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domingo, 15 de abril de 2012

¿Aprendices de brujo?


Algunas reflexiones sobre la idoneidad de una Comisión de la verdad para los crímenes del franquismo

Arturo Peinado, de la Federación Estatal de Foros por la Memoria


Las Comisiones de la Verdad son un elemento de lo que se ha dado en llamar “justicia transicional”, dentro de la fase histórica del paso de una dictadura a una democracia. La profundidad de su actuación y su implicación con la justicia han dependido, fundamentalmente, de las características particulares de cada proceso de transición (pactada; tras una fase de ruptura democrática...) definidas a su vez por las particulares correlaciones de fuerza entre los sectores democráticos y los continuistas.

En todas las fases de transición se da el conflicto entre los que buscan hacer efectivo el derecho a la justicia de las víctimas del régimen dictatorial, y los que pretenden que se garantice la impunidad de los responsables políticos de la dictadura y de los actores directos de la represión, así como los privilegios de los sectores sociales, cómplices y beneficiarios, de la dictadura.

El modelo español de transición a la democracia fue, sin duda, el más intensamente caracterizado por la hegemonía política de los sectores provenientes de la dictadura, que en buena parte diseñaron y dirigieron el proceso transicional. Convencidos del inevitable fin del régimen, y presionados por poderes económicos y gobiernos extranjeros, pactaron (repetimos, desde una permanente posición hegemónica) con la oposición democrática la recuperación de las libertades políticas. Todo ello a cambio de la impunidad de los crímenes cometidos, la garantía de pervivencia del status de privilegio de los sectores beneficiados por el franquismo, y la sustitución de las abrumadoras políticas de memoria del franquismo por políticas públicas de silencio y de olvido, con respecto a los únicos antecedentes democráticos de la sociedad española: la II República y la resistencia antifascista. Es más, el modelo español de transición, cuyo elemento definitorio es la impunidad de los crímenes de la dictadura, se ha pretendido exportar a otros países caracterizándolo como "modélico", con cierto éxito en un principio.

Sin embargo, el hecho de que hoy, cuando parecía cerrado el proceso transicional español, desde algunos sectores se plantee la conveniencia de promover la creación de la Comisión de la Verdad que fue inviable en los años 70 y 80, es muestra de que el modelo español de impunidad está cuestionándose, y de que es el principal obstáculo para que las víctimas de la dictadura accedan a la Verdad, la Justicia y la Reparación, como exigen amplios sectores de la sociedad española (entre ellos, las víctimas y sus familiares, las organizaciones de Derechos Humanos, y del movimiento social por la Memoria Democrática).

Pero, ¿es una Comisión de la Verdad un instrumento útil para la consecución de la de la Verdad, la Justicia y la Reparación para las víctimas del franquismo? ¿Es viable en nuestro país una Comisión de la Verdad?. Las Comisiones de la Verdad han tenido un papel más o menos importante en varios de los procesos transicionales realizados en otros países, relevancia definida, entre otros factores, por la distancia temporal entre su puesta en funcionamiento y el fin de la dictadura correspondiente. Sus resultados han dependido, asimismo, del nivel de exigencia y de la capacidad de movilización de las diferentes sociedades civiles en favor de la Justicia, y de la mayor o menor posibilidad de interferir en el desarrollo del proceso democratizador por parte de los herederos de las dictaduras.

Las Comisiones de la Verdad han ejercido un efecto catártico sobre las sociedades en transición, pero han generado, por lo general, frustración entre las víctimas a medio plazo, al decantarse invariablemente por el intercambio de verdad por impunidad. Las comisiones, en la mayoría de los casos, han negociado el cambio de los testimonios de los verdugos y responsables políticos de los crímenes, por la impunidad judicial. También han sustituido generalmente la reparación material por la formal, si bien es cierto que han servido en gran manera como impulso de políticas públicas de memoria de los crímenes cometidos. En muchos casos han añadido el término “Reconciliación” a su nombre, pero ¿es posible la reconciliación sin que la justicia se haya hecho plenamente efectiva?

Pero el elemento central y definitorio de las Comisiones de la Verdad, propiamente dichas, es que se constituyen a partir de un mandato parlamentario, que al mismo tiempo las dota de un reglamento donde se regula su composición, sus plazos de funcionamiento, objetivos y límites.

En las actuales circunstancias políticas de nuestro país, difícilmente podría consensuarse la composición de dicha Comisión. Desgraciadamente, y producto de nuestro “peculiar” modelo de transición, las fuerzas democráticas y las víctimas del franquismo carecieron de la capacidad de exigir una rendición de cuentas en el momento en que era necesario. Nuestra democracia se define por su carácter excepcional dado que, frente a la gran mayoría de procesos de transición de una dictadura a la democracia, no se ha dado una fase de justicia transicional. Es más, mientras que los modelos de impunidad exportados se han ido resquebrajando (gracias a la labor de las organizaciones de víctimas, y en muchos casos de fuerzas políticas, y de jueces y fiscales demócratas), obteniendo posteriormente la derogación o anulación de las Leyes de Punto Final, en España pervive aún la situación de excepcionalidad. Prueba de ello es la vigencia de la Ley de Amnistía de 1977, plenamente asimilable a aquellas tal y como la define el Comité de Derechos Humanos de la ONU, y el fracasado intento de "bajar el telón" de forma definitiva con la Ley llamada de la Memoria de 2007.

¿Estaría hoy el partido de la derecha en el gobierno dispuesto a aceptar y llevar a buen término los trabajos de una Comisión de la Verdad, restringida a los crímenes del franquismo y a las responsabilidades de la Dictadura? ¿Las conclusiones obtenidas no apuntarían directamente contra esa derecha que a diferencia de otras derechas europeas no se proclama antifascista, y que no ha sabido ni ha pretendido desprenderse seriamente de la herencia del franquismo?

Seamos claros: una Comisión del Verdad creada por mandato parlamentario estaría probablemente formada por un amplio elenco de magistrados y creadores de opinión conservadores; quizás por algunos de los historiadores que elaboraron las polémicas entradas del Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, cuando no por varios de los publicistas de los desautorizados mitos franquistas. No sería aventurar demasiado suponer que el objetivo final de esa Comisión de ¿la Verdad? sería reeditar, no el desautorizado discurso neofranquista en un sentido estricto, sino la mitología legitimadora del actual régimen político: transición modélica otorgada al pueblo por un grupo de políticos "clarividentes" encabezados por un monarca demócrata de toda la vida; ocultación del papel de la oposición antifranquista y de los movimientos obrero, vecinal, estudiantil, y otros, en el final de la dictadura; tratamiento equidistante de los hechos cometidos igualando a víctimas con verdugos; reparto exaqueo de responsabilidades en el inicio y las causas de la guerra civil, etc…

Y no sólo sería ese el sentido que pretendería dar a la Comisión la fuerza política conservadora que hoy tiene mayoría absoluta en el Parlamento. La experiencia de los años pasados demuestra que la izquierda política no está dispuesta a confrontar el modelo de impunidad y se niega a romper con los pactos de la Transición en que se sustenta éste. Una izquierda presa de sus contradicciones y ampliamente sobrepasada por las exigencias de justicia de las organizaciones de Derechos Humanos y los organismos internacionales. Si presumiblemente, la mayoría absoluta de derechas cubriría su cuota en la composición de la Comisión de "la Verdad" con los patronos de la Fundación Francisco Franco, la izquierda política propondría, muy probablemente, a sus Excombatientes de la Transición.

Por otra parte, ¿tendrían las víctimas del franquismo y el movimiento memorialista alguna capacidad de decisión o influencia a la hora de conformar la Comisión y regular sus objetivos y normas de funcionamiento? Sería una inmensa torpeza que nosotros mismos promoviésemos que el Estado español volviese a juzgar, y sin lugar a dudas a condenar otra vez a las víctimas del franquismo. Porque ése sería el resultado inevitable, las conclusiones de una Comisión de la Verdad constituida por un régimen político que no ha roto de ningún modo con la legalidad franquista (“de la Ley a la Ley” como decía Torcuato Fernández Miranda) y que se negó en nombre de la "seguridad jurídica" a anular las sentencias represivas del franquismo en la Ley de Memoria de 2007. ¿Sería justo que consintiésemos un nuevo juicio, aunque fuera meramente político y formal, a los defensores de la República y a las víctimas del franquismo?

Probablemente la única posibilidad de hacer justicia con respecto a los crímenes del franquismo sea en un nuevo proceso de transición, esta vez sí, hacia otro régimen dispuesto a romper con la legalidad del franquismo y hacer efectivos los tratados internacionales suscritos por el Estado español que puedan afectar a los derechos de las víctimas del franquismo y a las responsabilidades (en primer lugar, penales) de los verdugos.

En numerosas ocasiones, quienes propugnan el establecimiento de una Comisión de la Verdad, en realidad se refieren a un comité de expertos en la represión franquista, e incluso de organizar un “juicio" popular y mediático a la dictadura… Este comité podría ser producto de una iniciativa particular, y además no requiere aprobación y mandato parlamentario. Quizás constituya una propuesta interesante para debatir y analizar pausadamente, pero tengamos claro que eso NO es una Comisión de la Verdad.

Existen suficientes trabajos publicados, fundamentalmente de historiadores pero también de juristas, sociólogos, antropólogos, etc… que realizados con rigor, absoluta profesionalidad y honestidad, permiten un conocimiento amplio y casi definitivo de lo que fue el franquismo y sus crímenes, de sus beneficiarios y de las responsabilidades de los victimarios. El problema no es que no exista una “historia oficial” sobre la República, la guerra civil y el franquismo, o que haya que establecerla para oponerla al moderno recauchutado de los mitos franquistas. Esa batalla por la memoria del futuro es una batalla ya ganada, al menos en el ámbito académico y de los especialistas.

El escollo es que la socialización de la verdad científica para su conversión en memoria colectiva, topa con la ausencia de políticas públicas de memoria democrática. Si quienes hicieron la Ley de Memoria en 2007, establecieron en el preámbulo que sólo buscaban la recuperación de la “memoria personal y familiar”, qué políticas de memoria podemos esperar de quienes acaban de asumir las responsabilidades del gobierno central, tienen amplia mayoría parlamentaria, y controlan la mayor parte de las instituciones municipales y autonómicas.

Y si en algún momento, las organizaciones del movimiento por la memoria democrática, acordasen recabar el apoyo de profesionales para elaborar una especie de “Libro Negro del franquismo”, habría que partir de la premisa de que éste no debería ser únicamente una apuesta por la “verdad”, sino que su objetivo consistiría en desarrollar un sólido argumentario, el cual sustentase futuros procedimientos judiciales (fuera y dentro del Estado español) utilizando el tipo penal de “crímenes contra la humanidad”.


Si lo que se nos propone es una Comisión de la Verdad en sentido estricto, con el fin de establecer, supuestamente, una Verdad histórica oficial, tengamos claro que para nuestros objetivos, no hay otra verdad que la verdad judicial, en forma de leyes o de sentencias. Si no hay justicia, no puede haber verdad, ni reparación, ni reconciliación.

En consecuencia, jugar a aprendices de brujo nos puede llevar a obtener efectos perversos y en ningún modo pretendidos: desde una reedición de la causa general, hasta un intento de volver a juzgar y condenar a los defensores de la legalidad republicana. Y sería prudente que no exijamos al Parlamento que constituya una Comisión de la Verdad si no estamos dispuestos a asumir todas las consecuencias, porque podrían hacernos caso. En la historia de la democracia española, nunca hasta hoy, el inmenso esfuerzo que supone la recogida de medio millón de firmas para promover una Iniciativa Legislativa Popular ha prosperado en el Parlamento. Pero podría darse el caso de que en esta ocasión el Gobierno de la derecha lo acogiera favorablemente. En las actuales circunstancias políticas los resultados de los trabajos de esa Comisión no pueden ser otros, repetimos, que unas conclusiones “políticamente correctas”: se recuperaría la doctrina del reparto de responsabilidades ex-aqueo, como teoría “oficial” justificativa de nuestro modelo de transición. No obtendríamos Justicia, sino “equidistancia” y la reconciliación impuesta por los vencedores; y tampoco Verdad, sino falsificación histórica.

Si por motivos obvios la monarquía implantada con la Ley de Sucesión de 1969 carece de legitimidad de origen, no deberíamos ser nosotros y nosotras (republicanos/as y/o activistas del movimiento memorialista) quienes facilitásemos al segundo jefe de estado que tuvo la dictadura y a su heredero, una apariencia de legitimidad de ejercicio, permitiéndoles reeditar el desgastado mito de la modélica transición, consistente en que debemos la recuperación de las libertades únicamente a su "gracia y magnanimidad". Sería el lavado del ajado discurso de la reconciliación y la concordia entre todos los españoles bajo el manto protector de la corona. Algo que les vendría muy bien en estos momentos en que la institución monárquica está devaluada ante la opinión pública, en que se ha colocado en el punto de mira de las críticas, y en el que la posibilidad de una sucesión monárquica, por causas naturales, parece ser una expectativa no lejana.

Seamos rigurosos y consecuentes: la definición de lo que debe ser la aplicación del derecho a la verdad se recoge en un documento de Naciones Unidas, el llamado Informe Joinet (1). El movimiento memorialista y de víctimas del franquismo (por no hablar de la izquierda política) debería asumir estos planteamientos, absolutamente incompatibles, por ejemplo, con la ley de Memoria de 2007, y dejar de utilizar los términos de "Verdad, Justicia y Reparación" como un mero lema sin dotarlo de contenido. ¿Acaso una Comisión de la Verdad constituida por el parlamento español va a otorgar esos derechos a las víctimas del franquismo? ¿Vamos a promover una Comisión de la Verdad con el fin de “contribuir, a través de sus conclusiones, a fijar, no solo la verdad histórica, sino la reparación personal y colectiva que se debe a las víctimas?” ¿Estamos dispuestos a renunciar al derecho a la justicia?

Si alguien tiene dudas sobre el resultado de crear una Comisión de la Verdad, sólo tiene que preguntarse si asume plenamente las conclusiones del "Informe de la Comisión de Expertos para el futuro del Valle de los Caídos", elaborado en 2011 por iniciativa de un gobierno de orientación, en principio, más progresista que el actual, que carecía de mayoría absoluta parlamentaria.

En los últimos meses hemos podido comprobar cuáles son las consecuencias para la causa de las víctimas del franquismo, de sentencias que crean precedentes negativos, llevando las iniciativas judiciales a una vía muerta. Quizás deberíamos estar pensando en cómo sortear o levantar los precedentes a los que han dado lugar dichas iniciativas, en vez de perseverar y distraer esfuerzos en aventuras que, a la postre, obtendrán resultados contraproducentes y probablemente irreversibles. La proposición de promover una Comisión de la Verdad para el tema de las víctimas del franquismo, debería ser desestimada por irreflexiva. O acaso como segunda fase de una estrategia para apuntalar definitivamente el modelo de impunidad y los pactos de la transición.

Es cierto que las víctimas llevan demasiado tiempo esperando Verdad, Justicia y Reparación por parte de un Estado que se niega a reconocerlas y a aplicar a su caso el Derecho Internacional, pero la impaciencia no es buena consejera. El movimiento social por la memoria democrática y de las víctimas del franquismo tendría a estas alturas que ser capaz de analizar acontecimientos pasados, extraer las conclusiones pertinentes, y no estar a remolque de iniciativas que, actuando a modo de flautista de Hamelin, lo secuestren o lo conduzcan al suicido. Si de hecho se nos acaba de cerrar prácticamente la vía judicial, no podemos cometer el suicido de trabajar para que, además, se nos cierre la vía política.




(1) La cuestión de la impunidad de los autores de violaciones de los derechos humanos (civiles y políticos). Informe final elaborado y revisado por M. Joinet en aplicación de la decisión 1996/119 de la Subcomisión.

martes, 23 de agosto de 2011

Antígona en Poyales del Hoyo

(Viñeta de El Roto, publicada en El País)











Antígona en Poyales del Hoyo

En la tragedia "Antígona", de Sófocles, representada por primera vez en el 442 a.C., la protagonista entierra a su hermano, contraviniendo el mandato del rey Creonte quien ha ordenado que, como castigo por traición, su cadáver quede insepulto.

Desde la antropología se ha estudiado el carácter ejemplarizante que tiene la prohibición de enterrar un cadáver o la ocultación del lugar donde se ha realizado el enterramiento. La inhumación ilegal supone un modo de represión (castigo post-mortem) contra el represaliado; contra sus familiares, a quienes se estigmatiza y niega la posibilidad de cerrar el hecho luctuoso mediante los ritos funerarios; y como amenaza permanente contra el conjunto de la sociedad o del grupo humano al que pertenecía la víctima.

El pasado 30 de julio, en la localidad abulense de Poyales del Hoyo, se produjo la destrucción del monumento funerario donde descansaban los restos de diez represaliados del franquismo, que habían sido exhumados de dos fosas comunes clandestinas en 2002 y en 2010. Cuerpos y familiares que, tras décadas, por fin habían recibido un merecido descanso. No fue por obra de delincuentes o gamberros, sino del alcalde de la localidad y una jueza “de paz”.

El alcalde de Poyales, Antonio Cerro, del Partido Popular, ha justificado la acción por la petición de entrega de los restos por parte de una de las familias, y el mal estado de la fosa. Sin embargo, ello no explica porqué, en vez de reparar la fosa, se trasladaron los restos a un osario. Y sobre todo, porqué se destruyó el monumento funerario, que estaba coronado por una paloma de la paz y donde constaban los nombres de los diez asesinados.

La profanación de Poyales no es un caso aislado en la comarca del Valle del Tiétar: en los últimos meses podemos constatar insultos y amenazas, como en la inauguración del monumento a los fusilados republicanos en Candeleda, en febrero; el bloqueo con cadenas del cementerio de Pedro Bernardo para impedir un acto de homenaje a las víctimas del franquismo, el pasado mes de junio; las recientes agresiones al mausoleo de Candeleda y a la tumba de las tres mujeres asesinadas en el mismo pueblo y exhumadas en 2002.

Tales demostraciones de despotismo, deberían ser inconcebibles desde los valores humanos, y en nombre de la caridad cristiana que, se presupone es seña de identidad de quienes hacen gala de su religiosidad, pues no olvidemos que la jauría humana que el pasado domingo día 7 arremetía contra los concentrados ante el Ayuntamiento de Poyales, salía en su mayor parte de la misa dominical de las 12.

No podemos quedarnos en una mera condena ética del comportamiento del alcalde de Poyales y sus concejales, o referir que son "dignos" y directos herederos del "Quinientos Uno" y los otros pistoleros falangistas que hace 75 años impusieron el terror en el Valle del Tiétar, "por Dios y por España". Es preciso realizar una reflexión más de fondo. Por ejemplo, ¿se imagina alguien que un alcalde de Bildu profanase y destruyese una tumba de víctimas de ETA? ¿Qué estarían vociferando los que se autopublicitan hasta el hastío como demócratas, pero que hoy no condenan, e incluso justifican, la destrucción de la tumba de Poyales?

Y no es una cuestión de ser de derechas o de ser de izquierdas. Recientemente hemos visto cómo el Gobierno de Sarkozy asumía, en nombre del Estado francés, la responsabilidad de la deportación por parte del Gobierno colaboracionista de Vichy, de republicanos españoles a los campos de exterminio nazis, ofreciendo indemnizaciones a los herederos. O del proceso de reparación material y simbólica a los miles de trabajadores esclavos que fueron deportados para trabajar en Alemania durante la segunda guerra mundial; un programa de reparación inmenso en la cual participaron el Estado alemán, las empresas herederas de las que se beneficiaron de aquellas deportaciones, y las iglesias católica y protestante (alemanas). Todo ello culminado con un gran acto público de desagravio en el que participaron el presidente federal alemán y la canciller Merkel.

Uno de los principales problemas políticos de nuestro país es que la derecha autóctona no es antifascista. Estamos pagando, y lo vamos a seguir haciendo por mucho tiempo, la complacencia y permisividad de los demócratas durante la Transición con el franquismo, con sus símbolos; con el respeto al status social y económico de los beneficiarios de la dictadura; con la impunidad de los criminales. Lo que está pasando en el Valle del Tiétar y en otros lugares (y lo que nos espera: "cosas veredes amigo Sancho.."), es consecuencia directa de 35 años de políticas activas de olvido; y de trato equidistante entre fascismo y democracia.

Y si es grave el respaldo unánime de los dirigentes del Partido Popular al acto de barbarie cometido en Poyales, más preocupante aún es la tibieza del rechazo del resto de fuerzas políticas (salvo honrosas excepciones), y sobre todo la falta de reacción de las administraciones y de la Justicia, o el tratamiento dado al caso por los medios de comunicación, que han caricaturizado, reduciendo a una reyerta entre vecinos por una cuestión trasnochada, las agresiones y provocaciones de "los escuadristas" durante el domingo 7 de agosto.

Hace pocos años, un expresidente autonómico "progresista" declaraba que "estaba en contra de la memoria histórica porque era un presidente del futuro, y no del pasado", pero no tenía escrúpulos para inaugurar el nuevo Museo del Ejército invitando a combatientes de la División Azul. Esa política de equidistancia, de igualación entre la democracia y el fascismo, de no confrontar ideas, valores y principios con la derecha franquista (sea por conveniencia o cobardía), termina teniendo consecuencias inevitables: hoy, el personaje aludido es un expresidente del pasado sin futuro.

Si todo un presidente del Congreso de los Diputados -presuntamente progresista- utiliza todos los subterfugios posibles para eludir la condena del golpe militar del 18 de julio y de la dictadura franquista, ¿qué podemos esperar del alcalde "centrista" de Poyales del Hoyo?

Es conocida la frase de una de las Trece Rosas: "Que mi nombre no se borre de la historia". Ese es el sentido real de la destrucción del monumento del cementerio de Poyales por parte de Antonio Cerro: el fin último de la destrucción de los nombres es certificar la impunidad histórica de los asesinos y restaurar el manto de silencio, garantizando la pervivencia de la versión franquista de la historia. Volver a dejar claro que en esa guerra hubo vencedores y vencidos, que los sigue habiendo y señalando quién es cada uno. Y que lo que "ellos" conquistaron "a punta de pistola y crucifijo", convirtiendo España en un cenagal de sangre y en una inmensa prisión, es intocable por los siglos de los siglos. También deberíamos tener en cuenta los vínculos familiares de los verdugos de entonces, con algunos de los que hoy no están dispuestos a consentir que las víctimas reposen en los mismos lugares que los criminales.

El problema está no sólo en que se pueda profanar impunemente una tumba. La cuestión es que los monumentos a las víctimas del franquismo, el erigido en Poyales y los que permanecen, de momento, en otros lugares, son Lugares de Memoria privados, de los familiares y de los compañeros de las víctimas. No fueron construidos por el Estado para proporcionar referentes y señas de identidad democráticas a la sociedad española, incluso aunque pudieran haber sido financiados mediante subvenciones públicas. El Estado español, aplicando la Ley de Memoria, de acuerdo a un preámbulo que a modo de declaración de intenciones impone la memoria personal y familiar e intenta impedir la memoria democrática social y colectiva, se ha negado a establecer Lugares de Memoria democrática, donde se rinda homenaje público a los asesinados por defender la legalidad constitucional, y los valores que, se supone, son la base de nuestro modelo político y social.

La destrucción del monumento de Poyales representa, a escala local, la impunidad de los verdugos y la manifiesta indefensión de las víctimas del franquismo.

A día de hoy, las víctimas del franquismo no existen, jurídicamente hablando. Sus familiares (un colectivo que afecta a muchos miles de personas) se encuentran en un estado de flagrante indefensión legal, como ha dejado patente la "resolución" del procedimiento abierto en la Audiencia Nacional por el juez Garzón. Al mismo tiempo, la pervivencia de docenas de miles de conciudadanos enterrados en fosas comunes clandestinas, no es reconocida por el Estado español dentro del tipo jurídico de desaparición forzada (crimen contra la humanidad), ni está dispuesto a asumir las responsabilidades que le corresponden según los acuerdos internacionales que ha firmado y que constitucionalmente tendrían que formar parte del ordenamiento interno. Todo ello pone en cuestión la propia esencia del Estado de Derecho.

Con la destrucción de la fosa de Poyales nuestros diez compañeros, rescatados del olvido en 2002 y 2010, pero ignorados por la justicia, han vuelto a ser otra vez, desaparecidos. Y se ha creado un peligrosísimo precedente. ¿Alguien piensa hacer algo para impedirlo, o continuaremos cautivos y desarmados?

Arturo Peinado. Federación Estatal de Foros por la Memoria
Agosto de 2011

sábado, 5 de marzo de 2011

“Vida y muerte de tres guerrilleros antifranquistas en los Montes de Toledo”


Estudio de Benito Díaz y Juan Pedro Esteban sobre la vida y la muerte de el "Comandante," el "Manco de Agudo" y "Parrala" (1939-1949)

VIDA Y MUERTE DE TRES GUERRILLEROS ANTIFRANQUISTAS EN LOS MONTES DE TOLEDO: el "Comandante," el "Manco de Agudo" y "Parrala" (1939-1949)

AUTORES: Benito Díaz Díaz y Juan Pedro Esteban Palmero

PRÓLOGO: Arturo Peinado Cano, de la Federación Estatal de Foros por la Memoria

FORO EDICIONES

ISBN: 978-84-614-5159-3

Madrid, 2011

Foto a color de la cubierta: Xulio García Bilbao

El 8 de marzo de 2010 fueron exhumados en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real) los restos de los guerrilleros antifranquistas José Méndez Jaramago, el "Manco de Agudo"; Honorio Molina Merino, el "Comandante" y Reyes Saucedo Cuadrado, "Parrala".

Juan Pedro Esteban Palmero, investigador y colaborador en dicha exhumación, y Benito Díaz Díaz, profesor de la Universidad de Castilla la Mancha y uno de los máximos especialistas en la guerrilla antifranquista del centro de la península, reconstruyen en este trabajo la historia, la vida y las circunstancias de la muerte de los tres maquis, que se produjo en un choque con la Guardia Civil el 12 de marzo de 1949.

Más información:

http://www.crdiario.com/noticia.php/9191

http://www.dclm.es/news/124/ARTICLE/59137/2010-03-20.html

http://www.unidadcivicaporlarepublica.es/index.php/nuestra-memoria/las-fosas-del-franquismo/998-el-regreso-de-los-tres-de-la-sierra-

http://www.lanzadigital.com/actualidad/identificados_los_tres_maquis_asesinados_en_los_montes_de_toledo-18261.html

http://www.publico.es/especiales/memoriapublica/353978/identificados-tres-maquis-de-leyenda


http://www.foroporlamemoria.info/2011/02/foro-ediciones-publica-%E2%80%9Cvida-y-muerte-de-tres-guerrilleros-antifranquistas-en-los-montes-de-toledo%E2%80%9D/

martes, 27 de julio de 2010

Menasalbas, 71 años después... vídeo de Jlgccv Madrid




Homenaje a los soldados republicanos que hace 71 años, acabada la guerra y a la vuelta del frente, fueron salvajemente torturados y asesinados en el pueblo toledano de Menasalbas, por haber defendido la legalidad democrática frente a la dictadura nacionalsindicalista que acabó imponiendo el militar golpista Francisco Franco con ayuda de Hitler y Mussolini.




http://www.facebook.com/video/video.php?v=1496780949165

http://www.youtube.com/watch?v=gE40e54C0qQ

viernes, 28 de mayo de 2010

Comunicado de la Federación Estatal de Foros por la Memoria ante la celebración en Badajoz del Día de las Fuerzas Armadas

La Federación Estatal de Foros por la Memoria ha valorado de positivamente la política desarrollada durante los últimos meses por el Ministerio de Defensa, mediante la cual se han retirado numerosos símbolos y nombres de cuarteles y dependencias militares, que aún hoy, 35 años después de la muerte del dictador, seguían rindiendo homenaje a los golpistas de 1936.

Sin embargo hemos conocido con estupefacción y profunda indignación la noticia de que la edición 2010 del Día de las Fuerzas Armadas va celebrarse en la ciudad de Badajoz, durante el fin de semana del 29 y el 30 de mayo

El día 14 de agosto de 1936 las fuerzas de la Columna de la Muerte, a las órdenes del exTeniente Coronel Yagüe, que ya venían realizando salvajes matanzas contra la población civil a lo largo de su recorrido por Andalucía Occidental y Extremadura, entraron al asalto en la ciudad de Badajoz llevando a cabo asesinatos indiscriminados, saqueos y violaciones. Posteriormente, al menos 3.500 defensores de la legalidad democrática republicana fueron asesinados en la Plaza de toros y otros puntos de Badajoz, y sus restos quemados. La carnicería continuó posteriormente sin disminuir en intensidad durante la marcha de la Columna de la Muerte hacia Madrid, a través de las provincias de Badajoz y Toledo.

En las ediciones de los últimos años, la celebración del Día de las FF.AA. ha servido como escenario para la manifestación pública de la derecha más cerril y asilvestrada. Este año además podrán contemplar a la Legión y al Tercio de Regulares volviendo a desfilar triunfantes por la ciudad mártir, rindiendo honores al Jefe del Estado y al Gobierno de la Nación.

Ambos cuerpos coloniales continúan haciendo ostentación de su siniestro historial, y siguen luciendo los emblemas y condecoraciones que les otorgaron los militares perjuros del 18 de julio como premio por su adhesión a la rebelión facciosa y el posterior exterminio de defensores de la legalidad republicana.

La decisión de celebrar en Badajoz el desfile anual nos parece una muestra de descomunal torpeza, así como de insensibilidad hacia los familiares de las víctimas del franquismo. Si por parte del ministerio de Defensa la decisión adoptada es como mínimo, un grave error, para las víctimas del franquismo y sus familias constituye una provocación y un insulto.

No podemos por menos que tener presente que la Plaza de toros de Badajoz, que hoy debería ser un lugar de memoria democrática y homenaje a las víctimas del fascismo al mismo nivel que Auschwitz, el Museo del Holocausto de Jerusalén, o la ESMA de Buenos Aires, fue convenientemente derribada en 2002 y sobre ella se construyó un posmoderno Palacio de Congresos. No es un caso aislado: hace unos meses se derribó la madrileña cárcel de Carabanchel en beneficio de la especulación inmobiliaria y para impedir que se convirtiese en lugar de memoria de la resistencia a la dictadura.

Ambos actos, el desfile del próximo fin de semana y la destrucción de la plaza de toros de Badajoz, son un perfecto ejemplo de las políticas públicas activas de olvido desarrolladas por todos y cada uno de los gobiernos españoles desde la Transición: silencio cuando no humillación de las víctimas, e impunidad de los verdugos.

Reiteramos nuestra indignación ante tamaña muestra de insensibilidad y ante decisión tan torpe, máxime cuando en estos “desfiles de la Victoria” o en cualquier otro acto, ni las Fuerzas Armadas ni ninguna institución del Estado han pedido jamás perdón a los familiares de las víctimas.

Madrid, 27 de mayo de 2010

http://www.foroporlamemoria.info/2010/05/comunicado-de-la-federacion-estatal-de-foros-por-la-memoria-ante-la-celebracion-en-badajoz-del-dia-de-las-fuerzas-armadas/

jueves, 22 de abril de 2010

sábado, 26 de diciembre de 2009

La frivolidad política de las instituciones en el tratamiento de la Memoria Histórica

José Mª Pedreño. Federación Estatal de Foros por la Memoria, - 23 Diciembre 2009

El cúmulo de desvaríos iniciado con la denominada “Ley de la Memoria Histórica” (de la vergüenza histórica, como la denominamos las asociaciones), continuó con la comedia protagonizada por Garzón –posiblemente en alianza con el Ejecutivo- para que se visualizase la imposibilidad de una solución jurídica coherente con el Derecho Penal Internacional y la Declaración Universal de los Derechos Humanos y sólo se visualizase la famosa “Ley” como logro del Gobierno; siguió con los protocolos de exhumaciones articulados por diversas comunidades autónomas, dando a los republicanos españoles el mismo tratamiento arqueológico que a los restos antropológicos de Atapuerca; y continuando, por fin, con el disparate de buscar a Lorca, instrumentalizando a familiares que no lo son, familiares que sí lo son y familiares presionados, poniendo por encima de una decisión judicial, que está pendiente en el Tribunal Supremo, una decisión administrativa. Nuestra organización, a través del Foro por la Memoria de Andalucía presentó alegaciones en tiempo y forma, sin que hasta la fecha se hayan contestado, indicando esta situación. Esperemos que se pidan cuentas al respecto a la Consejera de Justicia y al Comisario de la Memoria de Andalucía, en especial por no valorar lo que desde el movimiento memorialista y desde diversas organizaciones de Derechos Humanos se viene reclamando desde hace años: la aplicación de las leyes y normas internacionales relacionadas con lo crímenes contra la humanidad imprescriptibles.

Pero la frivolidad con la que se ha tratado el tema llega al absurdo, ya que sin haber investigado con seriedad y rigor –cuestión que llevaría bastantes años- lo ocurrido en el barranco de Víznar -donde se supone que fueron inmolados miles de andaluces por defender la legalidad democrática de la II República-, se han lanzado a la búsqueda de Lorca y los que le acompañaron aquel día (o amanecer, o noche) fatídico, cuando lo importante es conocer qué pasó con todos aquellos miles de granadinos, entre los que Lorca deja de ser el gran poeta y artista para transformarse en uno más entre los demócratas exterminados. Las ansias de un gran éxito mediático, por parte de varios de los protagonistas impulsores de tal desatino, para vender posteriormente una imagen que les permitiese vivir de la creación de un nicho de empleo en lo que podemos denominar “mercado de levantamiento de fosas” y otros, con claros objetivos electoralistas, y de que el levantamiento del que se puede considerar más famoso desparecido español sirviese para dar otro golpe al carácter reivindicativo del movimiento memorialista republicano (los restos de Lorca aparecidos provocarían tal revuelo informativo que se olvidaría el resto de los muertos), tan sólo ha servido para poner en bandeja a la “derechona” española la posibilidad de atacar más despiadadamente la memoria democrática en el estado español y fortalecer las tesis revisionistas de los pseudo-historiadores pro-franquistas.

Una vez realizada una buena investigación (aunque, al tratarse de crímenes contra la Humanidad que no han prescrito debería realizarla el juez), hay que presentar la denuncia correspondiente, agotando todas las instancias posibles y, si se agota la vía jurídica española, acudir a los tribunales internacionales. Una institución como la Junta de Andalucía tiene los medios materiales necesarios para llegar, desde el punto de vista jurídico, a donde las asociaciones no podemos llegar por falta de medios. Eso sería empezar a enmendar y reparar el deterioro que acciones como la emprendida en Alfacar –sin olvidar otras tremendas chapuzas apoyadas por la Junta de Andalucía en este sentido- provocan en la democracia española. Porque tratar con la frivolidad con la que muchas instituciones están tratando la Memoria Democrática, es atacar la democracia misma

Habiendo pertenecido al “Comité Técnico para la apertura de fosas” creado por la Junta de Andalucía en el seno de la Consejería de Justicia, en 2004 -hasta que otro compañero de la organización pudo sustituirme- he de callar lo que se habló allí en aquellos momentos. Sin embargo, sí puedo afirmar que de aquellos polvos vienen estos lodos.

Ahora, después del fracaso, quieren lanzarse a levantar fosas como la del Marrufo, en la provincia de Cádiz, de la misma forma, frívola y sin sentido. ¿Hasta dónde piensan llegar?

Señores gobernantes, señores jueces y demás poderes de lo que hoy podemos denominar “monarquía bananera”:

Si de verdad quieren ustedes que podamos decir que este es un estado democrático y de derecho hagan sus deberes. No se trata de redactar y aprobar una ley más o menos, o de un protocolo más o menos sino de aplicar de una vez por todas, la legislación existente, tanto a nivel nacional como internacional. La denominada “Ley de Memoria” es incompatible con un estado democrático y no tiene enmienda posible. Sólo una Ley que observase escrupulosamente le legislación internacional y la jurisprudencia existente al respecto podría ser aceptable. Con todo, y con eso, si de verdad hubiera voluntad política y seriedad por parte del poder judicial, tampoco sería necesaria la citada ley. Tan sólo serían necesarias normas que regulasen ciertos aspectos relacionados con la Memoria Democrática.

Sabemos que existen iniciativas para enmendarla y modificarla, creando comisiones de la verdad, incluso con propuestas que introduciendo términos en apariencia radicales aparentan ser la solución, pero no con el ánimo de llegar a la justicia y al fin de la impunidad, caiga quien caiga, sino con el objetivo de hacer lo máximo posible parándose en el límite que afecte a los llamados logros de la transición. Nuestra organización no va a apoyar comisiones de la verdad, ni leyes que enmienden lo existente si esto sólo va a servir para avanzar un poco más sin llegar a la justicia que la Democracia y el Pueblo se merecen. Sabemos que conseguir Verdad, Justicia y Reparación para las víctimas del franquismo, lleva aparejado declarar ilegal el franquismo, incluida la transición (última gran obra de los franquistas con la complicidad de una buena parte de las direcciones de los partidos democráticos). Y estos logros de la transición no son otra cosa que un reparto de poder y riquezas entre franquistas y aparatos partidistas.

¡Ya está bien, señores! Ya no pueden seguir engañándonos. Los que les seguíamos cuando teníamos veinte años, al llegar a la madurez, nos hemos dado cuenta de la gran estafa urdida hace treinta años. Si esto sigue así, algunos seguiremos pensando que vivimos en un extraño estado en el que se aplica el derecho sólo contra los más débiles (en este caso los defensores de la legítima democracia española: la II República) y para proteger la propiedad privada (de algunos). Por mucho que podamos ir a votar cada cuatro años, mientras que los defensores de la II República no tengan Verdad, Justicia y Reparación no podemos decir que exista realmente una democracia en el Estado Español.

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http://www.foroporlamemoria.info/2009/12/la-frivolidad-politica-de-las-instituciones-en-el-tratamiento-de-la-memoria-historica/