viernes, 29 de enero de 2016

En apoyo a la profesora Mirta Núñez Diaz-Balart



La campaña de linchamiento contra la profesora Mirta Núñez por parte de un personaje tan siniestro y desalmado como Esperanza Aguirre, secundada por los habituales escuadristas de plumilla y micrófono, es una absoluta infamia. 

El PP tiene miedo de que el Grupo de trabajo que ha constituido la Cátedra de Memoria de la Complutense para elaborar el Programa de Derechos humanos del Ayuntamiento de Madrid nos muestre quiénes fueron las víctimas del franquismo; porque entonces podríamos enterarnos de los apellidos de los verdugos.


Y dando un paso más, preguntarnos de dónde viene el status social, y el poder económico y político de determinadas personas y familias.



lunes, 18 de enero de 2016

"Rastas", por Almudena Grandes


Juzguen el ataque a su propia dignidad que supone la criminalización del derecho a la huelga y luego, si les quedan ganas, sigan hablando de las rastas

ALMUDENA GRANDES 
El País, 18 ENE 2016 

Pues sí, yo también tengo una opinión sobre las rastas, sobre la lactancia de las diputadas, sobre el préstamo de senadores propios para formar grupos ajenos. Pero no voy a expresarla aquí, porque tengo poco espacio para hablar de las cosas importantes. 

Habrán ustedes leído, sin duda, que el fiscal del caso de las tarjetas black ha pedido cuatro años y medio de cárcel para Rato, seis años para Blesa. Lo que seguramente no sabrán, porque los medios apenas han prestado atención a este caso, es que las penas que acabo de citar son muy inferiores a las que otro fiscal pide para ocho trabajadores de la fábrica de Airbus en Getafe por participar en un piquete en la huelga general del 29 de septiembre de 2010 contra la reforma laboral de Zapatero. 

Por ejercer su derecho a la huelga —recogido en la Constitución Española, en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU—, cada trabajador de Airbus afronta una pena de ocho años y tres meses. En aplicación del artículo 315.3 del nuevo Código Penal, el mismo que nos ha devuelto a la barbarie de la cadena perpetua, la Fiscalía ni siquiera se molesta en individualizar las responsabilidades de los acusados. Piden para todos ellos, en bloque, el doble de la pena de cárcel que le habrá costado a Rodrigo Rato saquear Bankia, una entidad que se rescató con más de 22.400 millones de euros de dinero público, del suyo y del mío. 

Mediten un instante sobre esto, juzguen el ataque a su propia dignidad que supone la criminalización del derecho a la huelga, valoren la agresión que la petición del fiscal proyecta sobre las condiciones de trabajo de los españoles y, luego, si les quedan ganas, sigan hablando de las rastas.

http://elpais.com/elpais/2016/01/15/opinion/1452886025_950968.html

"El sueño de Maquiavelo", por Javier Cercas


Yo sigo creyendo en la utilidad de distinguir entre la izquierda y la derecha, como en la de distinguir entre norte y sur

JAVIER CERCAS 17 ENE 2016

Soy de izquierdas. Siempre lo fui y es probable que siempre lo sea, porque, por mucho que uno quiera, a los 53 años ya no se cambia. Más vale aceptar que no estoy de moda: hoy, si uno es joven, lo que mola es decir que izquierda y derecha no existen y, si uno es mayor, exhibir una de esas rutilantes biografías de saltimbanquis de nuestros ancianos y entrañables sesentayochistas, que han pasado del maoísmo o el anarquismo o el estalinismo de su impetuosa juventud al nacionalismo o la derechona de su vejez venerable. Lo cierto es que yo sigo creyendo en la utilidad de distinguir entre la izquierda y la derecha, como en la de distinguir entre norte y sur, y que, si algún día voto a la derecha, me saldrán ronchas por todas partes, incluido el culo. Dicho esto, añadiré que entiendo que un votante de izquierda confíe su voto, digamos, a IU o al PSOE; lo que no acabo de entender es que, a menos que lo haga con el legítimo propósito de brillar en sociedad, se lo confíe a Podemos.

Vaya por delante que mi desconfianza atañe a la cúpula de Podemos más que a Podemos. Vaya por delante que bastantes de las propuestas actuales de Podemos me parecen sensatas y razonables. Pero vaya también por delante mi recelo ante el moralismo de Podemos: primero porque la virtud no se predica ni se exhibe, sino que se ejerce (a ser posible a escondidas: la virtud es secreta o no es), y segundo porque el énfasis en la moral delata casi siempre al inmoral. De hecho, si no fuera porque en democracia forma y fondo son casi lo mismo, yo diría que mi desconfianza es más de forma que de fondo. Sea como sea, me cuesta trabajo entender cómo puede confiarse en la cúpula de un partido que, en cuanto vislumbra el poder e intuye que sólo podrá alcanzarlo cambiando por completo de ideas, pasa en un pispás del bolivarismo vehementemente anticapitalista de la Venezuela real a la socialdemocracia sólidamente capitalista de una Dinamarca un poco inventada, y de echar la culpa de todo a la Transición a reclamar la vuelta del llamado espíritu de la Transición.

En septiembre de 2015, durante la campaña electoral catalana, Iglesias apelaba en Barcelona a las raíces de los inmigrantes del resto de España, como si Podemos quisiera ser un PP o un Ciudadanos de izquierdas, pero tres meses más tarde, después de que un pacto con soberanistas periféricos le permitiera obtener unos excelentes resultados en las elecciones generales y olisquear de nuevo el perfume inconfundible de La Moncloa, proclamaba a todas horas la plurinacionalidad del Estado y exigía un referéndum en Cataluña como condición sine qua non para apoyar un Gobierno en Madrid.

Y lo hacía, además, con trampa, sin especificar de qué clase de referéndum hablaba –¿consultivo?, ¿vinculante?, ¿a la quebequesa?–, lo que equivale a no decir nada tratando de quedar bien con muchos y liando otra vez a todos al vindicar un derecho inexistente: el llamado derecho a decidir (se puede estar a favor de un referéndum, pero no de una aberración lingüística: el verbo decidir es transitivo). Esto no es de saltimbanquis: es de trileros. Algunos aprendices de Maquiavelo sostienen que lo que hace ahora Podemos es lo que hizo hace 40 años el PSOE, cuando para llegar al poder abandonó algunos de sus principios ideológicos. Es una flagrante falsificación de la historia: el PSOE tardó 5 años –no 5 meses– en pasar del marxismo teórico a la socialdemocracia práctica, y lo hizo en medio de grandes convulsiones externas, entre ellas el cambio de una dictadura por una democracia, e internas, entre ellas la dimisión de su secretario general.

En el fondo, por una vez, no se trata de derecha o izquierda. No hace mucho hablaba en esta columna de la diferencia que hacen los anglosajones entre politics y policy: la politics vendría a ser el arte de llegar al poder y permanecer en él; la policy, el arte de usarlo. No hay duda de que la cúpula de Podemos es especialista en la politics –al fin y al cabo está formada por profesionales del ramo–, pero no sabemos nada de su policy. Hay quien teme que, si la cúpula de Podemos llega al poder, se quite su máscara socialdemócrata y aparezca su rostro bolivariano; lo que yo temo de verdad es que detrás de la primera máscara aparezca otra, y luego otra y otra y otra. Y que al final no haya nada

http://elpais.com/elpais/2016/01/12/eps/1452609695_357482.html

domingo, 10 de enero de 2016

"Formas de olvido", por Antonio Muñoz Molina

La memoria pública ha sido tan escasa y mezquina en España como la memoria privada


ANTONIO MUÑOZ MOLINA. El País, 08-01-2015

Quizás porque estoy bajo los efectos graduales del shock de cumplir 60 años, pienso más a menudo en el contraste del presente con los pasados sucesivos que he ido viviendo: en lo que queda de ellos y en lo que se ha borrado, en lo que se olvida y lo que se recuerda, en lo que parecía perdido y parece que vuelve; y sobre todo en la diferencia que hay entre las cosas tal como las recuerda quien las vivió y como las imagina quien ha venido más tarde, quien las conoce por libros o por películas, o por los relatos interesados o engañosos o simplemente distraídos o inexactos de otros. El pasado público se aleja mucho más rápido que el de la propia vida, quizás porque en realidad uno le presta una atención más superficial de lo que supone.

Esa es una de las razones de la injuria sin recompensa posible que sufren las víctimas directas del crimen o de la injusticia: su dolor perdura a solas en medio de la amnesia común. Y todo el mundo es ecuánime a la hora de perdonar los abusos que otros han padecido. ¿Quién que no los sufriera en carne propia se acuerda ya de los crímenes terroristas de ETA, del luto perpetuo y el chantaje y el derramamiento casi diario de sangre que nos obsesionaban hace 15 o 20 años, y ocupaban cada día las portadas de los periódicos? De pronto me acuerdo de uno de esos aniversarios redondos tan convenientes para las conmemoraciones: por ahora ha hecho 20 años de la explosión del coche bomba que mató a 6 trabajadores civiles de la Armada en el puente de Vallecas, en el corazón popular de Madrid. He mirado la fecha en la Wikipedia: fue justo el 11 de diciembre de 1995. He recordado la angustia y la impotencia sombría de aquellos tiempos; ha saltado de golpe otra imagen a la memoria, la noticia del asesinato de Ernest Lluch escuchada de noche, en la radio de un taxi, camino de una cena o de una película que en ese instante quedaron malogradas.
La tarea del historiador es un antídoto parcial del olvido, pero su efecto resulta más eficaz a medio y a largo plazo, y para captar la atmósfera particular de un tiempo hacen falta materiales más inmediatos y frágiles que las fuentes documentales guardadas en archivos o hemerotecas. Cuanto más revelador es algo —un objeto, un matiz de experiencia—, podría decirse que más difícilmente se preserva. Como las huellas de una cultura material antigua que se degradaron y perdieron muy rápido —cestería, música, pintura corporal—, lo que durante un tiempo es tan omnipresente que todo el mundo lo da por supuesto y ni siquiera se fija, desa­parece casi de un día para otro: como estaba en todas partes, nadie consideraba que valiera la pena, y así pasa a no estar en ninguna. ¿Cómo era una entrada de cine, un billete de tren, un pasaje de avión hace 20 o 30 años, un taxímetro, una de esas hojas de publicidad que se reparten por la calle y todo el mundo tira en la papelera más próxima? ¿Cómo era el ruido de fondo de lo cotidiano, las sintonías de los programas de radio, las voces de los anuncios y las de los locutores de los telediarios, el empaquetado de los productos de limpieza, la estética de la publicidad de coches? Olería fuertemente a tabaco en los trenes, en los autobuses, en las oficinas, en los bares, hasta en los aviones, pero casi ninguno de nosotros se daba cuenta. Sabían a nicotina los besos apasionados que dábamos. Atesorábamos monedas de un dinero que ya no existe para mantener largas conversaciones telefónicas en cabinas cúbicas de aluminio y cristal que estaban en cualquier esquina y que ya no existen.

Hasta los gestos más habituales desaparecen, como borrados por la misma epidemia de invisibilidad a la que sucumbieron las cabinas de teléfonos, los quioscos con enormes despliegues de periódicos y revistas, las tiendas de discos: desapareció el gesto de introducir una hoja en la máquina de escribir, el de ir por la calle con el periódico debajo del brazo, el de llevar una revista o un libro para airear una actitud política.

Pero mucho antes ya había desaparecido el mundo que algunos de nosotros alcanzamos a conocer de niños, el tiempo ahora remoto de nuestros padres y nuestros abuelos, que a nosotros, en nuestra soberbia juvenil, nos parecía no ya distante sino también ajeno a la cronología lineal y veloz de nuestras propias vidas: un mundo y un tiempo regidos por la circularidad de las estaciones y de las cosechas, habitado por hombres y mujeres conformes con sus destinos y complacidos con la repetición invariable de todo.

Era mentira, desde luego, condescendencia de recién llegados, no muy distinta de la que a nosotros nos tocará recibir ahora: lo que nos parecía un mundo pesadamente originario y apartado de la historia era en realidad un paisaje de ruinas, las que había dejado la derrota en la Guerra Civil y el hambre y el miedo de la posguerra. Sin ellas, es muy probable que mi padre no hubiera sido hortelano, ni que mi madre pasara una gran parte de su vida subordinada a la autoridad masculina, trabajando cada día en la casa y en el campo durante la recogida de la aceituna, sabiendo leer y escribir apenas. La conformidad contra la que yo me declaraba en rebeldía era una actitud de supervivencia de vencidos inermes. Porque bajaban la cabeza y callaban los suponíamos resignados y cobardes. Fue llegar la libertad y les faltó tiempo para votar a la izquierda y para matricularse en masa en las escuelas de adultos.

Ninguna ley de memoria histórica remediará ya el gran olvido de las vidas trabajadoras, de los oficios, del sufrimiento y el heroísmo de los que lucharon contra la dictadura y los que la padecieron con una sorda resignación atenuada tardíamente por los primeros signos de prosperidad de los años sesenta: el agua corriente, las cocinas de gas, los braseros eléctricos, la ligereza de los recipientes de plástico, los televisores, el seguro médico, la jubilación a los 65 años —ventajas fáciles de desdeñar cuando se las ha disfrutado desde siempre—. En nuestro país la memoria pública ha sido tan escasa y mezquina como la memoria privada, ese catálogo de testimonios que es preciso recoger y atesorar, los relatos orales, cartas, diarios, libros de recuerdos, lo que después servirá como valiosa materia prima para los historiadores, lo contado y escrito desde la perspectiva única de la experiencia personal. En el espacio en blanco de la historia borrada se proyectan las mentiras de los manipuladores y las fantasías sectarias de los ideólogos, y los verdugos se vuelven honorables. Sesenta años es una rara edad que antes solo cumplían otros. Ahora que soy yo quien llega a ella me doy más cuenta de la responsabilidad cívica de contar con veracidad lo que uno ha vivido, lo que desaparecerá o se tergiversará más fácilmente si uno no lo atestigua, la atmósfera y la tonalidad y los sonidos y los olores de un tiempo, la memoria precisa de los justos y de los canallas.


lunes, 28 de diciembre de 2015

"General Dávila, otros no tuvieron abuelo", por Matías Alonso Blasco



RESPUESTA DEL COORDINADOR DEL GRUPO DE RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA 

Matías Alonso. El Plural,  27/12/2015


Con la prudencia y respeto obligados en España hacia quienes mandan tropa con armas o lucen puñetas que te pueden mandar a la cárcel, tengo que responder al actual general Dávila alguna precisión en nombre de algunos que sí dormiremos más tranquilos viendo desaparecer algunos nombres de lugares donde llevan demasiados años recibiendo honores y a la vista de algunas de sus víctimas y familiares a las que llevan los mismos años ofendiendo.

Dice vuecencia que ya es la tercera generación de generales con el apellido Dávila… yo le digo por una parte, que eso ha sido posible porque su abuelo creó las condiciones para que así fuera alzándose en armas contra el Régimen legítimo cuya bandera juró. También otros van ya por la tercera generación de víctimas de la dictadura sangrienta que su abuelo ayudó a traer contra media España, con el agravante de que muchísimas de ellas no pudieron conocer a sus abuelos como vuecencia conoció al suyo, desaparecido en tiempos en que su abuelo y sus colegas podían haber demostrado algo de piedad y reconciliación cristianas cuando ya no había en España guerra alguna. Estos han pasado tres generaciones de hambre y necesidades mientras Vuecencia ha disfrutado de todos los privilegios y facilidades de ser parte importante del “nuevo Orden” en la dictadura.

No sé si vuecencia ha reflexionado que la alcaldesa de Madrid, como otros alcaldes en miles de pueblos españoles, está tan obligada a cumplir la Ley como Vuecencia, y que la retirada de placas y simbología franquista es de obligado cumplimiento por una Ley totalmente vigente, constitucional y que entra dentro de su juramento. Por supuesto que retirar nombres de golpistas, de asesinos o de amigos de asesinos requiere de tanta urgencia para un demócrata como la que tuvieron aquellos para asesinar a centenares de miles de españoles cuyos hijos las ven a diario en sus pueblos y ciudades. No es una medida específica contra su abuelo, el General Dávila, sino para hacer cumplir la ley retirando honores a quienes no los merecen.

Entiendo el shock de familias como la de vuecencia, acostumbradas a lo contrario durante generaciones, pero por encima de unos y de otros está el que entre todos podamos pasar la sangrienta página del franquismo y el dolor que lo sustentó… es la hora de que todos pongamos de nuestra parte, también Vuecencia; creo que España lo necesita y agradecerá a todos el esfuerzo cuando un día podamos hablar Vuecencia y yo, o nuestros hijos o nietos, sin que fantasmas sangrientos se interpongan. Le aseguro que en mi familia hemos sufrido el poder que su abuelo ayudó a implantar; nuestra aportación a ello es la ausencia de odio y rencor en nuestra reivindicación… actitud que no percibimos en quienes se siguen oponiendo a que miles de familias como la mía cerremos nuestras heridas; Vuecencia se queja de que su abuelo no tendrá calle… otros de su misma edad se quejan de que no tuvieron abuelo.

Matías Alonso Blasco es coordinador del Grupo para la Recuperación de la Memoria Histórica. (Fundació Societat i Progrés)

viernes, 18 de diciembre de 2015

"Cómo hervir una rana, o cómo conseguir que gente de izquierdas apoyen, entusiasmados, políticas de derechas", por Manu Pineda


Cómo hervir una rana, o cómo conseguir que gente de izquierdas apoyen, entusiasmados, políticas de derechas


Manu Pineda, laRepublica.es -  dic 16, 2015

Una cacerola llena de agua fría en la que una pequeña rana está nadando.
Se enciende un pequeño fuego que va calentando el agua lentamente.
Poco a poco, el agua se va poniendo tibia.
La rana encuentra la situación muy agradable y sigue nadando muy a gusto.
La temperatura del agua va subiendo…, empieza a estar caliente,…. bastante caliente.
La rana ya no goza como antes, se siente un poco cansada, pero no por eso se asusta.
La temperatura sigue subiendo…. cada vez más…., está muy caliente.
La rana comienza a encontrar la situación desagradable, pero está tan débil que decide seguir aguantando sin hacer nada.
La temperatura continúa subiendo aún más, mucho más,….
Hasta que llega un momento en que la rana termina….. cocinándose y muriendo.


CONCLUSIONES

Olivier Clerc pretende transmitir que cuando un cambio se realiza de forma lenta escapa a la conciencia, y la mayoría de las veces no provoca respuesta por nuestra parte, hasta que, o bien se reacciona cuando aún se está a tiempo o no tienen remedio sus consecuencias.

Si una rana salta a una olla de agua hirviendo, sale enseguida porque siente el peligro. Pero si lo hace a una olla con agua tibia que se calienta lentamente, se queda dentro y no se mueve.

Seguirá ahí, aunque la temperatura siga subiendo y subiendo. Se quedará ahí hasta ser rescatada o… muerta.

¡¡Es muy importante rescatar a la rana antes de que sea demasiado tarde!!

Tengo a muchas amigas y amigos, de izquierdas, que hoy defienden una opción política que defiende la permanencia del estado español en la OTAN, que no ve oportuno un proceso constituyente, que no ve prioritario abrir un debate Monarquía-República porque “se mueve en un cierto deje melancólico”, que trata de “devolver la discusión a términos del pasado”. Activistas de solidaridad con la causa palestina apoyando a un partido que se niega a apoyar el movimiento BDS (boicot, desinversión y sanciones a Israel) y que incluso rechaza definir como apartheid la política puesta en práctica por el régimen sionista contra la población palestina. Personas con profundas convicciones antiimperialistas apoyando hoy a una opción política que pide la liberación de Leopoldo López, un ultraderechista venezolano que lideró un intento de Golpe de Estado contra el Presidente Maduro, provocando la muerte de 43 personas.

Son compañeras y compañeros que dos años atrás no hubieran ni imaginado estar apoyando ahora esas políticas y que casi hubieran insultado a quien, autodefiniéndose de izquierdas, lo hubiera hecho. Pero ¿qué ha pasado en este periodo?

En 2013, tras 5 años de una muy dura crisis que estaban pagando de forma casi exclusiva las llamadas clases populares, con las calles convertidas en escenarios de grandes y constantes manifestaciones de protesta, las organizaciones de izquierda rupturista iban capitalizando el descontento popular, las encuestas publicadas entonces, apuntaban unos apoyos y, sobre todo, unas tendencias que podían poner en peligro el establishment. Izquierda Unida, a nivel estatal, y otras opciones de las nacionalidades históricas como BILDU, AMAIUR, ANOVA, BNG, ICV, CUP, CHA… estaban consiguiendo grandes porcentajes de apoyo en las contiendas electorales que se estaban dando, y las encuestas auguraban que estos apoyos iban creciendo en paralelo a una calle que era un hervidero de mareas verde, blanca, negra, plataformas antidesahucios, 15M, Huelgas Generales convocadas por los sindicatos en contra de las distintas reformas laborales (PP y PSOE) o de los recortes en el sistema de pensiones.

El poder tiene potentes instrumentos para combatir las demandas del pueblo, y veía como la movilización popular en defensa del estado del bienestar y de los derechos civiles iba tomando cuerpo y se le podía ir de las manos. Tenía las experiencia griega como laboratorio de pruebas, una situación en la que el pueblo, a base de perder, había perdido hasta el miedo y estaba apostando por propuestas rupturistas. Grecia es un pequeño país, con un peso muy limitado en el PIB de la Unión Europea, pero no se podían permitir que las clases populares del estado español decidieran emanciparse y luchasen por su soberanía respecto a los poderes económicos.

Aprovecharon que un grupo de jóvenes profesores de la Universidad Complutense, y alguno no tan joven, encabezados por un mediático politólogo que se había prestado a participar en todo tipo de programas de debate, incluidos “programas del corazón” habían decidido lanzarse a la arena político-electoral con un partido nuevo, PODEMOS, y un discurso irreverente, que conectaba con las legítimas reivindicaciones grandes masas populares que no se veían totalmente representadas con las otras propuestas en liza. La rana ya estaba en el agua fría.

El poder usó sus mecanismos de forma muy hábil y encumbró al nuevo partido, que llegó a aparecer como serio candidato a conseguir el gobierno en unas encuestas que, más que valorar el estado de opinión, parecían destinadas a crear tendencia.

Este partido seguía siendo irreverente con el poder, los llamaba casta, proponía un proceso constituyente que enterrase definitivamente el “régimen del 78”, proponía poner los bienes estatales al servicio del pueblo en vez de que lo fueran para la oligarquía, planteaba el necesario control de los medios de comunicación y, claro, el poder le restó apoyos, potenciando una alternativa más cercana a sus postulados político-económicos: CIUDADANOS.

PODEMOS entendió el mensaje y reaccionó ya que, como su Secretario General ha declarado en numerosas ocasiones, él quiere ganar. Se fue templando el agua del recipiente pero la rana no estaba incómoda.

Ha tranquilizado al poder rechazando que se le “encajone en el margen izquierdo del tablero”  ya que sus “ideas son de sentido común, transversales y transformadoras”  Se reunió con el Rey; con el embajador de EE.UU., al que Iglesias tranquilizó declarando que Podemos ve las relaciones de España y Estados Unidos como una cuestión “estratégica”; con el presidente de la Patronal, consiguió vaciar las calles de movilizaciones.

Convirtieron a PODEMOS en la única herramienta posible para encauzar el descontento, no hay vida para las clases populares fuera de PODEMOS, criticar a PODEMOS es alta traición, es dividir, es apoyar a los poderosos. Se consiguió desmovilizar la calle en su momento de mayor ebullición, se destrozó cualquier posibilidad de que la verdadera izquierda transformadora pudiese llegar a preocupar en un estado con una importancia media en la Unión Europea, las mareas de distintos colores se desactivaron, la rebeldía se limita ahora a ver alguna de las tertulias que se han puesto de moda y que se basan en crear un show parecido al de los debates de los programas de cotilleos pero dedicado a temas “políticos”, es decir, en vez de potenciar para el “famoseo” a una participante de Gran Hermano o a un presunto amante de alguna folclórica, se trata de potenciar o hundir en el ostracismo a los políticos o partidos que interesen a los propietarios de los canales que, como todo el mundo sabe, son grandes defensores de los derechos sociales, de la democracia y de la equidad.

Ahora, el agua está hirviendo: se apoya la permanencia en la OTAN (apartado 327 del Programa Electoral de P´s); no se cuestiona la monarquía; se rechaza impulsar un Proceso Constituyente; se mantiene la política de alianzas clásica del estado español, incluyendo Estados Unidos e Israel; se mantienen las subvenciones a la educación privada; no se nacionalizan sectores estratégicos como el energético; el espejo en el que mirarse en el ámbito internacional es el gobierno de Tsipras, al que Iglesias ha apoyado incondicionalmente, llegando a declarar que él hubiera hecho lo mismo en España, un gobierno entregado a las peticiones de la Troika, aprobando recortes sociales más agresivos de los aprobados por el bipartidismo clásico griego, siendo el primer estado que ha reivindicado a Jerusalén como la capital de la entidad sionista israelí, vulnerando el derecho internacional y varias resoluciones de la ONU. Sí, ahora el agua está hirviendo, pero la rana no encuentra la salida del recipiente, o no le quedan fuerzas para saltar.

Somos muchos los que hemos comparado al PODEMOS de 2015 con el PSOE del 1982, y creo que en muchos aspectos es una comparación muy acertada, pero hay que reconocer, en favor de la formación emergente que, a diferencia de la que lideraba Felipe González, ésta no está engañando al electorado, que quien vote esta opción lo hará con pleno conocimiento de lo que está haciendo.

Soy consciente de que la coherencia, la lealtad, la nobleza y el respeto a los principios no son valores en alza. Sé, de sobra, que perder cansa, que en la derrota se pasa mucho frío. Entiendo perfectamente que, cuando se anuncian expectativas de triunfo y se nos invita a participar del banquete, se puede sucumbir. La intención de este artículo no es la de juzgar, es la de analizar el escenario que nos va a quedar y ver qué hacer.

No es necesario ser vidente para vaticinar unos resultados catastróficos para la izquierda y que además, van a quedar muy rotos los puentes entre una parte muy importante de ésta y la formación morada que, aunque no se defina de izquierdas, sí va a aglutinar a una parte muy importante de la militancia y el electorado de esta tendencia.

Quiero reconocer desde aquí la habilidad y eficacia con la que actuado los vencedores de las próximas elecciones del 20-D: La Casa Real, la CEOE con su Presidente Juan Rosell al frente, las embajadas de EE.UU. e Israel, la gran banca, las grandes multinacionales, las empresas eléctricas… éstos serán los verdaderos triunfadores de las elecciones del domingo independientemente de cuál sea el reparto de votos entre los cuatro partidos que ha acatado sus normas y que, por lo tanto, han sido encumbrados al Olympo de los elegidos como aceptables y potenciables.

La maniobra ha sido perfecta: ante unos evidentes síntomas de degaste de los dos partidos que podían optar a gobernar, se ha fichado banquillo, fondo de armario, suplentes, reservas…llamémosles como queramos, pero el resultado es evidente, hay relevo. Si se hundiese el PP, ya hay un relevo más joven, con menos carga conservadora, menos olor a incienso, pero con unos planteamientos neoliberales insaciables en lo económico.

Si el que cayese fuese el PSOE, tienen como suplente una opción moderna, sin la pesada carga de la corrupción, de los recortes sociales ya ejecutados, de la recolocación de muchos de sus cargos públicos en empresas beneficiadas por la gestión llevada a cabo por ellos en las instituciones, pero una opción que, aunque joven, nueva y fresca, no cuestione lo básico.

Tenemos la obligación de tender puentes, de aglutinar lo que quede de izquierdas, y de intentar acercar a estas posiciones a PODEMOS y a una parte muy importante de la militancia del PSOE.

Tenemos que intentar dejar de lado las emociones, pensar en política con la cabeza en vez de con las vísceras. Buscar un nuevo Frente Popular o frente amplio que aglutine fuerzas frente a lo que, si no hay sorpresa, será un gobierno de derechas al que Ciudadanos condicione políticas más liberales y agresivas para la Clase Trabajadora de lo que ya han sido las del Partido Popular. Tenemos que seguir creando espacios de confluencia que nos permitan superar las diferencias. Tenemos que ser conscientes de que, aunque el sistema haya apostado nítidamente por un bipartido de cuatro caras, PODEMOS tiene unos planteamiento sociales mucho más avanzados que los de PP-Ciudadanos, y PSOE.

No podemos rendirnos, resignarnos, la división es traición ante la nueva vuelta de tuerca que nos espera a primeros de 2016.

Unidad, Lucha, Batalla, Victoria. 

http://larepublica.es/2015/12/16/como-hervir-una-rana-o-como-conseguir-que-gente-de-izquierdas-apoyen-entusiasmados-politicas-de-derechas/

lunes, 14 de diciembre de 2015

“Para una historia de la historia marxista”, por Josep Fontana


Marxismo Crítico, 26/01/2015

Uno de los mayores problemas que hay para definir qué sea una historia legítimamente marxista es el de que, por principio, debe ser una historia que vaya más allá de las codificaciones más o menos dogmáticas que forman lo que la mayoría entiende por “marxismo”, con el agravante adicional de que, a diferencia de lo que sucede con la política o la economía, no se contaba hasta hace pocos años con textos publicados de Marx que expusieran con claridad sus ideas acerca de la historia, aunque, paradójicamente, éstas constituyesen una de las bases fundamentales de lo que se denominaba materialismo histórico.

El núcleo inicial de estas ideas lo elaboraron Marx y Engels en Bruselas entre el verano de 1845 y el otoño de 1846, y las consignaron en el extenso texto de La ideología alemana, que decidieron no publicar y que no se editó hasta 1932 (y en una edición satisfactoria hasta 1965). Aunque Engels dijera más tarde que el libro reflejaba que sus conocimientos de historia económica eran todavía precarios, la verdad es que contenía planteamientos que hubiera sido útil que se divulgasen con anterioridad como la afirmación de que las abstracciones teóricas, “por ellas mismas y separadas de la historia real, no tienen ningún valor” 1.

La primera ocasión en que dieron a conocer algo acerca de su visión de la historia fue en la publicación del Manifiesto comunista de 1848, con la afirmación de que “La historia de todas las sociedades que han existido hasta hoy es la historia de luchas de clases”. El momento revolucionario que esperaban que se produjera en 1848 se frustró, y Marx dedicó al análisis de lo que había ocurrido Las luchas de clases en Francia, publicado en 1850, y El 18 Brumario de Luis Bonaparte, publicado en 1852, que comenzaba con una afirmación contundente: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente, en las condiciones elegidas por ellos, sino en unas condiciones directamente dadas y heredadas del pasado”2.

Aunque hay en El 18 Brumario elementos interesantes acerca de la concepción de la historia, no se trata propiamente de una investigación histórica, sino de un análisis político de actualidad. Y aunque sabemos que las reflexiones de Marx en este campo siguieron madurando, su plena dedicación en los años centrales de su vida a desentrañar el funcionamiento de la economía capitalista de su tiempo dio lugar a que estas reflexiones no se publicasen, como ocurrió, por poner un ejemplo, con las referidas a las formaciones económicas precapitalistas que desarrolló en las Grundrisse, que permanecerían inéditas hasta la segunda mitad del siglo XX3.

En 1859, en cambio, Marx publicó en el prefacio de su Contribución a la crítica de la economía política4 una formulación esquemática, que quedaría como texto canónico, citado e interpretado una y otra vez, que, lamentablemente, se convirtió en aquello mismo que Marx y Engels habían condenado en La ideología alemana, una “abstracción teórica” que condicionaba el estudio de la realidad. Esta formulación contenía elementos innovadores, junto a otros que eran residuos de la concepción histórica de la escuela de la ilustración escocesa, como la sucesión de “los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués moderno”, que iba a llevar a debates y confusiones inacabables.

La adopción que muchos hicieron como guía interpretativa de un texto como este, contrasta con la riqueza de matices que encontramos en la práctica del propio Marx, como puede verse en el capítulo veinticuatro del volumen primero de El Capital, sobre “La llamada acumulación originaria”, que es posiblemente la mejor muestra que tenemos del Marx historiador, donde al estudiar la expropiación de los campesinos y la génesis de un mercado interno para el capital industrial, nos muestra cómo detrás de este proceso no hay solamente las consecuencias inevitables de la evolución económica, sino, para comenzar, la coerción ejercida por las clases dominantes a través del estado, con el fin de forzar a los campesinos a someterse al “sistema del trabajo asalariado” mediante la aplicación de leyes brutales. Con lo cual se ha conseguido que “aparezcan en un polo las condiciones de trabajo como capital y en el otro polo seres humanos que no tienen que vender más que su fuerza de trabajo”, en un esfuerzo que no cesa hasta haber logrado que la clase trabajadora acepte esas condiciones como leyes naturales, “por educación, tradición y costumbre”5.

Artículo Completo:
http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/fontanamarx.pdf

Fuente: Sin Permiso
http://marxismocritico.com/2015/01/26/para-una-historia-de-la-historia-marxista/