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martes, 16 de febrero de 2010

jueves, 30 de julio de 2009

Francisco Espinosa: "La justicia se ha quitado la careta con Garzón"

Entrevista al historiador Espinosa Maestre: "La justicia se ha quitado la careta con Garzón".
Público, 29 de Julio

El autor de ‘Callar al mensajero' cree que el "núcleo conservador" de la justicia frena cualquier intento de deslegitimar el franquismo


Ángel Munárriz

Tras reconstruir en sus obras el avance del bando nacional y la represión en Huelva, Sevilla y Badajoz, el historiador Francisco Espinosa lleva a las librerías Callar al mensajero (Península), donde documenta 12 casos de víctimas del franquismo, testigos, documentalistas o historiadores cuyas voces fueron silenciadas en plena democracia, en ocasiones con la complicidad del Estado.

¿Sigue habiendo tabúes sobre la represión?
Sí, pero se han roto muchos. Ya desde ante del inicio del movimiento de memoria, hubo desde los 80 varias investigaciones importantísimas, porque constituían el acta de desaparición del abuelo, el padre...

¿Garzón quiso entrar en un jardín prohibido?
Es evidente. Pero su intento tiene un mérito: puso en términos jurídicos lo que estaba dicho en palabras de historia sobre lo ocurrido tras el 18 de julio. La justicia se ha quitado la careta, como cada vez que ha hecho falta. Ya lo hizo con Ruiz Vergara [autor de la película Rocío, censurada por el Supremo en el 84]. Entonces era abiertamente franquista. Ahora, aunque disimulado, tiene un núcleo conservador.

¿Hay miedo en la derecha a deslegitimar el franquismo?
La derecha española no puede ser como la alemana porque tiene conciencia de ganadora. A diferencia de Alemania, Italia o Austria, en España el fascismo ganó y se perpetuó, controlando la transición mediante el ejército. Aquí se ha logrado evitar que Garzón demostrase la criminalidad del franquismo con la lógica jurídica.

¿Cree que no hubo un cambio democrático real?
¿Cuándo? Franco murió en el 75. ¿Fue entonces, o en el 78? ¿Fue con la Constitución, con el harakiri de las Cortes? No hay punto de cambio. La gente se quita la camisa azul, se pone la otra y se presenta como demócrata de toda la vida.

¿Lo atribuye al vínculo familiar de la clase política con el franquismo?
Pero eso pasa a todos los niveles, y mientras a un nivel más alto te muevas, más. ¿Quién estudiaba en España? La mayoría era de familia burguesa, es de cajón. Mira la judicatura. La mayoría, incluso de los que hemos investigado la represión, somos de familias de derechas. Incluso los jueces progresistas lo son. Se puede saltar ese condicionante.

¿Ha hecho mella en la percepción de la historia el repunte del revisionismo?
No sé dónde hubiera llegado si el PP gana en 2004, porque tras los primeros síntomas a finales de los 90, en 2000 se quitaron la careta con una recuperación del franquismo y una crítica absoluta de la experiencia democrática republicana, sirviéndose de propagandistas como Pío Moa o César Vidal.

¿Qué supondría una sentencia en Estrasburgo favorable a la familia de Luis Dorado Luque?
Sería muy importante y abriría nuevas puertas. Es algo que se puede conseguir en cualquier momento, o también que no se consiga nunca. Pasa como con la inhibición de Garzón, que a mí me parece fatal, pero que puede hacer que hayas jueces que abran otras vías.

¿Qué suscita su interés por las voces acalladas, recogido en Callar al mensajero?
Es algo que conocemos de sobra los investigadores. Recuerdo el impacto que produjo la película Rocío, de Fernando Ruiz Vergara. La pantalla se quedaba en negro varias veces por una sentencia de 1984 Supremo que obligaba a suprimir las partes en que se identificaba a José María Reales, con nombres y apellidos, como el principal represor en Almonte. En cuanto empezó a circular, su familia, de terratenientes, lo cortó.

La película se exhibió otra vez en Huelva en 2005.
Pero no íntegra. Le hacíamos un homenaje a Ruiz Vergara, que traía las dos versiones: la original y la otra. La hermandad del Rocío y el Partido Andalucista empezaron a movilizarse en contra. Los medios le ponían el micrófono a la familia Reales, clientes de El Monte, en cuya sala se iba a exhibir la película.

Usted tuvo problemas para presentar La justicia de Queipo en Sevilla. ¿Hubo ocultación?
Hubo un deseo de no presentarlo. Fue un libro que hice con materiales del archivo militar, abierto en el 97. Los pocos historiadores que entramos vimos que lo que había era impresionante. Por entonces, el archivo no ponía trabas de acceso, algo impensable. Cuando lo leíamos entonces, pensábamos: Esto nunca va a salir. Al final busqué una imprenta y lo edité yo mismo. Para presentarlo, contacté con la Casa de la Provincia [Diputación]. Primero parecía que sí, pero al final lo leerían y no les haría gracia, supongo. Empezaron a darme largas. Y no se presentó. En 2006 lo recuperó Crítica.

¿Existe suficiente libertad de acceso a los archivos?
Se ha abierto mucho, pero falta una política archivística racional. Cuando incorporaron archivos militares a la estructura civil, permitieron que los siguieran controlando los militares. Sigues dependiendo de ellos.

¿La Iglesia ha aportado su información disponible?
Por la Ley de Patrimonio Documental, debería. Pero hay un problema: la documentación la controlan y catalogan ellos, y no personal del Cuerpo de Archiveros del Estado, que para eso está. De la otra forma, cuando hay un papel delicado, lo ponen en la caja B. O lo pueden quemar perfectamente.

Queda poco para que desaparezca la generación que vivió la guerra. ¿Qué supone eso para España?
Es una pérdida de memoria absoluta. La actitud del poder durante los años 80 y 90 ha sido fundamental para tapar su testimonio. Había mucha gente que tenía escritas memorias, pero las tiraron al ver que el tema no interesaba. Da la impresión de que la Ley de Memoria Histórica se hizo para cerrar el tema. No se tocaron los aspectos básicos, como que el Estado asuma las exhumaciones.

http://www.publico.es/espana/241383/justicia/quitado/careta/garzon

miércoles, 22 de julio de 2009

"Majestad, está usted despedido", por Isaac Rosa, hoy en Público

Por experiencia histórica sabemos bien lo que cuesta echar a un rey. En España lo hemos intentado ya varias veces, pero reaparecen en cuanto bajas la guardia. La última vez que lo conseguimos fue en 1931, con Alfonso XIII, y aquí seguimos, con su nieto ejerciendo, y el bisnieto calentando en la banda.

Cualquiera pensaría que a estas alturas la monarquía es ya un producto viejo, pasado de moda. Pero lo cierto es que sigue contando con una cuota de mercado importante, y son muchos todavía los consumidores que valoran bien el producto. Juancarlistas los llaman. La clave del éxito está en la fuerte inversión publicitaria, claro, pero también en el blindaje mediático que lo protege. Lo que ya no está tan claro es que cuando llegue al mercado la última actualización del producto, Felipe 6.0, los usuarios mantengan el entusiasmo. Tal vez por eso sigue activa la vieja versión, pese a que ya empieza a tener fallos; porque no confían en las prestaciones del relevo.

Así que los republicanos podemos esperar sentados a que los consumidores se cansen y la empresa quiebre. O podemos pensar en otras vías. A mí se me ocurre una posibilidad, muy adecuada a estos tiempos: despidamos al rey. Echemos al rey por la vía laboral, mediante un despido en toda regla, con su preaviso, su finiquito y adiós muy buenas. Ya sé que parece poco serio derrocar un rey en la magistratura de trabajo, pero déjenme fantasear un poco.
¿No llevamos años escuchando que es un gran profesional, que está al servicio de los españoles? Pues muy bien: ya que no parece dispuesto a jubilarse ni dimitir, llamémosle hoy mismo al despacho y comuniquémosle el despido. Gracias por los servicios prestados, ha sido un placer, recoja sus cosas y adiós.

De entrada, echemos un vistazo a su vida laboral para estudiar el caso. En su expediente dice que fue contratado para el puesto un 22 de julio de 1969, aunque ya llevaba 20 años en período de formación. Pasó seis años de becario a la sombra de Franco, al que sustituyó un par de veces cuando enfermó. Por fin, tomó posesión del puesto un 22 de noviembre de hace treinta y cuatro años. Y en 1978 se le renovó en el cargo, se le hizo indefinido, y así hoy.
Con esta trayectoria, hay varias posibilidades para despedirlo. Podemos declarar el contrato en fraude de ley. Sobran los motivos para ello: no se ajusta a la legislación laboral vigente (que no contempla puestos de trabajo hereditarios) y, en caso de que lo sometamos a la ley monárquica, también hubo fraude, pues se saltó la sucesión natural,ya que le tocaba heredar a su padre.

Lo ideal sería que dejase la empresa de manera amistosa, por finalización de contrato o por realización de obra o servicio, pero ya vimos que tiene contrato indefinido. De manera que habrá que intentar un despido procedente, o de lo contrario nos saldrá por un pico. Hagan cuentas: una indemnización de 45 días por año trabajado, con cuarenta años de servicio son 1.800 días, es decir, cinco años de sueldo. Si pensamos que cada año recibe nueve millones de euros, la broma nos saldría muy cara. Y además, si declaran el despido improcedente tendremos que readmitirlo.

Más barato nos saldría un despido disciplinario, que de paso nos resarciría por tantos siglos de monarquía. Basta algún motivo de incumplimiento de contrato, como por ejemplo abuso de confianza. Para ello tendríamos que conocer cuánto hay de cierto en todos esos rumores que desde hace años adornan al rey, sobre sus negocios y amistades peligrosas, imposibles de comprobar por el blindaje informativo.

Si conseguimos despedir al rey, todavía nos quedará la extensa familia real. Para ella haría falta un ERE, un despido colectivo que incluya el cierre del negocio, o el traslado de la producción a otro país donde quieran contratarlos quizá alguna de esas petromonarquías con las que tienen buena relación.

En cuanto a los monárquicos, haría falta un plan de reconversión para recolocarlos. Es esperable que la mayoría de juancarlistas se recicle sin protestar cuando falte, pero siempre quedarán unos cuantos yonquis que necesitarán ayuda para superar el mono.

http://www.publico.es/espana/240177/majestad/usted/despedido

domingo, 5 de julio de 2009

Interesante entrevista a Iñaki Anasagasti, hoy en "Público"

"El rey es lo más parecido que hay a Berlusconi"
El portavoz del PNV en el Senado carga en su último ensayo contra el vasallaje ciego a la monarquía española


MIGUEL ÁNGEL MARFULL - MADRID - 04/07/2009 08:00

Durante casi 20 años de parlamentario en Madrid y como portavoz del PNV, Iñaki Anasagasti (Venezuela, 1947) es quizá el político que más ha alternado con el rey en actos oficiales. "Al menos seis al año", recuerda en su último libro, Una monarquía protegida por la censura (Ediciones FOCA), escrito por encargo de otra editorial que no se atrevió a publicarlo. Como el niño del cuento de Hans Christian Andersen, Anasagasti se atreve a decir en voz alta que el emperador está desnudo.

El cuento parece escrito por usted pensando en el rey.

Es uno de los tabúes de la democracia que nadie quiere abordar. No se puede hablar de algo tan importante como el jefe del Estado; hay una censura de hierro, un tratamiento hagiográfico propio de Irán, Corea o de países tercermundistas.

Dice que la monarquía está protegida por la censura, pero usted es libre de criticarla y un diariode reproducir sus criticas

Quizá la palabra censura tenía que ser sustituida por silencio. Pero censura hubo con la revista El Jueves y con las caricaturas de Deia a propósito del oso Mitrofán. Existe una censura encubierta.

¿Cómo es el rey?

Tiene una educación militar y es un hombre inculto. No valora la representación, pero tiene gestos de normalidad. Últimamente, he tenido una inmensa decepción con lo que ha hecho con Ibarretxe. En la inauguración de la biblioteca de Deusto, en febrero, estando con el lehendakari, Patxi López y Basagoiti, el rey le dijo a López: "A ver cuándo quitas a estos, que llevan mucho tiempo gobernando". Si el PNV lleva mucho tiempo es porque lo eligen democráticamente, mientras que al rey lo eligió el dictador.

¿Qué pesa más en la balanza de la monarquía, los aciertos o los errores?

El rey es una figura familiar después de 30 años sonriendo cada día en televisión. Me gustaría saber cómo sería si se hubiera informado sobre su vida privada, con sus distintas amantes, que las ha tenido; acerca de sus negocios privados, o sobre su papel de verdad en el 23 F. A veces me dicen: "¿Te gustaría que el presidente de la república fuera Aznar?". No, claro, pero se le podría quitar. Además, por qué no puede ocurrir aquí como en Italia, donde Berlusconi es un impresentable pero el presidente de la República es un académico, con una trayectoria democrática, que sabe de algo. Pero este señor, ¿de qué sabe?

¿Mejorarán las cosas con el príncipe?

Es una persona más culta, pero no me gusta nada Letizia. Es un personaje sobrevenido que está actuando de una manera incorrecta, porque se lo ha creído demasiado. En lugar de mantener cierta sencillez, todo lo contrario, mantiene una distancia superflua.

Las encuestas, sin embargo, valoran muy bien al rey.

Es normal, porque las encuestas del CIS están amañadas. Que nos dejen a nosotros hacer las preguntas. Además, hay un veto a criticar al rey; quien lo hace se convierte en un maldito o en un tipo raro.

¿Habrá una tercera República española?

Sería un signo de gran madurez. En los países europeos con monarquía, la figura del rey es decorativa. Aquí, la Constitución le atribuye un papel, por ejemplo, como jefe de las Fuerzas Armadas. Me irritó que en la guerra de Irak no dijera nada. Sobre la Ley de Memoria Histórica, tampoco. Nunca ha pedido perdón, y este señor se pasó 30 años al lado de un dictador sanguinario. Eso de que es el rey de todos los españoles no me lo creo, es un cuento chino.

¿La guerra de Irak fue punto de inflexión de su desafecto hacia la monarquía?

En una ocasión, yo estaba en con Felipe Alcaraz, que llevaba una pegatina de No a la guerra y el rey nos preguntó por ese lema; al explicárselo, nos dijo que era militar y que a él le gustaban las guerras. Le contesté que eso me parecía una barbaridad, y que, si le gustan, podía ir él o su hijo. Además, los grupos de la oposición pedimos verle, porque Aznar nos hurtaba el debate en el Parlamento, pero sólo atendió a Zapatero. Si la Constitución asegura que el rey hace la guerra y declara la paz y que está al frente de las Fuerzas Armadas, pero no tiene nada que opinar sobre Irak y dice que le gustan las guerras porque es un militar, me parece que es tan culpable como Aznar.

¿Resistiría la monarquía española las criticas que aguanta la británica?

No. Aquí no entendemos cómo los italianos pueden votar a Berlusconi. No quiero comparar al rey con Berlusconi, pero es lo más parecido que hay. El rey es uno de los más ricos a pesar de todo lo que se diga. Es el único que se ha subido su atribución con la crisis porque el resto, las Cortes y la gran Administración tiene la nómina congelada, pero él se ha subido el sueldo. Eso, en cualquier país, sería un escándalo. Aquí no. No hay debate; está protegido por el silencio y por eso la gente piensa que esto no tiene nada que ver con Berlusconi, pero tiene mucho que ver.

¿Quién fiscaliza las cuentas del rey?

Nadie. Es inadmisible que un jefe del Estado no responda ante nadie. Por lo menos, Franco respondía ante dios, este no. Que las cuentas de la casa real sean las mas opacas del mundo es increíble. Y luego, el protagonismo de la familia real, que no existe como tal en la Constitución, pero la gente se arrodilla ante ellos. Hay españoles que son simplemente imbéciles; yo no tengo cultura de vasallaje y no admito humillarme ante un señor que no ha sido elegido democráticamente.

http://www.publico.es/espana/236525/rey/parecido/berlusconi