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viernes, 9 de octubre de 2009

De fascistas, escritores y duendes

En uno de sus poemas, Mario Benedetti escribía que hasta el fin de sus días iba a continuar haciendo poesía no neutral, incluso cuando tratase “de mariposas y nubes y duendes y pescaditos”. (1)

¿Es posible separar al escritor, al creador literario y a su obra, de sus acciones y sus opiniones?. ¿Las cualidades literarias, estilísticas… dan patente de corso para actuar de manera abyecta?. ¿Quién puede asegurar que Vlad el Empalador o el estrangulador de Boston, con un papel delante no eran unos finos estilistas mimados de las musas?. ¿La concesión del Nobel de Literatura lava automáticamente el pasado?, por ejemplo, imaginemos un caso completamente hipotético: si el premiado hubiera sido un confidente de la policía franquista.

Esta reflexión surge a partir del aluvión de críticas recibidas por la Delegada de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Sevilla, de IU, a partir de que el pasado día 6 de octubre denegase un local para la realización de un “Homenaje literario” a Agustín de Foxá.

Leí hace unos años “Madrid, de corte a checa”, y me resultó muy interesante, especialmente al exponer la versión de unos acontecimientos históricos desde un punto de vista y una mentalidad que, de ningún modo, me siento capaz de compartir. No me considero autorizado para hacer una valoración literaria del libro; me conformo con esta comparación de las obras de Foxá y de Valle Inclán, por parte del maestro Umbral (2):

Su "Madrid de corte a checa" es un "Ruedo ibérico" de derechas, que decae en seguida (estaba proyectado como trilogía). A Foxá, para escribir "El ruedo ibérico", seguramente le sobraba un brazo. Quizá el derecho".

Sin embargo, la sensación que me dejó la lectura del libro de Foxá fue indudablemente, de profunda repugnancia. Me asqueó la historia del joven falangista madrileño José Félix, a quien el autor presta aspectos autobiográficos. En fin, es el retrato de un señorito fascista, de mentalidad clasista rayana en el racismo. Resulta especialmente repulsivo ese profundo desprecio de las clases populares madrileñas, de los obreros, las modistillas, los conductores de tranvía:

"Pasaban masas ya revueltas; mujerzuelas feas, jorobadas, con lazos rojos en las greñas, niños anémicos y sucios, gitanos, cojos, negros de los cabarets, rizosos estudiantes mal alimentados, obreros de mirada estúpida, poceros, maestritos amargados y biliosos.
Toda la hez de los fracasos, los torpes, los enfermos, los feos, el mundo inferior y terrible, removido por aquellas banderas siniestras."

Algunos historiadores han analizado cómo, previamente al exterminio físico del enemigo, es precisa la deshumanización y cosificación de la imagen del mismo. La conceptualización del pueblo como “chusma” (esa chusma que defendía la legalidad democrática republicana), posibilitó los posteriores crímenes, aún hoy impunes, protagonizados en gran medida por los pistoleros de camisa azul. Es cierto que por lo general, “la gente bien” como el conde de Foxá y marqués de Armendáriz no se manchaban personalmente las manos de sangre: nunca les faltaron esbirros dispuestos a hacer el trabajo sucio.

Algunos bienpensantes dirán que mi argumentación no es imparcial. Por supuesto que no lo es, es tan poco neutral como los duendes y pescaditos de Benedetti: ¿es lícito defender abiertamente la neutralidad y la equidistancia entre la democracia y el fascismo; entre los defensores de la legalidad republicana y los militares perjuros del 18 de julio; entre los intelectuales comprometidos con un mundo mejor y los señoritos fascistas?.

¿Quién en pleno siglo XXI está dispuesto a justificar el elitismo del que hace gala Foxá, otorgándose a sí mismo una pretendida superioridad sobre el resto de los mortales por derecho de nacimiento?.

Felicito a aquellos que son capaces de valorar por separado a un escritor y a su obra, pero sospecho que, en algún caso, lo que se oculta detrás es un cierto relativismo moral, o incluso una connivencia con lo que representa Foxá: Y no me refiero a sus valores literarios.

Comparto con algunos autores la idea de que una evolución ideológica e incluso una loable actuación posterior (como sería el caso de Ridruejo, no de Foxá), no eliminan automáticamente responsabilidades anteriores, y opino que, del mismo modo que los presuntos valores artísticos de la obra de cada autor pueden ser ensalzados por “neutrales” lectores y por la crítica “aséptica”, sus ideas, sus principios y sus actos deben ser juzgados (y condenados) por los demócratas y por la Historia.

Discúlpenme por tanto, si me quedo con Cortázar.


Arturo Peinado
Federación Estatal de Foros por la Memoria



(1), Mario Benedetti, “Soy un caso perdido”
http://www.patriagrande.net/uruguay/mario.benedetti/poemas/soy.un.caso.perdido.htm
(2) Francisco Umbral, Trilogía de Madrid

sábado, 26 de septiembre de 2009

Un servidor, señor Ares, un servidor.

El Consejero de Interior del Gobierno Vasco, Rodolfo Ares, preguntaba ayer, 24 de septiembre en rueda de prensa: “¿Alguien se imagina en Berlín las fotos de asesinos nazis?”.

Si quien esto escribe se hubiera encontrado presente en dicho acto, tendría que haber levantado el dedo índice para responder: “Un servidor, señor Ares, un servidor”.

Para empezar debo decir que no voy a pronunciarme sobre lo relacionado con el “problema” o “conflicto” vasco porque no me siento suficientemente autorizado para ello, y ante todo, porque mi opinión al respecto probablemente no le interese a nadie. Sólo quiero expresar mi indignación por el vergonzoso uso por parte del Consejero Ares, de un argumento que desde hace tiempo venimos explicitando personas y organizaciones que pretendemos recuperar la memoria histórica, y que reivindicamos el derecho de las víctimas del franquismo a la Verdad, la Justicia y la Reparación.

Porque, señor Ares, 3.200.000 ciudadanos y yo vivimos en Madrid (por ceñirme a la ciudad en la que nací, en la que siempre he vivido y a la que quiero, ya que podríamos hablar de centenares de casos). En la Villa y Corte, Capital del Reino y candidata preolímpica, subsisten 34 años después de la muerte del dictador, más de un centenar de calles dedicadas a criminales de guerra, militares golpistas y perjuros (“militares traidores, mirad mi casa muerta, mirad España en llamas…” como escribió Neruda), y jerarcas de una dictadura totalitaria, régimen que resoluciones de Naciones Unidas definieron en 1946 como corresponsable de la guerra mundial junto a sus aliados, la Alemania nazi y la Italia fascista.

Asimismo, en Madrid hay colegios que llevan el nombre del General Mola o del Capitán Cortés, y docenas de edificios de la Administración General del Estado que ostentan la simbología de la dictadura. Como una imagen vale más que mil palabras, en webs de la Federación Estatal de Foros por la Memoria y del Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid se pueden encontrar docenas de fotografías, la mayoría recientes:
http://madridlimpio.blogspot.com/
http://www.foroporlamemoria.info/simbolos_franquistas.php

Señor Ares: hace un año estuve haciendo de guía en ese parque temático del fascismo llamado Madrid para un cineasta austríaco, un joven que había recorrido Alemania, Italia y Austria localizando vestigios del fascismo europeo. Me contó que había encontrado unas cuantas fasces y otros símbolos mussolinianos en Italia, y que en Alemania sólo había visto contadas tumbas de soldados nazis, muertos en combate, con esvásticas y runas nórdicas de las SS.

Me cité con él en la encrucijada de las calles del General Yagüe y del General Varela, y me dijo que se había quedado estupefacto al ver el Arco de la Victoria de Moncloa, justo frente al Cuartel General del Aire, donde pervive una enorme placa franquista y varios víctores nacional-católicos, que no van a ser retirados según la ministra Chacón porque el entorno está protegido por la normativa de patrimonio de nuestro Excmo. Ayuntamiento. Sin embargo, lo más chocante para mi interlocutor austríaco era algo en lo que yo nunca había reparado anteriormente: que la sede del Ministerio de Defensa de un país democrático occidental dé a la calle del General Yagüe, militar golpista y máximo responsable de 4.500 asesinatos sólo en Badajoz capital.

Señor Ares: no hace falta que se vaya a Berlín, puede ver centenares de calles dedicadas a asesinos de masas y símbolos fascistas en poblaciones donde gobierna actualmente, o donde ha gobernado durante muchos años (recorra usted Extremadura o Castilla la Mancha) el partido en el cual usted milita.

En cuanto a las declaraciones que en el mismo acto expresaron el señor Basagoiti y aquellos que hoy sustentan parlamentariamente al Gobierno vasco, entiendo que quien se niega a condenar el golpe de estado del 18 de Julio de 1936 y el régimen de Franco, en ningún modo está legitimado para emitir certificados de limpieza de sangre democrática.


Arturo Peinado Cano
Federación Estatal de Foros por la Memoria
Madrid, 25 de septiembre