domingo, 15 de mayo de 2016

"El populismo empresarial y la cultura del esfuerzo", por Antonio Maestre


La ideología de la cultura del esfuerzo como un instrumento del populismo empresarial para inculcar la culpa en el ciudadano cuando le quitan derechos

14 mayo 2016


El populismo empresarial y la cultura del esfuerzo
Antonio Maestre
redaccion@lamarea.com


MADRID// 
Cuando murió Emilio Botín, presidente del Banco Santander y empresario plenipotenciario, tuvimos que asistir en España a una especie de revisionismo histórico sobre las bondades de su vida que intentaban trasladar las bases de un pensamiento hegemónico que considera a los empresarios multimillonarios el pilar fundamental de su ideología, el capitalismo. Para ello se suelen utilizar unas tácticas comunes a la hora de alabar a estos empresarios de la lista  Forbes con unas cualidades estereotipadas. Son hombres hechos a sí mismos, se suele decir que empezaron de cero, sea verdad o no, se ensalza su austeridad y campechanía, igual que con el rey, y se alaba con profusión cualquier acto de caridad a la vez que se intentan ocultar sus líos con Hacienda y sus deslocalizaciones laborales y condiciones de sus trabajadores. Es el populismo empresarial.

Daniel Lacalle, uno de los economistas preferidos del neoliberalismo cañí, decía que Emilio Botín empezó de cero hasta convertir al Santander en un ejemplo mundial. Quien no conozca la vida de los Botín puede creer que el banquero santanderino empezó limando monedas frente a la Playa del Sardinero hasta lograr su emporio. Si por el contrario somos rigurosos con la historia sabremos que la familia Botín debe el origen de su fortuna a un privilegio que le concedió a su familia la reina Isabel II allá por el año 1857.

Estos últimos días hemos asistido a alguna de las prácticas habituales de este populismo empresarial a la hora de dibujar las semblanzas de estos multimillonarios, la difusión de la humanidad y sensibilidad y la escenificación de  trabajo duro. Un ejemplo fue el cumpleaños de Amancio Ortega, cofundador y máximo accionista de Inditex, y el otro la medalla del mérito al trabajo a Juan Roig, presidente de Mercadona. El flashmob de los trabajadores de Inditex para celebrar el aniversario de Ortega fue el que más repercusión tuvo. “No pudo evitar las lágrimas al ver a cientos de empleados” decía El País. El regalo de cumpleaños de su hija Marta Ortega fue noticia en todos los medios escritos y en todas las televisiones. No se necesita publicidad cuando todos los medios muestran “gratis” a los trabajadores bailando para el jefe emocionado entre lágrimas. Obreros bailando para el patrón guionizando la magna obra de Horace Mccoy.

“Dicen que su secreto es haber trabajado duro y saber mantener los pies en el suelo. Dicen, también, que todavía se le puede encontrar en la sede de Inditex, en Arteixo, almorzando alguna vez en el comedor donde también acuden los empleados”, decía un artículo en El País sobre el empresario coruñés. Porque hacer noticia del comer junto a la gleba, con la plebe, con el proletariado, como el rey Felipe VI, es una de las características fundamentales de este populismo empresarial.

Comer de menú para intentar enseñar a los trabajadores que tu jefe vive como tú: “El gallego sigue haciendo su vida, con absoluta normalidad, entre el Manhattan y el Bar Don Jamón, en un polígono de Arteixo, cerca del taller más eficiente del mundo, bar al que cada miércoles suele ir a comer los callos y la tortilla de Paca, a poco más de siete euros el menú. Medicina natural”, decía El Confidencial.

El populismo empresarial quiere trasladar a los obreros que todos pueden ser Amancio Ortega si se lo proponen y trabajan duro. La plena instauración de la cultura del esfuerzo, que es simple ideología individualista, es la que está detrás de este modo de pensar que sirve para esquilmar derechos a los trabajadores y justificar recortes del gasto público para que sea el individuo, y no el colectivo, el que sirva de elemento básico de las estructuras sociales. Y en esta ideología de la cultura del esfuerzo aparece otro de los personajes prioritario del populismo empresarial en España, Juan Roig.

El gobierno en funciones en sus últimos estertores se sacó de la manga una honra especial al día de los trabajadores y concedió la medalla del mérito a trabajo a Roig. El empresario dueño de la empresa alimenticia fue otro “hombre hecho a sí mismo” que heredó de su padre, Francisco Roig Ballester, un emporio empresarial que se repartieron los hermanos: Las Cárnicas Roig, Mercadona, la firma cerámica castellonense Pamesa y la Cooperativa Ganadera Valenciana Agropecuaria El Saladar.

La revista Fomento de la producción publicó en el año 1979 la lista de los 100 españoles más ricos, entre ellos, en el número 45, se encontraba Francisco Roig Ballester, con una fortuna de 2.400 millones de pesetas. Juan Roig ha sido el encargado de heredar la empresa que su padre fundó en el año 1977. Como todas las fortunas que se fraguaron durante el franquismo las relaciones con las altas instancias de la dictadura eran muy cercanas.

Como ejemplo de esta buena relación sirve la boda de Francisco Roig Alfonso, hermano de Juan Roig, que se casó en 1962 y que invitó a su boda a Bernardo de Lassala, gobernador civil y presidente de la diputación de Valencia, a Adolfo Rincón de Arellano, alcalde de Valencia, Joaquín Hernández, delegado provincial de los sindicatos verticales de Valencia. La cercanía de la familia Roig con las altas esferas continúo en la Transición, en el año 1979 la COAG denunciaba que el ministerio de Agricultura entronces dirigido por Fernando Abril Martorell beneficiaba a Cárnicas Roig en detrimento de otras empresas al no abrir las exportaciones de carne a otros beneficiarios, ya que la empresa de los Roig se quedaba con el 80% de la exportación.

Roig, que debe su fortuna a la herencia familiar, es un firme defensor del emblema del populismo empresarial. La Fundación Trinidad Alfonso es una organización sin ánimo de lucro, presidida por Juan Roig, que nace en 2012 con un objetivo muy claro: irradiar la cultura del esfuerzo en la sociedad del País Valenciano. El método de Roig siempre ha quedado claro: “Los españoles deberían cambiar su cultura del esfuerzo y trabajar como los chinos para aumentar la productividad” 

Porque ese es el objetivo final del populismo empresarial. Vender a empresarios multimillonarios como ejemplos a seguir por todos los trabajadores creando una falsa esperanza de imitación. Unos tótem sociales incontestables que adorar para inculcar en la clase obrera que si se esfuerza lo suficiente puede llegar a imitarlos. La verdadera intencionalidad de ese populismo empresarial es difundir un mensaje propagandístico que permita la eliminación de derechos sociales y laborales integrando la culpa en el trabajador. Para que cuando te quedes en la cuneta quede bien claro que ha sido por tu culpa. No te has esforzado lo suficiente.

http://www.lamarea.com/2016/05/14/el-populismo-empresarial-y-la-cultura-del-esfuerzo/

lunes, 9 de mayo de 2016

"Adhesión a la campaña por la retirada del monumento al Crucero Baleares"


Estimadas compañeras, estimados compañeros.

En nombre de la Federación Estatal de Foros por la Memoria y de todos los Foros y asociaciones federados, quiero expresar todo nuestro apoyo y solidaridad a la campaña e iniciativa que, desde hace tiempo, venís desarrollando contra esa ignominia que es el monumento de Sa Feixina al Crucero Baleares.

Un homenaje al navío que bombardeó en 1937 a los miles de refugiados desarmados que huían de los mercenarios fascistas de Mussolini por la carretera de Málaga a Almería, es una excepción impresentable e incompatible con los valores de que hacen gala los países democráticos de nuestro entorno. Desgraciadamente, nuestra democracia padece de un lastre y una tara original, cuyas secuelas percibimos diariamente en la degradación de nuestra vida política y social: que la derecha política y social española no es antifascista. Sólo así se puede entender que esa derecha, aparentemente tan susceptible cuando se trata de otros tipos de víctimas, pueda continuar humillando e insultando a las víctimas del franquismo con absoluta impunidad.

El monumento de Sa Feixina homenajea a los protagonistas del mayor crimen de guerra acaecido en España. Que dicho adefesio ético y estético siga en pie, es una muestra más de la pervivencia del franquismo y de la impunidad de sus crímenes, cuarenta años después de la muerte física del dictador. Que las instituciones, en 40 años, no hayan sido capaces de dar una solución democrática a la pervivencia de los homenajes al franquismo en nuestras calles, ni a la impunidad de sus crímenes, sólo demuestran que nuestra “modélica transición” sirvió, fundamentalmente, para el lavado de pasados vergonzantes, y como puerta giratoria para “convertir” franquistas en “demócratas”.

Queremos por tanto manifestar nuestra repulsa por las actuaciones de la derecha recalcitrante, que en este caso, escudándose en argumentos pretendidamente culturales y en la defensa del patrimonio histórico, sólo busca la pervivencia de un homenaje público al golpe de estado del 18 de julio de 1936, y justificar los execrables crímenes cometidos contra la población civil por los responsables militares y políticos del ejército franquista y sus aliados.

Nos ponemos por tanto a vuestra disposición para seguir difundiendo la exigencia de retirada del monolito de Sa Feixina, y para llevar a cabo las actuaciones que desde el ámbito de la Federación Estatal y de cada una de nuestras organizaciones federadas (especialmente por parte del Foro por la Memoria de Málaga), consideréis conveniente para llevar a buen fin vuestra lucha, que es la nuestra.

Recibid un abrazo.

Fdo: Arturo Peinado Cano. Presidente de la Federación Estatal de Foros por la Memoria.

http://www.foroporlamemoria.info/2016/05/adhesion-a-la-campana-por-la-retirada-del-monumento-al-crucero-baleares/

"Madrid: la comisión de la (des)memoria histórica", por Rafael Escudero Alday

Madrid: la comisión de la (des)memoria histórica
Rafael Escudero: La Marea, 06-05-2016 


rafa.escudero@lamarea.com

El autor considera que la derecha madrileña, sin estar en el poder, ha alcanzado sus últimos objetivos: desactivar por completo las políticas de recuperación de la memoria histórica en Madrid y mantener las reivindicaciones de las víctimas en el olvido institucional.

Tras una serie de iniciales decisiones apresuradas y contradictorias, el Ayuntamiento de Madrid se ha decidido a crear un Comisionado de la Memoria Histórica. Se trata de una comisión formada por expertos y especialistas en la materia, entre cuyas competencias está la de ofrecer cobertura técnica a la aplicación en Madrid de la conocida como ley de memoria histórica, además del desarrollo de un plan integral de políticas públicas de memoria a ejecutar por el Ayuntamiento. Hace un tiempo se conoció el nombre de la presidenta de la Comisión, Francisca Sauquillo, y ahora ya se sabe el del resto de sus integrantes: José Álvarez Junco, Amelia Valcárcel, Andrés Trapiello, Teresa Arenillas, Octavio Ruiz-Manjón y Santos Urías.

Sorprende que se defina y estructure como una comisión de “expertos” cuando realmente no todos sus miembros lo son en la materia. Empezando por su propia presidenta, Francisca Sauquillo, a la que no se le conoce experiencia en cuestiones relacionadas con la memoria histórica. No tiene publicaciones sobre el tema, ni académicas ni de carácter más divulgativo o periodístico, ni tampoco actuaciones públicas al respecto. Su único mérito sería el de haber sufrido el franquismo en toda su intensidad, pero este es un mérito que cuanto menos comparte con muchas personas en este país que, además, sí han trabajado por la recuperación de la memoria.

En ese sentido, parece que el nombramiento de Francisca Sauquillo tiene que ver más con razones de amistad personal con Manuela Carmena que con una hipotética expertise en la materia. De ser realmente así, el resultado es muy grave. Infringiría tanto las reglas básicas que deben presidir el nombramiento de todo tipo de cargos en las administraciones públicas (principios de mérito y capacidad), como la propia filosofía de la “nueva política” que pretende poner en marcha Ahora Madrid, el partido que llevó a Carmena a la alcaldía.

Desde este punto de partida, sorprende -aunque ya menos- que la mayor parte de los integrantes de la Comisión tampoco sean personas expertas en temas de memoria histórica. Teresa Arenillas (arquitecta), Octavio Ruiz-Manjón (catedrático emérito de Historia) y Santos Urías (sacerdote) serán expertos en sus respectivos ámbitos profesionales, por supuesto, pero a ninguno se le conoce aportación alguna en temas de memoria histórica. En el caso de los dos últimos, sus nombres llegan a la Comisión de la siguiente forma: el primero, recomendado por Esperanza Aguirre (agárrense, que vienen curvas); y el segundo, a sugerencia del arzobispo de Madrid, Carlos Osoro.

Diferente es el caso de los tres miembros restantes. Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía, participó en el informe que otra comisión de expertos (en este caso, nombrada por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero) elaboró sobre el destino final del Valle de los Caídos. Por su parte, Trapiello es un afamado novelista, propuesto por Ciudadanos, en cuyos escritos sí ha abordado cuestiones relativas a la memoria. Pero lo ha hecho desde una perspectiva bien distinta a la que se presumiría de una persona integrante de una Comisión de este tenor: despreciando al movimiento memorialista y buena parte de sus reivindicaciones.

Finalmente Álvarez Junco, catedrático emérito y exdirector del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (también nombrado por Rodríguez Zapatero), fue el encargado de redactar el primer borrador de lo que luego fue, aunque no con ese nombre, la ley de memoria histórica. Sorprende también su incorporación a la Comisión, dado que se trata de una persona que rechaza la nulidad de los juicios del franquismo y que en sus escritos incluso se ha manifestado en contra del propio concepto de “memoria histórica”. De ahí que la ley cuyo primer borrador redactó no se llame oficialmente ley de memoria histórica y que dicho concepto no aparezca ni una sola vez en su articulado. Debía ser una ley, en sus propias palabras, “aceptable por los dos lados”. Estar en una comisión de memoria histórica cuando no se comparte su propio concepto de partida es lo más cercano a meter un “quintacolumnista” en ella. Tiempo al tiempo.

A estas alturas, poco o nada sorprenderá la ausencia de representantes de las asociaciones de víctimas y memorialistas en la Comisión. La explicación ofrecida por Sauquillo es que no pueden estar porque “son parte, por reclamar… la verdad, la justicia“. ¿Invalida esto su pretensión de formar parte de la Comisión? No parece. En todo caso, se trata de una grave ausencia. En primer lugar, porque manifiesta un auténtico desprecio hacia ellas y su sufrimiento. En segundo término, porque supone ignorar la normativa y recomendaciones internacionales sobre programas de reparación de víctimas de graves violaciones de derechos humanos: en ella se exige la presencia institucional de las víctimas en todos aquellos foros o espacios de reparación que se creen. Y esta Comisión es -o debería ser- uno de ellos.

La explicación de Sauquillo denota un grave desconocimiento del Derecho internacional que regula todo lo relacionado con la justicia transicional y la reparación de graves violaciones de derechos humanos. Y ello pone de manifiesto otra ausencia -una más- en la composición de la Comisión: la falta de juristas especialistas en cuestiones de memoria histórica, tanto en Derecho interno como internacional. Sin duda que este vacío condicionará su devenir.

Sirva este breve repaso por el perfil de los integrantes de la Comisión para poner de manifiesto la filosofía que posiblemente presidirá sus trabajos. Una filosofía que se resume en una palabra empleada reiteradamente por Sauquillo: “consenso“. Esta palabra resume las creencias y actitudes de los integrantes de la Comisión que sí han trabajado sobre estos temas; sobre todo, Trapiello y Álvarez Junco. Se trata de la filosofía de los “dos bandos“, según la cual hubo víctimas en las dos partes, porque ambas fueron igual de malas, equiparando así la República con la dictadura franquista. A partir de esta equidistancia -inadmisible para cualquier régimen democrático- es como se explica que se pidan medidas simbólicas de reparación para todas las víctimas o que se muestren públicamente y sin rubor alguno por parte de Sauquillo sus reticencias a retirar la simbología franquista de las calles madrileñas, pasando por alto -y esto es muy grave- el artículo 15 de la ley de memoria histórica, que obliga a las administraciones públicas a su retirada.

Esta teoría de los “dos bandos” desprecia ciertos aspectos que deberían ser clave en el trabajo de la Comisión. Por un lado, que las víctimas del bando franquista ya fueron reparadas hace muchos años. Por otro, que la memoria histórica es la memoria de los olvidados, de los vencidos, de aquellos cuyas historias no pasaron a las páginas de los libros de Historia, como explicaba Walter Benjamin.

En el fondo, frente a la reivindicación de justicia, se privilegia una vez más esa idea del “consenso” típica de la Transición que dejó en el más absoluto olvido y desamparo a las víctimas de la dictadura. Es una lástima que ahora que en otros lugares del Estado (como Valencia, Baleares o País Vasco, por citar algunos ejemplos) se van a desarrollar políticas de memoria basadas en la búsqueda de la justicia, en Madrid el Ayuntamiento -del cambio, como dice ser- siga imbuido en el espíritu de ese consenso propio de otros tiempos.

Pero si hay personas que deben de estar muy contentas estos días, estas son Esperanza Aguirre y los integrantes de la derecha madrileña. Sin estar en el poder, han alcanzado sus últimos objetivos: desactivar por completo las políticas de recuperación de la memoria histórica en Madrid y mantener las reivindicaciones de las víctimas en el olvido institucional. Esperemos no tener que lamentarlo demasiado.

Rafael Escudero Alday

Universidad Carlos III de Madrid

@RafaEscudero1

http://www.lamarea.com/2016/05/07/madrid-la-comision-de-la-desmemoria-historica/

"La comisión", por Francisco Espinosa Maestre



La comisión
Público, 04 may 2016
Francisco Espinosa Maestre, Historiador

Sin duda, debe ser por el desprecio que siente y por la forma en que ha maltratado en sus escritos al movimiento en pro de la memoria por lo que Trapiello ha sido elegido como uno de los vocales de la comisión que encabeza Francisca Sauquillo, designada a su vez por Manuela Carmena. Nos enteramos el pasado día 29 por El Español. Hay que felicitar a la derecha, ya que una vez más ha conseguido su propósito, en este caso controlar el asunto del callejero y los vestigios franquistas. Asombrados asistimos a la repugnante campaña montada por los medios de derecha y extremaderecha, con El País en cabeza, contra la posibilidad de que la Cátedra de la Memoria Histórica tuviese algo que ver en todo esto. Se mintió, se manipuló y se intoxicó de una manera que recordaba a otras épocas no muy lejanas de este país. Y el colmo fue comprobar cómo la campaña surtía efecto y Carmena y su equipo cedían y se amoldaban a los deseos de los intoxicadores. Estos medios se guían siguiendo la máxima de que el fin justifica los medios. Daba asco observar cómo unos y otros, Trapiello inclusive, se agarraban a las mentiras sembradas mostrándose como los paladines de la ecuanimidad.

La noticia de prensa nos informa de que Trapiello formará parte de la comisión por iniciativa de Ciudadanos, propuesta aceptada por Sauquillo. Como serán cinco vocales falta por saber a quiénes propondrán los restantes partidos. En cualquier caso, la elección de un individuo como Trapiello marca ya el tono del proyecto. Sería como si, tras decidir constituir una Comisión de Verdad sobre la dictadura franquista, nos enterásemos que el primer vocal elegido es Moa. Como en el caso del otro se justificaría en lo mucho que ha escrito sobre esa etapa histórica. ¡Cómo disfruta la derecha viendo de rodillas ante sus pies a antiguos “izquierdistas” situados entonces en el extremo de la izquierda! ¡Qué rojos eran y… cómo han cambiado!

Dice Trapiello que intentará “aportar cordura”, ya que esta comisión “no está para ganar o perder la guerra”. Me temo que esa cordura se refiere a que lo que va a aportar son los tópicos manidos, rancios y derechones de los que llenó ese panfleto seudoliterario titulado Ayer no mas. Y añade: “Creo que todos estamos dispuestos a forjar el relato común que tanta falta nos hace”. ¿No será acaso, una vez más, el de la “tercera España”? Parece que por ahí irá la cosa, ya que lo primero que se le ocurre es poner una calle a Clara Campoamor y otra a Manuel Chaves Nogales. Ya sabemos que Trapiello cree más en la literatura que en la historia. Probablemente porque la segunda, salvo en círculos cercanos al PP y la FAES, no le permitiría mantener sus ocurrencias. La contradicción de éste y otros similares, buena parte de ellos del entorno del grupo PRISA, es creer que la literatura puede suplir a la historia.

Da miedo lo del “relato común” que anuncia Trapiello. El pasado es un campo de batalla. Aquí, ha estado siempre en poder de la derecha y ha bastado con que ciertos sectores sociales hayan reclamado su lugar en ese pasado para que se les viniera encima el odio eterno de una derecha que no está dispuesta a ceder ni un milímetro. España sigue siendo suya. Para eso ganaron la guerra. Ahora bien, el pasado no es de quienes ganan las guerras. No vaya a creer Trapiello que los ganadores dejaron de ser fascistas por el hecho de haberla ganado. Ni tampoco que los perdedores, por el hecho de haber sido derrotados, dejaron de representar una mejor causa. Hay quienes como él prefieren hablar de “los dos bandos”. ¿Hasta cuándo va a durar esto? ¿No se dan cuenta de que las palabras tienen dueño y que el invento de “los dos bandos” favorece a los golpistas? ¿La República era un bando? ¿Usaremos la misma palabra para los agresores y las víctimas? Simplemente, la República era el sistema democrático legalmente constituido en España, refrendado en las elecciones de febrero de 1936. Los que dieron el golpe militar eran sectores al margen de la ley que contaban, aparte de mucho dinero, con poderosos medios de agresión y que llevaban intentando poner fin a la experiencia republicana desde su proclamación. Llamemos a las cosas por su nombre.

Según Trapiello no cabe equiparar a Clara Campoamor con Margarita Nelken, ya que ésta “no es demócrata. No nos confundamos. Informémonos antes de hablar”.  Trapiello, el informado, dando carnets de demócrata. Ya sabemos lo que piensa él y otros como él en el sentido de que los únicos que mantuvieron una postura digna fueron los que huyeron. Están cegados para comprender la grandeza de los que se quedaron. Se entiende que Margarita Nelken no sea de su agrado. Tampoco lo es del PP del ayuntamiento de Badajoz, que hace unos años eliminó su nombre de una calle mientras mostraba, como si fuera ella, la conocida foto de la dirigente del POUM Mika Etchévère con un pistolón en la cintura. Pobre Margarita Nelken, que tanto odio despertaba y despierta aún. Trapiello necesita creer en todas las patrañas que se escribieron sobre ella. ¿Qué pinta en una comisión de ese tipo un individuo que mantiene que, de haber podido, Margarita Nelken hubiera asesinado personalmente a Clara Campoamor? Y esto lo dice el que va a “aportar cordura”…

Claro que esta mujer, al contrario que los favoritos de Trapiello, no sólo no huyó de España sino que permaneció en Madrid mientras las columnas fascistas iniciaban el terrible asalto de los primeros días de noviembre de 1936. Para Trapiello y sus amigos el mero hecho de quedarse en Madrid en aquel momento ya supone sospecha. El español ideal para ellos es el que huyó de España, el que se encontraba en el virtuoso término que separaba rojos de azules. Los que defendieron la República hasta perder la vida o soportar la condición de vencidos para siempre no merecen la pena. Sólo vale la “tercera España”, la que abandonó a su suerte a los defensores de la República. Ese español ideal tendría otra característica: a Trapiello y compañía tampoco le sirven los que, partiendo para el exilio, siguieron siendo defensores de la República y enemigos del fascismo. Lo que él necesita son exiliados antirrepublicanos. Los otros no le sirven para su “relato”. Le encantaría adueñarse de Antonio Machado, Juan Ramón o Cernuda, pero no puede.

Hay que decir finalmente que si Trapiello va a ser duro con las calles ocupadas por gente no demócrata tiene tarea por delante. Lo primero que debe hacer es crear un listado de todos los fascistas que dan nombre a las calles de Madrid. Dará pena verle solicitar, compungido, que le quiten la calle, entre otros muchos, a su admirado Foxá. Además tiene el futuro asegurado, ya que de no haber entrado ahora en la comisión puede esperar a que vuelva a la alcaldía Esperanza Aguirre, que seguro que lo considera “uno de los nuestros”.

http://blogs.publico.es/dominiopublico/16691/la-comision/

jueves, 21 de abril de 2016

"La declaración de nulidad de la Ley de Amnistía", por José María Pedreño


La declaración de nulidad de la Ley de Amnistía
Análisis sobre la enmienda aprobada en la primera fase del XX Congreso del PCE

José María Pedreño. Rebelión, 21-04-2016


Para entender mejor los pactos de la Transición debemos tener en cuenta el contexto internacional en que se produjeron. La política de bloques surgida de la “guerra fría” todavía tenía plena vigencia, posibilitando el consenso y la concertación en medio de una crisis económica derivada de la subida del precio del petróleo en 1973 y el agotamiento político de la dictadura que se había trasformado en un lastre para el desarrollo del capitalismo español. Tenemos que recordar que la reforma política del “régimen” fue acompañada de acuerdos sociales y económicos (“Pactos de la Moncloa”). La introducción del neoliberalismo, traído de la mano por los gobiernos de Felipe González y profundizada por los siguientes, se produce en un contexto de caída y posterior hundimiento del bloque socialista europeo y, por tanto, del final del mundo bipolar existente hasta esos momentos. Esta coyuntura era, en definitiva, lo que propició la concertación necesaria para intentar construir un estado democrático, social y de derecho. A partir de ese momento el proyecto político, económico y social de la transición, tal como lo entendió la izquierda, ha ido desapareciendo hasta ser, prácticamente, inexistente.
Haciendo balance de lo que ha sido el movimiento memorialista durante los últimos quince años, contextualizando el análisis dentro de un proceso histórico en el que, más que nunca, se ha evidenciado que deshistoriar las relaciones sociales y políticas es uno de los instrumentos más eficaces con los que cuentan las clases dominantes para mantener su hegemonía ideológica y, a través de ella, su dominio económico y político, creo que ha llegado el momento de hablar de los objetivos que algunos activistas del movimiento memorialista, en especial algunos militantes del Partido Comunista de España, nos habíamos marcado.

El que suscribe estos párrafos entendió, siempre, que lo que se ha venido llamando memoria histórica debía ser uno de los ejes de reconstrucción de la izquierda –desde y con su pluralidad, y entendiendo el anarquismo como parte de la misma-, tras la derrota sufrida por las clases populares al final del siglo XX, y ante la evidencia clara de que, tras la caída de los regímenes denominados de socialismo real del centro y este europeos, la aseveración de Fukuyama sobre el “fin de la Historia” y la desaparición de las ideologías, habría dado lugar a lo que se ha dado en llamar “pensamiento único” que, en la práctica, no es otra cosa que mantener que los postulados del neoliberalismo (democracia formal, en apariencia, más mercado libre y desregulado), ideología del capitalismo, aparentemente lo único aceptable, negando cualquier otra ideología.

Inicialmente nos marcamos los siguientes objetivos:

1.- Construir un frente de masas en el ámbito de la lucha cultural e ideológica.
2.- Recuperar la ilusión por la utopía.
3.- Recuperar principios éticos, sociales y políticos
4.- Luchar por los Derechos Humanos, tanto políticos, como sociales y económicos.
5.- Superar el lastre de la denominada Transición.
6.- Recuperar el prestigio de la izquierda y el movimiento libertario por su lucha contra el fascismo, a través de la puesta en valor de la historia de sus militantes.
7.- Recuperar el trabajo de base como elemento principal de lucha.
8.- Recuperar la Memoria Democrática.

También teníamos claro que una nueva III República no sería realmente democrática si no hundía sus raíces en los principios en que se basó la II. Estábamos seguros de que haciendo visibles a los hombres y mujeres republicanos asesinados cuyos restos cadavéricos se encontraban en las fosas, también hacíamos visibles sus ideas. El actual movimiento republicano no sería el mismo si la bandera tricolor no hubiera hondeado en las exhumaciones.

Estábamos firmemente convencidos de que todos los actos jurídicos de carácter represivo -y otros administrativos que beneficiaban a empresas y personas adictas al régimen- debían ser declarados nulos, por ilegitimidad de origen, al tratarse de una dictadura nacida de un golpe de estado ilegal y que, además, fue condenado por Naciones Unidas en varias ocasiones. Por eso, creemos que todas las sentencias franquistas deben ser declaradas nulas, es más, deberían ser consideradas, por el estado democrático, como el acta que unos criminales redactaban respecto de las decisiones que tomaban para cometer asesinatos y secuestros.

También éramos conscientes de que la única forma de que se hiciera justicia a las víctimas del franquismo pasaba por la ruptura del régimen del 78 y que uno de los pilares fundamentales sobre los que se ha construido es la impunidad.

Conforme iban pasando los años, fuimos viendo, cuando poníamos en marcha exhumaciones de fosas, que en las contestaciones que los distintos juzgados y audiencias provinciales daban y, en especial, el Tribunal Supremo, en la sentencia de absolución al Juez Baltasar Garzón por el procedimiento que inició para exhumar fosas, siempre aparecía la Ley de Amnistía de 1977 como argumento principal que impedía que se hiciera justicia.

Las dificultades que a lo largo de los años hemos tenido para investigar, con archivos descuidados y la imposibilidad de acceder a muchos de ellos, en especial a los de carácter militar y policial, nos han convencido de la necesidad de una fuerte intervención por parte del Estado y una nueva legislación que facilite el acceso a toda la información existente.

El informe “La cuestión de la impunidad en España y los crímenes franquistas”, los informes del relator especial de Naciones Unidas del Consejo de Derechos Humanos y del grupo de trabajo sobre desapariciones forzadas de Naciones Unida que castigan duramente al Estado Español son una auténtica hoja de ruta sobre lo que debe hacerse respecto a las víctimas del franquismo y la impunidad. Entre las cuestiones que plantean está la de la declaración de nulidad de la Ley de Amnistía de 1977.

La conocida popularmente como Ley de Memoria, no vino a solucionar problemas, sino que se convirtió en una nueva vuelta de tuerca para evitar que se haga justicia, al estar basada en la equidistancia y no distinguir a los que destruyeron la democracia de los que fueron sus víctimas, es decir de los que la defendieron, que no reconoce el carácter jurídico de víctimas a las personas represaliadas por el franquismo, que externaliza y privatiza la memoria poniendo en manos de las familias la localización y recuperación de los restos de sus seres queridos. Por eso, su reforma o la aprobación de una nueva Ley es urgente y debe basarse en la legislación penal internacional y de derechos humanos.

La Ley de Amnistía, la Ley de Memoria y la sentencia del Tribunal Supremo absolviendo al juez Baltasar Garzón, blindan la impunidad y componen lo que hemos dado en llamar “modelo español de impunidad”. Por eso, somos conscientes de que la clave para desbloquear la posibilidad de que se hiciera justicia a las centenares de miles de víctimas de la dictadura franquista era la declaración de nulidad de la Ley de Amnistía de 1977.

Algunos camaradas y compañeros y compañeras defienden la Ley de Amnistía como una victoria de la izquierda; sin embargo, pasado el tiempo se ve con claridad que realmente fue una manifestación de su debilidad frente a los sectores reformistas del régimen franquista. La prueba de ello es que amnistiar a compañeros, compañeras y camaradas es reconocer que cometieron delitos, reconociendo, con ello, la legalidad del franquismo. Pedir la nulidad de las sentencias, al mismo tiempo que la amnistía es entrar en una contradicción absurda. Recientemente, en un acto del Ateneo de Madrid sobre la ruptura del régimen del 78, dije lo siguiente:

“El discurso de Marcelino Camacho en las Cortes el día 14 de octubre de 1977, en el debate para aprobar la Ley de Amnistía, cobra sentido tres décadas después. En aquel discurso, Marcelino, dijo: “ Nosotros, precisamente, los comunistas que tantas heridas tenemos, que tanto hemos sufrido, hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores. (...) Pedimos amnistía para todos, sin exclusión del lugar en que hubiera estado nadie…” . Obviamente, si “nuestros muertos” estaban todavía en las cunetas y se pedía amnistía para todos, es que se había pactado el olvido y, por tanto, la impunidad para los franquistas. Con esto no quiero decir que Marcelino fuera una persona deshonesta, todo lo contrario. El hecho de que un militante cuya honestidad está fuera de dudas defendiese la Ley de Amnistía es la prueba fehaciente de la existencia del pacto. La ley de Amnistía es la piedra angular sobre la que se sustenta el régimen del 78, su declaración de nulidad es fundamental para romper la impunidad y con ella el actual régimen.”

Este pacto, tejido con mucha generosidad y renuncias por parte de la izquierda, sobre todo por parte del PCE, ha provocado a la larga un silencio que ha propiciado que los tópicos tejidos por el franquismo se hayan extendido durante toda la restauración borbónica, dando como resultado un franquismo sociológico que impregna todas las capas de la sociedad. Tenemos que tener en cuenta que el principal partido de la derecha, el PP, fue fundado por franquistas y que los apellidos de muchos de sus dirigentes los podemos encontrar entre los golpistas y adictos a la dictadura franquista. Lo mismo podemos decir de muchos miembros de los consejos de administración de grandes empresas y la banca.

Por todas estas cuestiones, considero que hablar de ruptura del régimen del 78, sin entender que la impunidad es uno de los pilares fundacionales del mismo y que hablar de construcción del nuevo sujeto político y social alternativo sin entender que la memoria es uno de los principales componentes de la “argamasa” ideológica de su construcción, tratándola como un elemento aislado de la política, es un grave error. Por eso, considero que ha sido un acierto, por parte del XX Congreso del Partido Comunista de España, incluir estos elementos como ejes centrales de la ruptura democrática. Esa ha sido nuestra lucha durante más de tres lustros y seguirá siéndolo, porque hacer justicia a los defensores de la libertad y la justicia social, cuestiona el actual orden social.

Como activista del movimiento memorialista y militante del Partido Comunista de España, me congratulo, me felicito y felicito a todas y todos los y las camaradas, por esta enmienda aprobada, en especial al camarada que la defendió con valentía y brillantez en el plenario, en la primera fase del XX Congreso del Partido al cual me siento orgulloso de pertenecer. A muchos nos ha hecho sentir que la lucha emprendida hace ahora más de quince años ha fraguado, hoy ha sido nuestro Partido el que la ha asumido, el siguiente paso será que lo haga el Estado.


TEXTO APROBADO POR EL XX CONGRESO DEL PCE

Tesis 12. Los ejes centrales de la ruptura democrática
.

Frente a la aceptación de la monarquía, levantamos la reivindicación de la III República. La República es imprescindible en la construcción del Socialismo. Sabemos que esa sola forma de Estado no lo garantiza de por sí. Pero es igual de cierto que el desarrollo socialista es incompatible, antes o después, con el monarquismo. Por eso un Partido Comunista es republicano consustancial. No accidentalista, como quieren decirse otras formaciones. Así, Engels, en su Contribución a la crítica del proyecto de programa socialdemócrata de Erfurt de 1891, escribía: está absolutamente fuera de duda que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar a la dominación bajo la forma de República democrática. Esta última es incluso la forma específica de la dictadura democrática del proletariado como lo ha demostrado ya la Gran Revolución francesa.

En el caso español sucede, además, que la Monarquía está particularmente vinculada al bloque -capitalista- de poder dominante. Es una pieza esencial, por los caracteres específicos e históricos –conservadurismo acendrado, injerencia militar, nacional-catolicismo, franquismo e impunidad, corrupción...- de ese bloque de poder en nuestro país. Ello hace que el republicanismo, en España, tenga unas connotaciones propias, asociadas - también históricamente- al avance en derechos políticos, sociales, económicos y nacionales. No es casual que la II República haya sido, hasta el momento, el período de mayor poder político de la clase obrera en este país. Ello explica, asimismo, la brutal reacción en modo franquista, la cual en su fin, impuso una Monarquía que no pudo ser votada aparte en la Constitución de 1978; que le fue impuesta a la misma, y que es, en rigor, esa Monarquía, pre-constitucional.


 Y por supuesto, un freno de primera magnitud -como se ha observado singularmente ahora-, para el progreso de la sociedad en el modo en que nosotros, nosotras, comunistas, queremos.


Ello conduce a que la reivindicación de una III República federal, laica, participativa y solidaria, sea -deba ser- para nuestro Partido, un asunto de gran importancia. Obviamente, no desvinculado, ni negacionista, de otras reivindicaciones políticas, económicas, culturales... Antes bien, como un hilván que permite conectar todas, dándoles forma estatal.


Por tanto, la reivindicación de III República ha de ser constante y consecuente. No se trata tanto de fijar una vía -puede haber varias que se complementen: bloque electoral, referéndum, mociones parlamentarias, municipales, etc- como de mantener la exigencia republicana en todo momento.

No supeditarla -como a veces hemos visto en este último período- a tacticismos, por los cuales, en la búsqueda de pactos con otros agentes, se relega la cuestión republicana, y cuando no se consiguen esos acuerdos, vuelve a ponerse en primer plano, pareciendo oportunista.


La coherencia exige que la reivindicación de una III República federal para España, no quede nunca frenada por ninguna componenda, y constituya siempre una acción política principal para el PCE.


Así mismo consideramos un factor esencial, la recuperación de la memoria democrática.

Partiendo de la base de que el único cambio posible y real debe basarse prioritariamente en el cambio de modelo de Estado, es decir, el modelo republicano –todo lo que no parte de esta base son simples brindis al sol-, no lo es menos que ese cambio ha de correr paralelo al de la equiparación jurídica, política y social de las víctimas de franquismo. No se abren vías democráticas perdurables manteniendo este déficit y, por tanto, la impunidad que se mantiene sobre los recortes de derecho, delitos y crímenes cometidos durante la dictadura.

Si las recomendaciones realizadas por la ONU que para paliar el caso español, son válidas para formalizar una verdadera reconciliación y armar definitivamente de contenidos democráticos la convivencia en nuestro país, es necesario superar sin más dilación, las siguientes cuestiones:

  • Anulación de las sentencias de los tribunales franquistas 
  • Declaración de nulidad de la ley de amnistía 
  • La apertura de las investigaciones sobre lo ocurrido durante la guerra y la posterior dictadura en relación con el recorte de derechos y delitos contra la paz y crímenes contra la humanidad 
  • Aplicación de la normativa internacional sobre derechos humanos para el caso español 
  • Ley de memoria histórica: derogación de los puntos que impiden la apertura de procedimientos penales 
  • Derogación de las últimas reformas de la de Justicia Universal 
  • Equiparación de las víctimas de franquismo a los derechos establecidos para el resto de víctimas.


José María Pedreño. Militante del PCE. Miembro de la Junta Directiva de la Federación Estatal de Foros por la Memoria.


miércoles, 20 de abril de 2016

Intervención en la fosa común del cementerio de Quintanar de la Orden (Toledo). 10 de abril de 2016


Compañeros y compañeras, camaradas, amigos y amigas:

Es para mí un honor tener la oportunidad de dirigirme hoy a vosotras y a vosotros en este acto, que para mí tiene especial significación por las vinculaciones familiares. Quiero asimismo transmitiros el saludo de los compañeros de los diferentes Foros federados en la Federación Estatal de Foros por la Memoria, que estas fechas en torno al 14 de abril, participamos en actos similares a éste en numerosos lugares de todo el Estado español.

Con este acto en la fosa común de Quintanar, queremos recordar a todas y todos nuestros compañeros y camaradas asesinados en tapias, cunetas y cementerios. Pretendemos la preservación en la memoria colectiva de las causas y el sentido de su sacrificio, y reivindicar que estos actos no pueden ni deben seguir siendo iniciativas de asociaciones y organizaciones particulares, sino de las instituciones, y deben contar con la participación de cargos públicos de todas aquellas organizaciones políticas que se reclaman como demócratas.

Hoy recordamos aquí, delante de las listas con los nombres de nuestros compañeros fusilados, que fueron asesinados tras unas sentencias ilegales, emitidas por unos tribunales ilegítimos, conforme a unas leyes creadas por instituciones impuestas por la fuerza, usurpadoras de la soberanía nacional. Las supuestas “pruebas” que pretendían justificar los crímenes se consiguieron mediante delaciones y torturas. Nuestros camaradas no tuvieron  en aquellos consejos de guerra la menor posibilidad de una defensa legal que mereciese tal nombre.

A pesar de ello, a día de hoy, las sentencias franquistas siguen siendo firmes y legales. Por tanto, la anulación de todas y cada una de las sentencias represivas del franquismo, es una exigencia innegociable del movimiento de la Memoria Histórica y debería serlo de todos los que se proclaman demócratas.

Es habitual escuchar que la gente que nos dedicamos a la memoria histórica, cuando exhumamos restos de las fosas comunes, lo hacemos con el fin de recuperar  la dignidad de los cadáveres desenterrados. Es una gran mentira: lo hacemos porque eran nuestras compañeras y nuestros compañeros, nuestros camaradas, y porque creemos que tenemos una obligación personal, ética y política hacia ellos, que lo perdieron todo por haberse atrevido a soñar con un mundo mejor para sus hijos e hijas. No recuperamos su dignidad porque nunca la perdieron, quien carece de dignidad es este país, que consiente que sus mejores hijos permanezcan en fosas comunes clandestinas; que permite que las sentencias franquistas sigan siendo legales; que mira hacia otro lado cuando denunciamos la pervivencia de calles y monumentos dedicados a los verdugos.

Como dije al principio, cada año, en las fechas cercanas al 14 de abril, se celebran centenares de actos como éste. Quizás algunas gentes os digan que venir aquí cada año no tiene ningún sentido, que esto son historias pasadas. Tened presente que esas gentes o son  por desgracia, unos ignorantes, o peor aún, son personas interesadas y mienten a sabiendas.

También hay quien pretende que estos actos sean meramente conmemorativos, actos de duelo que impliquen únicamente a los familiares, que no aparezcan los símbolos ni se señalen las ideas por las que nuestros compañeros y compañeras dieron sus vidas. Dice el filósofo Reyes Mate: ““La forma más perversa de olvido consiste en privar de significación y de actualidad a la injusticia pasada”.
Debemos  ser conscientes de la importancia de actos como el que estamos haciendo hoy: en la lucha por la democracia, contra el fascismo que avanza en Europa, por los derechos civiles y sociales que nos han arrebatado, es un elemento esencial  la creación y mantenimiento de lugares de memoria, al igual que la continuidad en el tiempo de actos conmemorativos de la lucha por la democracia y contra el fascismo. No por nostalgia, sino para recuperar y reivindicar los valores, las ideas y los principios con los que nuestros compañeros y compañeras combatieron al fascismo.

Quiero finalizar leyendo un poema de Pablo Neruda, de su Canto General, que se titula


SIEMPRE
Aunque los pasos toquen mil años este sitio,
no borrarán la sangre de los que aquí cayeron.

Y no se extinguirá la hora en que caísteis
aunque miles de voces crucen este silencio.
La lluvia empapará las piedras de la plaza,
pero no apagará vuestros nombres de fuego.

Mil noches caerán con sus alas oscuras,
sin destruir el día que esperan estos muertos.

El día que esperamos a lo largo del mundo
tantos hombres, el día final del sufrimiento.

Un día de justicia conquistada en la lucha,
y vosotros, hermanos caídos en silencio,
estaréis con nosotros en ese vasto día de la lucha final,

en ese día inmenso.

Salud y República. No pasarán.

lunes, 11 de abril de 2016

Manifestación contra las calles franquistas en Madrid. 8 de abril de 2016


Att: Manuel Carmena. Alcaldesa del Ayuntamiento de Madrid

Estimada señora Alcaldesa:

Las organizaciones que firmamos esta carta hemos convocado para el próximo viernes día 8 de abril, una concentración en la confluencia de las calles Yagüe y Varela de nuestra capital, con el fin de seguir exigiendo la retirada completa de la simbología franquista, así como honores y nombres en el callejero madrileño a los golpistas de 1936, criminales de guerra y jerarcas de la dictadura.

En nuestro país, cuando se han dedicado calles y honores a perpetradores de atentados y agresiones contra víctimas de otros tipos de violencia, se ha legislado para impedirlo, y la intervención de la justicia y de los responsables políticos ha sido inmediata y contundente. Nosotras y nosotros, Víctimas del Franquismo, después de cuarenta años de la muerte física del dictador, seguimos soportando el insulto y la humillación de ver calles y plazas de nuestro país dedicadas a los asesinos de nuestros padres y abuelos; a quienes nos encarcelaron y nos torturaron.

Nos sorprenden y contrarían recientes declaraciones de responsables institucionales sobre este tema, en la línea de preservar las políticas de equidistancia y ambigüedad entre víctimas y verdugos. Son las mismas políticas que se han venido aplicando desde la transición a la democracia, que obviamente, no han solucionado un problema que debería haberse cerrado hace muchos años.

Nos solidarizamos con el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid ante las agresiones que viene recibiendo por parte de grupos mediáticos y formaciones políticas, que tras falsas argumentaciones demagógicas contra la retirada de la simbología franquista, sólo buscan la continuidad de una situación injusta, quizás por afinidad ideológica o por agradecimiento a quienes deben su estatus social y económico. De cualquier modo, el equipo de gobierno del Ayuntamiento y los grupos políticos que lo respaldan, deberían ser conscientes de que políticas de apaciguamiento hacia estos medios no van a conseguir aminorar sus agresiones.

Creemos que no es necesario recordar al equipo de gobierno y a las fuerzas políticas que lo sustentan, que el compromiso del Ayuntamiento de Madrid es, en primer lugar, con el cumplimiento de la Ley vigente, que por muy insuficiente que sea, está para ser cumplida por todas las administraciones. Por otro lado, existe un compromiso programático adquirido con las ciudadanas y ciudadanos de Madrid en las elecciones de mayo de 2015.

Nos ponemos de nuevo, tal y como venimos haciendo desde la constitución de la actual corporación municipal, a disposición del Ayuntamiento para participar en la elaboración del Plan Integral de Memoria Histórica de Madrid, y asesorar y respaldar en todas las medias explicativas que sea preciso llevar a cabo. Reiteramos nuestra disposición a colaborar, hasta la retirada completa y satisfactoria de toda la simbología, honores y nomenclatura urbana vinculada al franquismo y a los fascismos europeos. Asimismo, creemos que esta es una oportunidad única para hacer pedagogía democrática y de los derechos humanos dirigida a los vecinos y vecinas de Madrid, incorporando a las calles que han de retirarse los nombres de personas y hechos que representen esos valores, especialmente de víctimas del franquismo, funcionarios municipales represaliados por el mismo, y luchadores por la democracia contra los fascismos español y europeo.

Asimismo proponemos al equipo de gobierno, a los grupos que lo respaldan, y a la recién nombrada presidenta de la Comisión para la Memoria Histórica de Madrid, que una representación del movimiento memorialista y de víctimas del franquismo madrileño, se incorpore, con voz y con voto, a la Comisión que se va a constituir en el pleno municipal del mes de Junio. De cualquier modo, seguiremos movilizándonos y desarrollando nuestra habitual labor informativa sobre nuestras reivindicaciones.

Esperamos ser recibidos pronto por usted y por la presidenta de la Comisión para la Memoria Histórica, para explicarles con detenimiento nuestras propuestas.


Reciba un cordial saludo.