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viernes, 12 de marzo de 2010

Carta a quienes me han apoyado: "Cada día somos más y no nos van a parar"

Willy Toledo. Rebelión, 12-03-2010


En esos días los marines ya andaban tomando posiciones en Haití, el pueblo afgano enterraba a sus muertos tras la última masacre cometida sin querer en nombre de su libertad y su dignidad, la mayor fosa común encontrada en América, con dos mil cadáveres descuartizados, se sellaba en Colombia con tierra nueva y censura antigua protegiendo a los responsables de cavar el agujero.

El periódico Egunkaria seguía secuestrado y sus trabajadores periodistas (que no empleados, como se lleva ahora) silenciados; un palestino miembro de Hamás fue asesinado fuera de su tierra por un grupo de sicarios en nombre de Israel con pasaportes (pasaporte físico, del otro también) de distintas democracias europeas escrupulosas defensoras de los derechos humanos.

El cincuenta por ciento de la riqueza mundial seguía en manos de las cien familias más poderosas del planeta y Tony Blair, José María Aznar, George Bush, el grande y el chico, y Javier Solana disfrutaban de todos los respetos y beneficios obtenidos en pago por sus crímenes de guerra.

En fin, abreviando que me voy, los banqueros seguían en la calle y los políticos que nos mienten y los jueces para la democracia que los protegen (a políticos y banqueros) andaban entretenidos en sepultar para siempre -para que no queden dudas de que nunca existió, por si acaso se repite- la Memoria Histórica; la Memoria Histórica del pueblo aplastado, claro, no la memoria histórica de esa democracia que nos dejó a modo de advertencia, impuesto por las urnas y bajo las armas, a un rey que guarda consigo las llaves que cierran el paso a la sepultura del pasado que esconde la brutal y dura verdad; y una vez en faena, aprovechan para enterrar también al juez ambiguo que, no hay que olvidarlo, ha ilegalizado partidos políticos demasiado incómodos y respaldados por parte de la población, emprendiendo en casa el equivalente patrio de la guerra global contra el terrorismo que se ha dado en llamar el "entorno de ETA", una guerra que recurre también al método de la tortura y que, dicho sea de paso, no sólo este “entorno” parece sufrir.

Si se puede ir a más, siempre hay alguien que se anima. Todo discurría bajo la extraordinaria placidez descrita (que algunos recuerdan que se vivía ya desde cuarenta años antes de la muerte, como la vida demasiado plácida para mi gusto, del dictador), cuando un ciudadano, con más acceso a los micros de lo que sería deseable y un pensamiento compartido por millones a quienes creían totalmente silenciados y neutralizados, empieza a ocupar un espacio extrañamente no ocupado por todo lo anterior. ¿Por qué? Porque se atreve a declarar a los periodistas presentes, ante los micrófonos y las cámaras de televisión, que los señores y señoras que les pagan y que les contrataron, no hace falta decirlo, obligándoles a aceptar las consecuencias que tendría cualquier cuestionamiento de la versión oficial obligatoria, por un interés económico pero sobre todo ideológico basado en el miedo nervioso a que se sepa y se contagie la verdad, manipulan, simplifican y mienten abiertamente sobre todo lo que tenga que ver con Cuba y su derecho irrenunciable a la determinación frente a la apisonadora del sistema financiero demócrata-fundamentalista del capital; y además les comunica que, a pesar de su voluntariosa y bienintencionada pero equivocada información, la persona por la que le preguntan no es un preso político, sino que estaba en la cárcel por delitos comunes.

Cuba. ¿Qué pasa con cuba? Algo importante y peligroso encuentran en que llegue sin la censura que ellos ejercen, y de la que acusan al gobierno cubano, el ejemplo imperfecto pero en tantas cosas válido de su Revolución. Empiezan las hostias. Esto no se puede permitir. Los medios de comunicación que utilizan las ondas y las imprentas, otorgadas a dedo las primeras a precios multimillonarios para mantener la mentira que les permitirá conservar sus privilegios abriendo y abriéndoles las puertas del poder y al poder de los bancos y los Parlamentos, deciden que ya está bien. Comienza la caza, no sólo del ciudadano en cuestión, sino, para dar una lección ejemplarizante, de todo aquél que ose informarse, formarse una opinión y rebatir por fin la corriente avasalladora de la posición única de toda persona que quiera ser digna de que la consideren una persona de bien. De pertenecer, como ellos dicen, al mundo libre. Ese ciudadano soy yo, y esos que deberíais tomar nota de mi ejemplo y no volver a intentarlo jamás sois vosotras y vosotros.

Ya estuve en otras, difíciles pero gratificantes; en algunas se consiguió la victoria, en otras todavía no, estaré en más batallas, pero ésta ha sido distinta. Dicen algunos que porque me la comí solo, negaban la posibilidad de cualquier apoyo. Las primeras horas lograron convencerme de que era así. Enseguida confirmé lo que a pesar del bombardeo, método preferido en cualquiera de sus significados por todos los arriba mencionados, que éramos muchos y muchas a los que trataban de pisotear y amedrentar. En el fondo ya lo sabía, y por eso escribo esta carta. Para mostrarme emocionado, fortalecido y conmovido al ver aquí, en estas paginas y en muchas otras de este territorio y de muchos otros, que la gente envía mensajes que demuestran que cada día somos más, que no nos van a parar y que está a punto de caérseles el montaje.

De ahí sale la reacción que conocen y utilizan mejor cuando sienten que el pueblo sabe de qué van y que ya no está dispuesto a callar: la violencia. Hoy leí que España alcanza estos días el récord en número de fuerzas de seguridad, de fuerzas todas bien armadas para la represión. Sabiendo que España es uno de los países europeos con menor índice de criminalidad y que aun así es, de todos, el que tiene el mayor número de población entre rejas, algunos cumpliendo en la práctica una cadena perpetua de momento ilegal en nuestro país; esa gigantesca cantidad de "cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado", tengamos por seguro, se debe a que no tienen ninguna confianza en la seguridad del sistema. Tienen que estar preparados para lo que saben que llegará. Sigamos adelante, sin desfallecer, este absolutismo demócrata que intentan hacernos tragar, tratando de negarnos la posibilidad de masticar para que no seamos capaces de saborear diciéndonos que no hay nada más que probar -bonita rima me ha salido aquí- se lo vamos a vomitar.

Queremos libertad. En estos días de pérdida definitiva de mi virginidad, abrumado por el poder ya conocido del poder, he aprendido muchas más lenguas que el latín. Lo hice lo mejor que pude. También cuando lo hice fatal. Quizás aprendí más sobre todo cuando lo hice fatal. Sé bien que había ojos y bocas (bocotas dijo alguno) sin el altavoz que se me ofrece a mí, pendientes de escuchar lo que ellos y ellas quisieran decir; sé que en algunos momentos les decepcioné. Sabed que también me decepcioné a mí mismo, pero tengo en cuenta -tenedlo en cuenta vosotros también- que sólo soy un ciudadano al que se le vino encima, como una apisonadora, lo que yo sentí como una responsabilidad para con todas las personas que sienten, como yo, que hay que responder a esta gente, que cuando nos dejan no podemos perder la rara oportunidad. Aun así, la presión y la obligación de utilizar los métodos que se me presentan para defenderme a mí y a todos los que caminamos de la mano en esta lucha por reivindicar, como dice Eric Fromm, no las leyes del hombre sino las leyes de la humanidad, me llevaron, sobre todo en una lamentable pero instructiva ocasión, a decir cosas que, puesto que no pienso, nunca debí decir. Tienen perfeccionada la máquina, que no les suele fallar, de infundir mediante la calumnia, la avalancha sin dar tiempo a respirar, sin escrúpulos, el mensaje falso de nuestra presunta soledad, el miedo que están seguros nos va a paralizar.

Yo, que ya he tomado nota, estaré en adelante más atento. Es importante para mí, como creo que es importante para todos, la tribuna que se me ofrece, lo que pueda pensar la gente que está leyendo esto. Estoy ahí, con toda esta gente, como uno más. Tengo el altavoz, hasta nueva orden que temo y sé que pronto llegará como muchos ya han comprobado en sus carnes, y hasta entonces espero saber aprovecharlo.

Gracias de nuevo a todas y todos. Gracias por pelear. Gracias a la gente que admiro y que contribuye con su trabajo y su generosa solidaridad a que nos podamos informar desde un prisma más cercano a la realidad y que dijeron cosas en mi defensa, en nuestra defensa, que de verdad consiguieron emocionarme. Gracias a Julián y Alberto por su tiempo, solidaridad y comprensión al ayudarme tanto con las palabras que quería decir pero no pude o no supe escribir. Gracias a mi compañero antiguo, aunque tan esporádico, Carlo Frabetti, a Pascual, a Belén, a Santiago y a Carlos por ser los primeros en hacerme ver que no estaba solo, por ser mis compañeros nuevos. Gracias a todas. Gracias a todos. Por la poesía. Por maldecir la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que lavándose las manos se desentienden y evaden, por maldecir la poesía de quien no toma partido hasta mancharse. Gracias a los muchos y muchas que enviaron sus mensajes de solidaridad con los que me recordaron de nuevo de qué lado quiero estar.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=102063

domingo, 16 de agosto de 2009

"El Fidel Castro que yo conozco" por Gabriel García Márquez, hoy en Granma


Su devoción por la palabra. Su poder de seducción. Va a buscar los problemas donde estén. Los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo. Los libros reflejan muy bien la amplitud de sus gustos. Dejó de fumar para tener la autoridad moral para combatir el tabaquismo. Le gusta preparar las recetas de cocina con una especie de fervor científico.

Se mantiene en excelentes condiciones físicas con varias horas de gimnasia diaria y de natación frecuente. Paciencia invencible. Disciplina férrea. La fuerza de la imaginación lo arrastra a los imprevistos. Tan importante como aprender a trabajar es aprender a descansar.

Fatigado de conversar, descansa conversando. Escribe bien y le gusta hacerlo. El mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo. La tribuna de improvisador parece ser su medio ecológico perfecto. Empieza siempre con voz casi inaudible, con un rumbo incierto, pero aprovecha cualquier destello para ir ganando terreno, palmo a palmo, hasta que da una especie de gran zarpazo y se apodera de la audiencia. Es la inspiración: el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que sólo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo.

Es el antidogmático por excelencia. José Martí es su autor de cabecera y ha tenido el talento de incorporar su ideario al torrente sanguíneo de una revolución marxista. La esencia de su propio pensamiento podría estar en la certidumbre de que hacer trabajo de masas es fundamentalmente ocuparse de los individuos. Esto podría explicar su confianza absoluta en el contacto directo. Tiene un idioma para cada ocasión y un modo distinto de persuasión según los distintos interlocutores. Sabe situarse en el nivel de cada uno y dispone de una información vasta y variada que le permite moverse con facilidad en cualquier medio.

Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quien esté, Fidel Castro está allí para ganar. Su actitud ante la derrota, aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria. Nadie puede ser más obsesivo que él cuando se ha propuesto llegar a fondo a cualquier cosa. No hay un proyecto colosal o milimétrico, en el que no se empeñe con una pasión encarnizada. Y en especial si tiene que enfrentarse a la adversidad. Nunca como entonces parece de mejor talante, de mejor humor. Alguien que cree conocerlo bien le dijo: Las cosas deben andar muy mal, porque usted está rozagante. Las reiteraciones son uno de sus modos de trabajar.

Ej.: El tema de la deuda externa de América Latina, había aparecido por primera vez en sus conversaciones desde hacía unos dos años, y había ido evolucionando, ramificándose, profundizándose. Lo primero que dijo, como una simple conclusión aritmética, era que la deuda era impagable. Después aparecieron los hallazgos escalonados: Las repercusiones de la deuda en la economía de los países, su impacto político y social, su influencia decisiva en las relaciones internacionales, su importancia providencial para una política unitaria de América Latina… hasta lograr una visión totalizadora, la que expuso en una reunión internacional convocada al efecto y que el tiempo se ha encargado de demostrar. Su más rara virtud de político es esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas… pero esa facultad no la ejerce por iluminación, sino como resultado de un raciocinio arduo y tenaz.

Su auxiliar supremo es la memoria y la usa hasta el abuso para sustentar discursos o charlas privadas con raciocinios abrumadores y operaciones aritméticas de una rapidez increíble. Requiere el auxilio de una información incesante, bien masticada y digerida. Su tarea de acumulación informativa principia desde que despierta. Desayuna con no menos de 200 páginas de noticias del mundo entero. Durante el día le hacen llegar informaciones urgentes donde esté, calcula que cada día tiene que leer unos 50 documentos, a eso hay que agregar los informes de los servicios oficiales y de sus visitantes y todo cuanto pueda interesar a su curiosidad infinita. Las respuestas tienen que ser exactas, pues es capaz de descubrir la mínima contradicción de una frase casual. Otra fuente de vital información son los libros.

Es un lector voraz. Nadie se explica cómo le alcanza el tiempo ni de qué método se sirve para leer tanto y con tanta rapidez, aunque él insiste en que no tiene ninguno en especial. Muchas veces se ha llevado un libro en la madrugada y a la mañana siguiente lo comenta. Lee el inglés pero no lo habla. Prefiere leer en castellano y a cualquier hora está dispuesto a leer un papel con letra que le caiga en las manos. Es lector habitual de temas económicos e históricos. Es un buen lector de literatura y la sigue con atención. Tiene la costumbre de los interrogatorios rápidos. Preguntas sucesivas que él hace en ráfagas instantáneas hasta descubrir el por qué del por qué del por qué final. Cuando un visitante de América Latina le dio un dato apresurado sobre el consumo de arroz de sus compatriotas, él hizo sus cálculos mentales y dijo: Qué raro, que cada uno se come cuatro libras de arroz al día.

Su táctica maestra es preguntar sobre cosas que sabe, para confirmar sus datos. Y en algunos casos para medir el calibre de su interlocutor, y tratarlo en consecuencia. No pierde ocasión de informarse. Durante la guerra de Angola describió una batalla con tal minuciosidad en una recepción oficial, que costó trabajo convencer a un diplomático europeo de que Fidel Castro no había participado en ella. El relato que hizo de la captura y asesinato del Che, el que hizo del asalto de la Moneda y de la muerte de Salvador Allende o el que hizo de los estragos del ciclón Flora, eran grandes reportajes hablados. Su visión de América Latina en el porvenir, es la misma de Bolívar y Martí, una comunidad integral y autónoma, capaz de mover el destino del mundo. El país del cual sabe más después de Cuba, es Estados Unidos. Conoce a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo.

En una entrevista de varias horas, se detiene en cada tema, se aventura por sus vericuetos menos pensados sin descuidar jamás la precisión, consciente de que una sola palabra mal usada puede causar estragos irreparables. Jamás ha rehusado contestar ninguna pregunta, por provocadora que sea, ni ha perdido nunca la paciencia. Sobre los que le escamotean la verdad por no causarle más preocupaciones de las que tiene: El lo sabe. A un funcionario que lo hizo le dijo: Me ocultan verdades por no inquietarme, pero cuando por fin las descubra me moriré por la impresión de enfrentarme a tantas verdades que han dejado de decirme.

Las más graves, sin embargo, son las verdades que se le ocultan para encubrir deficiencias, pues al lado de los enormes logros que sustentan la Revolución los logros políticos, científicos, deportivos, culturales, hay una incompetencia burocrática colosal que afecta a casi todos los órdenes de la vida diaria, y en especial a la felicidad doméstica. Cuando habla con la gente de la calle, la conversación recobra la expresividad y la franqueza cruda de los afectos reales. Lo llaman: Fidel. Lo rodean sin riesgos, lo tutean, le discuten, lo contradicen, le reclaman, con un canal de transmisión inmediata por donde circula la verdad a borbotones. Es entonces que se descubre al ser humano insólito, que el resplandor de su propia imagen no deja ver. Este es el Fidel Castro que creo conocer: Un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con una educación formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales tenues e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal. Sueña con que sus científicos encuentren la medicina final contra el cáncer y ha creado una política exterior de potencia mundial, en una isla 84 veces más pequeña que su enemigo principal.

Tiene la convicción de que el logro mayor del ser humano es la buena formación de su conciencia y que los estímulos morales, más que los materiales, son capaces de cambiar el mundo y empujar la historia. Lo he oído en sus escasas horas de añoranza a la vida, evocar las cosas que hubiera podido hacer de otro modo para ganarle más tiempo a la vida. Al verlo muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, le pregunté qué era lo que más quisiera hacer en este mundo, y me contestó de inmediato: pararme en una esquina.

http://www.granma.cu/espanol/2006/agosto/vier4/33gabo-e.html