% del voto; inmediatamente anunció Rubalcaba que dejaba la dirección del PSOE y Juan Carlos de Borbón que dejaba el trono. Por el otro se producía una profunda reconfiguración de la composición de la alternativa popular con una importante subida de IU y la explosión política que ha supuesto Podemos. Ello hace que haya muchísima fuerza en la alternativa a ese mundo que se desmorona pero también que la urgencia con la que intentar culminar el cambio (en un año habremos tenido elecciones municipales y muchas autonómicas y estaremos preparando las generales) choque con la necesidad de digerir el terremoto y ordenar las ideas para que la respuesta sea inteligente..
Apenas hace dos meses desde las elecciones y en los ámbitos políticos rupturistas se han producido pasos rapidísimos. Uno ha perdido la cuenta de en cuántas ciudades han surgido iniciativas “Ganemos” (Guanyem Barcelona, Madrid, L´Hospitalet, Granada, Córdoba, Valladolid, Málaga, Zaragoza…). Izquierda Unida ha dado pasos importantísimos hacia la puesta al día política adoptando mecanismos de primarias abiertas, previendo sistemas revocatorios de sus cargos públicos y escenificando los nuevos tiempos con el protagonismo de Alberto Garzón cuya edad es sólo una anécdota frente a las numerosas cualidades muy importantes que lo sitúan como un referente de la ruptura política que viene ya. Por su lado Podemos también se ha centrado en paliar su principal carencia de cara al ciclo político abierto el 25M, la ausencia de la organización imprescindible, mediante la preparación de su Asamblea de otoño.
Ello sucede sin más capacidad de respuesta por parte del poder que una demonización organizada de todo lo que agite los cimientos de la Transición (y que por tanto es etarra, bolivariano, castrista, populista, norcoreano, estalinista, ayatolá y goebbelsiano). Tiende uno a pensar que el PP da por perdido el marco de estabilidad bipartidista y apuesta por un sistema de partidos a la vasca. Para ello sería extremadamente útil demonizar a Podemos, aún conscientes de que ello le da más fuerza, planteándose una reconfiguración con un gran partido-Estado (al estilo del PNV en Euskadi) que contenga a una fuerza alternativa señalada como peligrosa. Ello junto con la amenaza de hacerse una ley electoral aún más a la medida para evitar que los ciudadanos puedan quitarle al PP decenas de ayuntamientos cruciales muestra que la única respuesta del régimen es defensiva y sucia. No se ofrece más inteligencia que el cerrojazo: catenaccio político para intentar ganar 1-0 de penalti injusto.
Todos estos movimientos anuncian un apasionante ciclo político, especialmente si tenemos en cuenta lo corta que va a ser la partida. En menos de año y medio como mucho habremos finiquitado el ciclo: si no se consigue el cambio en estos meses, es improbable que haya partido de vuelta para remontar ese injusto 1-0.
Lógicamente entre tanta convulsión surge cierto vértigo. En la noche electoral, Pablo Iglesias anunciaba: “a partir de mañana trabajaremos en la confluencia política con otros partidos”; Izquierda Unida redoblaba la apuesta por la confluencia situando ésta como un eje de las nuevas responsabilidades de Alberto Garzón (“quiero la revolución y me dan igual las siglas“) y encargando esta responsabilidad concreta a la joven activista Lara Hernández. La voluntad de confluencia ha quedado clara al incorporarse Podemos al GUE (Grupo de la Izquierda Europea en el Parlamento de Estrasburgo) y comenzar a trabajar IU y Podemos mano a mano como compañeros frente al pacto bipartidista por el saqueo. La articulación de un polo democrático que dispute el poder no consiste meramente en sumar a IU y Podemos, pero sin esa suma es difícil pensar que pueda haber un gran “Ganemos todo” que incluya a más organizaciones sociales y políticas, activistas no organizados, etc.
El trabajo en común en un mismo grupo parlamentario europeo debería hacer natural el paso al encuentro fuera de las instituciones. Si nos reconocemos como compañeros miembros de un mismo espacio político, ¿qué podría impedir que nos encontráramos también antes de procesos electorales? Hay al menos dos importantes razones para ese encuentro. Una de índole meramente contable: la ley electoral y las reformas-pucherazo que el PP está aprobando histéricamente castigan fuertemente la división de fuerzas que comparten objetivos políticos (algo que no ocurría en las elecciones europeas). Pero la más importante es el entusiasmo social que sería capaz de generar un nuevo paso de las fuerzas rupturistas que generase más participación y un imaginario constituyente más cercano.
No parece haber ningún argumento político para dificultar tal encuentro. Lleva años sin haberlo y por ello quienes han querido oponerse se han escondido tras requisitos maximalistas. Hoy además de haber razones para el encuentro hay “condiciones subjetivas”. Pero tras tanto movimiento emerge una suerte de “nacionalismo de siglas” que siente amenazadas identidades organizativas como si las organizaciones no fueran instrumentos materiales al servicio del pueblo trabajador, como si fueran fines en sí mismos, como si fueran iglesias. Es humanamente comprensible e incluso razonable si suponemos cierta sordera (o sordera inversa: haber escuchado lo que nadie ha dicho: que el encuentro suponga la disolución de quienes se encuentran).
Uno puede entender que haya quien en Podemos sienta que el viento sopla a su favor, que no tienen techo en las encuestas y que no necesitan dar ese salto ni compartir con nadie más espacio que el que no se pueda conquistar a solas (como el grupo parlamentario en Europa, por ejemplo). Uno puede entender que haya quien en IU se sienta herido al enterarse de repente de que ha tenido un hermanito, que tiene que compartir el amor con sus padres y que para más inri en las fotos parece que el nuevo hermanito sea el hermanito mayor. Uno puede entender todo esto y más.
Pero somos materialistas y toca enfrentarse al mundo realmente existente hoy. Hoy estamos ante la primera posibilidad desde la II República de lograr avances sustantivos para nuestro pueblo y para nuestras organizaciones. Ello no supone desdibujar nuestras identidades políticas sino todo lo contrario: reforzarlas mucho más de lo que nunca hubiéramos pensado. ¿Se desdibujaron el PSOE y el PCE en el Frente Popular o más bien su audacia les devolvió una fuerza muy superior a la que tenían? ¿Sería hoy el PCE más fuerte si no hubiera tenido la inteligencia de lanzar Izquierda Unida? Frente a los alaridos conservadores (“¡Que vienen los liquidacionistas!”) el camino que tenemos por delante pasa por acumular fuerzas rápidamente para un ciclo muy breve pero de gran trascendencia histórica. Es más: la mejor manera de que desaparezcan organizaciones que hoy puedan parecer indestructibles es que éstas no aparezcan como útiles para la transformación del país sino como un instrumento de sí mismo. Es lo que puede pasarle al PSOE y allá aquel que quiera acompañarle. No parece que haya muchos miles de personas que vayan a apoyar a quien se muestre más preocupado de su identidad organizativa que de los intereses de un pueblo que ve que hay una fiesta y no va a consentir que sus padres le prohíban participar en ella. El nacionalismo de siglas, incluido el de las que hoy parecen al alza, sería el más seguro camino a liquidación.
En las municipales, autonómicas y generales de 2015 podemos ganarlo todo; pero lo que no ganemos en ese ciclo probablemente no lo ganemos en muchísimo tiempo. Esas tres elecciones son fundamentales. Hace falta sumar ilusión, organización y participación: sin esos tres elementos es imposible afrontar un año con hitos como las elecciones municipales. Y si las elecciones municipales no pegan un puñetazo sobre la mesa aún mayor que las europeas, que nadie sueñe con que en las generales ganaremos. Ni juntos ni separados: no caben pausas en este año: el 25M evidenció que el conservadurismo no tiene recorrido y que la audacia rupturista no tiene techo. Ganémoslo todo y si no ganamos que no sea por no haber apostado decididamente por hacerlo. Si no apostamos, entonces sí: lo perderemos todo.
¿Alguien conoce en la Historia algún caso de proceso transformador (alguna forma de revolución) exitoso que fuera protagonizado por las mismas siglas en su inicio, su consecución y su desarrollo? Porque queremos que haya proceso transformador. Y queremos ser sus protagonistas. ¿Verdad?
(*) Hugo Martínez Abarca es miembro del Consejo Político Federal de IU y autor del blog Quien mucho abarca.
http://www.cuartopoder.es/tribuna/contra-el-nacionalismo-de-siglas/6124
martes, 22 de julio de 2014
6 argumentos falaces sobre la superioridad moral de Israel, por David Torres
David Torres. Público, 22 de julio de 2014
Argumento no. 1- Hamás son terroristas.
En efecto, tan terroristas como los irlandeses del IRA en los años 20 o los israelíes del Irgún en la década de los 40. En ocasiones, el terrorismo es la continuación de la política por otros medios; en caso de salir vencedores, los terroristas pasan a considerarse patriotas y héroes por la libertad. Enfrentado a un enemigo infinitamente superior, sin ejército, aviación ni armada, Hamás sólo puede recurrir a tácticas de guerrilla urbana y acciones terroristas. Pero, desde luego, no fueron los primeros en utilizarlas en ese pequeño rincón del mundo. Antes de conseguir el premio Nobel de la Paz, Menajen Beguin, uno de los padres de la independencia de Israel, fue el principal cabecilla del Irgún, el brazo armado de la independencia israelí, que jamás dudó ni un segundo a la hora de usar cualquier método para luchar contra el dominio británico y aterrorizar a la población árabe. Entre sus numerosas acciones asesinas, estos luchadores por la libertad dinamitaron el hotel Rey David en Jerusalén el 22 de julio de 1946, con un saldo de más de 90 víctimas. “Uno de los peores crímenes de la Historia”, dijo Churchill, que no era precisamente simpatizante de los palestinos. El 9 de abril de 1948, fuerzas del Irgún (lo que hoy, si fuesen palestinos, se llamarían terroristas) masacraron la aldea árabe de Deir Yassin, a unos cinco kilómetros de Jerusalén, exterminando a más de 100 aldeanos indefensos. Esta matanza, repudiada por diversos grupos israelíes, provocó una carta de denuncia de intelectuales judíos, encabezados por Albert Einstein, en que acusaron al Herut de utilizar métodos fascistas.
Argumento no. 2 – Israel es la única democracia de la zona.
Afortunadamente, habría que decir, ya que la democracia es una palabra mágica que, al parecer, es la panacea para todos los males. En el caso de Oriente Medio, la tan cacareada democracia hebrea no puede ser excusa ni patente de corso para justificar la masacre que cada cierto tiempo su ejército lleva a cabo en Gaza. También Hamás ha sido ampliamente reconocido en sucesivas votaciones por la población palestina y mucha gente parece olvidar que Hitler se hizo con el poder gracias a procedimientos democráticos. Por otra parte, habrá que recordar que, entre otras acciones nefandas, el muy demócrata Estado de Israel fue uno de los poquísimos países, junto con los Estados Unidos, que apoyó y defendió públicamente el repugnante régimen racista del apartheid sudafricano. Tal vez porque tenían un aire de familia.
Argumento no. 3 – Israel sólo quiere vivir en paz.
Palmariamente falso. Al parecer, según sus propagandistas, Israel no hace más que responder ante los reiterados ataques de los terroristas palestinos. En realidad, la situación es justamente la contraria: Israel es un Estado agresor, imperialista, invasor y por completo fuera de la legalidad internacional al menos desde 1967, fecha desde la que sigue expandiendo impunemente sus fronteras ante la pasividad de la comunidad internacional y la impotencia de sus víctimas: los palestinos. Bajo la bandera de la civilización, Israel no ha hecho otra cosa más que invadir, ocupar y colonizar enormes franjas de territorio palestino, expulsando a la población autóctona de sus tierras y condenándola al exilio, la servidumbre, la aglomeración, la miseria y, por supuesto, el odio.
Argumento no. 4 – Hamás quiere la destrucción de Israel.
La asimetría esencial entre los objetivos finales de uno y otro contendiente (Hamás quiere la destrucción de los judíos; Israel sólo pretende asegurar su supervivencia) no se corrobora con la abrumadora superioridad militar israelí y la obscena diferencia de víctimas entre uno y otro bando. En Israel (una sociedad tan sensible donde aún sigue prohibida la música de Wagner por el dolor que pudiera causar a los supervivientes del Holocausto) abundan los mensajes, discursos y pintadas que piden a gritos el genocidio entero del pueblo palestino. Estos días está de moda una camiseta en la que se ve a una mujer palestina embarazada en un punto de mira con la leyenda: “Mata dos de un solo tiro”. Para hacer este mensaje genocida más explícito la semana pasada, la diputada del Parlamento israelí Ayelet Shaket, del partido radical Hogar Judío, escribió que las madres palestinas “deberían desaparecer junto a sus hogares, donde han criado a estas serpientes. De lo contrario, criarán serpientes más pequeñas”. Añadió: “El pueblo palestino ha declarado la guerra a Israel, y con guerra hay que responder. Basta de referencias oblicuas: esto es una guerra contra el terror, no una operación, no una estrategia de baja intensidad. Las palabras tienen su significado”. En efecto, las palabras tienen su significado y detrás de éstas no hay más que uno: el exterminio del pueblo palestino.
Argumento no. 5 – Israel sólo ataca objetivos terroristas.
Otra mentira obscena, flagrante y tan grotesca que sería cómica si no fuese trágica. Entre los muchos bulos que hace correr la propaganda israelí está la leyenda de que el ejército avisa con una pequeña detonación en el tejado de los edificios donde supuestamente se alojan terroristas, una advertencia a los habitantes del inmueble para que lo desalojen antes de la explosión definitiva. Caso de ser cierta, que no lo parece, esta medida sólo funcionaría con terroristas sordos. Por otra parte, son innumerables los reportajes y fotografías de la prensa internacional que han revelado al mundo el salvajismo homicida del ejército israelí: barriadas enteras pulverizadas, niños ametrallados en la playa, edificios reducidos a escombros, un colegio de discapacitados arrasado, docenas y docenas de bebés muertos, un joven ensangrentado llorando con su madre agonizante en los brazos, el cadáver de un niño decapitado y un interminable etcétera de espanto. Una nota más: ayer lunes el ejército israelí estaba atacando el hospital Al Aqsa de Gaza, abarrotado de civiles heridos, y ametrallando específicamente las ambulancias que intentaban evacuar a los heridos al vecino hospital de Shifa.
Argumento no. 6 – Criticar la política militar de Israel es señal de antisemitismo.
Es el acto reflejo en cualquier discusión sobre la masacre palestina. Da igual la anterior trayectoria intelectual del etiquetado o la mayor o menor consistencia de sus argumentos: en el momento en que esboce el menor reparo a la brutal política de agresión israelí, inmediatamente será enviado al cajón de los antisemitas y equiparado al mismo rango de los sacerdotes católicos que culpaban a los judíos de la muerte de Cristo, de los reyes y príncipes cristianos que recluyeron a los judíos en ghettos y los expulsaron de sus tierras, y, por supuesto, de los genocidas nazis que pusieron en marcha el Holocausto. Para desmontar este burdo marchamo basta recordar que el pueblo judío no es Israel, que buena parte de Israel no comparte las ideas genocidas de la extrema derecha israelí y que multitud de judíos (artistas, intelectuales, científicos, políticos y ciudadanos de a pie) también han criticado la bestialidad sanguinaria que el ejército hebreo lleva décadas cometiendo con el pueblo palestino. Unos pocos entre los últimos que se han sumado a estas críticas: la periodista Naomi Klein, que advierte de que toda la economía israelí depende de la industria militar, y los historiadores Yakov Rabkiv, que califica la campaña israelí en Gaza de “masacre”, e Ilan Pappé, que prefiere directamente el término “genocidio”.
http://blogs.publico.es/davidtorres/2014/07/22/5-falsos-argumentos-sobre-la-superioridad-moral-de-israel/
lunes, 21 de julio de 2014
¿Por qué la Guerra Civil? ¿Quién fue responsable?, por Ángel Viñas
¿Por qué la Guerra Civil? ¿Quién fue responsable? En defensa de la
investigación sobre las fuentes primarias.
Ángel Viñas. Tempora Magazine. 18-07-2014
Catedrático emérito de la UCM.
Exdirector de relaciones exteriores y exembajador ante Naciones Unidas de la
Comisión Europea. Exasesor ejecutivo del ministro de Asuntos Exteriores.
Técnico Comercial y Economista del Estado con el número uno de la promoción.
Licenciado y doctor en Ciencias Económicas con sendos premios extraordinarios.
Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, entre otras condecoraciones españolas y
extranjeras. Amplia producción historiográfica. Vive en Bruselas.
La historia es el análisis de la
actuación humana en el pasado. En la actualidad ya no se prejuzga, en general,
uno u otro enfoque de forma más o menos exclusiva. Ha pasado la época de la
creencia en inmutables leyes o regularidades históricas. El enfoque a seguir
depende del objeto de investigación; es decir, éste determina lo que debe
considerarse como evidencia primaria relevante de época (EPRE). Resulta obvio
que tal evidencia varía según el momento del pasado. No es lo mismo abordar
aspectos de la Edad Media que de los años contemporáneos. En estos, por
ejemplo, el abanico de fuentes es muchísimo más amplio: documentos públicos y privados,
testimonios, fotografías, grabaciones sonoras, etc. Los historiadores suelen
librar entre sí grandes batallas académicas a favor de unas fuentes con
preferencia a otras. Tales discordias se complican, además, por la pugna a la
hora de establecer los enfoques heurísticos adecuados. Esto suele hacerse para
situarse a un nivel más o menos elevado en un imaginario pedestal de
‹‹cientificidad››. Para complicar las cosas, todo historiador tiene, bien sea
implícita o explícitamente, una cierta teoría (lo que antaño solía denominarse
‹‹filosofía de la historia››) y escribe desde un retículo axiológico. Se une a
ello, finalmente, la presencia más o menos intensa de lo que los franceses han
denominado ‹‹usos sociales de la historia››. En las circunstancias presentes es
difícil que un historiador se aburra.
Si del plano general descendemos
a otro mucho más concreto, el de la contemporaneidad española, las pugnas no
solo no disminuyen, sino que se acrecientan. De una u otra manera están
relacionadas con dos fenómenos: la guerra civil y la subsiguiente dictadura.
Cómo abordar ambos ha dado origen
a innumerables controversias. Hay quien favorece un enfoque de historia
política, otros prefieren la historia social. Más recientemente se han añadido
los que centran su atención en el género, las mentalidades o los ‹‹estudios
culturales››.
La guerra civil destaca por la
riqueza de perspectivas desde las cuales los historiadores han trabajado. Su
caracterización como, ante todo, un
fenómeno militar tiene hoy relativamente pocos seguidores. Es injusto,
pues la guerra es, en sí, un choque de sociedades pero por medios esencialmente
militares. Es más, para algunos autores parece irrelevante que la historia
militar moderna tenga ya muy poco que ver con la descripción de campañas,
batallas e incluso meros encontronazos (small arms single actions).
Con todo, subsisten en este
período numerosas lagunas por rellenar y aspectos polémicos que desentrañar. El
avance es, en mi opinión, función de dos vectores: el descubrimiento, en lo posible,
de nueva EPRE y la aplicación a la ya existente de los enfoques analíticos más
adecuados. Del primero puede afirmarse, sin dudarlo, que en el futuro será
posible realizar nuevos avances: entre los archivos públicos españoles quedan
muchos por explorar, bien porque todavía no se hayan investigado del todo, bien
porque permanezcan inaccesibles. En los extranjeros, no se conoce aún muchísima
documentación soviética e incluso británica. En ambos casos quedan por abordar
los archivos privados o, mejor dicho, los que se mantienen en manos privadas.
Baste con señalar los casos señeros de Franco y de Serrano Suñer.
La combinación de la historia con
las ciencias sociales ha progresado en el campo de la guerra civil, incluido el
ámbito militar, pero no lo suficiente. Las aplicaciones hasta ahora efectuadas
desde la sociología, la sicología, la economía, la antropología, la ciencia
política, la arqueología, entre otras, y los estudios culturales y forenses,
han revelado facetas nuevas y hasta hace un par de decenios casi impensables.
Mi experiencia profesional me ha
llevado a privilegiar el enfoque basado en procesos decisionales y combinarlo
con un método particular. Ni uno ni otro son los más importantes ni los únicos,
pero en un ámbito tan trillado como es la guerra civil siempre he creído que
podrían abrir nuevas perspectivas. El método es el inductivo. Su justificación
es simple: las decisiones quedan reflejadas, de una u otra manera, en
documentos. Para descubrir nuevos aspectos hay que abordar la EPRE. Cuando son
pocos, o ninguno, quienes la hayan manejado antes, es verosímil que, por
inducción, pueda llegarse a nuevos conocimientos sobre un pasado que, por
definición, es incognoscible e inabarcable en su totalidad.
Los documentos, naturalmente, no
reflejan todo ese pasado. En el mejor de los casos iluminan una parte, con
frecuencia, minúscula. Pero permiten abrir puertas a otras perspectivas.
Trataré de explicar lo que
antecede con un ejemplo, uno de esos núcleos en torno al cual la discrepancia
entre los historiadores españoles y extranjeros, desde la extrema derecha hasta
la extrema izquierda, es la más pronunciada: por qué estalló la guerra civil y,
en consecuencia, sobre quiénes recae la responsabilidad de la misma. Son
cuestiones esenciales de la historia contemporánea de España. Han dado origen a
ríos de tinta. Las discusiones son incesantes. Continúan en la más rabiosa
actualidad.
Desde mi primer trabajo histórico
(La Alemania nazi y el 18 de julio, Madrid, Alianza, 1974) he tratado de
encontrar alguna respuesta documentable siguiendo una metodología inductiva a
partir de la EPRE relevante.
Fue esta EPRE la que me hizo
descartar que en los preparativos de la sublevación pudiese figurar la Alemania
nazi (algo que para la historiografía de corte comunista era entonces de
creencia casi obligada). Fue nueva EPRE, obtenida en el cruce de documentos
españoles (franquistas y republicanos), británicos, franceses, alemanes y
rusos, muchos de ellos no publicados ni conocidos, la que me llevó a postular
la gran importancia de los factores internacionales desde aquel momento
fundacional del 17/18 de julio.
Fue novísima EPRE la que me
permitió ligar la participación, con un perfil singular, del general Franco en
la conspiración dirigida por Mola pero conectado en los momentos determinantes
con las actuaciones de la trama civil. Entre ellas destaca la actuación
intoxicadora de la embajada británica en Madrid con el fin de inducir, llegado
el caso, la abstención del Reino Unido con respecto a una eventual intervención
en los asuntos de España.
Como es sabido, la discusión
entre historiadores ha revivido tras la reaparición de una corriente que imputa
a los ‹‹desmanes›› (huelgas, movimientos sociales, proliferación de retóricas
encendidas, atentados e incluso asesinatos) acaecidos en la primavera de 1936
la extensión a las derechas de un sentimiento de inseguridad y de renovada
exclusión tan pronto como tuvieron lugar las elecciones de febrero, que dieron
el triunfo a la coalición electoral del Frente Popular.
Aceptando a efectos meramente
dialécticos que la experiencia republicana hasta entonces no tenía porqué
desembocar en una guerra civil, la utilización de fuentes conocidas desde hacía
muchos años me llevó a indagar acerca de si no existiría otra forma de abordar
el tema, con EPRE relevante, aparte de la utilizada por Francisco Sánchez
Pérez, Eduardo González Calleja, José Luis Ledesma, Julio Aróstegui y Francisco
Espinosa entre muchos otros.
Podría no haberla encontrado.
Pero la encontré. Su tenor incluso me sorprendió, pues superó con creces mis
mayores expectativas. El 1º de julio de 1936 Pedro Sainz Rodríguez, monárquico
convencido, alfonsino, diputado por el Bloque Nacional, calvosotelista de pro,
firmó en Roma varios contratos con una empresa italiana ligada al Ministerio de
Aeronaútica para obtener el compromiso de suministro de un gran número de
aviones de tipo avanzado (cazas, bombarderos, hidroaviones) con su complemento
de bombas, municiones, pertrechos y tripulaciones. Todos ellos se destinaban a
España.
Esta nueva evidencia, de origen
impecable e incontrovertible, permite sustentar una argumentación que se opone
a las tesis que ponen el énfasis en la responsabilidad de las izquierdas por la
guerra civil. Dado que los contratos son de un detalle extremado, y que Sainz
Rodríguez, catedrático de bibliología de la Universidad Central, no era
precisamente un experto ni en armamento ni en aviación, cabe establecer dos
hipótesis: o bien aceptó lo que los italianos le pusieron por delante y se fió
de su savoir faire o los contratos fueron el resultado de negociaciones entre
la parte italiana y militares españoles por cuenta de los conspiradores. Personalmente tiendo más bien a favor de esta
segunda hipótesis. ¿Cómo dejar a extranjeros una decisión clave para el futuro
de la conspiración?
Ahora bien, desde el punto de
vista de un mero golpe militar, estrictu senso, orientado hacia la sublevación
de las guarniciones en ciertas ciudades y en la convergencia de las tropas
victoriosas hacia Madrid, en el marco de una estrategia diseñada por Mola, es obvio que no se
necesitaban cazas Fiat modernos o potentes bombarderos Savoia Marchetti. Por no
hablar de hidroaviones. Sí se necesitaban, en cambio, para asegurar el éxito en
una guerra que se presumía corta.
Es decir, los ‹‹contratos
romanos›› nos obligan a desplazar la atención de las inculpaciones efectuadas
tradicionalmente por los sostenedores de una derecha encrespada contra los
supuestos proyectos revolucionarios del Frente Popular, más o menos inspirados
por Moscú, hacia el sector sobre el cual recae la mayor responsabilidad por lo
que iba a suceder: aparte de los militares levantiscos, sus apoyos políticos y
sociales en Renovación Española o el Bloque Nacional, con José Calvo Sotelo (el
‹‹proto-mártir››) al frente. Fue bajo la responsabilidad de estos últimos, en
efecto, que se negociaron los contratos. Que fuesen conocidos por el exrey
Alfonso XIII no es descartable. Sí podemos pensar que él no intervendría
directamente en la negociación.
La noción, además, de que en
marzo de 1936 el banquero mallorquín Juan March otorgara a los conspiradores un
crédito de medio millón de libras esterlinas a través de un banco londinense
para adquirir a los italianos el material, permite pensar que ‹‹alguien›› debió
poner en marcha los contactos para iniciar las negociaciones en Roma, bien en
aquella fecha o incluso un poco antes. Podemos descartar que March lo hiciera a
impulso propio.
Ese ‹‹alguien›› no está
identificado, pero los candidatos no son demasiados: debería de figurar entre
los generales Franco, Goded o Fanjul. De estos, los dos últimos ya estaban a
favor de una sublevación en diciembre de 1935, cuando Gil Robles no alcanzó la
presidencia del Gobierno ante la oposición del presidente de la República,
Niceto Alcalá-Zamora. Habría que incluir también el asesoramiento del general
Kindelán, exjefe de la aviación española, monárquico de pro y frecuente
visitante de Roma. ¿Cómo no iban a consultarle en cuanto a la ideoneidad de los
aparatos? En el círculo conocedor de esta veta de la conspiración figuraría
posiblemente el general Orgaz (amigo de Sainz Rodríguez). Un papel todavía no
conocido correspondería al ‹‹técnico››, teniente coronel Galarza, que enlazaba
en Madrid todos los hilos de la conjura que impulsaba Mola.
Nada de lo que antecede está
documentado todavía, pero por inducción, es verosímil que todos los nombrados,
o su mayor parte, tuvieran algo que ver. La compenetración en la cúpula de la
conspiración militar y de la trama civil hubo de ser intensa.
Los detalles todavía no conocidos
importan obviamente, pero la nueva imagen que aparece a partir de esta EPRE es
bastante clara:
Si, tras la sustancial ayuda de March, las
negociaciones no tardaron mucho en dar comienzo, es lógico que en los meses
siguientes, de marzo a junio, los conspiradores concluyeran que era preciso
crear la sensación de que España atravesaba un estado de necesidad. De aquí las
proclamas sobre la inminencia de la revolución con el fin de ‹‹calentar›› a las
fuerzas armadas y los catastróficos discursos en Cortes a los que se dedicaron
Calvo Sotelo y Gil Robles.
También explica la estimulación
del pistolerismo, hasta el punto de que los monárquicos pronto se quedaron sin
fondos para pagar a los ‹‹hombres de acción››, por lo que a mitad de junio
Goiecoechea, número dos de Calvo Sotelo, se dirigió a Ciano en demanda de
fondos. Esta evidencia la descubrió hace ya años Ismael Saz, pero pocos son
quienes la han tenido en cuenta.
Convenía exagerar en la prensa
los indudables desórdenes urbanos y el número de víctimas mortales, como si
ello fuese el resultado de un estado de anarquía. Eduardo González Calleja ha
determinado que las víctimas fueron mayores en las filas de la izquierda. No se
trató de una casualidad. Ni el gobierno ni las fuerzas de orden público se quedaron
de brazos cruzados.
En paralelo, y en la sombra,
continuó la intoxicación de los diplomáticos británicos, en Madrid y Londres,
mientras Sanjurjo y Beigbeder intentaban vanamente conseguir armas en el Tercer
Reich y los carlistas multiplicaban sus misiones en el extranjero, sin llegar a
resultados tan contundentes como los monárquicos. En resumen, esta novísima
EPRE y la aplicación del método inductivo permiten dar una respuesta coherente
con la documentación hoy existente.
La anterior exposición, muy sumaria,
no sería completa si, para el caso en cuestión, no se delimitara con precisión
el juego de las condiciones necesarias y de las condiciones suficientes, algo
que conviene delimitar con la mayor precisión posible.
Como cualquier estudioso de
lógica sabe, las primeras son aquéllas que deben darse para que pueda tener
lugar un fenómeno determinado. En el caso de los fenómenos sociales, tales
condiciones son complejas y muy diversas. Así, por ejemplo, la sed de reformas
económicas, sociales, políticas y culturales que España venía arrastrando desde
la Restauración y que se agudizó durante la dictadura de Primo de Rivera, fue
una condición necesaria para que desde las posiciones de poder económico,
político y social tradicionales emanara una fuerte oposición a las mismas. Esta
oposición, desarticulada en un principio con el imprevisto advenimiento de la
República y que atravesó fases muy conocidas, terminó alimentando la
sublevación de 1932, durante el período en el cual la conjunción
republicano-socialista asumió con fuerza la responsabilidad de atender a
reformas ineludibles. Tal oposición, mucho más estructurada y organizada,
volvió a la carga después de las elecciones del Frente Popular.
La importancia de tales
condiciones, que también suelen denominarse factores estructurales, ha sido muy
enfatizada desde los primeros estudiosos que, sin seguir el canon que ya empezó
a acuñarse en los albores de la dictadura franquista, trataron de explicar lo
que no dejaban de ver como una anomalía. ¿Por qué hubo una guerra civil en
España? Pionero entre ellos fue, naturalmente, Gerald Brenan.
Curiosamente, también los
balbuceos oficiales de la explicación de la génesis de la guerra civil, los que
hicieron los oficiales y jefes del Servicio Histórico Militar en los años cuarenta,
se remontaron hasta el siglo XIX (a veces hasta el XVIII) para explicar la
irrupción de la malhadada república como el último jalón de una evolución
secular de decadencia promovida por la ‹‹anti-España››.
En mi opinión, tales factores no
tenían por qué conducir necesariamente al estallido de 1936. Hoy se admite por
lo general que si no se hubieran producido ciertos hechos en el período que va
hasta las elecciones del Frente Popular, la evolución ulterior hubiese podido
ser diferente.
Sin ánimo exhaustivo alguno cabe
mencionar la arbitraria destitución de Manuel Azaña como Presidente del
Gobierno en 1933, que abrió la puerta a nuevas elecciones que no ganaron los
republicanos burgueses y socialistas al concurrir desunidos a los comicios; o
el no nombramiento de Gil Robles como Presidente del Gobierno en diciembre de
1935; o si el presidente que convocó las elecciones de febrero de 1936, Portela
Valladares, hubiese aceptado la declaración del estado de guerra que le
pidieron los militares (entre ellos Franco) y anulado el resultado. Es difícil
pensar que la izquierda hubiese tenido en aquellos momentos la capacidad de
montar una oposición efectiva. The road not taken, como gustan de caracterizar
tales alternativas los autores anglosajones, indujo por el contrario la
evolución que realmente tuvo lugar.
Ahora bien, lo que determinó la
sublevación de julio de 1936 fueron ciertas condiciones suficientes, es decir,
aquel tipo de condiciones que cuando se producen conducen a un cierto resultado
y no a otro. En la primavera de 1936 sobresalen dos: la ineficacia del gobierno
en cortar la conspiración, algo sobradamente conocido pero no siempre bien
explicado, y la consecución por parte de los conspiradores de abundante
material bélico moderno, inexistente en España, y apto para una guerra corta.
El juego de condiciones
necesarias y suficientes llevó a la sublevación casi irremisiblemente. ¿Cómo
hubiese podido el gobierno cortar la comprometida ayuda italiana de la que no
tenía la menor noticia?
El 17/18 de julio no dio paso de
por sí a la guerra civil propiamente dicha. Abrió la puerta a una serie de
campañas rápidas y exitosas de los sublevados (apoyados por la intervención
fascista, predeterminada, y por la nazi, decidida por Hitler autónomamente el
25 de julio). Se vieron respaldadas, además, por la escisión/hundimiento de las
fuerzas armadas y de seguridad, y por la imposición de la no-intervención
contra el gobierno.
Como agudamente vio Azaña en
septiembre, para entonces la República tenía perdida la partida. Y probablemente
así hubiese ocurrido si en octubre de 1936 no hubiera empezado a llegar
abundante ayuda material y personal soviética. Los aviadores rusos aportaron,
en particular, una contribución inestimable, porque la aviación republicana,
puramente española, había dejado prácticamente de existir. El apoyo político,
diplomático, personal y material de la URSS creó una nueva situación. La
guéguerre de los primeros meses se convirtió en cruenta guerra civil.
Esto no es lo que
tradicionalmente se ha dicho y repetido, sobre todo por quienes mantuvieron
casi cuarenta años los archivos cerrados y una censura de guerra durante más de
la mitad y acuñaron un canon lógico y cerrado en sí mismo, pero incontrastable.
Naturalmente puedo estar
equivocado, pero esto es lo que he desprendido de una EPRE que no se basa en
epifenómenos, en discursos políticos o en factores culturales. Todos ellos
desempeñarían, ¡qué duda cabe!, un papel más o menos importante a lo largo de
la contienda. No sirven para dilucidar del todo la cuestión de las
responsabilidades por la mayor catástrofe acaecida en la historia contemporánea
de España.
Por lo demás, y aun aceptando de
nuevo a efectos dialécticos que la primavera de 1936 hubiese sido tan
desastrosa como se ha descrito y se describe en la literatura pro o
parafranquista, ¿justifica el comienzo de la conspiración en febrero/marzo de
1936 y la voluntad de ir a una guerra que, por pequeña que hubiese sido, habría
producido más víctimas que varias primaveras de aquel presunto porte juntas? Por
no hablar de las que efectivamente se produjeron. Un bache demográfico como no
había ocurrido hasta entonces en España.
Esta es la cuestión que convenía,
y conviene, oscurecer, porque arroja negros nubarrones sobre la ‹‹legitimidad››
de origen del orgulloso ‹‹régimen del 18 de julio››, que no dudó en presentar
argumentos espurios para justificar la sublevación y que ignora todavía un
amplio sector de la literatura. Quizá porque es algo que un sector de la
derecha española es incapaz, todavía hoy, de aceptar.
¿Porqué el Estado de Israel asesina a niños palestinos?, por Rafael Narbona
¿POR QUÉ EL ESTADO DE ISRAEL ASESINA A NIÑOS PALESTINOS?
JULIO 20, 2014 RAFAEL NARBONA
El pueblo judío ha legado grandes pensadores a la humanidad. Solo en el siglo XX podemos citar a Emmanuel Lévinas, Martin Buber, Günther Anders, Hannah Arendt, Walter Benjamin, Adorno, Horkheimer, Husserl, Hans Jonas, Sigmund Freud o Erich Fromm. Es una pequeña muestra de una lista inacabable. Ninguno aprobaría los crímenes del Estado de Israel en la Franja de Gaza. Lévinas habla de “una responsabilidad absoluta hacia el Otro”. La perfección moral consiste en asumir el cuidado del débil, del enfermo, del paria: “El Otro es el pobre y el despojado y nada de lo que concierne a este Extranjero puede dejarnos indiferente”. En la Operación Margen Defensivo, el Otro es el palestino, que vive hacinado en una estrecha franja de tierra, soportando un bloqueo que le escatima alimentos, medicinas, combustible, material escolar y material de construcción. Los bombardeos han dejado sin luz al 90% de Gaza y la destrucción de instalaciones de agua amenaza con privar a la población civil de un recurso que ya era escaso antes de una ofensiva criminal y despiadada. Ya han muerto 370 personas. Al menos, 72 eran niños, algunas fuentes hablan de un centenar de menores aniquilados por el fuego israelí. El 85% de las víctimas eran civiles: mujeres, ancianos y varios bebés. Los hospitales se hallan desbordados y, en algunos casos, las operaciones a vida o muerte se han llevado a cabo con la tenue iluminación de los teléfonos móviles. Los enfermos crónicos podrían morir al cortarse el suministro de medicinas. Jaled Hamad, un fotógrafo palestino, ha muerto al mismo tiempo que un conductor de ambulancia, mientras realizaban su trabajo. Israel ha manifestado que no se responsabiliza de la muerte de los informadores extranjeros: “Gaza y las áreas cercanas son un campo de batalla. Cubrir las hostilidades pone a los periodistas en riesgo para sus vidas”. El Tazhal no quiere testigos de sus crímenes. Saben que las fotos de niños palestinos masacrados están desatando una oleada de rabia e indignación en la opinión pública internacional. Es imposible demostrarlo, pero algunos periodistas han denunciado que Israel está empleando fósforo blanco, un arma química que produce quemaduras tan profundas que afectan al hígado, el riñón y el corazón, causando la muerte en la mayoría de las ocasiones. No constituiría una novedad. En 2010, Israel admitió que había empleado fósforo blanco en el bombardeo de zonas pobladas de Gaza. No hubo sanciones internacionales, pese a que la ONU elaboró un informe señalando que el fósforo blanco había alcanzado a colegios y hospitales.
En su ya clásico ensayo El principio de responsabilidad (1985), el filósofo judío Hans Jonas escribe: “En cada niño que nace la humanidad da comienzo de nuevo frente a la muerte y, por tanto, entra en juego la responsabilidad por la continuidad del hombre”. Jonas nació en Alemania, se exilió cuando Hitler llegó al poder, combatió en las filas de la brigada judía del ejército británico, regresó a su tierra natal y, tras buscar a su madre, descubrió que había muerto en Auschwitz. Sionista convencido, se marchó entonces a Palestina y participó en la guerra árabe-israelí de 1948. Desencantado por el rumbo militarista del naciente Estado de Israel, rompió con el sionismo y pasó el resto de su vida en Nueva York, ejerciendo la docencia universitaria y publicando libros. Sus palabras nos sirven para comentar los crímenes del Tzahal en la Franja de Gaza. Matar a los niños palestinos no es un accidente ni un daño colateral, sino una forma de abortar la continuidad del pueblo palestino. La parlamentaria israelí Ayelet Shaked, diputada del partido Hogar Judío, una fuerza religiosa y agresivamente nacionalista, ha conseguido que las redes sociales le hayan asignado como apodo El Ángel de la Muerte, tras declarar que los terroristas palestinos “tienen que morir y sus casas deben ser demolidas. Son nuestros enemigos y nuestras manos deberían estar manchadas de su sangre. Esto también se aplica a las madres de los terroristas. Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no podrían realizar atentados. Ahora todos son combatientes enemigos y su sangre caerá sobre sus cabezas. Incluso las madres de los mártires, que los envían al infierno con flores y besos. Nada sería más justo que siguieran sus pasos. Deberían desaparecer junto a sus hogares, donde han criado a estas serpientes. De lo contrario, criarán más pequeñas serpientes”. Recep Tayyip Erdogan, Primer Ministro de Turquía, ha comentado estas declaraciones, con razonable enojo: “Una mujer israelí dijo que las madres palestinas también deberían ser asesinadas. Y ella es un miembro del parlamento israelí. ¿Cuál es la diferencia entre esta mentalidad y la de Hitler?” Las palabras de Ayelet Shaked no constituyen una anomalía, sino el reflejo de la mentalidad predominante en la sociedad israelí. De hecho, ha comenzado a circular entre los soldados del Tzahal una camiseta con el dibujo de una diana sobre una palestina embarazada: “1 shot, 2 kills”. Al parecer es una camiseta bastante popular, que ya utilizaban algunos jóvenes judíos.
Cuando se llega a estos extremos de odio, solo se puede hablar de una sociedad enferma que justifica y alienta un genocidio. Es la misma mentalidad de los alemanes que apoyaron a Hitler, celebrando el sufrimiento de los judíos europeos. Acusar de antisemitismo al que denuncia los crímenes de Israel siempre es el recurso más fácil y demagógico, ocultando que hay un deseo real de expulsar a los palestinos de sus hogares para consumar el sueño de un Estado exclusivamente judío, con una extensión que se corresponda en la medida de lo posible con las fronteras bíblicas. Según el Antiguo Testamento, Eretz Israel (Territorio de Israel) debería comprender la tierra existente entre el Nilo y el Éufrates: 46.000 millas cuadradas que abarcarían Siria, Líbano, la zona nororiental de Irak, la parte norte de Arabia Saudí, la franja costera del Mar Rojo y la Península del Sinaí. Es imposible realizar esta utopía veterotestamentaria, pero muchos líderes israelíes han considerado y consideran que la actual Cisjordania solo es en realidad Judea y Samaria, dos provincias de Eretz Israel. Los palestinos deberían abandonar esa tierra y diseminarse por Jordania o Siria. Dado que no es posible forzar una nueva Nakba (el desplazamiento forzoso de casi un millón de palestinos provocado por el recién nacido Israel en 1948), Netanyahu y los que le precedieron han preferido impulsar las colonias ilegales en Cisjordania, apropiándose del 80% de las capas freáticas del subsuelo. Sin el control de los recursos hídricos, la Autoridad Nacional Palestina no podría garantizar la subsistencia de la población, lo cual provocaría una emigración forzosa, una forma de limpieza étnica que no despierta tanto rechazo como las operaciones militares.
En cuanto a Gaza, a veces es inevitable pensar que podría aplicarse al gobierno israelí el mismo razonamiento utilizado por el prestigioso filósofo judío Erich Fromm para describir la psicología de Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda e Información del Tercer Reich: “Cuán débil y vacío se siente uno cuando no puede ejercer el poder sobre alguien y de qué modo ese poder le proporciona nuevas fuerzas”. Bombardear la Franja de Gaza cada cierto tiempo ayuda a recordar al mundo la potencia militar de Israel y proporciona a la sociedad israelí un tranquilizador sentimiento de fuerza y seguridad. Ni Estados Unidos ni la UE aplicarán sanciones, pues Israel es una pieza clave en el control de Oriente Medio. El resto del mundo puede protestar, pero sus quejas son irrelevantes y efímeras. Hay una razón más por la cual el Estado de Israel mata a los niños palestinos. Lo explica Manlio Dinucci en “Gaza: el gas en la mirilla” (Red Voltaire, 18-07-14): “Para encontrar una de las causas del ataque israelí contra Gaza hay que profundizar porque esa causa se halla exactamente a 600 metros por debajo del nivel del mar y a 30 kilómetros de la costa de la Franja de Gaza. Allí, en las aguas territoriales palestinas, se encuentra un importante yacimiento de gas natural, el llamado Gaza Marine, estimado en 30.000 millones de metros cúbicos y de un valor de varios miles de millones de dólares. Según un mapa elaborado por la agencia gubernamental U.S. Geological Survey también existen otros yacimientos de gas y de petróleo en tierra firme, en Gaza y en Cisjordania”. En 1999, Yasser Arafat llegó a un acuerdo con British Group y la compañía privada palestina Consolidated Contractors para explotar Gaza Marine. La titularidad de las acciones se repartiría del siguiente modo: un 60% para British Group, un 30% Consolidated Contractors y un 10% para el Fondo de Inversiones de la Autoridad Nacional Palestina. Se perforaron dos pozos, pero Israel los bloqueó, pues desea apoderarse de Gaza Marine. Tony Blair, representante del Cuarteto Diplomático para la Paz en Oriente Medio, gestionó un acuerdo que reservaba tres cuartas partes de los futuros ingresos del gas para Israel, excluyendo a los palestinos de cualquier derecho. El resto de los ingresos se depositaría en una cuenta internacional bajo control de Washington y Londres. Hamás ganó las elecciones en 2006 y afirmó que el acuerdo constituía un robo, asegurando que se opondría a él por todos los medios. Moshe Ya’alon, Ministro de Defensa israelí, respondió: “el gas no podrá extraerse sin una operación militar que ponga fin al control de Hamás en Gaza”. En 2008, la Operación Plomo Fundido convierte la amenaza en una mortífera incursión que provoca la muerte de 1.400 palestinos, la mitad civiles. En 2012, la Autoridad Nacional Palestina negocia con Israel la extracción y explotación del gas, con la oposición de Hamás. Ante su oposición, Mahmud Abbás busca un nuevo socio. Se reúne con Putin el 23 de enero de 2014 y se discute la posibilidad de que la poderosa compañía rusa Gazprom explote el yacimiento. Abbás anuncia un plan de cooperación bilateral con Rusia, que incluye la explotación de un yacimiento de petróleo situado cerca de Ramallah y la construcción de una central termoeléctrica. La reconciliación de Hamás y Al Fatah, escenificada con un apretón de manos entre Ismail Haniya y Mahmud Abbás, fortalece el proyecto de un acuerdo con Rusia en el sector energético. Diez días más tarde se produce el secuestro de tres adolescentes judíos, un acontecimiento pronosticado unas semanas antes por el jefe del Mossad, Tamir Pardo. El 30 de junio los jóvenes aparecen muertos. Circulan rumores sobre una Operación de Bandera Falsa, pero nadie les presta atención. “Ya hay una casus belli”, apunta Manlio Dinucci. La Operación Margen Protector no es un castigo a Hamás, sino parte de una estrategia de Tel Aviv para adueñarse de “las reservas energéticas de toda la cuenca del Levante, incluyendo las de Palestina, las del Líbano y las de Siria”. De paso, Israel y Washington dejan fuera de juego a Rusia, que no cesa de retroceder en la región, cada vez más hostigada en todos los frentes por Estados Unidos, principal artífice del conflicto ucraniano. ¿Ha instigado el Pentagono el derribo del Boeing 777 de Malaysia Airlines, donde han muerto 298 personas? Según la agencia de noticias rusa Interfax, los colores del Boeing se parecen mucho a los del avión presidencial, que en ese momento volaba hacia la cumbre del BRICS-Unasur en Brasil. Una fuente anónima de la Aviación de Rusia ha declarado: “Puedo decir que el avión presidencial y el Boeing de Malaysia Airlines se cruzaron en el mismo punto y en el mismo corredor. Esto sucedió cerca de Varsovia en el nivel de vuelo 330a a una altitud de 10.100 metros. El avión presidencial estaba allí a las 16.21 hora local (12.21 gmt) y el avión de Malaysia Airlines a las 15.44 (11.44 gmt). El contorno de ambas aeronaves se parece, las dimensiones lineales también son muy similares y en cuanto al color del avión, a una distancia lo suficientemente grande, también es casi idéntico”. Poco después otras fuentes atajaron la especulación, señalando: “Putin solo tiene un jet, Board One, no viaja en otros aviones. Ese avión siempre parte de Vnukovo 3, pero el avión presidencial no ha viajado sobre Ucrania desde hace tiempo”. La verdad tal vez no se conozca nunca, pero el conflicto de fondo entre la Federación Rusa y los Estados Unidos es incuestionable. Tanto la fallida Revolución Naranja ucraniana de 2004 como la Revolución Gris en curso responden al objetivo de boicotear las rutas comerciales del gas ruso como un primer paso hacia un ambicioso objetivo: desmantelar la Federación Rusa, repitiendo la jugada de Washington y Bonn –capital de la antigua RFA- en Yugoslavia. La Guerra Fría ha vuelto, pero sin su trasfondo ideológico.
Mientras tanto, siguen cayendo las bombas en Gaza. Solo en el barrio de Shejaiya, al este de la capital, han muerto 62 palestinos y 400 han resultado heridos. Putin no se equivoca al afirmar que “la política más dura y agresiva la practica Estados Unidos”, pues Israel es su estado 51 y no se atrevería a cometer matanzas de civiles palestinos sin su consentimiento. Los periodistas y los extranjeros están abandonando Gaza. El Tzahal no quiere más fotografías de niños carbonizados, mutilados y agujereados. Es muy fácil odiar al Estado de Israel en estos días, pero la prioridad no es odiar, sino comprender y solidarizarse con las víctimas. Judíos y palestinos podrían vivir en paz en un estado binacional, laico y democrático, pero la política exterior de Estados Unidos apunta en otra dirección. Yo no odio al pueblo judío, pero sí experimento un profundo desprecio hacia los asesinos, ocultos bajo la égida de políticos sin escrúpulos, como Obama o Netanyahu. Soy escéptico. No creo en Dios, pero pienso que debe existir un mañana para los inocentes inmolados por el poder político y financiero. Sin esa expectativa, la historia de la humanidad solo es un canto a la crueldad.
RAFAEL NARBONA
http://rafaelnarbona.es/?p=8588
JULIO 20, 2014 RAFAEL NARBONA
El pueblo judío ha legado grandes pensadores a la humanidad. Solo en el siglo XX podemos citar a Emmanuel Lévinas, Martin Buber, Günther Anders, Hannah Arendt, Walter Benjamin, Adorno, Horkheimer, Husserl, Hans Jonas, Sigmund Freud o Erich Fromm. Es una pequeña muestra de una lista inacabable. Ninguno aprobaría los crímenes del Estado de Israel en la Franja de Gaza. Lévinas habla de “una responsabilidad absoluta hacia el Otro”. La perfección moral consiste en asumir el cuidado del débil, del enfermo, del paria: “El Otro es el pobre y el despojado y nada de lo que concierne a este Extranjero puede dejarnos indiferente”. En la Operación Margen Defensivo, el Otro es el palestino, que vive hacinado en una estrecha franja de tierra, soportando un bloqueo que le escatima alimentos, medicinas, combustible, material escolar y material de construcción. Los bombardeos han dejado sin luz al 90% de Gaza y la destrucción de instalaciones de agua amenaza con privar a la población civil de un recurso que ya era escaso antes de una ofensiva criminal y despiadada. Ya han muerto 370 personas. Al menos, 72 eran niños, algunas fuentes hablan de un centenar de menores aniquilados por el fuego israelí. El 85% de las víctimas eran civiles: mujeres, ancianos y varios bebés. Los hospitales se hallan desbordados y, en algunos casos, las operaciones a vida o muerte se han llevado a cabo con la tenue iluminación de los teléfonos móviles. Los enfermos crónicos podrían morir al cortarse el suministro de medicinas. Jaled Hamad, un fotógrafo palestino, ha muerto al mismo tiempo que un conductor de ambulancia, mientras realizaban su trabajo. Israel ha manifestado que no se responsabiliza de la muerte de los informadores extranjeros: “Gaza y las áreas cercanas son un campo de batalla. Cubrir las hostilidades pone a los periodistas en riesgo para sus vidas”. El Tazhal no quiere testigos de sus crímenes. Saben que las fotos de niños palestinos masacrados están desatando una oleada de rabia e indignación en la opinión pública internacional. Es imposible demostrarlo, pero algunos periodistas han denunciado que Israel está empleando fósforo blanco, un arma química que produce quemaduras tan profundas que afectan al hígado, el riñón y el corazón, causando la muerte en la mayoría de las ocasiones. No constituiría una novedad. En 2010, Israel admitió que había empleado fósforo blanco en el bombardeo de zonas pobladas de Gaza. No hubo sanciones internacionales, pese a que la ONU elaboró un informe señalando que el fósforo blanco había alcanzado a colegios y hospitales.
En su ya clásico ensayo El principio de responsabilidad (1985), el filósofo judío Hans Jonas escribe: “En cada niño que nace la humanidad da comienzo de nuevo frente a la muerte y, por tanto, entra en juego la responsabilidad por la continuidad del hombre”. Jonas nació en Alemania, se exilió cuando Hitler llegó al poder, combatió en las filas de la brigada judía del ejército británico, regresó a su tierra natal y, tras buscar a su madre, descubrió que había muerto en Auschwitz. Sionista convencido, se marchó entonces a Palestina y participó en la guerra árabe-israelí de 1948. Desencantado por el rumbo militarista del naciente Estado de Israel, rompió con el sionismo y pasó el resto de su vida en Nueva York, ejerciendo la docencia universitaria y publicando libros. Sus palabras nos sirven para comentar los crímenes del Tzahal en la Franja de Gaza. Matar a los niños palestinos no es un accidente ni un daño colateral, sino una forma de abortar la continuidad del pueblo palestino. La parlamentaria israelí Ayelet Shaked, diputada del partido Hogar Judío, una fuerza religiosa y agresivamente nacionalista, ha conseguido que las redes sociales le hayan asignado como apodo El Ángel de la Muerte, tras declarar que los terroristas palestinos “tienen que morir y sus casas deben ser demolidas. Son nuestros enemigos y nuestras manos deberían estar manchadas de su sangre. Esto también se aplica a las madres de los terroristas. Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no podrían realizar atentados. Ahora todos son combatientes enemigos y su sangre caerá sobre sus cabezas. Incluso las madres de los mártires, que los envían al infierno con flores y besos. Nada sería más justo que siguieran sus pasos. Deberían desaparecer junto a sus hogares, donde han criado a estas serpientes. De lo contrario, criarán más pequeñas serpientes”. Recep Tayyip Erdogan, Primer Ministro de Turquía, ha comentado estas declaraciones, con razonable enojo: “Una mujer israelí dijo que las madres palestinas también deberían ser asesinadas. Y ella es un miembro del parlamento israelí. ¿Cuál es la diferencia entre esta mentalidad y la de Hitler?” Las palabras de Ayelet Shaked no constituyen una anomalía, sino el reflejo de la mentalidad predominante en la sociedad israelí. De hecho, ha comenzado a circular entre los soldados del Tzahal una camiseta con el dibujo de una diana sobre una palestina embarazada: “1 shot, 2 kills”. Al parecer es una camiseta bastante popular, que ya utilizaban algunos jóvenes judíos.
Cuando se llega a estos extremos de odio, solo se puede hablar de una sociedad enferma que justifica y alienta un genocidio. Es la misma mentalidad de los alemanes que apoyaron a Hitler, celebrando el sufrimiento de los judíos europeos. Acusar de antisemitismo al que denuncia los crímenes de Israel siempre es el recurso más fácil y demagógico, ocultando que hay un deseo real de expulsar a los palestinos de sus hogares para consumar el sueño de un Estado exclusivamente judío, con una extensión que se corresponda en la medida de lo posible con las fronteras bíblicas. Según el Antiguo Testamento, Eretz Israel (Territorio de Israel) debería comprender la tierra existente entre el Nilo y el Éufrates: 46.000 millas cuadradas que abarcarían Siria, Líbano, la zona nororiental de Irak, la parte norte de Arabia Saudí, la franja costera del Mar Rojo y la Península del Sinaí. Es imposible realizar esta utopía veterotestamentaria, pero muchos líderes israelíes han considerado y consideran que la actual Cisjordania solo es en realidad Judea y Samaria, dos provincias de Eretz Israel. Los palestinos deberían abandonar esa tierra y diseminarse por Jordania o Siria. Dado que no es posible forzar una nueva Nakba (el desplazamiento forzoso de casi un millón de palestinos provocado por el recién nacido Israel en 1948), Netanyahu y los que le precedieron han preferido impulsar las colonias ilegales en Cisjordania, apropiándose del 80% de las capas freáticas del subsuelo. Sin el control de los recursos hídricos, la Autoridad Nacional Palestina no podría garantizar la subsistencia de la población, lo cual provocaría una emigración forzosa, una forma de limpieza étnica que no despierta tanto rechazo como las operaciones militares.
En cuanto a Gaza, a veces es inevitable pensar que podría aplicarse al gobierno israelí el mismo razonamiento utilizado por el prestigioso filósofo judío Erich Fromm para describir la psicología de Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda e Información del Tercer Reich: “Cuán débil y vacío se siente uno cuando no puede ejercer el poder sobre alguien y de qué modo ese poder le proporciona nuevas fuerzas”. Bombardear la Franja de Gaza cada cierto tiempo ayuda a recordar al mundo la potencia militar de Israel y proporciona a la sociedad israelí un tranquilizador sentimiento de fuerza y seguridad. Ni Estados Unidos ni la UE aplicarán sanciones, pues Israel es una pieza clave en el control de Oriente Medio. El resto del mundo puede protestar, pero sus quejas son irrelevantes y efímeras. Hay una razón más por la cual el Estado de Israel mata a los niños palestinos. Lo explica Manlio Dinucci en “Gaza: el gas en la mirilla” (Red Voltaire, 18-07-14): “Para encontrar una de las causas del ataque israelí contra Gaza hay que profundizar porque esa causa se halla exactamente a 600 metros por debajo del nivel del mar y a 30 kilómetros de la costa de la Franja de Gaza. Allí, en las aguas territoriales palestinas, se encuentra un importante yacimiento de gas natural, el llamado Gaza Marine, estimado en 30.000 millones de metros cúbicos y de un valor de varios miles de millones de dólares. Según un mapa elaborado por la agencia gubernamental U.S. Geological Survey también existen otros yacimientos de gas y de petróleo en tierra firme, en Gaza y en Cisjordania”. En 1999, Yasser Arafat llegó a un acuerdo con British Group y la compañía privada palestina Consolidated Contractors para explotar Gaza Marine. La titularidad de las acciones se repartiría del siguiente modo: un 60% para British Group, un 30% Consolidated Contractors y un 10% para el Fondo de Inversiones de la Autoridad Nacional Palestina. Se perforaron dos pozos, pero Israel los bloqueó, pues desea apoderarse de Gaza Marine. Tony Blair, representante del Cuarteto Diplomático para la Paz en Oriente Medio, gestionó un acuerdo que reservaba tres cuartas partes de los futuros ingresos del gas para Israel, excluyendo a los palestinos de cualquier derecho. El resto de los ingresos se depositaría en una cuenta internacional bajo control de Washington y Londres. Hamás ganó las elecciones en 2006 y afirmó que el acuerdo constituía un robo, asegurando que se opondría a él por todos los medios. Moshe Ya’alon, Ministro de Defensa israelí, respondió: “el gas no podrá extraerse sin una operación militar que ponga fin al control de Hamás en Gaza”. En 2008, la Operación Plomo Fundido convierte la amenaza en una mortífera incursión que provoca la muerte de 1.400 palestinos, la mitad civiles. En 2012, la Autoridad Nacional Palestina negocia con Israel la extracción y explotación del gas, con la oposición de Hamás. Ante su oposición, Mahmud Abbás busca un nuevo socio. Se reúne con Putin el 23 de enero de 2014 y se discute la posibilidad de que la poderosa compañía rusa Gazprom explote el yacimiento. Abbás anuncia un plan de cooperación bilateral con Rusia, que incluye la explotación de un yacimiento de petróleo situado cerca de Ramallah y la construcción de una central termoeléctrica. La reconciliación de Hamás y Al Fatah, escenificada con un apretón de manos entre Ismail Haniya y Mahmud Abbás, fortalece el proyecto de un acuerdo con Rusia en el sector energético. Diez días más tarde se produce el secuestro de tres adolescentes judíos, un acontecimiento pronosticado unas semanas antes por el jefe del Mossad, Tamir Pardo. El 30 de junio los jóvenes aparecen muertos. Circulan rumores sobre una Operación de Bandera Falsa, pero nadie les presta atención. “Ya hay una casus belli”, apunta Manlio Dinucci. La Operación Margen Protector no es un castigo a Hamás, sino parte de una estrategia de Tel Aviv para adueñarse de “las reservas energéticas de toda la cuenca del Levante, incluyendo las de Palestina, las del Líbano y las de Siria”. De paso, Israel y Washington dejan fuera de juego a Rusia, que no cesa de retroceder en la región, cada vez más hostigada en todos los frentes por Estados Unidos, principal artífice del conflicto ucraniano. ¿Ha instigado el Pentagono el derribo del Boeing 777 de Malaysia Airlines, donde han muerto 298 personas? Según la agencia de noticias rusa Interfax, los colores del Boeing se parecen mucho a los del avión presidencial, que en ese momento volaba hacia la cumbre del BRICS-Unasur en Brasil. Una fuente anónima de la Aviación de Rusia ha declarado: “Puedo decir que el avión presidencial y el Boeing de Malaysia Airlines se cruzaron en el mismo punto y en el mismo corredor. Esto sucedió cerca de Varsovia en el nivel de vuelo 330a a una altitud de 10.100 metros. El avión presidencial estaba allí a las 16.21 hora local (12.21 gmt) y el avión de Malaysia Airlines a las 15.44 (11.44 gmt). El contorno de ambas aeronaves se parece, las dimensiones lineales también son muy similares y en cuanto al color del avión, a una distancia lo suficientemente grande, también es casi idéntico”. Poco después otras fuentes atajaron la especulación, señalando: “Putin solo tiene un jet, Board One, no viaja en otros aviones. Ese avión siempre parte de Vnukovo 3, pero el avión presidencial no ha viajado sobre Ucrania desde hace tiempo”. La verdad tal vez no se conozca nunca, pero el conflicto de fondo entre la Federación Rusa y los Estados Unidos es incuestionable. Tanto la fallida Revolución Naranja ucraniana de 2004 como la Revolución Gris en curso responden al objetivo de boicotear las rutas comerciales del gas ruso como un primer paso hacia un ambicioso objetivo: desmantelar la Federación Rusa, repitiendo la jugada de Washington y Bonn –capital de la antigua RFA- en Yugoslavia. La Guerra Fría ha vuelto, pero sin su trasfondo ideológico.
Mientras tanto, siguen cayendo las bombas en Gaza. Solo en el barrio de Shejaiya, al este de la capital, han muerto 62 palestinos y 400 han resultado heridos. Putin no se equivoca al afirmar que “la política más dura y agresiva la practica Estados Unidos”, pues Israel es su estado 51 y no se atrevería a cometer matanzas de civiles palestinos sin su consentimiento. Los periodistas y los extranjeros están abandonando Gaza. El Tzahal no quiere más fotografías de niños carbonizados, mutilados y agujereados. Es muy fácil odiar al Estado de Israel en estos días, pero la prioridad no es odiar, sino comprender y solidarizarse con las víctimas. Judíos y palestinos podrían vivir en paz en un estado binacional, laico y democrático, pero la política exterior de Estados Unidos apunta en otra dirección. Yo no odio al pueblo judío, pero sí experimento un profundo desprecio hacia los asesinos, ocultos bajo la égida de políticos sin escrúpulos, como Obama o Netanyahu. Soy escéptico. No creo en Dios, pero pienso que debe existir un mañana para los inocentes inmolados por el poder político y financiero. Sin esa expectativa, la historia de la humanidad solo es un canto a la crueldad.
RAFAEL NARBONA
http://rafaelnarbona.es/?p=8588
La importancia de Izquierda Unida
Luis García Montero. En Público,
17 julio de 2014.
Quisiera recordar aquí la importancia de Izquierda Unida. Quisiera recordárselo sobre todo a los compañeros de Izquierda Unida y del Partido Comunista. Como llevo años defendiendo la necesidad de un Frente Amplio y la configuración de una nueva mayoría social con voluntad de intervención política, me parece conveniente ahora afirmar que Izquierda Unida no puede diluirse en este proceso. Debe jugar un papel importante en la elaboración de la convergencia.
Después del éxito de Podemos en las elecciones Europeas, se han producido reacciones de diverso carácter. Un sector amplio de la derecha quiere demonizar a su líder Pablo Iglesias con calumnias y acusaciones disparatadas. La derecha es consciente del favor mediático que le hace. Por otro lado, un sector significativo de la izquierda ha corrido a confundirse con Podemos. Confieso que yo no me identifico con ninguna de las dos necesidades. No desprecio a Podemos y le deseo la mejor suerte. Pero tampoco me siento uno de sus devotos. No podría aportar nada a su mundo, y se trata de aportar. Quizá sea cuestión de edad, pero opino que otras perspectivas necesitan también mantener su protagonismo en la construcción de la izquierda real española.
Desde las elecciones Europeas sólo ha cambiado un detalle significativo en mi forma de pensar. Antes estaba convencido de que la configuración de un Frente Amplio, la respuesta unitaria de la izquierda alternativa al bipartidismo, era imposible sin Izquierda Unida. El que no aceptase transformar sus prácticas y abrirse a la pluralidad me parecía un tapón insuperable en las ilusiones ciudadanas y en las estrategias políticas. Ahora, después del protagonismo de Podemos, está en duda que los controles internos del aparato de Izquierda Unida puedan taponar una alternativa.
¿Pero qué alternativa puede esperarse sin Izquierda Unida? Me lo pregunto a mí y se lo pregunto a los compañeros que hace unos meses cerraron filas con el aparato y ahora corren en desbandada para confundirse con Podemos. Los mismos jóvenes que votaron contra las primarias, los mismos que han cortado los debates de la pluralidad en las elecciones internas, los mismos que pactaron la candidatura de Willy Meyer al Parlamento Europeo, poco tiempo después se convierten en grupo de presión para que Willy Meyer dimita y para santificar las primarias.
Confieso que me gustan poco los debates de renovación centrados en la dinámica biológica de los jóvenes y los viejos. El joven Pedro Sánchez acaba de ganar unas elecciones primarias en el PSOE que representan un verdadero éxito para el aparato más tradicional de su partido. La dinámica simple de la juventud contra la vejez propicia una renovación interna de los aparatos, pero no un cambio de políticas y actitudes. Tan peligrosos son los viejos que quieren taponar la entrada de políticas jóvenes, como los jóvenes que quieren matar al padre para ocupar un cargo y perpetuar las actitudes de siempre. Confieso también que considero un peligro cualquier debate sobre métodos que sustituya la discusión profunda sobre los programas y los diagnósticos de la realidad. Los buenos métodos naufragan en manos del infantilismo político, igual que los buenos programas naufragan sin un espíritu de democracia participativa.
El PP, en nombre de las élites económicas, está liquidando de forma vertiginosa las conquistas cívicas y sociales de la democracia española. Entre mordazas, decretos, recortes y procesos de privatización, está dejando al Estado en el esqueleto mínimo que le hace falta para asegurar la prepotencia de los privilegiados. En este panorama, expulsar del Gobierno al Partido Popular es una prioridad. Es algo urgente. Izquierda Unida con su experiencia de Gobierno resulta hoy fundamental para que sea posible una alternativa, por ejemplo, en Valencia y Madrid o en cientos de municipios españoles. Y, desde luego, en el Gobierno de la nación.
Así que vayamos con prudencia. Considero una necesidad objetiva de la izquierda comprender que el aparato del PSOE, el anterior y el nuevo, pertenece a un sistema bipartidista plegado por rutina a los intereses de las élites económicas españolas y europeas. Considero, sin embargo, que es una actitud de infantilismo izquierdista afirmar que el PSOE y el PP son lo mismo y que no se pueden firmar pactos de gobierno con el PSOE. Así lo mantiene Izquierda Anticapitalista, una de las columnas vertebrales de Podemos. Es un matiz en el que nos jugamos el futuro de España en los próximos años. El PP es consciente de lo que hace cuando le da a Podemos protagonismo mediático con sus calumnias.
Izquierda Unida ha demostrado en Andalucía que se puede gobernar, parándole los pies al PP y sin venderse a las políticas neoliberales del aparato socialista. En la crisis desatada desde la Presidencia sobre la Consejería de Fomento y Vivienda, Izquierda Unida demostró que no hay por qué plegarse a las presiones de los bancos y que es posible mantener con firmeza una política de vocación social contra los desahucios.
Estamos en España, en Europa. En un panorama en el que la derecha quiere ofrecerle al PSOE una gran coalición y una reforma electoral para limitar la representatividad democrática en los ayuntamientos y las Comunidades Autónomas, resulta más importante que nunca configurar una izquierda no populista, capaz de movilizar a la clase media y a la clase obrera en defensa de la democracia social. La reconstrucción de la dignidad laboral es la tarea democrática prioritaria en un país que ha decretado la libertad de explotación. Izquierda Unida es imprescindible en esa tarea más allá del festival de estrategias que provoca la derecha para desviar la atención. La derecha quiere silenciar, dar por jubilada, a una izquierda con la madurez política suficiente y necesaria para desalojarla del Gobierno.
Izquierda Unida necesita recuperar su orgullo. Esto no significa, claro está, que deba renunciar a la voluntad de sumar y de abrirse a la configuración de un frente amplio. Significa que no debe perder la conciencia de su importancia. Lo dicho: ni cerrar filas, ni correr en desbandada. Cada cual en lo suyo para enriquecimiento de todos.
http://blogs.publico.es/luis-garcia-montero/1161/la-importancia-de-izquierda-unida/
17 julio de 2014.
Quisiera recordar aquí la importancia de Izquierda Unida. Quisiera recordárselo sobre todo a los compañeros de Izquierda Unida y del Partido Comunista. Como llevo años defendiendo la necesidad de un Frente Amplio y la configuración de una nueva mayoría social con voluntad de intervención política, me parece conveniente ahora afirmar que Izquierda Unida no puede diluirse en este proceso. Debe jugar un papel importante en la elaboración de la convergencia.
Después del éxito de Podemos en las elecciones Europeas, se han producido reacciones de diverso carácter. Un sector amplio de la derecha quiere demonizar a su líder Pablo Iglesias con calumnias y acusaciones disparatadas. La derecha es consciente del favor mediático que le hace. Por otro lado, un sector significativo de la izquierda ha corrido a confundirse con Podemos. Confieso que yo no me identifico con ninguna de las dos necesidades. No desprecio a Podemos y le deseo la mejor suerte. Pero tampoco me siento uno de sus devotos. No podría aportar nada a su mundo, y se trata de aportar. Quizá sea cuestión de edad, pero opino que otras perspectivas necesitan también mantener su protagonismo en la construcción de la izquierda real española.
Desde las elecciones Europeas sólo ha cambiado un detalle significativo en mi forma de pensar. Antes estaba convencido de que la configuración de un Frente Amplio, la respuesta unitaria de la izquierda alternativa al bipartidismo, era imposible sin Izquierda Unida. El que no aceptase transformar sus prácticas y abrirse a la pluralidad me parecía un tapón insuperable en las ilusiones ciudadanas y en las estrategias políticas. Ahora, después del protagonismo de Podemos, está en duda que los controles internos del aparato de Izquierda Unida puedan taponar una alternativa.
¿Pero qué alternativa puede esperarse sin Izquierda Unida? Me lo pregunto a mí y se lo pregunto a los compañeros que hace unos meses cerraron filas con el aparato y ahora corren en desbandada para confundirse con Podemos. Los mismos jóvenes que votaron contra las primarias, los mismos que han cortado los debates de la pluralidad en las elecciones internas, los mismos que pactaron la candidatura de Willy Meyer al Parlamento Europeo, poco tiempo después se convierten en grupo de presión para que Willy Meyer dimita y para santificar las primarias.
Confieso que me gustan poco los debates de renovación centrados en la dinámica biológica de los jóvenes y los viejos. El joven Pedro Sánchez acaba de ganar unas elecciones primarias en el PSOE que representan un verdadero éxito para el aparato más tradicional de su partido. La dinámica simple de la juventud contra la vejez propicia una renovación interna de los aparatos, pero no un cambio de políticas y actitudes. Tan peligrosos son los viejos que quieren taponar la entrada de políticas jóvenes, como los jóvenes que quieren matar al padre para ocupar un cargo y perpetuar las actitudes de siempre. Confieso también que considero un peligro cualquier debate sobre métodos que sustituya la discusión profunda sobre los programas y los diagnósticos de la realidad. Los buenos métodos naufragan en manos del infantilismo político, igual que los buenos programas naufragan sin un espíritu de democracia participativa.
El PP, en nombre de las élites económicas, está liquidando de forma vertiginosa las conquistas cívicas y sociales de la democracia española. Entre mordazas, decretos, recortes y procesos de privatización, está dejando al Estado en el esqueleto mínimo que le hace falta para asegurar la prepotencia de los privilegiados. En este panorama, expulsar del Gobierno al Partido Popular es una prioridad. Es algo urgente. Izquierda Unida con su experiencia de Gobierno resulta hoy fundamental para que sea posible una alternativa, por ejemplo, en Valencia y Madrid o en cientos de municipios españoles. Y, desde luego, en el Gobierno de la nación.
Así que vayamos con prudencia. Considero una necesidad objetiva de la izquierda comprender que el aparato del PSOE, el anterior y el nuevo, pertenece a un sistema bipartidista plegado por rutina a los intereses de las élites económicas españolas y europeas. Considero, sin embargo, que es una actitud de infantilismo izquierdista afirmar que el PSOE y el PP son lo mismo y que no se pueden firmar pactos de gobierno con el PSOE. Así lo mantiene Izquierda Anticapitalista, una de las columnas vertebrales de Podemos. Es un matiz en el que nos jugamos el futuro de España en los próximos años. El PP es consciente de lo que hace cuando le da a Podemos protagonismo mediático con sus calumnias.
Izquierda Unida ha demostrado en Andalucía que se puede gobernar, parándole los pies al PP y sin venderse a las políticas neoliberales del aparato socialista. En la crisis desatada desde la Presidencia sobre la Consejería de Fomento y Vivienda, Izquierda Unida demostró que no hay por qué plegarse a las presiones de los bancos y que es posible mantener con firmeza una política de vocación social contra los desahucios.
Estamos en España, en Europa. En un panorama en el que la derecha quiere ofrecerle al PSOE una gran coalición y una reforma electoral para limitar la representatividad democrática en los ayuntamientos y las Comunidades Autónomas, resulta más importante que nunca configurar una izquierda no populista, capaz de movilizar a la clase media y a la clase obrera en defensa de la democracia social. La reconstrucción de la dignidad laboral es la tarea democrática prioritaria en un país que ha decretado la libertad de explotación. Izquierda Unida es imprescindible en esa tarea más allá del festival de estrategias que provoca la derecha para desviar la atención. La derecha quiere silenciar, dar por jubilada, a una izquierda con la madurez política suficiente y necesaria para desalojarla del Gobierno.
Izquierda Unida necesita recuperar su orgullo. Esto no significa, claro está, que deba renunciar a la voluntad de sumar y de abrirse a la configuración de un frente amplio. Significa que no debe perder la conciencia de su importancia. Lo dicho: ni cerrar filas, ni correr en desbandada. Cada cual en lo suyo para enriquecimiento de todos.
http://blogs.publico.es/luis-garcia-montero/1161/la-importancia-de-izquierda-unida/
lunes, 14 de julio de 2014
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